Recuerdos del padre Ernesto García a días de su partida al Cielo

Nacido en Rosario, fue el segundo sacerdote argentino de esta prelatura y ejerció su ministerio durante sesenta años en Buenos Aires, Córdoba y San Juan, entre otros lugares. El sepelio se realizó en el cementerio Parque Memorial, en Pilar. Compartimos la nota publicada en la agencia de noticias AICA escrita por el periodista Jorge Rouillón.

El 7 de marzo, pocos días antes de cumplir 83 años, falleció el presbítero Ernesto García, sacerdote del Opus Dei, al cabo de sesenta años de ejercer su ministerio, en el que orientó espiritualmente y administró los sacramentos a innumerables personas, con dedicación infatigable, movido por el amor a Jesucristo.

orientó espiritualmente y administró los sacramentos a innumerables personas, con dedicación infatigable, movido por el amor a Jesucristo

Había nacido en Rosario, el 12 de marzo de 1937, siendo el mayor de tres hermanos. Cursó estudios primarios y secundarios con los hermanos maristas. Buen estudiante, se recibió con el segundo promedio en calificaciones, con el premio accésit de honor. Comenzó entonces a estudiar ingeniería química en la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, y llegó a completar el primer año.

En 1955, pidió la admisión en el Opus Dei y ese mismo año viajó a Roma, para formarse junto al fundador y realizar los estudios eclesiásticos. Recibió la ordenación sacerdotal en 1960.

Los padres y otros familiares de Ernesto habían conocido, poco después de su llegada, a los primeros miembros del Opus Dei que se establecieron en la Argentina y abrieron una residencia de estudiantes en Rosario, el 31 de agosto de 1950: el presbítero Ricardo Fernández Vallespín y el jurista y catedrático de Historia Ismael Sánchez Bella, que eran invitados con frecuencia a comer en su casa.

Fueron sus padres Ernesto García, nacido en Luarca, España, y María Luisa Alesanco, nacida en Rosario, Argentina, parientes entre sí, de familia asturiana. Esta familia extensa era propietaria de La Favorita, una gran tienda en pleno centro de Rosario, que había iniciado en la década de 1890 su abuelo paterno, Ramón García, a quien luego se asoció un hermano, Ángel, dando nacimiento a una tradicional firma comercial rosarina.

Ernesto García fue el segundo sacerdote argentino del Opus Dei, luego de Adolfo Isoardi, que pidió la admisión en 1950 en la Obra en Rosario siendo estudiante de medicina, se ordenó en Madrid en 1958 y falleció en un accidente ferroviario en 1975. Coincidieron un tiempo durante sus estudios en Roma; Adolfo se ordenó primero.

Ernesto García fue el segundo sacerdote argentino del Opus Dei. En Roma, conoció y trató de cerca a san josemaría

Siendo muy joven, en la década del 50, Ernesto vivió en Roma una fuerte experiencia durante varios años, en una etapa de formación donde junto a jóvenes de otros países conoció y trató de cerca al fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá. Cursó estudios en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, conocida como el Ángelicum, donde el 25 de junio de 1958 defendió públicamente su tesis de doctorado en Derecho Canónico sobre “El problema de la educación de los hijos: la familia, la iglesia y el Estado en la educación”, aprobada con la nota 9.20, Magna cum Laude.

Fue ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1960 en la basílica pontificia de San Miguel, en Madrid. A la ordenación asistieron sus padres. El nuncio apostólico en España, monseñor Ildebrando Antoniutti, presidió esa ordenación de miembros del Opus Dei provenientes de distintos países. El 19 de ese mismo mes Ernesto celebró su primera misa solemne en la iglesia parroquial Santa Eulalia, en Luarca, pequeña villa marinera asturiana en la costa del mar Cantábrico, cuna de sus ancestros, donde se reunieron muchos familiares.

Él ya había iniciado estudios de periodismo en la Universidad de Navarra, en Pamplona, España. En 1961 integró la primera promoción egresada de su naciente Instituto de Periodismo, que más tarde se convertiría en una facultad de comunicación de prestigio internacional.

A mediados de los años 60 y comienzos de los 70, ya en Buenos Aires, participó en el consejo de redacción de Cuadernos del Sur, una revista cultural mensual de temas actuales, donde colaboraban intelectuales argentinos, uruguayos y chilenos. Entre otros, quien fue compañero suyo en sus estudios de periodismo y en la ordenación sacerdotal, el reconocido teólogo, poeta y crítico literario chileno José Miguel Ibáñez Langlois.

Tenía el don de acompañar y comprender a los fieles que se acercaban a su consejo, a quienes llegaba hasta el fondo del alma

Vuelto a la Argentina, en 1962 el padre Ernesto empezó a atender espiritualmente a alumnos del colegio Manuel Belgrano, de los hermanos maristas, en el barrio porteño de Belgrano. Por entonces vivía en otra punta de la ciudad, en un centro del Opus Dei, en un primer piso de una casa en la calle Chacabuco 962, del barrio de San Telmo. Pero durante ese año ya se estaba remodelando una vieja casona en el barrio de Belgrano y varios alumnos de los maristas acudían a colaborar en los trabajos para instalar allí el centro universitario Los Aleros, en Amenábar 1495, que en 1963 comenzó como residencia de estudiantes y foco de actividades culturales, deportivas y religiosas. En esa casa el padre Ernesto desplegó intensamente su ministerio sacerdotal, celebrando la Santa Misa, predicando, atendiendo confesiones y ganándose el afecto de cuantos lo conocían

el padre Ernesto desplegó intensamente su ministerio sacerdotal, celebrando la Santa Misa, predicando, atendiendo confesiones y ganándose el afecto de cuantos lo conocían

Luego, a partir de 1968, durante muchos fue capellán del Centro de Extensión Cultural (CEC), en la calle Montevideo 1550, en el barrio de Recoleta de esta capital. Allí tuvo una positiva influencia sobre muchos jóvenes universitarios, que profundizaron su vida cristiana participando en meditaciones y cursos de retiro espiritual que predicaba. Tenía una gran simpatía y una singular facilidad de comunicación personal con ellos; hablaba su mismo lenguaje y entendía sus inquietudes.

También ejerció su ministerio durante unos años en Córdoba, entre 1983 y 1986. Y desde marzo de 2013 hasta su fallecimiento, en San Juan. Antes, en Buenos Aires y en Pilar había sido capellán y profesor de ética y pensamiento social cristiano en el IAE, escuela de negocios de la Universidad Austral, abordando problemas éticos en la vida empresarial, a la luz de la doctrina social de la Iglesia.

De inteligencia penetrante y sólida formación intelectual, tenía asimismo el don de acompañar y comprender a los fieles que se acercaban a su consejo, a quienes llegaba hasta el fondo del alma.

El sepelio, realizado el lunes 9 de marzo en el cementerio Parque Memorial, en Pilar, reunió a una muchedumbre de unas 200 personas, agradecidas de su ejemplo de vida.

El vicario regional del Opus Dei en la Argentina, presbítero Víctor Urrestarazu, presidió una misa de cuerpo presente concelebrada por casi medio centenar de sacerdotes en la capilla del cementerio. El presbítero Gustavo Frías predicó la homilía y el presbítero Hugo von Ustinov, visiblemente emocionado, rezó un responso. El p. Frías dijo que desde jovencito Ernesto apostó por Dios y se jugó toda su vida hasta sus 82 años. Consideró que no es común ver una vida tan fecunda. Destacó también su tierna devoción a la Virgen.

Por su parte, el prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, envió una carta desde Roma en la que remarcó el “ejemplo de generosidad con Dios que se manifestaba en sentido sobrenatural, en su buen humor, en múltiples detalles de la vida en familia y en su afán de almas” y agradeció especialmente a todas las personas de San Juan y Buenos Aires que lo han acompañado y cuidado en los últimos meses de enfermedad.


Finalmente, el sábado 14 de marzo, el p. Urrestarazu celebró una misa en su memoria en la parroquia de la Inmaculada Concepción en la ciudad de San Juan, donde se congregaron numerosas familias que había tratado en los últimos años


Más información

Compartimos el testimonio de Lito Sánchez, quien desde la provincia de San Juan despide al P. Ernesto y agradece haber tenido la oportunidad de ser su amigo