Ebook: Muy humanos, muy divinos

Una serie sobre las virtudes humanas y su raíz divina. Cada capítulo, disponible en texto y audio, nos invita a redescubrir cómo vivir lo ordinario con la mirada de Dios.

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CAPÍTULOS

Muy humanos, muy divinos (I): Jesús, ¿qué debemos hacer?

En este primer artículo sobre las virtudes humanas consideramos cómo todos nuestros deseos pueden encontrar su armonía en Dios. Descubrirlo lleva su tiempo, pero es liberador.

Muy humanos, muy divinos (II): El camino lo llevamos dentro

Con la fuerza de la fe y la confianza de la esperanza, podemos decirnos: aquí y ahora yo puedo ser luz de Dios, amor de Dios.

Muy humanos, muy divinos (III): Buscar los sentimientos de Cristo

En este tercer artículo nos adentramos en el corazón de las virtudes: qué son, cómo orientan nuestra afectividad y por qué nos hacen más libres.

Muy humanos, muy divinos (IV): Nosotros, el hábitat de las virtudes

Nuestro anhelo de ser mejores se alimenta del clima en el que vivimos y, a la vez, fructifica en las relaciones con los demás.

Muy humanos, muy divinos (V): Para poder ser amigos

Toda amistad genuina supone un esfuerzo tanto por entrar en la vida de los demás como por dejar que tengan espacio en nosotros; en este quinto artículo repasamos algunas virtudes que nos lo facilitan.

Muy humanos, muy divinos (VI): Hasta ponerlo por obra

Pararse a pensar, escoger el camino, pasar a la acción. Tres momentos esenciales que dan forma a la prudencia, la virtud necesaria para hacer el bien en el único lugar real: aquí y ahora.

Muy humanos, muy divinos (VII): Nuestro trabajo, levadura de Dios

En este séptimo artículo descubriremos algunas virtudes del trabajo que se esconden en una imagen que usó Jesús: la de aquella mujer que hace pan para muchas personas. El desafío es transformar nuestras tareas diarias en amor para quienes nos rodean.

Muy humanos, muy divinos (VIII): La batalla de nuestra formación

En este octavo artículo nos detenemos en algunas actitudes y consejos que nos disponen mejor para ser semilla fértil en nuestro lugar en el mundo.

Muy humanos, muy divinos (IX): El don de mirar con Dios

Algunas virtudes que preparan para ser alma contemplativa en medio de lo ordinario.

Muy humanos, muy divinos (X): Te seguiré adonde vayas

La virtud de la fortaleza nos permite seguir a Jesús sin depender de las condiciones cambiantes de nuestra vida y de nuestro entorno.

Muy humanos, muy divinos (XI): Y entonces, el mundo te habla

La templanza en el deseo de conocer nos permite alcanzar el corazón de la realidad, y ser almas contemplativas en medio del mundo.

Muy humanos, muy divinos (XII): Lo que verdaderamente cuenta

El desafío de ser pobre de espíritu viviendo en medio del mundo.

Muy humanos, muy divinos (XIII): Con todo el corazón

La virtud de la castidad tiene que ver con nuestra capacidad de percibir, aspirar y gozar con lo que llena el corazón humano; nos permite descubrir a Dios en todo.

Muy humanos, muy divinos (XIV): Para dar luz, palabras verdaderas

Jesús y los primeros discípulos demostraron un gran amor a la verdad, con la seguridad de quien transmite una noticia que llena la vida de alegría.

Muy humanos, muy divinos (XV): Sencillez, para ver claro el camino

Sabernos mirados por Dios y vivir en el presente: dos actitudes para hacer que nuestra vida sea más sencilla.

Muy humanos, muy divinos (XVI): La obediencia, apertura del corazón

Permanecer abiertos a la voz de Dios nos ensancha el corazón; nos permite estar, como Jesús, en las cosas de nuestro Padre.

Muy humanos, muy divinos (XVII): La delicada fuerza de la confianza

La confianza descubre las potencialidades que se esconden en el interior de cada uno. Nos hace crecer de modo natural, armonioso. Nos hace capaces de más.

Muy humanos, muy divinos (XVIII): Libertad interior, o la alegría de ser quien eres

Encontrar su centro en el amor de Dios es todo lo que necesita nuestra libertad para convertirnos en personas únicas, felices, que no se cambiarían por nadie.

 Muy humanos, muy divinos (XIX): Para dar lo mejor de cada uno

Las virtudes dan brillo a nuestra personalidad y nos hacen flexibles para descubrir el bien en las diversas situaciones cotidianas.

Es justo y necesario: la justicia (I)

La justicia empieza por nuestra relación con Dios, que encuentra su enfoque exacto en una actitud clave: agradecimiento.

El reino de Dios y su justicia: la justicia (II)

Las relaciones más importantes de nuestra vida definen los deberes más importantes. La justicia nos dibuja una especie de mapa para no perderlos de vista.