«Ao ver as multidões, Jesus subiu ao monte e sentou-Se. Rodearam-n’O os discípulos e Ele começou a ensiná-los, dizendo: “Bem-aventurados os pobres em espírito...”» (Mt 5).
As Bem-aventuranças não são um ideal distante nem uma teoria abstrata: são o cerne da mensagem de Jesus e um convite direto à felicidade. O Senhor não ensinou nada que não tivesse primeiro encarnado. Por isso, as Suas palavras continuam a ressoar hoje com a mesma força no meio da nossa pressa, do trabalho e da rotina diária: é assim que se percorre o caminho da santidade, carregando os nossos defeitos às costas e através de pequenas conversões do dia a dia.
São Josemaria, que lia o Evangelho com um olhar cheio de realismo e vida, recordava que as bem-aventuranças traçam o caminho que devemos seguir rumo à santidade: um caminho que, normalmente, se percorre no meio das coisas do mundo.
Para nos acompanhar neste percurso, reunimos quatro textos de São Josemaria para cada bem-aventurança. Poderá encontrar desde pensamentos breves de apenas uma linha até reflexões mais aprofundadas retiradas das suas homilias, concebidas tanto para olharmos para o nosso interior como para cuidar da forma como lidamos com os outros. Poderá lê-los seguidos ou utilizá-los como inspiração para a sua oração, ao seu próprio ritmo. Cada citação tem um link direto para o texto completo em escriva.org.
Índice
- Bem-aventurados os pobres em espírito
- Bem-aventurados os que choram
- Bem-aventurados os mansos
- Bem-aventurados os que têm fome e sede de justiça
- Bem-aventurados os misericordiosos
- Bem-aventurados os puros de coração
- Bem-aventurados os que promovem a paz
- Bem-aventurados os que sofrem perseguição por amor da justiça
- Bem-aventurados sereis quando vos insultarem
Bem-aventurados os pobres em espírito, porque deles é o Reino dos Céus
- «Si tú deseas alcanzar ese espíritu, te aconsejo que contigo seas parco, y muy generoso con los demás; evita los gastos superfluos por lujo, por veleidad, por vanidad, por comodidad...; no te crees necesidades. En una palabra, aprende con San Pablo a vivir en pobreza y a vivir en abundancia, a tener hartura y a sufrir hambre, a poseer de sobra y a padecer por necesidad: todo lo puedo en Aquel que me conforta (Flp 4,12-13). Y como el Apóstol, también así saldremos vencedores de la pelea espiritual, si mantenemos el corazón desasido, libre de ataduras» (Amigos de Deus, 123).
- «No consiste la verdadera pobreza en no tener, sino en estar desprendido: en renunciar voluntariamente al dominio sobre las cosas.
—Por eso hay pobres que realmente son ricos. Y al revés» (Caminho, 632).
- «Copio este texto, porque puede dar paz a tu alma: “Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez.
Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!… Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos”» (Forja, 807).
- «¿No te da alegría sentir tan cerca la pobreza de Jesús?... ¡Qué bonito carecer hasta de lo necesario! Pero como El: oculta y silenciosamente» (Forja, 732).
Bem-aventurados os que choram, porque serão consolados
- «Gozas de una alegría interior y de una paz, que no cambias por nada. Dios está aquí: no hay cosa mejor que contarle a Él las penas, para que dejen de ser penas» (Forja, 54).
- «¿Lloras? —No te dé vergüenza. Llora: que sí, que los hombres también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios. —Por la noche, dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho.
Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y sobrenaturalizar tu vida actual» (Caminho, 216).
- «No pases indiferente ante el dolor ajeno. Esa persona —un pariente, un amigo, un colega..., ése que no conoces— es tu hermano» (Sulco, 251).
- «No te quejes, si sufres. Se pule la piedra que se estima, la que vale.
¿Te duele? —Déjate tallar, con agradecimiento, porque Dios te ha tomado en sus manos como un diamante... No se trabaja así un guijarro vulgar» (Sulco, 235).
Bem-aventurados os mansos, porque possuirão a terra
- «Me hizo pensar la frase dura, pero cierta, de aquel varón de Dios, al contemplar la altanería de aquella criatura: “se viste con la misma piel del diablo, la soberbia”.
Y vino a mi alma, por contraste, el deseo sincero de revestirme con la virtud que predicó Jesucristo, “quia mitis sum et humilis corde”, —soy manso y humilde de corazón—; y que ha atraído la mirada de la Trinidad Beatísima sobre su Madre y Madre nuestra: la humildad, el sabernos y sentirnos nada» (Sulco, 726).
- «Serenidad. —¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato... y te has de desenfadar al fin?» (Caminho, 8).
- «No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. —Espera al día siguiente, o más tiempo aún. —Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. —Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. —Modera tu genio» (Caminho, 10).
- «Chocas con el carácter de aquel o del otro... Necesariamente ha de ser así: no eres moneda de cinco duros que a todos gusta.
Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes —imperfecciones, defectos— de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección?
Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías» (Caminho, 20).
Bem-aventurados os que têm fome e sede de justiça, porque serão saciados
- «Grabémoslo bien en nuestra alma, para que se note en la conducta: primero, justicia con Dios. Esa es la piedra de toque de la verdadera hambre y sed de justicia (Mt 5,6), que la distingue del griterío de los envidiosos, de los resentidos, de los egoístas y codiciosos... Porque negar a Nuestro Creador y Redentor el reconocimiento de los abundantes e inefables bienes que nos concede, encierra la más tremenda e ingrata de las injusticias. Vosotros, si de veras os esforzáis en ser justos, consideraréis frecuentemente vuestra dependencia de Dios —porque ¿qué cosa tienes tú que no hayas recibido? (1 Co 4,7)—, para llenaros de agradecimiento y de deseos de corresponder a un Padre que nos ama hasta la locura» (Amigos de Deus, 167).
- «Justicia es dar a cada uno lo suyo; pero yo añadiría que esto no basta. Por mucho que cada uno merezca, hay que darle más, porque cada alma es una obra maestra de Dios» (Amigos de Deus, 83).
- «Por “el sendero del justo descontento”, se han ido y se están yendo las masas. Duele..., pero ¡cuántos resentidos hemos fabricado, entre los que están espiritual o materialmente necesitados!» (Sulco, 228).
- «Sin embargo, su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia» (Cristo que Passa, 168).
Bem-aventurados os misericordiosos, porque alcançarão misericórdia
- «Jesucristo resume y compendia toda esta historia de la misericordia divina: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7). Y en otra ocasión: sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso (Lc 6,36). Nos han quedado muy grabadas también, entre otras muchas escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naím (...). ¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor!» (Cristo que Passa, 7).
- «La misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión: la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso» (Amigos de Deus, 232).
- «Decía —sin humildad de garabato— aquel amigo nuestro: “no he necesitado aprender a perdonar, porque el Señor me ha enseñado a querer”» (Sulco, 804).
- «¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona. ¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!» (Caminho, 309).
Bem-aventurados os puros de coração, porque verão a Deus
- «Por vocación divina, unos habrán de vivir esa pureza en el matrimonio; otros, renunciando a los amores humanos, para corresponder única y apasionadamente al amor de Dios. Ni unos ni otros esclavos de la sensualidad, sino señores del propio cuerpo y del propio corazón, para poder darlos sacrificadamente a otros. (...)
La santa pureza no es ni la única ni la principal virtud cristiana: es, sin embargo, indispensable para perseverar en el esfuerzo diario de nuestra santificación y, si no se guarda, no cabe la dedicación al apostolado. La pureza es consecuencia del amor con el que hemos entregado al Señor el alma y el cuerpo, las potencias y los sentidos. No es negación, es afirmación gozosa» (Cristo que Passa, 5).
- «¡Abre tu alma con claridad y sencillez, de par en par, para que entre —hasta el último rincón— el sol del Amor de Dios!» (Forja, 126).
- «Alguno ha comparado el corazón a un molino, que se mueve por el viento del amor, de la pasión… Efectivamente, ese “molino” puede moler trigo, cebada, estiércol… —¡Depende de nosotros!» (Sulco, 811).
- «Jesús, en el camino. ¡Señor, qué grande eres siempre! Pero me conmueves cuando te allanas a seguirnos, a buscarnos, en nuestro ajetreo diario. Señor, concédenos la ingenuidad de espíritu, la mirada limpia, la cabeza clara, que permiten entenderte cuando vienes sin ningún signo exterior de tu gloria». (Amigos de Deus, 313)
Bem-aventurados os que promovem a paz, porque serão chamados filhos de Deus
- «Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad» (Sulco, 864).
- «La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha. Sin lucha no podré tener paz» (Caminho, 308).
- «Que nadie lea tristeza ni dolor en tu cara, cuando difundes por el ambiente del mundo el aroma de tu sacrificio: los hijos de Dios han de ser siempre sembradores de paz y de alegría». (Sulco, 59).
- «El espíritu de comprensión es muestra de la caridad cristiana del buen hijo de Dios: porque el Señor nos quiere por todos los caminos rectos de la tierra, para extender la semilla de la fraternidad —no de la cizaña—, de la disculpa, del perdón, de la caridad, de la paz. No os sintáis nunca enemigos de nadie» (Cristo que Passa, 124).
Bem-aventurados os que sofrem perseguição por amor da justiça, porque deles é o Reino dos Céus
- «El desprecio y la persecución son benditas pruebas de la predilección divina, pero no hay prueba y señal de predilección más hermosa que ésta: pasar ocultos» (Caminho, 959).
- No hay nadie en el mundo que, con razón o sin ella, no diga que es un incomprendido: incomprendido por el pariente, por el amigo, por el vecino, por el colega… Y piensa en las veces que te has sentido turbado, que has perdido la tranquilidad, porque no has sabido acudir a este Señor –Deus tuus, Dios tuyo– y confiar en Él. (Em diálogo com o Senhor, 16)
- «Qué bonita oración, para que la repitas con frecuencia, la de aquel amigo que pedía por un sacerdote encarcelado por odio a la religión: “Dios mío, consuélale, porque sufre persecución por Ti. ¡Cuántos sufren, porque te sirven!”
—¡Qué alegría da la Comunión de los Santos!» (Forja, 258).
- «A algunos pobrecitos les molesta el bien que haces, como si el bien dejara de serlo cuando no lo llevan a cabo o no lo controlan ellos…
—Que esa incomprensión no te sirva de excusa para aflojar en tu tarea. Esfuérzate en rendir con mayor empeño, ahora: cuando en la tierra te faltan aplausos, más grata llega tu tarea al Cielo». (Forja, 962)
Bem-aventurados sereis, quando, por minha causa, vos insultarem, vos perseguirem e, mentindo, disserem todo o mal de vós. Alegrai-vos e exultai, pois é grande nos Céus a vossa recompensa
- «Ante las acusaciones que consideramos injustas, examinemos nuestra conducta, delante de Dios, “cum gaudio et pace” —con alegre serenidad—, y rectifiquemos, aunque se trate de cosas inocentes, si la caridad nos lo aconseja.
—Luchemos por ser santos, cada día más: y, luego, “que digan”, siempre que a esos dichos se les pueda aplicar aquella bienaventuranza: “beati estis cum... dixerint omne malum adversus vos mentientes propter me” —bienaventurados seréis cuando os calumnien por mi causa» (Forja, 795).
- «Para un hijo de Dios, las contradicciones y calumnias son, como para un soldado, heridas recibidas en el campo de batalla» (Sulco, 240).
- «“In silentio et in spe erit fortitudo vestra” —en el silencio y en la esperanza residirá vuestra fortaleza…, asegura el Señor a los suyos. Callar y confiar: dos armas fundamentales en el momento de la adversidad, cuando se te nieguen los remedios humanos.
El sufrimiento soportado sin queja —mira a Jesús en su Santa Pasión y Muerte— da también la medida del amor» (Forja, 799).
- «Sufres en esta vida de aquí..., que es un sueño... corto. —Alégrate: porque te quiere mucho tu Padre-Dios, y, si no pones obstáculos, tras este sueño malo, te dará un buen despertar» (Caminho, 692).
