¿Qué es la comunión de los santos?

El 1 de noviembre celebramos la fiesta de Todos los Santos, y cada domingo, en Misa, recitamos el Credo y decimos “creo en la comunión de los santos”. Pero, ¿qué queremos decir con esa expresión?

Fiesta de Todos los Santos | ¿Qué es la comunión de los santos?

Sumario
1. La comunión de los bienes espirituales
2. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra


En estos días en que la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos y conmemora a los fieles difuntos, conviene detenerse en una verdad que profesamos en el Credo. Como dice el Catecismo, la comunión de los santos es precisamente la Iglesia. Esta comunión tiene dos significados estrechamente relacionados: por un lado, la comunión en las cosas santas, es decir, la participación en los mismos bienes espirituales; por otro, la comunión entre las personas santas. Catecismo de la Iglesia Católica, 946-948

En esta misma fiesta, en 2025, el Papa León XIV explicaba que el misterio de la comunión de los santos nos recuerda cuál es el destino final de la humanidad: «una gran fiesta en la que celebramos el amor de Dios, presente en todo y en todos». Papa León XIV, Ángelus 1-11-2025

1. La comunión de los bienes espirituales

En los Hechos de los Apóstoles se dice que los discípulos «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones» (Hch 2,42). ¿En qué consiste esa comunión que se sigue viviendo hoy en la Iglesia?

En primer lugar, se trata de la comunión en la fe que se profesa, un tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte. Está también la comunión de los sacramentos, que nos unen a Dios. De hecho, uno de ellos —la Eucaristía— recibe también el nombre de Comunión, porque en él se da la unión más grande con Dios que puede existir en la tierra.

Además, el Espíritu Santo reparte entre los fieles gracias especiales para provecho común: son los llamados carismas. Esta comunión tiene también una dimensión más material: compartir con el prójimo nuestros bienes y socorrer al necesitado.

Por último, esta comunión es comunión en la caridad, la mayor de las virtudes teologales, que tienen a Dios por origen y por objeto: «ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo» (Rm 14,7). El menor de los actos de un cristiano hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad que une a todos los hombres, vivos o muertos. Del mismo modo, todo pecado daña esta comunión. Catecismo de la Iglesia Católica, 949-953

Todo ello tiene una misma raíz, como subrayaba el Papa en una de sus catequesis sobre el Concilio Vaticano II: esta comunión de los bienes espirituales se funda en la unión con Cristo de todos los creyentes. Papa León XIV, Audiencia general 6-5-2026

Meditar con san Josemaría

Comunión de los Santos. —¿Cómo te lo diría? —¿Ves lo que son las transfusiones de sangre para el cuerpo? Pues así viene a ser la Comunión de los Santos para el alma. Camino, 544

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una —la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma».

—Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración! Forja, 632

Cuídame tu oración diaria por esta intención: que todos los católicos seamos fieles, que nos decidamos a luchar para ser santos.

—¡Es lógico!, ¿qué vamos a desear para los que queremos, para los que están atados a nosotros por la fuerte atadura de la fe? Forja, 925

Ante Jesús Sacramentado —¡cómo me gusta hacer un acto de fe explícita en la presencia real del Señor en la Eucaristía!—, fomentad en vuestros corazones el afán de transmitir, con vuestra oración, un latido lleno de fortaleza que llegue a todos los lugares de la tierra, hasta el último rincón del planeta donde haya un hombre que gaste generosamente su existencia en servicio de Dios y de las almas. Porque, gracias a la inefable realidad de la Comunión de los Santos, somos solidarios —cooperadores, dice san Juan— en la tarea de difundir la verdad y la paz del Señor. Amigos de Dios, 154

Me gustaría que […] tomáramos conciencia de nuestra misión de cristianos, volviéramos los ojos hacia la Sagrada Eucaristía, hacia Jesús que, presente entre nosotros, nos ha constituido como miembros suyos: vos estis corpus Christi et membra de membro, vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna. Es Cristo que pasa, 151


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2. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra

La Iglesia está formada por los discípulos del Señor. Unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican en el purgatorio, y otros contemplan a Dios en el cielo.

¿Cómo se da la unión entre estos distintos miembros de la Iglesia?

En primer lugar, siempre podemos rezar a Dios por las personas que nos acompañan en nuestro camino hacia el cielo. Esa oración de intercesión es también una expresión de la caridad, del amor fraterno entre los cristianos.

Además, quienes ya están en el cielo no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Su solicitud fraterna ayuda mucho a nuestra debilidad, y su ejemplo nos anima a poner la mirada en la meta: la vida eterna en comunión con Cristo.

Por último, la Iglesia peregrina recuerda a los difuntos y ofrece sufragios por ellos, para que queden purificados de sus pecados y lleguen cuanto antes a la felicidad del cielo. Nuestra oración por ellos no solo puede ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.

La catequesis sobre el Concilio citada más arriba lo resumía así: todos —los que hoy cumplen su misión en la tierra y los que ya han concluido su vida, en purificación o en la bienaventuranza— formamos una única Iglesia. Entre la Iglesia de la tierra y la del cielo existe una fraterna sollicitudo, una solicitud de hermanos, que se experimenta de modo especial en la liturgia. Y al rezar por los difuntos y seguir las huellas de quienes nos precedieron como discípulos de Jesús, también nosotros recibimos ayuda en nuestro camino. Papa León XIV, Audiencia general 6-5-2026

Esa comunión se hace especialmente presente en la Santa Misa, donde estamos unidos a nuestros hermanos «dispersos por el mundo» (Misal Romano, Plegaria Eucarística III), y también a quienes ya gozan de la gloria del cielo y a quienes se purifican para llegar a ver el rostro de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 954-959, 1354, 1370-1371

Por eso, como se recordaba en el Ángelus del día de los Difuntos de 2025, los cristianos han tenido siempre presentes a sus muertos en cada Eucaristía, y todavía hoy piden que sus seres queridos sean nombrados en la plegaria eucarística. Sin la memoria de Jesús, cada vida queda expuesta al olvido; en cambio, en su memoria viva, incluso quien nadie recuerda aparece en su «infinita dignidad». Papa León XIV, Ángelus 2-11-2025

«Durante la Eucaristía confiamos a los difuntos a la misericordia de Dios con un recuerdo sencillo pero lleno de significado. Rezamos para que estén con él en el paraíso, con la esperanza de que un día también nosotros nos encontremos con ellos en este misterio de amor que, si bien no comprendemos plenamente, sabemos que es verdad porque Jesús nos lo ha prometido.

Este recuerdo de rogar por los difuntos está unido también al de rogar por los vivos, que junto con nosotros cada día enfrentan las dificultades de la vida. Todos, vivos y difuntos, estamos en comunión; en esa comunidad de quienes han recibido el bautismo, se han nutrido del Cuerpo de Cristo y hacen parte de la gran familia de Dios». Papa Francisco, Audiencia 30-11-2016

Meditar con san Josemaría

Hijo: ¡qué bien viviste la Comunión de los Santos, cuando me escribías: «ayer “sentí” que pedía usted por mí»! Camino, 546

Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si no eres fiel. Camino, 549

«Reza por mí», le pedí como hago siempre. Y me contestó asombrado: «¿pero es que le pasa algo?». Hube de aclararle que a todos nos sucede o nos ocurre algo en cualquier instante; y le añadí que, cuando falta la oración, «pasan y pesan más cosas». Surco, 479

El que deja de luchar causa un mal a la Iglesia, a su empresa sobrenatural, a sus hermanos, a todas las almas. —Examínate: ¿no puedes poner más vibración de amor a Dios, en tu pelea espiritual? —Yo rezo por ti… y por todos. Haz tú lo mismo. Forja, 107

Todos los cristianos, por la Comunión de los Santos, reciben las gracias de cada Misa, tanto si se celebra ante miles de personas o si ayuda al sacerdote como único asistente un niño, quizá distraído. En cualquier caso, la tierra y el cielo se unen para entonar con los Ángeles del Señor: Sanctus, Sanctus, Sanctus… Es Cristo que pasa, 89


Artículo publicado originalmente el 28/10/2022. Actualizado el 27/10/2026.