Introducción. Un nuevo comienzo
Después del verano, retomamos el ritmo habitual de la vida: comienzan las clases, el trabajo recupera su intensidad, regresan los horarios y las responsabilidades cotidianas y se reanudan tantos encuentros y actividades.
El comienzo de un nuevo curso puede ser una buena oportunidad para recordar que Dios nos espera y nos precede en esta nueva etapa. San Josemaría animaba a vivir así la vida ordinaria: «Que busques a Cristo: que encuentres a Cristo: que ames a Cristo». En este retiro queremos meditar junto a dos personajes del Evangelio que se encontraron con Jesús en medio de su vida ordinaria: la samaritana y Zaqueo.
Con la samaritana contemplaremos a Jesús que sale a nuestro encuentro en la vida ordinaria y nos ofrece algo más grande de lo que esperábamos: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4,10). También nosotros podemos descubrir al Señor en nuestros caminos habituales, en la familia, el trabajo, los estudios y las relaciones de cada día. «Señor, dame de esa agua» (Jn 4,15): acudir a su Palabra, a la oración, a los sacramentos y a los medios de formación nos ayuda a reconocerle y a tratarle en medio de las ocupaciones cotidianas.
Con Zaqueo descubriremos otro horizonte: el de una vida más libre. «Hoy me quedaré en tu casa» (Lc 19,5), le dice Jesús. Zaqueo era rico y estaba acostumbrado a acumular bienes, pero el encuentro con Cristo cambia su manera de vivir: descubre que la verdadera felicidad no está en poseer cada vez más, sino en saber desprenderse y compartir.
«Libres para amar: éste es el sentido de nuestro espíritu de pobreza, austeridad y desprendimiento» (Carta pastoral 14-II-2017). También nosotros podemos reflexionar sobre qué lugar ocupan el dinero y las cosas materiales en nuestra vida, si sabemos distinguir lo necesario de los caprichos y somos generosos con lo que hemos recibido.
Que este comienzo de curso sea una oportunidad para volver a poner a Cristo en el centro. Que, como la samaritana, sepamos dejarnos encontrar por él; y, como Zaqueo, acogerlo en nuestra vida con libertad y generosidad.
🙏 Primera meditación
Opción 1: El encuentro con la samaritana: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4,10).
Opción 2: Los demás son nuestros. (Texto)
💡 Segunda meditación
Opción 1: Zaqueo: «Hoy me hospedaré en tu casa» (Lc 19,1-10).
Opción 2: Desear ver a Dios. El encuentro con Zaqueo. (Texto)
🗣️ Charla
La unidad: una pasión dominante
Artículo: Diálogo con mons. Fernando Ocáriz: «Con Cristo, la unidad nace desde dentro»
📙 Lectura
«No temas, pequeño rebaño»: Evangelizar en una época de cambios
💭 Examen:
Acto de presencia de Dios
Consiste en ponernos bajo su mirada amorosa que nos acompaña y protege. Invocamos al Espíritu Santo para entender cómo hacer nuestra vida más grata a Jesús.
1. «Jesús, fatigado del viaje, se había sentado en el pozo (…). Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”» (Jn 4, 6-7). ¿Soy consciente de que Jesús también está en mi camino «haciéndose el encontradizo» (Es Cristo que pasa, n. 156) para darme de beber? ¿Sé que está a mi lado, en mi familia, en mi trabajo, en los momentos de descanso, tanto cuando estoy solo como cuando estoy con los demás?
2. La samaritana le dijo a Jesús: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla» (Jn 4, 15). ¿Cómo me alimento con el agua viva de su Palabra, con el deseo de conocerle cada día mejor para amarle más? ¿Al leer y escuchar el Evangelio procuro descubrir lo que Dios quiere decirme?
3. «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4, 10). ¿Me ilusiona acompañar a mis amigos hacia un encuentro personal con Cristo? ¿De qué manera secundo la inspiración del Espíritu Santo a abrirme «en abanico para llegar a todas las almas» (Surco, n. 193)?
4. Contemplar la delicadeza de Jesús con la samaritana, ¿me lleva a fomentar el amor por los míos y a tener una actitud de respeto y de comprensión? ¿Cómo lleno mi corazón de buenos deseos, afectos y sentimientos para cultivar ese amor y para custodiarlo en momentos de dificultad, tentación o duda?
5. «Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa» (Lc 19, 5) ¿Me ilusiona hospedar a Dios en la vida de mi familia? ¿Intento que en mi casa se refleje un estilo de vida cristiano (caridad, justicia, pobreza, magnanimidad, etc.)?
6. «Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más» (Lc 19, 8). ¿Soy generoso al poner al servicio de los demás lo que soy y lo que tengo? ¿Cómo fomento esta generosidad en mis hijos desde que son pequeños?
7. ¿Procuro agradecer a Dios la posibilidad de contribuir con mis talentos, mi tiempo, mi dinero, etc. al cuidado de los demás? ¿Busco activamente el desprendimiento de aquello que me impide seguir al Señor con libertad?
Acto de contrición
