La visita de León XIV con los ojos del Caribe

El Papa fue a España y también lo vieron testigos de estas latitudes. En estas líneas nos cuentan la experiencia de su encuentro con el Vicario de Cristo y cómo los transformó el alzar la mirada

Foto cortesía: Marisabel Díaz R.

Madrid, con la libertad del amor

Marisabel Díaz Rivera / Puerto Rico

Silencio, oración y palabra. Esto respondió el papa León XVI en la vigilia de jóvenes ante la pregunta sobre cómo podemos discernir la voz de Dios. Igual que San Josemaría, su mensaje recuerda la vocación de todo cristiano corriente: ser contemplativo en medio del mundo. Esta comunión íntima con Dios, hablarle con confianza y saber que nuestra vida es sostenida por Aquel que nos ama, nos permite ser sembradores de paz y alegría allá donde vayamos.

El Papa también nos recordó la llamada del Evangelio a transformar el mundo con la fuerza del amor. No somos prisioneros del tiempo que pasa, sino protagonistas de una historia que se escribe de la mano de Dios contando con nuestra libertad. 

Nos instó a buscar siempre la belleza y la verdad, y que seamos “chispa de una humanidad nueva” ante “el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira”.

Como Jesús, el Papa consiguió acertar con las cosas que nos inquietan a los jóvenes. Ante el individualismo, ante la soledad, ante los miedos que nos impiden alzar la mirada hacia Cristo, señaló que siempre necesitamos del Otro para colmar los anhelos del corazón y llenar de sentido la existencia. La visita pastoral de León XVI a España, uno de los países más polarizados del continente europeo, se caracterizó por sus mensajes de unidad, de diálogo y de escucha.

Como los primeros cristianos, nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad. San Josemaría lo repetía mucho: “Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente… Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. (Amigos de Dios, 225)”. El testimonio de tanta gente joven, unida en Madrid por el amor de Dios, deja en el corazón ese fuego ardiente y el deseo de comunicarlo a toda la humanidad.

Puerto Rico dijo presente en Madrid. Foto M. Díaz Rivera

Alzad la mirada

María Paula Vásconez / Rep. Dominicana

La visita del Papa a Barcelona ha sido una experiencia inolvidable. Como dominicana viviendo temporalmente en España, me sentí afortunada de estar presente en su paso por la ciudad. Tuve la oportunidad de asistir a la Catedral de Barcelona y de verlo durante su recorrido en el papamóvil, rodeada de miles de personas llenas de alegría y entusiasmo.

Recuerdo la emoción de la espera: la multitud, la expectativa y el deseo de verlo aunque fuera por unos instantes. Esa experiencia me hizo pensar en cómo estos momentos de alegría compartida revelan algo profundo del corazón humano, que siempre busca y espera más de lo que ve.

El lema de la visita, “Alzad la mirada”, es una invitación muy actual. 

En un mundo que nos empuja a centrarnos en nosotros mismos o en lo que nos divide, levantar la mirada significa recuperar la esperanza y reconocer que hay algo más grande que nosotros.

Nos habló del perdón, del diálogo y de la búsqueda de la verdad. Nos invitó a no dejar de cuestionarnos ni de dialogar con quienes piensan distinto, para construir juntos el bien común. En una sociedad tan polarizada, este mensaje resulta especialmente necesario.

Me impactó una idea sencilla y profunda: “Dios nos ama como somos, pero nos sueña mejores”. Una llamada a crecer, a servir y a descubrir lo mejor de nosotros mismos.

Al ver a tantas personas esperando al Papa, pensé en cuántas veces Jesús me espera en silencio en el Sagrario. Me pregunté si lo busco con la misma ilusión con la que viví esos momentos. Tal vez uno de los mayores aprendizajes ha sido recordar que los encuentros más importantes también son silenciosos, donde Dios nos espera cada día.

Y, sobre todo, me queda la invitación a alzar la mirada: mirar más allá de lo inmediato, abrirme a Dios y a los demás, y contribuir al bien que podemos construir juntos.

La ilusión de ver al Papa acortó la espera de María Paula en BCN. Foto M. Vásconez

Si el Papa puede…

Federico Boccardo / Venezuela

Soy un joven venezolano de 25 años y desde hace nueve años me mudé a Barcelona con mi familia. Esta es la tercera vez que veo al papa León XIV en persona: la primera, en el Jubileo en Roma y la segunda, en la Canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles. 

Recibir al Pontífice en la ciudad donde vives es un regalo de Dios y un avivamiento de la fe de la comunidad. 

Es tener al Vicario de Cristo, al sucesor de San Pedro, ahí presente entre todos. 

Y esto se ha notado mucho en la entrada del Papa a la Vigilia: todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo para centrarse en León XIV con ánimo y alegría. No me cabe duda que cuando san Pedro, san Pablo o alguno de los apóstoles visitaban una comunidad cristiana serían recibidos con esa misma alegría y fe.

De lo dicho por el Papa me ha impresionado la insistencia en la necesidad de perdonar, de ser centro de unión y no de separación, de acudir y cuidar los sacramentos, de que la fe en España no sea de una cultura superada (antigua) sino actual y viva…

Y algo que me impactó fue la facilidad que tuvo León XIV de hablar en catalán en alocuciones y homilías: no es un idioma del todo fácil y que él haya tenido la valentía de hablarlo ante miles ha sido una motivación profunda para mí. Ahora, ante cualquier dificultad, me repito: Si el Papa puede, yo también.

El Papa admirando els Castells. Foto. F. Boccardo

El poder de las palabras

Carolina Adell / Venezuela

Desde que escuché el himno “Alzad la mirada”, me llegó muy dentro: “Por los que cruzan el mar… para que vean más allá de la tempestad”. Si bien mi cruce del mar no había sido ni remotamente peligroso y terrible –sobre un cayuco y a merced de la naturaleza– sí había supuesto para mí una tempestad que aún muchas veces me acompaña.

El sábado 6, el papa León XIV ponía sus pies en tierra española y toda la familia amaneció pegada a la televisión, para no perderse nada. La emoción era solo el preludio de lo que viviríamos cuando llegara a Barcelona, donde vivimos.

Lo veríamos en el estadio olímpico, en Montjuic, aunque me pesaba que Alberto, mi esposo, no podría porque no consiguió entrada. Pero todavía quedaba una esperanza y así el lunes supimos que asistiríamos a la misa en la Sagrada Familia. Caricias del cielo les llamo yo a estas situaciones pequeñas (y grandes a la vez) que alivian los pesares del día a día.

La hija de Carolina estampó franelas para la visita. Foto. C. Adell

Llegado el momento y con el corazón lleno de una alegría inexplicable caminamos hasta Montjuic. Me emocionó muchísimo verlo muy de cerca al pasar con el papamóvil y me emocionaron aún más sus palabras que hablaban de no “espiritualizar el dolor”, de no minimizar el sufrimiento. “A veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos. Estas noches son un lugar de bendición, un espacio para renacer”. 

Pensé: ¡Renacer! ¡Alzando la mirada, más allá de la tempestad! 

Verlo abrazar a esa chica y a tantos otros, fue sentir su abrazo consolador también en mí, el abrazo humano y material de Aquel que siempre me ha abrazado espiritualmente y me ha consolado en medio de las dificultades del pasado en Venezuela y del presente en España.

Y al siguiente día, la misa en la Sagrada Familia. No sé si encuentre palabras para transmitir lo que significó para mí. El Papa habló de mirar la cruz de Cristo como un faro que guía nuestras vidas y no pude sino pensar que aquí o allá, Él siempre ha sido mi faro y mi guía.

Alberto y Carolina en la Sagrada Familia. Foto. C. Adell

Emoción a los 90

Lucía Gutiérrez / Venezuela

Desde que supe que Gran Canaria formaría parte de la visita del papa León XIV a España, tuve claro que quería estar presente y compartirlo con mis padres. Aunque solo pude llevar a mi papá, que cumplirá 90 años en agosto, toda la preparación y la logística que implicaba acompañar a una persona con movilidad reducida valieron la pena: conseguimos estar a pocos metros del altar y verlo emocionarse al vivir tan de cerca este acontecimiento fue un regalo inmenso.

¡Y hasta tuvimos nuestros pequeños minutos de fama! Al estar tan cerca del altar, aparecimos varias veces en la transmisión en vivo, lo que nos hizo sonreír y que quedará como una anécdota entrañable de ese día tan especial.

Minutos de fama.  Foto Flia. Gutiérrez

Para mí, como venezolana viviendo en España, esta experiencia tuvo un significado aún más profundo. Fue un recordatorio de que la fe une generaciones y atraviesa fronteras. 

Poder tomar la mano de mi padre y compartir con él este acontecimiento histórico fue una bendición inmensa, una vivencia que el corazón guardará para siempre.

Me quedo con la alegría, la gratitud y la certeza de que Dios nos regala momentos únicos para fortalecer el amor familiar y la esperanza.

Los Gutiérrez. Foto Lucía Gutiérrez

Las virtudes que nos trajo

Fran González Osorio/ Venezuela

“El Papa de los bebés”, como se le bautizó estos días en España, nos ha traído una gran dosis de virtudes teologales. Definitivamente un regalo del Espíritu Santo.

Fe: Hemos visto a miles de personas seguirlo, oírlo, rezar con él. Miles de jóvenes enamorados de Dios y demostrando su fe cristiana por las calles de España. Qué alegría da tener fe. Mención especial a la gran cantidad de banderas venezolanas de muchos que, estando fuera, no olvidamos nuestra tierra y no paramos de rezar por ella.

Esperanza: El Papa nos trae un mensaje de vida eterna, nos recuerda que podemos ser santos en lo cotidiano. Que podemos cambiar la historia si lo hacemos con amor. Que somos protagonistas del cambio a partir de nuestros vínculos cotidianos. Nos deja un mensaje lleno de amor hacia Dios y hacia el prójimo.

Caridad: Nos recuerda la importancia de ayudar a los demás, de valorar al ser humano que tenemos delante. De darnos a los demás. La caridad no admite demoras, nos dijo.

Han sido unos días maravillosos. Llenos de mensajes que son gasolina para el alma. Que nos ayudan a recordar que lo importante es estar cerca de Dios. Si tienes a Dios cerca, nada malo te pasa.

Ver tanta gente en sus actos, tantas familias, tantos jóvenes nos llena de esperanza y alegría. ¡El mensaje de Dios está más vivo que nunca!

La paz que transmite el Papa es algo único ¡Ha sido una experiencia maravillosa!

Para acabar, me quedo con una de las frases que ha dicho: 

«¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!».

León XIV a su paso por Barcelona. Foto. F. González O.