La amistad: una vacuna contra la vida solitaria

Es mucho el tiempo que llevamos confinados. Quizás, para la mayoría, lo más duro de esta pandemia ha sido tener que afrontar el dolor en soledad, no poder “sentir” el consuelo de otros ante las situaciones difíciles que sobrellevamos. Ahora, el cariño y la cercanía ni siquiera se pueden manifestar con un buen apretón de manos o un abrazo, hay que conformarse con ojos que sonríen sobre la mascarilla o codos que se chocan.

100 años de Juan Pablo II

Esta nueva normalidad parece haber llegado para quedarse, al menos por un buen tiempo o hasta que se encuentre la vacuna. Pero, ¿cómo vacunarme contra otros virus que nos asechan en tiempo de cuarentena? ¿Cómo protegernos frente a la indiferencia, el egoísmo que pueden alojarse en la nueva rutina y elegir darme a los demás aunque cuide el distanciamiento social?

No encontré mejor persona a la que plantearle mis dudas, que aquel que ha merecido el apelativo del Papa Amigo, que mantuvo activa la imaginación de la caridad aún en tiempos de guerra, siendo víctima de traiciones o en medio de la clandestinidad.

Santo Padre, ¿Cómo vivir la verdadera amistad en una época en la que hay mucha conexión pero poco contacto real? ¿Cómo descubro al verdadero amigo que se entrega al 100%?

En una ocasión el periodista Tad Szulc vino a verme. Quería escribir mi biografía. Entonces le dije que una biografía tiene que ser algo más que una retahíla de fechas, acontecimientos y citas… Tiene que llegar a lo que en polaco llamamos ‘el corazón del hombre’, a su alma, a sus pensamientos íntimos[1]. Eso es lo que conocen los verdaderos amigos.

San Juan Pablo II junto al beato Álvaro del Portillo, dos grandes amigos en las navidades de 1978.

El 27 de Octubre de 1995, nos reunimos varios hermanos sacerdotes y en aquel ambiente festivo[2], muchos de ellos, yo también, brindé el testimonio de mi vocación sacerdotal. Les conté la verdadera historia de mi vida, la historia de mi amor de amistad con Jesús, el gran Amigo.

Las palabras que pronuncié en aquella circunstancia tuvieron un eco muy grande. Más adelante me pidieron que volviera a tratar, de un modo más amplio, el tema de mi vocación, con ocasión del Jubileo sacerdotal. Y escribí el libro “Don y Misterio”.

En ese texto, todo lo que digo (...) pertenece a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima. Lo recuerdo ante todo para dar gracias al Señor (…). Lo ofrezco a los sacerdotes y al pueblo de Dios como testimonio de amor. Ahí, los nombres de muchos de mis mejores amigos se suceden unos a otros en una sinfonía de voces que podría reconocer siempre. Ecos de aquella voz primigenia con la que Dios llama a cada hombre, desde el principio: “¿Dónde estás?”[3], a un amor de amistad[4].

Sé bien que El hombre no puede vivir sin amor. (...), su vida está privada de sentido si no se le revela el amor[5]. Ten la seguridad: Jesús Vivo, cuenta contigo hoy. Desde la calidez generosa y franca de una verdadera amistad invita, a esos amigos tuyos, quizá decepcionados a ¡No [tener] miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad![6] Diles, desde la ascendencia de la intimidad: “Permite al Señor, que te hable en el silencio de tu corazón, porque ¡Sólo Él tiene pala­bras de vida, sí, de vida eterna!” Te volverá a llenar de alegría el milagro de la resurrección.

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¿Me puede dar un consejo de amigo para saber cuál es la mejor actitud para afrontar esta pandemia?

Crecí en una Polonia que se debatía entre la esperanza y la angustia. La esperanza que infundió la recuperación de nuestra independencia, finalizada la Primera Guerra Mundial, se vio de nuevo asaltada por la angustia de otra guerra. En 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial[7]. Esto cambió de modo radical la marcha de mi vida; [nuestros profesores] intentaron comenzar de todos modos el nuevo año académico, pero el 6 de noviembre (...) las autoridades alemanas convocaron a todos los profesores a una asamblea que acabó con la deportación de aquellos respetables hombres de ciencia, al campo de concentración de Sachsenhausen[8].

Comparto contigo estos recuerdos para mostrarte que la historia de la humanidad es una trama de la coexistencia entre el bien y el mal [que] crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. Después de la caída de los sistemas totalitarios, las sociedades se sintieron libres, pero casi simultáneamente surgió un problema de fondo: el del uso de la libertad (…) [asistimos al desarrollo] de una civilización que, aunque no sea atea por sistema, es ciertamente positivista y agnóstica, puesto que se inspira en el principio de que se debe pensar y actuar como si Dios no existiera[9] (...) [ésta será siempre la terrible amenaza de nuestra autodestrucción].

Por eso te invito a volver, sin miedo, a Aquél que es “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6). Para saber cuál debe ser tu actitud ahora, y después, cuando nuevas angustias te sobrevengan, busca siempre al Amigo que no defrauda y pregúntale en la intimidad de tu corazón: ¿Qué hacemos? ¿Hacia dónde sigue nuestro camino? Y lánzate… Mar adentro[10](Lc 5,4).



Foto de portada: tesorero.leandro en Flickr.

[1] “La biografía de Juan Pablo II por Tad Szule”, Yago de la Cierva, 1 de noviembre de 1995. https://www.aceprensa.com/religion/la-biograf-a-de...

[2] Don y Misterio, SS Juan Pablo II. Vatican. Va,1996. http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/books/documents/hf_jp-ii_books_19960301_dono-e-mistero.pdf. Las siguientes palabras de SS Juan Pablo II están tomadas del mismo texto referido: Don y Misterio.

[3] Gn 3,8-9. Cfr también Karol Wojtyla El taller del Orfebre.Meditación sobre el sacramento del matrimonio expresada a veces en forma de drama.Biblioteca de Autores Cristianos.Madrid. 1980. (Traducido del polaco por Ana Rodón Klemensiewizc). Cfr, Manuel Peña Muñoz,”El taller del Orfebre. Una obra escrita por el papa”.http://www2.escuelascatolicas.es/pastoral/BibliotecadeRecursosPastoral/Eltallerdelorfebre.pdf

[4] “Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?” enhttps://www.opusdei.org/es/document/os-he-llamado-...

[5] SS, Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor Hominis, 4 de marzo de 1979.

[6] SS Juan Pablo II. Homilía del comienzo de su pontificado, 22 de octubre de 1978. http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/homi...

[7]Cfr Carta del papa emérito Benedicto XVI en el Centenario de San Juan Pablo II.www.romereports.com/2020/05/15/carta-completa-de-b...

[8] SS Juan Pablo II, Don y Misterio. Ibid

[9] Sobre este tema central que la Ética tuvo, tanto en el pensamiento como en el ministerio petrino de SS Juan Pablo II, quisiera señalar que la lectura de la carta que Benedicto XVI acaba de escribir para celebrar su centenario me ha parecido particularmente iluminadora

[10] Juan Pablo II, Carta apostólica, Novo Millennio Ineunte. Al Episcopado, al Clero y a los Fieles. Al concluir el Gran Jubileo del año 2000.