«He sido mucho más feliz de lo que me hubiera imaginado»

Marlies Kücking (Colonia, 1936) se considera romana. Ha vivido en la capital italiana más de 50 años. Allí, tal como rememora en sus recuerdos "Horizontes insospechados" (Rialp, 2019), trabajó al lado de san Josemaría, el beato Álvaro del Portillo y Javier Echevarría. Desde 1964 hasta 2017 ha estado vinculada al gobierno central del Opus Dei.

Opus Dei - «He sido mucho más feliz de lo que me hubiera imaginado»Marlies Kücking, en la presentación de sus memorias.

Descargue en PDF: «Horizontes insospechados, capítulo 1: Vida familiar en Colonia»


Portada del libro 'Horizontes insospechados. Mis recuerdos de san Josemaría Escrivá de Balaguer'

En su libro, que acaba de presentar en la librería Garbí de Barcelona, Kücking hace, en primer lugar, un recorrido por su historia familiar, su encuentro con el Opus Dei en 1954, el descubrimiento de su vocación, su colaboración en los primeros pasos de la Obra en Alemania y los Países Bajos y su etapa de formación en Roma durante su época universitaria.

La segunda parte de Horizontes insospechados. Mis recuerdos de san Josemaría Escrivá de Balaguer repasa su trabajo en la asesoría central del Opus Dei, un órgano que junto con el consejo general ayuda al Prelado en el gobierno de la institución. Esto le ha permitido conocer de primera mano a muchas personas e iniciativas de la Prelatura de países de los cinco continentes. Desde 1964, año en el que la autora comenzó su trabajo en la asesoría central, el Opus Dei ha iniciado su presencia estable en 39 países, de Nigeria a Singapur, de Bolivia a Kazajstán, de Corea a Líbano, de Rumanía a Panamá, de Rusia a Sudáfrica.

Cuando habla de ella misma, Marlies Kücking usa una cierta distancia irónica, con un fino sentido del humor; sin embargo, en todo lo que hace referencia a san Josemaría o a la Obra el tono es serio, emocionado, entusiasmado y agradecido, por turnos.

Aficionada al teatro, la arqueología y la lectura ––suele leer más de un libro a la vez, con preferencia por la novela histórica y los clásicos como Homero o Dickens, aunque reconoce que le encantó Harry Potter–, en la actualidad trabaja en el archivo general de la Prelatura, donde se están digitalizando, clasificando y estudiando los documentos relacionados con el fundador, los sucesivos prelados y el recorrido del Opus Dei en todo el mundo.

“Cristo es siempre actual y no envejece. Siguiéndole, es más fácil saber detectar en qué aspectos interesa un cambio”

Usted ha colaborado durante 53 años (1964-2017) en el gobierno del Opus Dei. En el libro explica las tareas que realizó en la asesoría central, en Roma, y los viajes que realizó a múltiples países con motivo de su cargo. En muchos de esos países el Opus Dei ya tiene décadas de recorrido. ¿Cómo se consigue que la experiencia no se convierta en rutina? ¿Cómo se mantiene la capacidad de innovar y afrontar nuevas situaciones?

Indudablemente es un reto y el peligro existe; cuando ya hay experiencia, es más cómodo continuar en la misma línea (“¡siempre se ha hecho así!”, o “¡esto no lo hemos hecho nunca!”). Hace falta compaginar un estudio hondo y sereno de los asuntos y, a la vez, estar cerca de las personas y labores, mediante viajes: ver las realidades in situ, escuchando a la gente. Hace falta una gran apertura de mente: sugeriría seguir las directrices del Prelado actual: buscar la centralidad de Jesucristo. Cristo es siempre actual y no envejece. Siguiéndole, es más fácil saber detectar en qué aspectos interesa un cambio, no solo en cuestiones técnicas, sino también en modos de enfocar el trabajo apostólico, siendo siempre fieles al espíritu de san Josemaría.

Desde la experiencia de una mujer laica que ha colaborado en el gobierno de una institución de la Iglesia que es de naturaleza jerárquica, ¿cómo entiende que puede ser la aportación de la mujer a la Iglesia, de modo que esté presente en mayor medida en la toma de decisiones?

El Papa Francisco, ya en el documento programático de su pontificado (Evangelii Gaudium) y en otras intervenciones, ha insistido en la necesidad de una presencia más incisiva de la mujer en la Iglesia y, en particular, en los sitios donde se toman las decisiones.

En el estilo de gobierno forjado por san Josemaría esto no es una novedad. Él era muy consciente del insustituible aporte de la mujer en el gobierno porque por sus cualidades innatas (su "genio femenino") es particularmente sensible a las personas y es capaz de ver los asuntos y problemas desde una perspectiva que quizá los hombres no ven y que, a la vez, es complementaria. Esto es fundamental en la misión de la Iglesia y de la Obra, cuyos destinatarios son precisamente personas. San Josemaría veía el gobierno como servicio a las personas. A eso se suma que también era muy consciente del gran aporte profesional con el que podían y debían contribuir los laicos, y en particular la mujer laica, en el gobierno.

Esto no ha cambiado sustancialmente con la erección del Opus Dei en Prelatura personal, pues el derecho de la Iglesia establece que los laicos, en virtud del bautismo, pueden cooperar en el ejercicio de la potestad de gobierno en la Iglesia, sobre todo en ámbitos en que por su pericia profesional pueden aportar mucho (cuestiones económicas, jurídicas...). Esto en el Opus Dei se vive según establece su derecho particular. El prelado gobierna con dos consejos, uno de hombres y otro de mujeres, en su mayoría laicos.

Además, el Prelado actual –Mons. Fernando Ocáriz– cuenta mucho con la opinión femenina, decisiva a la hora de tomar decisiones concretas, no solo las que afectan a la labor de mujeres, sino también a cuestiones que afectan a hombres y mujeres por igual.

San Josemaría era muy consciente del insustituible aporte de la mujer en el gobierno

En su libro queda muy clara la convicción de san Josemaría de que lo universal y lo particular (la biografía de una persona, la historia de un país, una cultura concreta) son perfectamente compatibles. ¿Qué aconsejaría para estos momentos en que las diferencias se ven como causa de división?

Cierto, junto a la globalización hay el peligro de una cierta mentalidad excesivamente local. Aconsejaría una gran amplitud de miras y, a los europeos, abandonar el excesivo complejo de superioridad de nuestra cultura, que en ocasiones puede correr el riesgo de mirar por encima del hombro a otras realidades. Es cierto que el cristianismo ha impregnado la historia de Europa, pero tenemos mucho que aprender de la milenaria cultura de Oriente, de los valores de África, América, etc.

Se puede y se debe amar el propio país y, a la vez, tener una gran apertura hacia el resto del mundo. Los viajes que me han dejado más huella quizás han sido África y Oriente precisamente porque pude comprobar en la práctica que la Obra era universal: una mujer de una tribu de Kenia y una conversa del budismo que viven el espíritu del Opus Dei igual que una señora de España.

El gobierno en el Opus Dei tiene dos rasgos, como se ve en el libro: la subsidiariedad (que cada nivel de gobierno cumpla lo suyo y no interfiera en lo que no le corresponde) y la colegialidad (las decisiones no son nunca individuales, sino estudiadas y valoradas por varias personas). ¿Podría poner ejemplos de cómo es más enriquecedor y a la larga más fecundo que un modo de gobernar aparentemente más eficaz o controlador?

Dios me ha mimado como a una hija predilecta

Cada uno de nosotros tiene su propio punto de vista y, junto a la mejor buena voluntad, nos podemos enquistar en una opinión, pensar que el nuestro es el más acertado. Ayuda mucho conocer otros pareceres. Si prevaleciera habitualmente la opinión de una sola persona, a la larga esto desembocaría en tiranía. San Josemaría aconsejaba también como medida de prudencia que la persona que hace cabeza en un equipo sea la última en opinar, para no influenciar a las demás que han de intervenir.

Por otro lado, al trabajar en el gobierno del Opus Dei con personas de distintas culturas o mentalidades, hay que tener en cuenta que, junto a las diferencias evidentes, todas tienen la misma vocación y tratan de vivir el mismo espíritu. Además, esto supone una riqueza enorme, no solo por su interés humano, cultural, sino porque el conocimiento directo de los distintos países ofrece una gran aportación a la labor de gobierno.

¿Cómo se complementa, en los temas comunes de gobierno, la mirada de los hombres y de las mujeres? ¿Podría poner ejemplos?

Tanto hombres como mujeres tienen sus labores de formación y apostolado específicas, separadas unas de otras; a la vez, hay temas que interesa estudiar en conjunto. Esto se hace principalmente en planes estratégicos, como el inicio del trabajo estable en nuevos países, o en una nueva ciudad en países donde ya está establecida la Prelatura, etc.

Se podría poner el ejemplo de la familia –el Opus Dei lo es– que suele componerse de hombres y mujeres.

El Opus Dei ha cumplido ya 90 años. Es poco y a la vez es mucho. ¿Cómo mantenerse fiel al espíritu fundacional y a la vez discernir qué cambios requiere cada época?

Es imprescindible un conocimiento profundo del espíritu fundacional

Con una gran apertura de mente, sin aferrarse a puntos de vista obsoletos y, a la vez, huyendo de un afán renovador falto de ponderación y perspectiva.

En este sentido, una medida de buen gobierno que he visto vivir a san Josemaría, pasando por el beato Álvaro, don Javier y el actual Prelado, es que se procure que en los gobiernos regionales y en la asesoría central haya, junto a personas con más experiencia, otras más jóvenes que puedan aportar sus puntos de vista más cercanos a la realidad actual. A modo de ejemplo, la directora más joven de la asesoría central es una norteamericana, que acaba de cumplir 31 años.

Diría también que es imprescindible un conocimiento profundo del espíritu fundacional, de los escritos de san Josemaría y de sus sucesores.

Se podría concluir que nuestro Fundador siempre decía que los miembros del Opus Dei no necesitaban del aggiornamento puesto que estaban inmersos en las realidades del mundo.

Si ahora tuviera 18 años, ¿qué le atraería del Opus Dei?

Lo mismo que hace 64 años. Seguir al Señor en y a través de las realidades del mundo y procurando atraer otras almas a Jesucristo.

No me podía imaginar mi vida tal y como ha sido: he sido mucho más feliz de lo que me hubiera imaginado; pienso que Dios me ha mimado como a una hija predilecta.

¿Cuál diría que es la mayor aportación del Opus Dei a la Iglesia?

El hecho de que cada miembro del Opus Dei, cada persona que participa de su labor, se empeñe en ser coherente con su fe, esté unida a la persona del Romano Pontífice y difunda a su alrededor la alegría cristiana como supieron hacer en su momento los primeros cristianos.