El Salvador: un centro de formación profesional para la mujer

Con sus 500.000 habitantes, Soyapango es el municipio con mayor densidad de población de San Salvador. En esta localidad ha prosperado Siramá-Prusia, una labor social que se propone la inserción de mujeres en el mercado laboral. En cinco años de trabajo, Siramá-Prusia ha podido preparar a 1670 mujeres, no sólo de Soyapango, sino también de otras poblaciones cercanas.

Rosa Delmy Abrego vive en Soyapango y es madre de dos hijas adolescentes. Su familia pertenece a ese 40% de hogares salvadoreños en los que la mujer lleva todo el peso doméstico. Ella sabe perfectamente lo difícil que es conseguir un trabajo y sostener una familia, cuando la pobreza y la falta de cultura condicionan la existencia.

En su vida, sin embargo, hubo un cambio importante el día en que se enteró de que podía realizar unos cursos de corte y confección. Aprender un oficio en su misma ciudad, sin descuidar la atención del hogar, le había parecido hasta entonces algo imposible. Le dijeron que estos cursos se impartían en el centro de capacitación Siramá-Prusia, y allí se dirigió, con la esperanza de poder prepararse para un futuro mejor. Se matriculó y, para financiarse, tuvo que inscribirse en un banco, lo que le permitió también comprar su primer equipo de costura: una máquina plana y una de “interlock” para elaborar blusas. “En poco tiempo –recuerda- empecé a vender por docenas algunas mercancías en los puestos de ropa del mercado de Soyapango. Se trataba de un paso pequeño pero importante, que llena de ilusión”.

A los pocos meses, Rosa Delmy pudo liquidar su préstamo e incluso montar su propio comercio. “Toda esta ropa –explica- la confeccionamos aquí, mi hija, dos operarias más, y yo. Me siento muy orgullosa de haber estudiado en Siramá”. Para llegar a esta situación, no fue necesario asistir a clases durante mucho tiempo. Aproximadamente en tres meses aprendió, no sólo corte y costura, sino también nociones sobre cómo iniciar un taller, cómo salir adelante, cómo no quedarse estancados. “Las clases de orientación empresarial”, señala, “me ayudaron a invertir en la adquisición de nuevos equipos y materiales necesarios para el oficio, y ahora estamos preparando la próxima expansión del negocio. Gracias a todo esto, hoy mis ingresos son mayores y mi vida ha mejorado mucho”, explica Rosa Delmy.

Para muchas mujeres salvadoreñas

Los comienzos de Siramá-Prusia hay que situarlos en 1998, cuando un grupo de promotores se sintieron interpelados por las enseñanzas de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, que impulsaba a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad a “procurar con eficacia que todos tengan los medios materiales convenientes, que haya trabajo para todos, que nadie se encuentre injustamente limitado en su vida social y familiar” (Conversaciones con Monseñor Escrivá, 95). En pos de este objetivo, se propusieron desarrollar en Soyapango una labor social dirigida a mujeres sin posibilidades económicas, con el fin de proporcionarles los conocimientos necesarios para que desarrollen una habilidad que les permita ganarse dignamente la vida.

Para sacar adelante esta nueva iniciativa únicamente contaban con unas viejas instalaciones, una antigua bodega de café en el casco de una hacienda denominada “Prusia”. Allí instalaron los talleres provisionales de corte y confección, artesanías, cosmetología y panadería. En condiciones precarias pero con una profunda confianza en Dios, empezó el primer programa de formación, que llevaba por título “Empresas Hogareñas”. Este programa estaba diseñado para que las alumnas, en un breve periodo de tiempo, aprendieran un oficio y tuvieran unas herramientas adecuadas para el desarrollo de un empleo. Mediante el ejercicio del propio trabajo, debían contribuir a elevar el nivel de vida de los suyos y de sus comunidades.

Junto a las clases técnicas, la formación en Siramá se completa con el desarrollo y la profundización académica en temas como el sentido y la organización del trabajo, la orientación empresarial y las relaciones humanas, familiares y sociales. Asimismo, se considera una cuestión fundamental el aprendizaje de las virtudes humanas y cristianas que dignifican y enaltecen la vida laboral.

Mayores ingresos

En cierto momento, Siramá se vió en la necesidad de construir unas instalaciones definitivas, más acordes a las nuevas necesidades. Después de numerosas gestiones para conseguir financiación económica, fue el gobierno belga, junto a otras entidades y personas particulares, quien hizo posible la construcción de los tres nuevos talleres construidos en los terrenos de la antigua finca de café. Estas nuevas edificaciones forman parte de la primera etapa de un proyecto más grande, que abrirá nuevas oportunidades a mujeres de otros municipios del país.

Como sucede con muchas otras iniciativas sociales, el alcance del proyecto no es fácilmente medible, aunque, por ejemplo, se ha podido comprobar que un 70% de las alumnas han aumentado sus ingresos familiares por medio del establecimiento de pequeños negocios en sus casas. También ha habido un buen número de estudiantes que se han incorporado a las fuentes laborales del país en las ramas de panadería, talleres de costura, artesanías o salas de belleza.

Francisca Morales, que vive actualmente en Bosques del Río, donde tiene una panadería, estudió en Siramá-Prusia y relata así su experiencia: “A mí siempre me gustó la panadería y pensé recibir este curso en Siramá. Me parece que fui del primer grupo de graduadas que salimos de allí. Desde entonces, puse una panadería en la que estamos trabajando toda la familia. Comenzamos en un horno de barro. Entonces hacíamos el pan con mi mamá, pero después ella se dedicó a vender, con mi hermana, mi tía y una prima. Las tres son las que venden el pan y yo, con mis hijas, lo hago. De este modo nos hemos organizado, y mal no nos va”.

En Siramá, casos como el de Francisca, en que las alumnas se convierten en agentes multiplicadores de capacitación, no son raros. De hecho, muchas alumnas transmiten sus conocimientos a otros miembros de la familia, siguiendo la tradición y el modo típicamente artesanal. A veces, incluso, se han visto beneficiadas de este conocimiento vecinas del barrio, que acuden a las alumnas egresadas de Siramá para aprender a realizar su mismo oficio.

Más que un simple aprendizaje

Por otra parte, la preparación que se ofrece en Siramá-Prusia va más allá del fin meramente económico. Levantar el nivel de vida, cultural y humano de una sociedad, como recuerda san Josemaría Escrivá, implica “sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una existencia digna, a trabajar y a descansar (…) y, en primer término a conocer y amar a Dios con plena libertad”. Esta prioridad hace que las profesoras de este centro de enseñanza busquen dar a cada alumna, junto a los conocimientos técnicos, una atención personalizada, en la que se alienta la dimensión trascendente de la persona, otorgando al trabajo el sentido de encuentro personal con Dios y de santificación: “Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional”, recomendaba san Josemaría, “y habrás santificado el trabajo” (Camino, 359).

En todos sus cursos y programas, Siramá-Prusia ofrece a las mujeres no sólo la capacitación teórica sino también los materiales necesarios para el aprendizaje de un oficio. Un régimen de becas, gestionado con la ayuda de empresas privadas y personas particulares que comprenden la importancia de la solidaridad, hace posible que, todos los años, muchas mujeres aprendan un oficio. Y con un empleo, el presente adquiere una nueva dimensión y el futuro un nuevo color.

Si desea recibir más información o colaborar económicamente con 'Siramá-Prusia', puede dirigirse a:

Marta Dinora Zepeda

E-mail: [email protected]

Telf.: (503) 263-9916