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La infancia de Álvaro del Portillo

La historia de cualquier persona está salpicada de pequeñas y grandes anécdotas que ilustran su carácter, el modo de afrontar la vida, las circunstancias en la que toman decisiones… En la biografía del futuro beato Álvaro del Portillo, aportan matices que dejan ver la normalidad de una vida vivida cara a Dios. Iniciamos hoy una serie de anécdotas sobre el sucesor de san Josemaría, extraídas del libro "Álvaro del Portillo, un hombre fiel", Javier Medina. Ed. Rialp, Madrid 2012.

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Años de juventud de Álvaro del Portillo

Desde muy joven Álvaro se preocupó por la pobreza moral y material. No era una preocupación teórica. Supo dedicar tiempo a dar catequesis en barrios periféricos de Madrid y atender a niños sin nada ni nadie, que vivían en la calle esperando que alguien se ocupara de ellos.

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Si un amigo espera en la cima, la subida es más fácil

En México, don Álvaro se hizo amigo de un herrero que trabajaba cerca de la Basílica de Guadalupe. El surgimiento espontáneo de esa amistad, aunado a la sencillez y autenticidad de Mons. Del Portillo, forman el núcleo de algunos recuerdos entrañables del P. Rafael Fiol.

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El milagro de don Álvaro: la recuperación de José Ignacio

La Santa Sede atribuye a la intercesión de don Álvaro la recuperación del niño José Ignacio Ureta Wilson tras un paro cardíaco de más de media hora, acaecido el 2 de agosto de 2003.

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Don Álvaro: un enamorado de la Eucaristía

De la época en que María Luisa Palomar vivió cerca de don Álvaro en Roma, se pueden resaltar dos recuerdos entrañables: el gusto de Mons. Del Portillo por la comida mexicana y su amor inmenso por Jesús sacramentado.

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La intercesión de don Alvaro: el favor de Catalina

Una madre, Kattia Garita de Hidalgo, narra el favor que pidió a Dios por intercesión de don Álvaro para que curara a su hija Catalina, niña que nació con problemas serios del corazón y los pulmones en San José, Costa Rica

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No veo nada

Don Álvaro acudió a Carlos Vidal, oftalmólogo, para que le hiciera unos lentes de contacto. Al recordar la accidentada consulta en una clínica de la Ciudad de México, Carlos destaca la sencillez y serenidad con las que Mons. Del Portillo hacía frente a las contrariedades.

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“Hijas mías, yo os quiero mucho, pero os quiero santas”

Durante los años que vivió en Roma, Amparo Velasco trabajó al lado de don Álvaro. De esa época, intensa en emociones, recuerda especialmente los detalles de cariño que Mons. Del Portillo tenía hacía las personas que convivían cotidianamente con él. Esa paternidad, recuerda con emoción, quedó plasmada un día de su cumpleaños en que don Álvaro le envió una postal desde Nigeria.

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"Don Álvaro era, ante todo, un hombre fiel"

“Esta hija mía tiene el color de pelo que se le da la gana” es una frase que alguna vez le dirigió don Álvaro a la Dra. Ana María Pacheco, quien pudo atestiguar de primera mano algunos rasgos como la constancia y buen humor del siervo de Dios.

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​Tres en uno

Don Álvaro es mi intercesor para buscar empleos. Ya me ha concedido otros favores que escribí. Esta vez los ha concedido a mí y a dos amigas.

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