Los imposibles de un nuevo año
Vivía en Río de Janeiro, estaba soltera y vivía dedicada a mi trabajo como profesora. Tenía 30 años y había perdido la esperanza de encontrar un buen hombre para casarme y formar una familia. Estaba convencida de que mi vida estaría dedicada a la educación de los niños y al trabajo con las familias.
A finales del año 2021, escuché una meditación que hablaba sobre las metas para el nuevo año y sobre los "imposibles". Los "imposibles" eran tres cosas que debíamos enumerar y por las que pondríamos todo nuestro esfuerzo humano y sobrenatural para que se realizaran. Entonces hice mi lista y entre esos imposibles estaba conocer a un buen hombre para casarme, y propagar la devoción al siervo de Dios Marcelo Henrique Câmara, de quien había recibido una estampa con su reliquia algún tiempo antes.
Revisé mis cosas y encontré la estampa. Mi primera petición fue: Marcelinho, ayúdame a encontrar un buen hombre para formar una familia. Rezaba todos los días con esa intención antes de salir al trabajo. Además, procuré distribuir estampas, hablar sobre su vida y contar su historia a los niños en mis clases. Pasaron los meses y yo iba perdiendo la esperanza en el "imposible" de encontrar un buen hombre, pero seguía rezando.
Un encuentro precedido de oración
En abril de 2022, me enteré de un curso dirigido exclusivamente a personas solteras que buscaban, antes que una pareja, formación y conocimiento propio para prepararse a una relación. Al final del curso, se abriría una comunidad en una red social para que los participantes se conocieran.
Recé con más intensidad a Marcelo y le dije: “Marcelinho, tengo un presupuesto límite para este curso. Si es muy caro, no lo haré, pero tú eres testigo desde el cielo de que estoy poniendo mi esfuerzo”. El curso estaba dentro de mi presupuesto, así que decidí inscribirme y redoblé mis oraciones.
El 23 de abril de 2022, se abrió la comunidad y comenzaron algunas conversaciones. En mis oraciones, le decía a Marcelinho: “Si tiene que ser, que sea. Si no, aléjalo también, para no perder el tiempo ni apegarme a alguien con quien no tendría futuro”.

A finales de abril, un joven me llamó la atención por su presentación en el grupo. Decidí seguirlo en redes sociales. El 3 de mayo de ese año, Rafael publicó en Instagram una foto del jardín de su trabajo. Hice un comentario aleatorio sobre el clima y ese día iniciamos una conversación sobre diversos temas. En una de mis preguntas, le pregunté dónde vivía y él respondió: Florianópolis.
Rápidamente tomé mi estampa y exclamé: “¡Marcelinho, debes estar bromeando conmigo!” No podía creer que el hombre que más se había alineado con mis valores y objetivos viviera en la ciudad de Marcelo.
Florianópolis en el horizonte, el paso decisivo
Intercambiamos teléfonos y, desde el 4 de mayo de 2022, nos enviábamos mensajes todos los días. Entonces comencé a rezar con más intensidad: “Marcelinho, ayúdame a ver si este es el hombre indicado, si debo ir o no a Florianópolis a conocerlo”.
Se acercaban mis vacaciones y, aunque nunca había sido aficionada a viajar, el 7 de mayo compré mi pasaje para ir a Florianópolis en julio. A partir de ese momento, Rafael y yo comenzamos un largo camino de diálogo y hablábamos todas las noches.
Llegó el día del viaje, 16 de julio. Sentía una mezcla de emociones y repetía: “Marcelinho, ayúdame”. Durante todo el vuelo, mi oración era: “¡Marcelinho, hazme ver si él es el indicado!”.

Aterricé en Florianópolis por la tarde. Al salir del avión, solo pensaba: “Marcelinho, no me dejes ponerme muy nerviosa”. Al encontrarme con Rafael en el aeropuerto, sentí que estaba con el hombre que sería mi esposo.
Ese día paseamos, fuimos a misa y cenamos juntos. Yo solo pensaba: “Marcelinho, si él no es el indicado, muéstramelo ahora”.
El 20 de julio, fui al Santuario de los Ingleses a rezar ante el Siervo de Dios. Solo sabía decir: “¡Gracias, gracias, gracias!”. Sentía que Marcelo me decía: “¿No me pediste ayuda? Pues aquí la tienes”. Me invadió una gran emoción.
El 24 de julio, asistimos juntos a misa en el Santuario. Mientras rezaba le dije a Marcelinho: “¡Aquí está mi milagro!”. Nos acompañaban Jorge y Roberta, un matrimonio amigo de Rafael. Les pedí su opinión y me respondieron: Nos gusta mucho, parece un hombre íntegro y responsable.
En medio de nuestras conversaciones y paseos, tomamos la decisión de comenzar a salir juntos, con un pensamiento claro: Una relación a distancia no puede durar mucho, debíamos casarnos pronto.

Un sí para siempre
El 26 de julio, día de mi regreso a Río, ya habíamos tomado una decisión: nos casaremos en enero. Durante la preparación para el matrimonio, seguí rezando a Marcelinho, pidiendo su intercesión para nuestras decisiones y para formar una familia según la voluntad de Dios.
Cuando comenzaron los preparativos, un amigo de mis padres que fabricaba rosarios me preguntó si tenía algún santo de devoción. Sin dudar, respondí: El siervo de Dios Marcelo Henrique Câmara.
En Navidad de 2022, mi abuela María me regaló un hermoso rosario con una medalla con la imagen de Marcelinho. Al verlo, me emocioné y solo sabía agradecer: ¡Gracias, amigo, por haberme ayudado, por haber hecho este gran favor!
Y le prometí: Voy a dedicar mi vida a que seas conocido y quiero verte en los altares antes de morir.
El 14 de enero de 2023, a las 16:00 horas, Rafael y yo nos casamos en la Catedral de San Pedro de Alcántara, en Petrópolis. Ese día comenzamos nuestra familia con la bendición de Dios y bajo la intercesión de Marcelinho.