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El amor a Jesucristo

Para amar a una persona, hay que tratarla mucho, conversar, reír con ella y sufrir juntos cuando no hay más remedio. Así hay que hacer con Jesucristo, a quien decía san Josemaría: “Yo creo en Tí, espero en Tí, te amo, tengo hambre de ser tu amigo…”

Meter a Dios en las cosas terrenas

Ser santos en la vida ordinaria: una meta atractiva para todo cristiano. ¿Cómo alcanzarla? Queriendo al cónyuge, cuidando a los hijos, trabajando con profesionalidad… “Y Dios nos ayudará”, dice san Josemaría.

Cuando hablo con Él, hablo así…

¿Cómo se puede amar más al Señor?, preguntaron a san Josemaría. El sacerdote contó con sencillez cómo era su trato con Dios. "Hay que visitarlo, conversar, intimar, verlo con los ojos del alma..."

Encuentro con Dios en la vida diaria

Dios -explica san Josemaría- es un Padre que nos acompaña en los momentos buenos y no tan buenos, cuando reímos y cuando lloramos.

El cuidado de los enfermos

Quien tiene a su cargo el cuidado de un enfermo sabe que no es una tarea fácil. San Josemaría invita a descubrir ocasiones para sacrificarse, para tener paciencia, y para vivir la caridad en esta dedicación.

El amor bendito del matrimonio

‘Bendigo el matrimonio con mis dos manos de sacerdote’, decía san Josemaría. A los cónyuges recomendaba reñir poco y terminar siempre con el perdón y un abrazo.

Alegría y dolor

Ante un revés en la vida, san Josemaría aconseja recuperar la serenidad en la oración. “En cuanto aceptes la voluntad de Dios, el dolor no es dolor, porque esa cruz la lleva Él”.

Dios, amor de Madre

Desde el bautismo, Dios puede vivir en nuestra alma. Sin que nos demos cuenta, nos cuida, nos protege, nos exige... Como una madre a sus hijos. Así lo explica san Josemaría en este video.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

El misterio de la Trinidad es el principal misterio de la fe cristiana. "¿Como podría ayudarnos a considerarlo mejor?", le preguntó una chica a san Josemaría.

Buscar a Dios en todas las cosas

El fundador del Opus Dei aconseja en este video aprovechar las situaciones ordinarias -el trabajo, las distracciones- para tratar a Dios y darle gloria.