Yo allí le he pedido a la Virgen Inmaculada. No he estado más que dos veces: una vez me llevó mi madre, pero no lo recuerdo, y otra vez fui hace dos años. Fui allí, llegué a un gran agujero que había, y dije: ‘¿Esto qué es?’ Era la capilla de las Confesiones. Mandé poner 40 confesionarios. Yo no le pido a la Virgen de Torreciudad más que gracias espirituales. Por eso hay 40 confesionarios.
No había más que un agujero, llovía. Yo levanté las manos al cielo, las junté, y bendije aquellos 40 confesionarios que aún no estaban, pero que ahora ya están próximos a estar.