El santuario de Torreciudad, para la comarca de Ribagorza, siempre ha sido una de las señas de identidad. A veces es cierto que no se le ha reconocido, o que no han existido lo que son las relaciones, a lo mejor, más fluidas posibles para poder intensificar y colaborar en ambas direcciones.
Pero creo que, en estos momentos, nos encontramos en un reconocimiento mutuo, en el sentido de que, efectivamente, al final, Torreciudad es un centro de atención.
Es un templo que, sin duda alguna, tiene una capacidad de atracción, fundamentalmente por esa esencia religiosa, por el culto a la Virgen. Y sin duda alguna, el impacto que tiene en nuestro territorio es un impacto social, cultural y económico.