“El gran desafío de una nueva evangelización no es la ignorancia, sino la indiferencia”

Así lo afirmaba Fr. Stephen Landgridge en el XVIII Foro Sacerdotal, organizado en Granada el pasado 2 de febrero. En la jornada se analizó el cambio profundo en la forma en que las personas llegan a la fe. No se trata solo de transmitir una doctrina, sino de responder a un deseo profundo de pertenencia.

Vista de la Alhambra de Granada
Vista de la Alhambra de Granada

El encuentro profundizó en la necesidad de priorizar la transformación personal y la acogida auténtica frente a la apatía actual. El crecimiento de la Iglesia hoy depende de la claridad de sus propósitos y de la creación de vínculos reales, ya que se está produciendo un cambio en la forma de llegar a la fe que ocurre muchas veces al margen de las estructuras parroquiales habituales. 

A través de este foro, se buscó dar respuesta a quienes llaman a la puerta de las iglesias y parroquias buscando sentido y verdad en el contexto cultural de nuestro tiempo.

En la primera intervención, Fr. Stephen Langridge, vicario para la renovación parroquial en la archidiócesis de Southwark (Reino Unido), advirtió sobre el riesgo de fomentar lo que denominó un «consumidor de religión», aquella persona que participa en la vida eclesial desde sus propias preferencias. 

La Iglesia está llamada a formar «discípulos misioneros» que tengan una historia personal que contar sobre el paso de Cristo por su vida. Según Langridge, el gran desafío no es la ignorancia, sino la indiferencia, por lo que las personas «no necesitan información, sino transformación». En este sentido, subrayó que las iglesias que crezcan no serán las que tengan más programas, sino las que tengan más claridad en sus propósitos.

En relación con las generaciones más jóvenes, destacó que muchos se describen como «espirituales pero no religiosos», y que buscan coherencia, claridad y una visión de la vida buena que vaya más allá del propio yo. En una cultura fragmentada y solitaria, señaló, una comunidad parroquial verdaderamente acogedora, modelada por la verdad, la belleza y el amor, resulta silenciosamente atractiva.

Por su parte, Tote Barrera, miembro de la Asociación Nunc Coepi y organizador del curso para sacerdotes Pastores Gregis Christi, invitó a los sacerdotes a mirar el presente con esperanza, recordando que «no hemos perdido la capacidad de soñar». Su intervención destacó que el verdadero método de evangelización es la propia comunidad cristiana, el cuerpo de Cristo. 

Más que centrarse en actividades aisladas o métodos externos, la clave reside en favorecer la inserción de las personas en comunidades vivas que ayuden a reconstruir biografías que a menudo llegan fragmentadas. Advirtió que uno de los riesgos que podemos encontrar es quedar atrapados en estructuras más preocupadas por perpetuar una cristiandad que ya no existe que por llevar adelante la misión confiada por Jesús.

Finalmente, Cristy Salcedo, quien al igual que su marido Tote es miembro de la Asociación Nunc Coepi y organizador del curso para sacerdotes Pastores Gregis Christi, puso el foco en la calidad de la acogida personal. Señaló que los jóvenes que se acercan a las parroquias no buscan servicios religiosos ni un lenguaje técnico que no comprenden, sino alguien que camine con ellos en su búsqueda de sentido y verdad. 

Por eso, advirtió que el error sería recibirlos como simples usuarios religiosos, ya que no buscan consumir un servicio, sino recorrer un camino de vida. «No se trata solo de recibir, sino de acoger», afirmó, entendiendo la acogida como una responsabilidad real sobre el proceso de la persona que llega.

Salcedo subrayó la importancia de una escucha auténtica, del respeto a los ritmos personales y de la creación de vínculos reales. La fe —recordó— se gesta en las personas a través de relaciones vivas: sin vínculo no hay acompañamiento, solo tránsito. En un mundo marcado por la virtualidad, concluyó, los jóvenes están más necesitados que nunca de realidad y acuden a las parroquias en busca de verdad y autenticidad.