Cómo se lograron donativos para construir Torreciudad gracias al esfuerzo de miles de personas

Testimonios de varias personas que donaron o consiguieron dinero para la construcción de Torreciudad.

Aquí no había nada, esto estaba lejísimos. ¡Qué locura pensar que aquí iba a haber un santuario! Pero esa era la fe de san Josemaría, quien quería transmitir el cariño a esa Virgen por todo el mundo. Y lo consiguió gracias a la generosidad de muchísima gente muy sencilla, que se sacrificaba para dar un donativo, y también de personas con posibilidades económicas que fueron igualmente generosas.

Las horas extras que yo iba haciendo, ese dinero lo metía en un sobre y ponía "Torreciudad". Ese fue el recuerdo. Efectivamente, ese broche pasó, imagino, a los fondos para construir el santuario. Por cierto, ya cuando voy ahora a Torreciudad, siempre digo que algún ladrillo de estos pertenece a mi familia, porque efectivamente ahí lo dejamos con todo el cariño.

Recuerdo que, en esos momentos, con mis amigas teníamos la costumbre de tomar pipas y unos botes de cacahuetes salados que nos encantaban. Entonces decidí sacarme ese gusto y ahorrar ese dinero. También les pedí a mis padres que, si podían colaborar. Mis padres también colaboraron con lo poco que podían, pero fueron generosos y colaboraron.

Quizás es un caso extremo, pero recuerdo al padre de unos alumnos del Instituto Tajamar, que era del gremio de la construcción. Me quedé impresionado por lo grueso que era el sobre. Lo abrí y encontré dentro 60.000 pesetas. Le dije: "Oye, ¿estás loco? ¿Qué es esto?". Él me respondió: "Mire, nosotros con el sueldo que he tenido, hemos podido ahorrar poco a poco, y con un crédito que pedí, compramos nuestro primer coche, un 600. Pero no nos ha gustado nada, y realmente el coche no nos sirve para nada. Vivo cerca de mi lugar de trabajo, y también cerca del colegio donde van los niños, así que hemos decidido vender el coche y dedicar este dinero a Torreciudad".

Esta es la foto de la celebración del 50 aniversario de mis padres. Lo que me impactaba de este momento era el entusiasmo que ponía mi madre en cuidar el equipo, y mi padre, en conseguir fondos para esto. Durante el fin de semana, mi padre nos llevaba de excursión a ver cómo iban las obras. Yo solo veía un desmonte, un agujero, un montón de piedras. Como adolescente, me costaba creer que de allí pudiera salir algo, y menos algo grande, como ellos decían.

Durante las obras de Torreciudad, Rufino recogió muchísimos donativos que pedía a la gente para financiar las obras. Él pedía, y yo rezaba para que tuviera éxito. Así que éramos un equipo en ese sentido.