La vida cristiana no se sostiene por una acumulación de consejos o propósitos de lucha, sino por el latido de un amor real y concreto a Jesucristo.
Esta fue la idea central que recorrió la presentación de Camino enamorado, un comentario a los 99 puntos de la obra más conocida del fundador del Opus Dei, articulados como un itinerario para buscar, encontrar y amar a Cristo.
Pasar de las ideas al encuentro personal
Las autoras explicaron que el libro nace de una constatación: «a menudo se lee Camino buscando frases memorables, pero se puede perder de vista la experiencia de fondo».
En sus intervenciones, aludieron a la conocida invitación que cierra la obra: «¡Enamórate… y no le dejarás!», subrayando que este enamoramiento pretende recordar que la fe se hace firme a través del amor.
El título —explicaron— no pretende añadir una capa sentimental, sino recordar que la vida cristiana se sostiene por el amor: un amor que empieza quizá con una chispa y está llamado a crecer hasta hacerse firme, sacrificado y alegre.
San Josemaría buscaba que los cristianos fueran almas contemplativas en medio de la calle, personas corrientes que aprenden a tratar a Dios en su trabajo, en su descanso y en su familia.
El amor como decisión frente al sentimiento
Uno de los puntos más vivos del encuentro fue el diálogo sobre la oración en tiempos de cansancio o sequedad. Se destacó que el amor no se mide por sensaciones, sino por decisiones concretas.
Enamorarse de Dios no equivale a vivir siempre con el corazón encendido, sino a aprender a volver a Él en lo pequeño: recomenzar, pedir perdón, ofrecer el trabajo o servir sin hacerse notar.
En este sentido, propusieron recursos realistas para convertir el trayecto en transporte público, el tiempo de estudio o un contratiempo inesperado en una ocasión de encuentro con Dios.
Un mensaje que interpela al corazón humano
El estilo de Camino, compuesto por puntos breves, favorece la meditación: el texto no lo dice todo, sino que abre espacio para que el lector se pregunte «¿y yo?».
Las autoras añadieron que su comentario busca acompañar esa interpelación sin domesticarla: dando contexto, sugiriendo preguntas, y mostrando que el mensaje de san Josemaría no se reduce a un tiempo o una sensibilidad, sino que toca lo permanente del corazón humano.

