Cuando me encargaron el proyecto de Torreciudad, era un proyecto pequeño, una casa de actividades sociales alrededor de la ermita. Sin embargo, en cuanto quisimos añadir una serie de locales, nos dimos cuenta de que destruiríamos todo el entorno ecológico de la ermita.
Entonces, el grupo promotor me dijo: “Bueno, ¿dónde se podría construir?”. Pensamos en el sitio donde está actualmente el santuario, porque es el más amplio y cercano a la ermita, pero también vimos que no era lógico poner un centro de actividades sin ninguna unión con la Virgen, que era el motivo por el que se hacía todo esto. Por eso se decidió construir una iglesia pequeña allí, donde se trasladaría la imagen de la Virgen, y en la ermita se colocaría un cuadro, como se ha hecho actualmente.
El Fundador me insistía en que no quería influir en absoluto en lo que yo hiciera, pero sí quería transmitirme sus ideas por ese amor a la Virgen que tenía, y deseaba que ya que hacíamos una iglesia, fuera un santuario a la Virgen. Me preguntaba por el tamaño y comparaba con otras iglesias, diciendo: “Aquí vendrá mucha gente, yo no lo veré, pero vosotros sí”. Y esto pasaba con todo, cuando yo no tenía pensada ninguna explanada ni nada para los peregrinos que fueran allí.