Voluntarias de la Sabana en la JMJ: una ocasión para encontrar respuestas

Con un espíritu de servicio, generosidad y caridad, estudiantes de la Universidad de La Sabana fueron voluntarias en la JMJ Panamá 2019

Opus Dei - Voluntarias de la Sabana en la JMJ: una ocasión para encontrar respuestas

El equipo de voluntarias convocadas por la Universidad de La Sabana vivió momentos inolvidables. Las intensas jornadas de trabajo, los trasnochos para compartir sus experiencias con las otras, el calor, las largas caminatas, incentivaron que estas mujeres valientes sacaran lo mejor de sí y dieran pasos importantes en su vida de fe.

En una actividad que realizaron entre los primeros días para conocerse mejor entre todas, varias manifestaron que la razón que las motivó a ir a la JMJ, fue "encontrar respuestas". Por eso ahora, podemos decir que la JMJ permitió que cada voluntaria se encontrara consigo misma y replanteara su vida contando con Dios. “Fue asombroso ver cómo tantas niñas estaban abiertas a Dios y dispuestas a encontrarse con Él y a encontrar el sentido de su existencia. Algunas se cuestionaban sobre los fundamentos de la Fe Católica porque querían ser auténticas cristianas, vivir la fe no por tradición sino por un convencimiento personal”, explicó Laura, estudiante de Medicina.

El horario de las voluntarias contemplaba la Santa Misa y ratos de oración. Además, los sacerdotes que acompañaban al grupo estaban disponibles para quienes quisieran reconciliarse con Dios, que eran realmente muchas. Los primeros días, las niñas hacían fila para confesarse y otras continuaron allí con dirección espiritual. Otras, no tenía muy claro la importancia de estos medios, así que la JMJ fue la oportunidad para que profundizaran en su Fe.

Las voluntarios llegaron a Panamá una semana antes de que iniciara la JMJ para culminar su preparación. Como parte de esto, tuvieron varias actividades de servicio social. Para Daniela, estudiante de Ingeniería Industrial, lo que más la removió fue el trabajo que hicieron con un hogar de niñas ubicado en una zona apartada de la ciudad. Daniela nos decía ”fue de las mejores experiencias, porque nos tocó salir súper temprano del hotel, coger metro, un bus que parecía una chiva y caminar como 30 minutos para poder llegar a la fundación. La caminata era al borde de la carretera y entre la montaña. En el hogar compartimos un montón con las niñas, cantamos, bailamos y ayudamos a limpiar. Ese día fue súper lindo porque entendimos que no solo íbamos a servir en la JMJ sino que también íbamos a impactar en otras esferas”.

Otro de esos ámbitos en que impactarían era el cuidado del medio ambiente. En las jornadas previas de preparación, tuvieron una conferencia sobre la encíclica “Laudato si”, del Papa Francisco. Como consecuencia de esto, un grupo de voluntarias pidió en el hotel en que se alojaban, retirar los pitillos que se disponían para el desayuno. Para evitar el desperdicio de alimentos, se organizaron para compartir un plato entre dos y si algo quedaba sin probar, se lo llevaban a los habitantes de calle o peregrinos alojados en algunas parroquias. También limpiaron un bosque y recogieron basura de una playa. Lo mejor es que lo aprendido no quedó ahí, varias voluntarias están buscando asociaciones de cuidado del medio ambiente en Colombia, pues quieren continuar apoyando esta causa.

El trabajo de los voluntarios

Como tal el trabajo de los voluntarias durante la JMJ”, explica Daniela, “no sólo demandaba esfuerzo físico, porque las jornadas eran muy largas, la mayoría del día estábamos de pie y caminábamos mucho; sino también emocional, era una montaña rusa de emociones: una felicidad absoluta cuando nos escapábamos para ver al Papa así fuera de lejos o por unos minutos.Pero también, había momentos duros, cuando no podíamos estar en los actos ni en las actividades porque estábamos trabajando. Estábamos tan cerca pero tan lejos”.

Valentina, estudiante de Psicología, hacía parte del equipo de protocolo en las tarimas principales. Como su trabajo consistía en recibir gente, debía vestir de manga larga a pesar del calor y no podían utilizar el celular. Por eso, cuando veía al Papa, aunque quería tomarle una foto o grabar un video, no podía hacerlo. Esto, en vez de ser un obstáculo para disfrutar de su labor en la JMJ, fue “una oportunidad para vivir mejor el momento”.

Su trabajo implicaba estar cerca de los policías. Al igual que ellos, debía permanecer 12 horas de pie, no podía sentarse en ningún momento y, así estuviera cansada, debía sonreír siempre y recibir amablemente a la gente. Valentina contaba “hay mucha gente que quiere estar cerca del Papa, entonces, discuten con uno”. Todo esto le sirvió para valorar el trabajo de los policías, que, a diferencia de los voluntarios, ellos permanentemente deben enfrentar ese tipo de situaciones.

Compartiendo con grupos de otras nacionalidades

Valentina también cuenta que “luego de intensos días de trabajo, me sentía muy rendida y pensaba que no podía más. Como se acercaba la hora de que llegara el Papa, a los voluntarios que estábamos por la vía por donde él pasaría, nos pidieron pasar detrás de las vallas. En eso vi pasar a uno de los señores de seguridad del Papa, del Vaticano, que reconocí porque lo había visto en la misa en el Parque Simón Bolívar en Bogotá y luego en Roma, cuando participé en el Congreso UNIV, en Semana Santa de 2018. Entonces le sonreí, él me miró extrañado y siguió. Volvió a pasar y le volví a sonreír, pero en esta ocasión él se acercó. Yo estaba un poco asustada, pero sólo me preguntó: ¿eres panameña? Yo le dije, no, soy colombiana. Él me dijo, yo estuve en Colombia, en Bogotá, Cartagena Medellín y Villavicencio. ¿En cuál estuviste tú? En Bogotá, fui voluntaria. Él me dijo, Ah… y yo seguí diciendo: En Semana Santa estuve en Roma, en el UNIV, vi al Papa y a usted. Se rió, y sacó algo su bolsillo mientras decía, un regalo del Papa para que sigas rezando y se fue. Cuando lo abrí me encontré con un rosario hermoso. Se me aguaron los ojos. Sentí que era un mensaje que me llegaba directo de María, me estaba diciendo que no podía tirar la toalla. Eso fue para mí, borrón y cuenta nueva, me dije, tengo que activar motores y ¡me sostuve así hasta el final!”

Con entusiasmo, estas voluntarias procuran secundar la solicitud que dejó el Papa a los colombianos, en su visita apostólica en septiembre de 2017.

En conclusión…

Es un trabajo pesado, pero todo lo paga la emoción de ver tan cerca al Papa. Ser voluntaria fue durísimo, pero de las mejores experiencias de mi vida”, afirmó Valentina.

Aprendí no sólo como darme a otras personas, sino sobre mí, sobre cualidades que no sabía que tenía con relación al servicio. También aprendí que se puede servir de diversas formas y a cualquier persona”, contó Catalina.

Este gran encuentro de jóvenes entorno a Cristo y a su Vicario en la tierra, me llevó al convencimiento de que vale la pena luchar un poco más y trabajar con mayor ahínco”, dijo Laura con entusiasmo.

En el encuentro de voluntarios con el Papa

Fui tan feliz: ver tantas personas buscando lo mismo, con deseos de encontrarse con Dios, en medio de tanta alegría. Ver personas mayores guerriándose el voluntariado, todos cantando las barras, gente de países con situaciones tan difíciles participando con mucha alegría. Fue impresionante, queda uno sin palabras”, explicó Daniela.