La huella del país del cedro

Pablo ha vivido en el Líbano durante unos cuantos años, para ayudar en la labor apostólica del Opus Dei. Echando la vista atrás, recuerda sus impresiones y lo que ha aprendido.

Opus Dei - La huella del país del cedroPablo pintando caras de niños en el campo de refugiados palestinos de Dbayeh.

Cuando hace más de dos décadas escuchaba que la vocación a la Obra es una aventura, no terminaba de hacerme cargo de lo que significaba realmente esta frase. Recuerdo el día en que me preguntaron si quería ir al Líbano para echar una mano en la labor apostólica del Opus Dei. Lo pensé y dije que sí, aunque en ese momento me resultaba difícil hasta situar el país en el mapa y lo que me venía a la cabeza era una ciudad en medio del desierto siendo bombardeada. ¡Nada más lejos de la realidad! Dentro de poco dejaré este estupendo país y volveré a Roma para continuar mis estudios de teología. Han sido unos años de intensa actividad, algo así como una película a cámara rápida.

Lo que más llama la atención es la convivencia pacífica en una armoniosa mezcla de culturas, civilizaciones, ritos y religiones

Personalmente, si alguna palabra resume el Líbano es “contraste”. No solo por su orografía, que conjuga amplias llanuras con montañas de hasta 3.000 metros. Los paisajes desérticos limitan con tupidos bosques que se cubren de blanco en invierno. Pero lo que más llama la atención es la convivencia pacífica en una armoniosa mezcla de culturas, civilizaciones, ritos y religiones; donde el trilingüismo te permite saltar divertidamente de una lengua a otra sin necesidad de explicación.

Sin duda, por encima de todo destaca su gente: una llamativa hospitalidad se abre paso cubriendo cualquier posible carencia. Esta acogida es la que hizo que desde el primer día, sin conocer aún la lengua local, me sintiera como en casa.

Con refugiados sirios, palestinos e iraquíes

Aquí he trabajado en una ONG de ayuda humanitaria, lo que me ha permitido abrir muchas puertas a relaciones profesionales y personales que han derivado en auténtica amistad. El trato con refugiados sirios, palestinos e iraquíes, además de población local en situación de vulnerabilidad, me animó a enfocar mi tesis de teología hacia este ámbito, tan polémico y necesitado de un acercamiento desde la fe.

Las actividades solidarias ayudan a posar la mirada más allá del propio ambiente y a cerrar viejas heridas de la guerra

Es bonito ver cómo la Obra se adapta a las circunstancias de cada país. Por eso, las actividades solidarias tienen un peso importante en nuestro apostolado en el Líbano. Son muchas las visitas a ancianos, pobres, refugiados y huérfanos; torneos de fútbol y clases de refuerzo en colegios públicos los fines de semana, o voluntariado en comedores sociales. Ayudan a posar la mirada más allá del propio ambiente y a cerrar viejas heridas de la guerra, saliendo al encuentro de quien ha perdido hasta el hogar.

También los campos de trabajo internacionales que hemos organizado en verano con gente joven han sido muy positivos, no solo por la ayuda real que se presta a los necesitados, sino por el crecimiento personal que experimentan los participantes. Quedan profundamente removidos.

Con los chicos que acuden al catecismo.

Charlas de formación cristiana con chicos maronitas, ortodoxos y chiitas

Los chicos que vienen por el centro de la Obra en Beirut para recibir formación espiritual son de distintos colegios y barrios. Aunque las distancias no sean largas, el denso tráfico hace que lo parezca. Por eso para muchos es muy meritorio el esfuerzo que hacen para trasladarse hasta aquí.

Son incontables los partidos de fútbol, los experimentos e inventos, las excursiones de fin de semana, los juegos de mesa, las fiestas temáticas, las celebraciones de cumpleaños y las gynkanas que hemos organizado a lo largo del curso. En este ambiente tan abierto y enriquecedor tenemos charlas de formación cristiana con chicos maronitas, ortodoxos y chiitas al mismo tiempo. Todo un reto a la hora de transmitir un mensaje que resulte de provecho para un público tan dispar.

Ahora se ha empezado la construcción de una nueva sede del centro, que se trasladará de Baabda al populoso barrio de Badaro

El barrio nos ha acogido de maravilla y hasta hemos entablado amistad con algunos refugiados sirios que viven al lado y que nos recuerdan que no hay que irse muy lejos para poder ayudar al necesitado.

Ahora se ha empezado la construcción de una nueva sede del centro, que se trasladará de Baabda al populoso barrio de Badaro; un edificio que albergará una residencia de estudiantes y un club juvenil. Gracias a Dios, está ayudando muchísima gente, ya sea material, económica o espiritualmente. Me perderé su estreno, pero estoy convencido de que supondrá un salto enorme para el trabajo apostólico con gente joven en el país.

De peregrinación al santuario de san Charbel.

Un club juvenil en la ciudad más antigua del mundo

Otro aspecto destacable es la presencia de Dios en el lenguaje cotidiano. Sea cual sea el origen o creencia de cada uno, el Señor es uno más sentado a la mesa, y se refleja en las incontables frases hechas del árabe para cada momento del día. Esto permite ciertas ventajas en el terreno apostólico, donde se pasa de lo humano a lo divino sin solución de continuidad.

La gente no esconde su condición de chiita, sunita o druso. Los cristianos, por su parte, no dudan en manifestar su orgullo por ser hijos de Dios, portando el rosario al cuello y llenando de imágenes sagradas los negocios, las calles, los pueblos y hasta la cima de las montañas. Recuerdo el día que llegaba a casa y tuve que apartar la moto por el rugir de un vehículo que se acercaba peligrosamente por detrás. Al ponerse a mi lado vi un coche deportivo completamente tuneado con la frase Only the Blood of Christ que lo recorría por todo el costado.

Otro aspecto destacable es la presencia de Dios en el lenguaje cotidiano. Sea cual sea el origen o creencia de cada uno, el Señor es uno más sentado a la mesa

Uno de los acontecimientos que más me ha llenado de alegría ha sido el comienzo de un nuevo club juvenil en la ciudad de Byblos. A la vuelta de casi tres años, han pasado más de 120 chicos por las actividades que organizamos en unas instalaciones donde aún faltan muchas cosas. La labor de los supernumerarios de esta ciudad es encomiable, y me ha permitido ver de primera mano el compromiso de los padres por formar a sus hijos en un club juvenil. Aunque todavía se está buscando una sede estable y brazos para atender a tantos chicos, a todos nos ilusiona el crecimiento de la labor apostólica en esta zona del país, tan cargada de historia y de gente bien dispuesta.

Pasan los años y la mochila se va cargando de vivencias. Decía san Juan Pablo II que el Líbano, más que una nación, es un mensaje. Sin duda el paso por el país del cedro, tierra de conversiones y crisol de civilizaciones, dejará su huella profunda. Aunque en algún momento nos pueda dar respeto el porvenir, vale la pena dejarse sorprender por los planes de Dios, a menudo velados e inesperados. Al final, aunque no lo busques, el resultado es que siempre sales ganando.