En la memoria de Guillermo, todo comienza mucho antes de que existieran listas, archivos o mensajes cotidianos. Comienza en un barrio de Bogotá que apenas despuntaba como ciudad. En la Usaquén de los años setenta, la vida transcurría entre precariedades, rivalidades juveniles y horizontes estrechos. Pero también, silenciosamente, comenzaba a abrirse paso algo distinto.
Fue en ese contexto donde un sacerdote, el padre Nacho —casi por casualidad, o quizá por providencia— le señaló un camino: estudiar en la jornada nocturna del Gimnasio de Los Cerros. Aquella invitación, sencilla en apariencia, terminó siendo decisiva. En medio de jóvenes que trabajaban de día y estudiaban de noche, Guillermo encontró no solo una oportunidad académica, sino también el eco de unas palabras que lo acompañarían toda la vida: la invitación a no llevar una existencia estéril, a ser útil, a dejar huella, a iluminar con la fe.

Aquella experiencia aún no era un proyecto. Era, más bien, una semilla interior.
La intuición que encontró su forma
Muchos años después, aquella chispa se transformaría en una idea concreta, casi artesanal en sus inicios: recopilar fechas.

Hace veinte años, en 2006, nació una iniciativa tan sencilla como ambiciosa: reunir, día tras día, momentos de la vida de san Josemaría. No solo los grandes hitos —su nacimiento, su ordenación sacerdotal o la fundación del Opus Dei—, sino también los detalles más discretos: una carta, una homilía, un punto de Camino, una reunión con sus hijos espirituales.
Era una especie de calendario interior, una biografía narrada en pequeñas dosis, donde cada fecha encendía una memoria.
Pero había un día que iluminaba todo el proyecto como un faro: el 21 de enero de 1933. Aquel día, san Josemaría dio el primer Círculo del Opus Dei. Años más tarde evocaría aquella escena con una visión que trascendía el momento: habló primero de tres, luego de trescientos, después de millones de almas. Un horizonte universal que, con el paso del tiempo, se revelaría profético.

Recordando aquel primer círculo, san Josemaría contaba:
“Al terminar la clase, fui a la capilla con aquellos muchachos, tomé al Señor sacramentado en la custodia, lo alcé, bendije a aquellos tres..., y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso”.
Ese día no solo quedó registrado. Terminó convirtiéndose en símbolo de una labor que, poco a poco, tomaría cuerpo hasta transformarse en un verdadero calendario espiritual.

El primer envío: cuando la idea se vuelve voz
Durante meses, Guillermo trabajó en silencio, como quien ordena las piezas dispersas de un gran mosaico. Consultó libros, cartas, anotaciones y biografías. Se convirtió —como él mismo diría— en un “cazador de fechas”, pero también en un paciente buscador de fuentes fiables.
Fue una labor minuciosa, casi artesanal, hecha de búsquedas, contrastes y verificaciones. Recorrió artículos, cartas, anotaciones y libros como Camino, Surco, Forja, Amigos de Dios y Es Cristo que pasa. No se trataba solo de reunir datos, sino de darles consistencia, asegurar su veracidad y encontrarles un lugar en el tiempo.

Entonces alguien le sugirió dar un paso más: compartirlo.
El 8 de diciembre de 2006, fiesta de la Inmaculada Concepción, salió el primer mensaje. Así comenzó “El Día a Día de san Josemaría”.
A partir de ese momento, el proyecto dejó de ser algo personal para convertirse en compañía cotidiana de muchas personas.
A lo largo de veinte años, la iniciativa mantuvo una fidelidad admirable. Cerca de 14.600 mensajes fueron enviados, casi sin interrupción, a un número creciente de personas en distintos países. Primero por correo electrónico, luego mediante redes sociales y más tarde a través de WhatsApp. Cambiaban los medios, pero no el propósito: ofrecer cada día un fragmento vivo de la historia del Opus Dei.

También hubo dificultades: pérdidas completas de archivos, cierres inesperados de cuentas digitales y fallas técnicas que obligaban a recomenzar. Sin embargo, la perseverancia terminó imponiéndose siempre. Con paciencia y disciplina, el proyecto siguió adelante, sostenido además por el respaldo del Instituto Histórico de san Josemaría en la Universidad de Navarra, que aportó orientación y rigor al trabajo.
Confirmaciones en el camino
En medio de esos años, hubo momentos que actuaron como signos de aliento.
El 15 de agosto de 2015, Guillermo pudo conversar brevemente con Mons. Javier Echevarría, entonces prelado del Opus Dei. Sus palabras fueron sencillas pero decisivas: un agradecimiento, un reconocimiento al valor apostólico de aquella labor y una invitación a perseverar.
Años después, el 16 de agosto de 2024, Mons. Fernando Ocáriz volvió a bendecir la iniciativa, poco antes de una tertulia con estudiantes en un escenario cargado de simbolismo: el Gimnasio de Los Cerros, donde décadas atrás había comenzado todo.

La historia, de algún modo, parecía cerrarse sobre sí misma… para volver a abrirse.
De lo cotidiano a lo universal
Lo que había nacido en una hoja de Excel —y que luego tomó forma en presentaciones, mensajes y publicaciones— comenzó entonces a vislumbrar un horizonte más amplio. Aquella visión universal evocada por san Josemaría en 1933 parecía encontrar ahora un cauce concreto.
En el contexto del próximo centenario del Opus Dei, que se celebrará entre 2028 y 2030 como un tiempo de reflexión, renovación y apertura, la iniciativa encontró una nueva posibilidad de crecimiento.
La entrega: una historia que cambia de manos
El Centro de Estudios Josemaría Escrivá (CEJE), dedicado a la investigación, documentación y difusión de la historia del fundador y de la Obra, trabaja actualmente en la elaboración de una cronología amplia, con proyección internacional y acceso en varios idiomas. Fue en ese contexto donde el camino recorrido durante veinte años encontró continuidad.
La decisión tomó forma con sencillez y profundidad: poner al servicio del CEJE todo el trabajo realizado. Más de diez mil datos cuidadosamente recopilados pasaron así a integrarse en un proyecto mayor, con capacidad de llegar a muchas más personas y de cruzar fronteras culturales y lingüísticas.

De este modo, lo que comenzó como una iniciativa personal, sostenida con constancia a lo largo del tiempo, se convierte hoy en un bien compartido. Ya no pertenece solo a quien la impulsó, sino también a todos aquellos que podrán encontrar en ella una puerta de acceso a la figura y al mensaje de san Josemaría.
Día a día hacia un centenario
En este itinerario que conduce al centenario del Opus Dei, la memoria adquiere un valor decisivo. No se trata únicamente de recordar una fecha fundacional —aquel 2 de octubre de 1928—, sino de redescubrir, en la trama concreta de los días, cómo un carisma ha ido encarnándose en vidas, lugares y gestos cotidianos.
La celebración de los cien años se plantea precisamente como un tiempo de reflexión y renovación, con una mirada agradecida al pasado y abierta al futuro. En ese contexto, iniciativas como el “Día a Día de san Josemaría” prestan un servicio silencioso pero profundo: permiten que esa historia no permanezca como un relato lejano o abstracto, sino que se haga cercana, casi doméstica, al ritmo de cada jornada.
Cada dato, cada fecha y cada breve episodio funcionan como una ventana abierta que ayuda a comprender que el espíritu del Opus Dei no pertenece solo a una época, sino que sigue vivo, operante y actual en la vida ordinaria de las personas.
Gratitud y continuidad
Queda, finalmente, una palabra que atraviesa toda esta historia: gratitud. Gratitud a Dios, a la Virgen María y a san Josemaría, inspirador de cada paso. Gratitud también a quienes, durante años, recibieron estos mensajes, los leyeron, los esperaron y los compartieron.
“El Día a Día” continuará ahora su camino desde las plataformas del CEJE, abierto a un público más amplio y con mayor proyección internacional, pero conservando la misma esencia que le dio origen: recordar, en la sencillez de cada jornada, que la santidad también se teje en lo cotidiano, en la constancia y en aquello que, sin hacer ruido, termina alcanzando horizontes insospechados.
A partir de ahora podrá seguirse desde las plataformas digitales del Centro de Estudios Josemaría Escrivá: su página web https://www.isje.org/es/, así como sus redes sociales en Facebook https://www.facebook.com/centrodeestudiosjosemariaescriva/info/# y X https://x.com/cedej_unav, abiertas a todos aquellos que deseen encontrarse cada día con la vida y el mensaje de san Josemaría.

