Club Delta en #Modo Cuarentena

Los jóvenes dan ejemplo de apostolado. En el Club Delta, localizado en Bogotá, brotaron decenas de ideas cuando el gobierno nacional anunció la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

Opus Dei - Club Delta en #Modo Cuarentena

Montemos un canal de YouTube”, dijo uno. “Abramos páginas en Twitter con #LaFormacionNoSeDetiene, #QuedateEnCasa, #UnidosEnOración en @clubjuvenildelta”, dijo otro.

En cuestión de minutos ya estaba listo el canal https://www.youtube.com/user/ClubJuvenilDelta, entre otras plataformas.

La iniciativa crecía por minutos. Gracias a las bondades de internet, decenas de personas tendrían Misa,podrían compartir un rato de oración, rezar el Santo Rosario en familia, participar en algunos medios de formación,asistir a la Bendición con el Santísimo y otras actividades para el descanso.

Al rato, ya estaba el aviso digital para enviar a todos los contactos posibles. Muy ilustrativo, con fotos, horarios y demás detalles, llegó a través del WhatsApp, correos y redes sociales.

Ánimo por doquier. Pronto vendrían más ideas, cursos, charlas, conferencias. A las pocas horas más de 200 personas estaban unidas a la nueva iniciativa de los jóvenes del Club Delta.

UN CLUB CON DIVERSAS ACTIVIDADES

Todo este trabajo lo ha desarrollado El Club Delta desde cuando nació, en 1962 en Bogotá, con el objetivo de fortalecer los principios formativos que reciben los jóvenes en la familia y en el colegio, enseñándoles a aprovechar el tiempo de manera eficaz, agradable y responsable.

El club responde a la inquietud de muchos padres de familia, que han visto la necesidad de llenar de contenido formativo las horas libres que sus hijos tienen disponibles. El programa de actividades se adapta a las respectivas edades e incluye en cada una, las siguientes áreas: académica, deportiva, proyección social y desarrollo de aficiones.

Se ofrecen, además, diversas actividades de formación espiritual, doctrinal y religiosa, que están encomendadas a la Prelatura del Opus Dei.

UNA HISTORIA SIMILAR

En 1937, en plena Guerra Civil Española, san Josemaría y un grupo de jóvenes debieron abandonar Madrid, y a través de Los Pirineos, cruzar la frontera hasta Andorra.

Lo hicieron con sigilo, huyendo, con miedo, temiendo por sus vidas.

Nos cuenta Andrés Vásquez de Prada que “En tono de broma y para distender los ánimos, el Padre había pregonado ese día asamblea general constituyente, abriéndose la sesión a media mañana, bajo su digna presidencia. Su objeto no era otro que el distribuir encargos y fijar un horario de trabajo y cumplimiento de las normas de piedad.

Por unanimidad se aprobó también el siguiente Reglamento:

Horario.

7 Levantar

7, ¼ Oración

7, ¾Santa Misa

Preces

Desayuno y primera parte del Santo Rosario.

Recogida de leña, paseo etc.

12 Ángelus y 2ª parte

Comida, Estación al Santísimo, Paseo.

17 Oración y lectura del diario

19 Conferencia

Cena y 3ª parte del Santo Rosario.

22 Examen, puntos, retiro

D.O.G. (Deo omnes gloria: Para Dios toda la gloria)

Pronto se dieron cuenta del significado de aquel horario, que era nervio de disciplina, defensa contra el ocio y el decaimiento, y medio de reforzar el optimismo.

Al horario hay que sumar los encargos particulares de cada uno: limpieza, traída de agua, comida, diario... Pedro aprovechó unos ratos libres para describir con detalle sus aventuras del 19 y 20 de noviembre. Al abrigo del bosque, y después de una comida decente, las veinte horas de extenuante caminar nocturno adquirían un refinado lirismo: «La luna —escribe en el diario—, casi llena, hacía rato que había salido y proyectaba su luz plateada y fría sobre montes y valles, formando perspectivas de una serenidad sublime”

San Josemaría, desde el Cielo, sigue interviniendo por la salud mundial y por las iniciativas de tantos y tantos jóvenes.