«El fundador del Opus Dei solo puede explicarse desde “dentro”»

Entrevista al autor del libro “Escondidos. El Opus Dei en la zona republicana durante la Guerra Civil española (1936-1939)”, escrito por el historiador José Luis González Gullón.

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30 cuestiones históricas sobre san Josemaría

«San Josemaría repetía que debían perdonar y rezar por los asesinos y los violentos»

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¿Qué es «Escondidos» y qué motivos le han llevado a adentrarse en esta investigación?

«Escondidos» es una investigación de carácter académico que analiza la historia del Opus Dei durante los tres años de la Guerra Civil española (1936-1939) en la llamada zona republicana.

He realizado este trabajo porque quería conocer los modos con los que Josemaría Escrivá transmitió el mensaje del Opus Dei en un contexto belicista y represivo con la religión católica. Además, tenía un interés particular porque meses antes había publicado un libro sobre la Obra en la etapa anterior, en la Segunda República española (1931-1936).

Para escribir este volumen usted habrá tenido que consultar numerosas fuentes, pero también habrá revisado lo que otros han escrito, por ejemplo, en las biografías del fundador. En este sentido, ¿qué puede encontrar el lector sobre esa época que no se haya contado antes?

Cuando comencé el libro me di cuenta que tenía que entender bien los motivos y las formas de la represión revolucionaria que se dieron en la zona republicana desde el primer momento; baste recordar que en Madrid residían unos dos mil sacerdotes y que un tercio fueron asesinados. Por fortuna, en los últimos años han aparecido los brillantes trabajos de Julius Ruiz y de Javier Cervera que estudian el alcance de la represión y los modos de vida en la retaguardia de la República durante la guerra.

Para mi sorpresa, descubrí que había documentos inéditos de gran valor, como diarios de los miembros del Opus Dei

Con este bagaje pude situar la vida de Josemaría Escrivá y de los demás miembros de la Obra en su contexto. Después, revisé las fuentes que se encuentran en el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei, en Roma. Pensaba que habían sido utilizadas con anterioridad, sobre todo en las biografías del fundador de la Obra. Pero, para mi sorpresa, descubrí que había documentos inéditos de gran valor, como diarios de los miembros del Opus Dei y los epistolarios entre unos y otros.

Esta documentación me permitió bajar al terreno de lo cotidiano. Me encontré con los temores y las esperanzas de unos hombres y mujeres que sufrían la separación de su fundador, que se alegraban cuando contactan, que vivían de forma clandestina las prácticas cristianas y que conllevaban la tensión y la incertidumbre por el futuro.

Se ha escrito poco sobre la vivencia de Escrivá durante la Guerra Civil. ¿Cómo describiría la vivencia interior de Josemaría Escrivá en medio del conflicto?

Como ocurrió a tantas personas y familias, la contienda militar fue un tiempo de purificación para Josemaría Escrivá. Durante los tres primeros meses de guerra, el fundador de la Obra se refugió en cinco casas distintas de familias conocidas para evitar una muerte segura, dada la dura represión revolucionaria desatada contra el clero. Después vinieron los meses de escondites en un sanatorio psiquiátrico y en una sede diplomática extranjera.

A Escrivá le preocupaba la suerte de los veintiún varones y cinco mujeres que pertenecían al Opus Dei y de los amigos y conocidos

Estos sucesos le marcaron físicamente porque estuvo muchos días enfermo y perdió más de treinta kilos. Pero, sobre todo, Escrivá sufrió interiormente. Le preocupaba la suerte de los veintiún varones y cinco mujeres que pertenecían al Opus Dei y de los amigos y conocidos. Y, todavía más, se dolía porque pensaba que no era fiel a Dios, que no cumplía bien la misión que había recibido.

En el libro he tratado de resumir esas y otras experiencias. No ha sido tarea sencilla porque me encontraba ante un sacerdote que era fundador de una institución y que daba a su relación con Dios una prioridad absoluta hasta el punto de que marcaba su modo de entender todo lo que le acontecía. Si tuviera que resumir en una frase qué es lo que más me ha llamado la atención diría que era un hombre de fe. El fundador del Opus Dei solo puede explicarse desde “dentro”, desde su convencimiento de que vivía para llevar adelante una misión cristiana. Sus movimientos durante la guerra me recordaban a católicos que tenían un compromiso radical con su misión, como Juan Pablo II o la Madre Teresa.

Si tuviera que resumir en una frase qué es lo que más me ha llamado la atención diría que [Josemaría Escrivá de Balaguer] era un hombre de fe

También he revisado con atención todos los escritos de Josemaría Escrivá en los que manifiesta cómo entendía la Guerra Civil en esos momentos. Y he visto que deseaba la victoria del bando sublevado por motivos religiosos –la Iglesia católica sufría la represión en el bando republicano– pero que se abstenía de manifestar en público su pensamiento. Más de una vez, cuando los que estaban a su alrededor celebraban las victorias del Ejército nacional, Escrivá permanecía callado. En cambio, repetía que debían perdonar y rezar por los asesinos y violentos.

Dentro de los "escondites" de Escrivá antes de su paso a la zona nacional, hay uno en particular que destacan sus biógrafos: la Legación de Honduras.

En 1937, Josemaría Escrivá pasó cinco meses y medio refugiado en la legación de la República de Honduras en España, que estaba situada en el centro de Madrid, en el Paseo de la Castellana. Ese periodo tiene un interés particular en la historia del Opus Dei porque el fundador convivió con otros cuatro miembros de la Obra y se puso en contacto epistolar con el resto de personas conocidas.

Se conservan centenares de cartas de este tiempo, además de diarios, apuntes de las meditaciones que Escrivá daba a quienes le acompañaban

Se conservan centenares de cartas de este tiempo, además de diarios, apuntes de las meditaciones que Escrivá daba a quienes le acompañaban y otros documentos. La lectura de estas fuentes muestra cuál era la reacción del fundador y del resto de personas ante situaciones de gran nerviosismo y tensión. En el caso de Escrivá, aparece un hombre preocupado por cumplir lo que considera que era voluntad de Dios y por cuidar de los hombres y las mujeres que le seguían en el camino del Opus Dei.

El libro se detiene también en nombres propios de católicos en el Madrid republicano de la Guerra Civil. Algunos amigos de Escrivá, como el Padre Poveda, fueron asesinados. ¿Cómo era la relación clandestina de los católicos en ese ambiente contrario a la práctica de la fe? ¿Qué papel juega Josemaría Escrivá?

Pasados los seis primeros meses de Guerra Civil, en los que el culto desapareció completamente, la vida religiosa en el Madrid de la retaguardia renació. Los católicos establecieron una red clandestina formada por más de un centenar de sacerdotes que atendían ministerialmente a los fieles, generalmente en apartamentos de familias conocidas. Josemaría Escrivá formó parte de esta red en los meses de septiembre y octubre de 1937. Sabemos, por ejemplo, que en esas semanas atendió sacramentalmente a teresianas –como usted recuerda, su fundador, Pedro Poveda había sido asesinado al inicio de la guerra– y también a comunidades de terciarias capuchinas y de reparadoras, que celebró Misa en varios pisos particulares y que bautizó a una niña. Incluso predicó unos ejercicios espirituales, moviéndose de una casa a otra para dar meditaciones y pláticas.

Josemaría Escrivá atendió sacramentalmente a teresianas (...) y también a comunidades de terciarias capuchinas y de reparadoras

Muchos aspectos de esta práctica clandestina de la fe cristiana en la retaguardia republicana deben estudiarse todavía. Solo contamos con análisis parciales que evidencian que los católicos rehicieron y mejoraron sus contactos de modo progresivo, hasta el punto de tener en Madrid un vicario general, el sacerdote José María García Lahiguera. Con la ayuda de un grupo de sacerdotes, García Lahiguera organizó una infraestructura secreta que impartía sacramentos en pisos particulares y que ofrecía ayuda material a los sacerdotes.

Una figura que llama la atención en Escondidos es Isidoro Zorzano. Este fiel del Opus Dei, ahora siervo de Dios, repartió la comunión a cientos de personas.

El libro analiza los movimientos de todos los miembros de la Obra en la zona republicana. Los escritos y las referencias documentales han permitido llevar a cabo un retrato de cada uno. Era un trabajo importante porque se encuentran ahí los doce hombres que colaboraron con Josemaría Escrivá después de la Guerra Civil en el rápido desarrollo del Opus Dei, tanto en España como en Europa y América.

El libro analiza los movimientos de todos los miembros de la Obra en la zona republicana

Entre estos hombres destacaría a dos. Uno es Isidoro Zorzano, figura singular en mi libro. Amigo de juventud de Escrivá, ingeniero de ferrocarriles y hombre señalado en la Acción Católica, durante la contienda militar puso al servicio del fundador todas sus energías. Fue enlace entre unos y otros, coordinó la distribución de alimentos a las familias de los miembros de la Obra y colaboró en la salvaguardia del incipiente archivo del Opus Dei. Pienso que, a medida que avanza en la lectura del texto, se ve cómo Zorzano se consumió físicamente en un Madrid falto de abastecimientos y sujeto al cañoneo diario de la artillería franquista.

Debido a las particulares circunstancias de la Guerra Civil, Zorzano se convirtió en custodio y distribuidor de la Eucaristía a católicos de Madrid. Con frecuencia, algunos sacerdotes le daban la Comunión para que la repartiera de modo clandestino a personas de confianza. Esta circunstancia le marcó profundamente.

Sin Jiménez Vargas pienso que el fundador hubiese desaparecido en una checa en el verano de 1936

Otro hombre singular fue Juan Jiménez Vargas. Al inicio de la Guerra Civil, este médico de veintitrés años tomó una resolución radical. Dedicaría todos sus esfuerzos a salvar la vida del fundador del Opus Dei. Como verá en el libro, Escrivá fue salvado en varias ocasiones por Jiménez Vargas. Sin este hombre pienso que el fundador hubiese desaparecido en una checa en el verano de 1936.

Con todo, me permito insistir en que el libro es una biografía colectiva. Fundador, miembros de la Obra y conocidos comparten una microhistoria que se inserta en el gran drama colectivo de la guerra. Reconozco que en la escritura de este libro he disfrutado con la investigación de “algunos hombres buenos” –en frase del catedrático Ruiz Manjón–, a la vez que he sufrido cuando me encontraba la represión de inocentes de ambos bandos.