Además de las visitas, los participantes organizaron actividades recreativas para niños, compartieron una cena con vecinos del pueblo y proyectaron una película al aire libre, generando espacios de encuentro que fortalecieron los vínculos con la comunidad.
Mario, uno de los organizadores de la iniciativa, destacó que la experiencia permitió descubrir realidades muy distintas a las propias y comprender el valor de la entrega desinteresada. “Mostrar otras realidades ayuda a ubicarse en la vida. Uno descubre que servir a los demás también transforma el propio corazón”, expresó.

Inspirada en el espíritu de san Josemaría, la convivencia buscó mostrar que la fe se vive en lo cotidiano y que el servicio a los demás es una forma concreta de llevar el Evangelio a cada persona. Para quienes participaron, fueron días intensos, de trabajo y aprendizaje, pero también de una alegría que nace del encuentro con los demás.