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Introducción. Mirar al cielo, vivir con Cristo
Noviembre nos invita a levantar la mirada hacia el cielo y a descubrir el destino al que Dios nos llama. La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, nos muestra que la historia no está a merced de los acontecimientos: tiene un centro y un sentido, que es Cristo. Él quiere reinar en el mundo, comenzando por el corazón de cada uno. Como escribe san Josemaría, «Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma» (Es Cristo que pasa, punto 181). Dejarle reinar significa aprender a amar como Él, servir a los demás y procurar que todas nuestras actividades estén animadas por su amor.
La esperanza del cielo transforma nuestra manera de vivir el presente. Sabemos que la muerte no tiene la última palabra y que Dios nos ha preparado una felicidad que supera todo lo que podemos imaginar: «Ni ojo vio ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le aman» (1 Cor 2, 9).
Esta certeza no nos aleja de las realidades de cada día; al contrario, nos ayuda a descubrir su verdadero valor. El trabajo, la familia, la amistad, el servicio y las dificultades adquieren una nueva perspectiva cuando los vivimos como parte de nuestro camino hacia Dios. Además, no caminamos solos: el Señor cuenta con nosotros para ayudar a muchas personas a descubrir su amor y llegar también al cielo.
Para vivir con esta esperanza necesitamos aprender a descubrir la presencia de Dios en medio de nuestras ocupaciones. En su reciente carta pastoral sobre la contemplación, el prelado nos recuerda que estamos llamados a encontrar al Señor en cada paso, en cada suceso y en cada momento. No se trata de añadir actividades a una vida ya llena, sino de aprender a mirar de otra manera: reconocer a Cristo en las personas, descubrir su acción en los acontecimientos y mantener con Él un diálogo constante. La Eucaristía ocupa un lugar central en este camino. Jesús ha querido quedarse con nosotros para que podamos acudir a Él, compartir nuestra vida con su Corazón y recibir la fuerza necesaria para llevar su amor al mundo.
Este retiro puede ser una buena ocasión para preguntarnos cómo dejamos que Cristo reine en nuestra vida y cómo podemos crecer en esa mirada contemplativa que nos ayuda a descubrir las oportunidades de amar y servir. Pidamos a la Virgen que nos enseñe a vivir con los pies en la tierra y el corazón en el cielo, con la certeza de que nuestra vida tiene un destino eterno y de que Dios cuenta con cada uno para acercar a otros a Él.
🙏 Primera meditación
Opción 1 (audio): Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Opción 2 (texto): Homilía Cristo Rey (homilía de san Josemaría en la fiesta de Cristo Rey, pronunciada el 22-XI-1970).
💡 Segunda meditación
Opción 1 (audio): La esperanza del cielo: «Ni ojo vio ni oído oyó» (1 Cor 2,9)
Opción 2 (texto): La otra parte de la historia: muerte y resurrección.
📙 Lectura
Carta del Prelado (16 octubre 2026) Contemplación
🗣️ Charla
Texto de la serie Combate, cercanía, misión: Corazón eucarístico
💭 Examen
Acto de presencia de Dios.
Consiste en ponernos bajo su mirada amorosa que nos acompaña y protege. Invocamos al Espíritu Santo y a nuestro ángel custodio para entender cómo hacer nuestra vida más grata al Señor.
1. 1. «Los elegidos verán el rostro de Dios y llevarán su nombre sobre la frente» (Ap 22, 4). ¿Busco a Cristo en el sagrario y al hacer oración? ¿Descubro su rostro al servir a los demás o al atender a los enfermos?
2. «¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde el alma? ¿Qué aprovecha al hombre todo lo que puebla la tierra, todas las ambiciones de la inteligencia y de la voluntad? ¿Qué vale esto, si todo se acaba, si todo se hunde, si son bambalinas de teatro todas las riquezas de este mundo terreno; si después es la eternidad para siempre, para siempre, para siempre?» (Amigos de Dios, n. 200).
3. «El mismo Dios estará con ellos y enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte no existirá más, ni habrá duelo ni gritos ni trabajo, porque todo esto es ya pasado» (Ap 21, 3-4). ¿Cómo me consuela y me alienta la consideración del amor de Dios en el cielo?
4. ¿Me ilusiona saber que Dios cuenta conmigo para ayudar a muchos a ir al cielo? ¿Soy consciente de que mi cónyuge y mi familia son parte de mi senda hacia Dios?
5. «Jesús desea reinar, antes que nada, en el corazón, en tu corazón» (Es Cristo que pasa, n. 31). ¿Cómo dejo que Cristo viva y reine en mí? ¿Le pido que reine en mi familia?
6. ¿Deseo contribuir con mi trabajo y apostolado a «recapitular en Cristo todas las cosas» (Ef 1,10)? ¿Me intereso por lo que sucede en la sociedad y cumplo con mis deberes ciudadanos? ¿Cómo podría servir mejor para que el amor de Dios se haga presente en mi entorno?
7. ¿Amo apasionadamente la libertad de los demás en todo lo opinable, sin provocar enfrentamientos ni tensiones innecesarias? ¿Cómo valoro la riqueza que supone convivir con personas distintas y lo mucho que puedo aprender de ellas?
8. «¿Me considero llamado a la contemplación? ¿Soy consciente de que Dios me llama a encontrarlo en cada paso, en cada suceso, en cada momento?» (Carta del Prelado, 16-X-2026, n. 1). ¿Procuro descubrir la presencia de Dios en las circunstancias ordinarias de cada día, con la mirada puesta en el cielo?
9. «Un alma contemplativa mira el mundo con ojos apostólicos» (Carta del Prelado, 16-X-2026, n. 22). ¿Miro a las personas con el amor y la esperanza de Cristo? ¿Descubro en las circunstancias de mi vida oportunidades para acercarlas a Dios y ayudarlas a alcanzar el cielo?
Acto de contrición
