Novena a Isidoro, mi aliado para estudiar con serenidad

¿Época de exámenes? ¿Horas frente a los apuntes y esa sensación de que no llegás con todo? En el Día del Estudiante, te proponemos vivir estos días de la mano de un amigo que también supo lo que era esforzarse para sacar adelante una carrera.

Nacido en Buenos Aires, Argentina y formado como ingeniero industrial en Madrid, España, Isidoro Zorzano tuvo que ser constante para superar las dificultades de sus años de estudio. Su hermana Salus decía que no llegó a graduarse por tener una inteligencia extraordinaria, sino por su “gigantesca fuerza de voluntad y el orden que llevaba en todas las cosas”.

Por eso, hoy queremos presentártelo de una manera especial: como un compañero al que podés acudir cuando el estudio cuesta.

Nueve días para estudiar acompañado

La Novena a Isidoro, mi aliado para estudiar con serenidad, fue pensada para acompañarte durante la época de exámenes.

Durante nueve días, propone pedirle a Dios, por intercesión de Isidoro, que te ayude a estudiar bien, afrontar las dificultades con serenidad y poner esfuerzo en lo que tenés por delante.

Cada día te invita a detenerte en una actitud que Isidoro supo vivir: el valor del esfuerzo, los pequeños detalles, la sencillez, el agradecimiento, la disponibilidad para ayudar, la calma, la fortaleza y la confianza en Dios.

Y es que estudiar también puede ser una forma de vivir acompañado: por Dios, por quienes tenés cerca y por esos amigos que, como Isidoro, pueden ayudarte a mirar las dificultades de otra manera.

Cinco ideas para estudiar con Isidoro

“Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración”, resume san Josemaría en Camino. Estas ideas pueden ayudarte a llevarlo a la práctica:

Hacer bien lo que tenés entre manos: desde preparar con empeño un apunte hasta tratar con amabilidad a quienes estudian con vos. En todos los casos hay algo en común: hacer bien el propio trabajo, con esfuerzo, concentración, dedicación y cariño.

Hacer cada cosa con amor: además de estudiar bien, también podés poner amor en lo que hacés. San Josemaría decía que “el trabajo nace del amor, manifiesta el amor, está ordenado al amor”. Estudiar para un examen, hacer un trabajo práctico, preparar una exposición o ayudar a un compañero pueden ser oportunidades para amar y servir.

No olvidarte de Dios: después de aprobar un examen, terminar un trabajo o cuando algo sale mal, podés hablar con Él, agradecerle, pedirle ayuda o simplemente contarle cómo estás. Siempre te escucha y te espera con los brazos abiertos.

Rezar por tus compañeros: Romi, Javi, Vero, Diego, … Dios ha puesto a tu lado personas que pueden ser más felices gracias a vos. ¿Tu compañero de facultad está pasando una crisis y no sabe qué hacer con su vida? Recordá que tenés un arma poderosísima: la oración.

Estar alegre: ¡No todo tiene que ser tan serio! Podés cambiar el mundo también con una sonrisa, especialmente cuando las cosas se ponen difíciles. Mantener el buen humor es elegir la alegría y confiar en algo más grande que vos, incluso en los días complicados.

Un argentino camino a la santidad

Isidoro nació en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902. Estudió Ingeniería Industrial en Madrid y trabajó como ingeniero ferroviario. Durante sus años de estudio se esforzó mucho, y su constancia lo ayudó a superar las dificultades en el camino.

En 1930 se reencontró con san Josemaría, antiguo compañero de estudios, y descubrió en el mensaje del Opus Dei una forma de encontrar a Dios en medio de su vida cotidiana. A partir de entonces, el estudio, el trabajo, la amistad y las tareas de todos los días podían convertirse en un camino de santidad y servicio a los demás.

Murió en 1943 con fama de santidad y, en 2016, el Papa Francisco lo declaró venerable.

Hoy podés acercarte a él de una manera muy concreta: hacerlo tu compañero de estudio. Preparar un examen puede ser mucho más que aprobar una materia, puede ser aprender a esforzarte, mantener la calma, ayudar a otros y descubrir a Dios en las cosas de todos los días.

Y, sobre todo, recordar que no tenés que hacerlo todo solo. Con un buen aliado, el camino se hace más llevadero.

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