“Me di cuenta de que todos necesitamos el uno del otro”

Testimonios de jóvenes que realizan cada verano viajes de promoción social a contextos vulnerables, siguiendo la llamada del Papa Francisco de construir una cultura del encuentro.

Cada verano, chicas y chicos de distintos puntos del país realizan viajes de solidaridad y promoción social a contextos vulnerables, como un modo concreto de llevar a la práctica la cultura del encuentro, como enseña el Papa Francisco: “No tengan miedo de recorrer los caminos de la fraternidad y de construir puentes entre las personas y entre los pueblos, en un mundo que el que todavía se levantan tantos muros por miedo a los otros.

Inspirados en san Josemaría y sus visitas a enfermos y personas necesitadas de las periferias de Madrid, Impulso Social y Universitarios para el Desarrollo hacen propio este llamado del Papa. Son jóvenes que tienen la ilusión de cambiar la realidad, de ayudar a las personas vulnerables. No se conforman con la queja estéril. Se involucran en cuerpo y alma, y ponen manos a la obra para ayudar a poner fin a la exclusión social.

Verano y solidaridad joven

Son días de trabajo intenso, pero el calor y el cansancio desaparecen al recordar que esa vereda, esa plaza, o ese centro de jubilados puede ayudar a mejorar la vida de las personas del lugar. “El cansancio siempre está. Somos humanos. Pero cuando ves la alegría de la gente a la que estás ayudando, te dan ganas de seguir”, confiesa Edgar, salvadoreño de 21 años que emigró a Argentina para estudiar Administración de Empresas.

“El cansancio siempre está. Somos humanos. Pero cuando ves la alegría de la gente a la que estás ayudando, te dan ganas de seguir”

“Pasás 10 días trabajando al rayo del sol, picando, yendo a buscar ripio al río, haciendo mezcla, realizando un trabajo físico al cual no estás acostumbrado, estás sumamente cansado pero estás sumamente contento, es una felicidad que es difícil de explicar”, cuenta Pipo, un mendocino de 24 años que un verano fue por casualidad -y sin muchas ganas- a La Viña, Salta, con Universitarios para el Desarrollo, y terminó encontrándose con “una experiencia increíble que me sirvió muchísimo en lo personal”.

Cada proyecto cuenta con espacios de reflexión donde los voluntarios encuentran un lugar para incorporar los valores que guían el trabajo: responsabilidad social, compromiso, diálogo, inclusión, empatía, diversidad cultural.Son también una oportunidad de encuentro con Dios. Además, las actividades tienen un valor agregado: las tareas solidarias que se emprenden están orientadas al desarrollo de las personas del lugar, generando medios de capacitación que posibilitan más trabajo y contribuyen al crecimiento de cada uno y de cada una.

Los viajes del verano se preparan durante todo el año: los jóvenes se capacitan en compromiso social trabajando en contextos vulnerables, en red con otras organizaciones. Lara, que tiene 21 años, es de Buenos Aires y estudia Enfermería, confiesa que los Operativos Impulso tocaron su corazón y la ayudaron a decidir sobre su futuro profesional: “El estar en contextos de exclusión humana y social me ayudó a darme cuenta de que lo mío es el trato con la gente más vulnerable. Me enseñó a abrirme, a aprender a escuchar, a no tener prejuicios”.

Pero, ¿qué es lo que lleva a un chico o a una chica a rescindir algunos días de sus vacaciones para sumarse a este proyecto? Para Edgar, el viaje que realizó el año pasado a El Bolsón, marcó un antes y un después en su vida: “Al principio pensé que iba a desperdiciar mis vacaciones, pero después entendí que estaba ganando mucho más: estaba creciendo en amor, estaba creciendo en solidaridad. Yo vivo en Buenos Aires, una ciudad tan grande que muchas veces se pierde la individualidad. Esto que experimenté me hizo vivir un año totalmente diferente. Me di cuenta de que todos necesitamos uno del otro y que ayudando al que tenés al lado vas aprendiendo a amar”.

Esto que experimenté me hizo vivir un año totalmente diferente. Me di cuenta de que todos necesitamos uno del otro y que ayudando al que tenés al lado vas aprendiendo a amar”.

En los ratos libres nunca faltan los mates, las charlas más variadas y amistades que duran para toda la vida. “Me hice muchas amigas en cada viaje. Conocés gente de todos lados, gente con realidades tal vez más difíciles que vos y que igual están ahí para dar una mano. Siempre me llevé la admiración por alguna”, cuenta Lucía, que tiene 21 años, es de Buenos Aires y fue a tres operativos de Impulso: dos en San Luis y uno en Chaco.

La semana es intensa en trabajo, emociones y encuentros. Sin embargo, para Lara, se puede llegar a vivir esto en el día a día, “estando con esa disposición en la facultad, en mi casa, con las personas que me rodean”. Cuando termina el viaje, hay algo que cambia, y las situaciones más comunes de la vida empiezan a transformarse en una oportunidad de encuentro y solidaridad: “Se te despierta una chispa interiormente y te dan ganas de más, te empuja a más. Empezás no solo a ver y entender los problemas que tiene el otro, sino que te lleva a más”, reflexiona Pipo.

Impulso Social

El Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, junto con el padre Víctor Urrestarazu (Vicario Regional del Opus Dei en Argentina, Paraguay y Bolivia) sosteniendo la remera de Impulso Social durante su visita al país.

Impulso Social nace en el año 2013 con el objetivo formar en compromiso social a mujeres jóvenes trabajando en contextos vulnerables. Inició en Buenos Aires y rápidamente se extendió por 8 provincias de Argentina. Próximamente, abrirá en Chile y Uruguay. En estos 5 años, cerca de 1800 voluntarias se sumaron a la organización (402 voluntarias en el 2018). Además, se estima que se realizaron 258 días solidarios en los que se acompañaron a unas 2800 familias.

“los espacios de reflexión son un plus de Impulso, te ayuda a ir decantando y profundizando lo que vas realizando en la acción”.

Cada proyecto combina la acción con la reflexión donde, a través de talleres y dinámicas, se busca que cada voluntaria pueda incorporar los valores que guían el trabajo. Para Verónica Gambaccini, coordinadora de la organización, “los espacios de reflexión son un plus de Impulso, te ayuda a ir decantando y profundizando lo que vas realizando en la acción”. Además, el objetivo es que cada iniciativa se realice de manera profesional, procurando cuidar los detalles para asegurar la calidad y coherencia del trabajo.

La forma en que trabajan es a través de 5 proyectos:

Operativo Impulso. Se realizan jornadas de trabajo de campo en las que se busca dar respuesta a un problema o necesidad concreta de alguna comunidad. Se realiza en coordinación con una organización local que garantice la continuidad a la intervención que realizan con las voluntarias. En julio del 2018 fueron 33 chicas a la Ciudad de Tres Arroyos y realizaron actividades con las familias de un barrio vulnerable. Entre otras cosas, pintaron dos murales junto con la comunidad de una escuela del lugar.

El objetivo es que cada iniciativa se realice de manera profesional, procurando cuidar los detalles para asegurar la calidad y coherencia del trabajo.

Semana de Impulso. Se diseña un taller de seis días dirigido a adolescentes de 15 a 18 años. El objetivo es generar una experiencia enriquecedora que combine actividades de acción y reflexión. En el 2018, se sumaron a esta iniciativa unas 62 chicas de entre 15 y 18 años.

Alerta Social. Generan una respuesta rápida a problemas que surgen de manera imprevista y convocan a voluntarias para responder a esas situaciones de emergencia. Se realizan convenios con organizaciones que desarrollan actividades de voluntariado en barrios vulnerables, con frecuencia semanal. Por ejemplo, en el 2017, después de unas fuertes lluvias que hubo en Buenos Aires, un grupo de jóvenes acompañaron y asistieron a una familia que se les había inundado la casa en la Villa 21-24 (Barracas, Buenos Aires).

Acción permanente. Realizan convenios con organizaciones que desarrollan actividades de voluntariado en barrios vulnerables, con frecuencia semanal. Cuentan con distintas propuestas que contribuyan a que las voluntarias puedan lograr una formación profunda y duradera en el tiempo. En Buenos Aires, todos los sábados, se da un apoyo escolar a chicos de entre 4 y 12 años que viven en el Asentamiento Magaldi (Villa 21-24).

Impulso Creativo. Se busca generar, a través de distintas disciplinas asociadas al arte, un espacio que facilite la participación y la interacción entre las voluntarias y la comunidad en dónde se trabaja. En noviembre del 2018 pintaron un mural en un barrio en San Fernando (Buenos Aires) donde las chicas dan apoyo escolar. “Nos pidieron que realicemos un diseño que fomentara en los chicos la lectura, como resultado pintamos el aula con un colorido abecedario y dos niños leyendo un cuento”, cuentan desde Impulso.

Universitarios para el Desarrollo

El padre Víctor Urrestarazu (Vicario Regional del Opus Dei en Argentina, Paraguay y Bolivia, y también capellán de la ong) entregando la remera de Universitarios para el Desarrollo al Papa Francisco

Desde hace más de veinte años, aunque constituidos en Universitarios para el Desarrollo en 2002, estudiantes universitarios de distintos puntos del país, junto con profesores y profesionales, organizan actividades de voluntariado en contextos vulnerables con el objetivo de promover la inclusión y la responsabilidad social de los jóvenes. Primero San Antonio de los Cobres, luego El Bolsón, más tarde Valle Fértil y, finalmente, La Viña y San Luis (para los secundarios).

La organización cuenta con 3 iniciativas:

Viajes de Promoción Social. Jóvenes voluntarios se ponen al servicio de los demás y organizan viajes de solidaridad con el objetivo de aportar al desarrollo local de las comunidades. Ya se han realizado más de 34 viajes solidarios y aproximadamente 100 instituciones se han visto beneficiadas con las actividades que realizan.

“Esto fue un logro muy importante porque le da la posibilidad a los jóvenes de la zona de aprender un oficio”

Desde el 2002, cada verano, Universitarios para el Desarrollo organiza un viaje solidario a El Bolsón. Ya son unos 1500 voluntarios que se sumaron a viajar a esta localidad argentina situada en la provincia de Río Negro, en el norte de la Patagonia. En estos 18 viajes, los voluntarios construyeron jardines maternales, hogares para niños, capillas, salones de usos múltiples, reparaciones en la escuela hogar y una carpintería comenzada desde cero. “Esto fue un logro muy importante porque le da la posibilidad a los jóvenes de la zona de aprender un oficio”, cuenta Pablo Estruga, coordinador del viaje.

El destino La Viña es más nuevo. Hace 8 años empezaron a viajar a esa localidad de Salta, con alrededor de 2000 habitantes, situada en el Valle de Lerma, a 100 km de la capital. Cada verano, asisten más de 100 universitarios de 10 provincias (Mendoza, San Juan, San Luis, Córdoba, Tucumán, Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Buenos Aires, Catamarca y Santa Fe). En cada viaje, el trabajo es intenso y los jóvenes construyeron una plaza para niños, un salón de usos múltiples para jubilados, crearon una explanada de acceso para una escuela, entre otras cosas.

“salir al encuentro de la gente, escuchar, charlar, abrirnos y enriquecernos mutuamente”

Hay otro trabajo fundamental que se realiza y que no se puede medir en números. Nicolás Gallo, miembro de Universitarios para el Desarrollo cuenta que, además del trabajo material, parte del tiempo está dedicado a lo social: “salir al encuentro de la gente, escuchar, charlar, abrirnos y enriquecernos mutuamente”. La gente del lugar los espera cada año para volver a compartir con ellos el verano, y la repercusión de estos viajes ha llegado a los medios locales y nacionales.

Hace unos años se comenzó un viaje especialmente adaptado para los estudiantes secundarios, realizando tareas solidarias en un comedor de San Luis.

Voluntarios por Un Día: Colaboran con organizaciones sociales y educativas de los centros urbanos del país, para brindarles ayuda material y colaborar con su tarea. Comenzó en el año 2010 con el objetivo de desarrollar tareas de promoción social en zonas urbanas. Dos veces por mes, un grupo de alrededor de 30 jóvenes, dedican un día de su fin de semana a colaborar con las necesidades de una institución educativa o asistencial de su ciudad. Las principales tareas que se llevan a cabo son de construcción, pintura, mantenimiento y demás arreglos edilicios. En estos años participaron de las actividades más de 400 voluntarios, beneficiando con los proyectos a 13 instituciones. Ya se han realizado Voluntarios Por un Día en Buenos Aires, Pilar, La Matanza, San Juan, Córdoba y Salta.

Visitas Solidarias. Acompañan a personas que se encuentran solas o necesitadas de afecto en hospitales, asilos de ancianos y centros de atención de niños en situación de calle.Con este objetivo se promueve el proyecto en más de 15 ciudades del país y se organizan visitas a hospitales, asilos de ancianos, y a personas en situación de exclusión social y humana.

Al ser organizaciones sin fines de lucro, buscan la colaboración de entidades y personas que con generosidad pueden ayudarlos a realizar sus proyectos. Para juntar fondos, Universitarios para el Desarrollo ya realizó varios recitales, peñas y afters, entre otras actividades. Por otro lado, Impulso Social, organiza cada año la Copa Impulso, un torneo femenino de fútbol y hockey.


Verano 2019

Tandil 2019

Semana de Impulso

Saladillo

El Bolsón 2019

La Viña 2019

San Luis 2019