Cultura del Encuentro: solidaridad vivida en primera persona

Jóvenes universitarios de Mendoza salen por las noches a llevar comida y compañía a personas que viven en la calle. Pero dicen que, al final, son ellos los que vuelven transformados.

“Llegás y parece que no hay nadie”, cuenta Chicho. “Hasta que hablás con una persona y esa persona empieza a convocar a otras”.

La escena se repite en Mendoza, durante las noches en las que estudiantes universitarios de la residencia Los Portones salen a recorrer plazas y calles para compartir comida y un rato de encuentro y conversación con personas que viven a la intemperie. Lo que empezó con unos sesenta panchos -y una primera salida en la que compraron más panes que salchichas- hoy ya convoca a decenas de jóvenes varias veces al mes.

Personas reunidas en la plaza esperando con ilusión el encuentro

La iniciativa forma parte del plan Cultura del Encuentro, que incluye visitas a hospitales, asilos y la ya conocida “Noche de la Caridad”: una recorrida nocturna para acercarse a quienes viven en la calle, llevarles algo caliente para comer y, sobre todo, pasar un rato con ellos.

Hay una frase del papa Francisco que muchos de ellos sienten que resume lo que viven en cada salida: “Lo importante no es mirar desde lejos o ayudar desde lejos, sino ir al encuentro”.

José, uno de los jóvenes que participa de las recorridas, cuenta que con el tiempo fueron aprendiendo a organizarse mejor. Lo más importante es poder salir al encuentro de la mayor cantidad de gente, para eso se dividen en grupos y ya conocen algunos puntos donde suelen encontrarse.

Pero lo que más los conmovió fue otra cosa: la solidaridad que existe entre quienes viven en la calle. “Cuando nos ven llegar, salen a avisarle al resto para que vengan”, dice Chicho. “Eso me impresionó mucho”. También lo marcó otra imagen, más dura, que lo mueve cada vez que sale: 

“Ver gente revolviendo la basura, gente que no te pide ni siquiera una moneda, sino simplemente algo para comer. Es desgarrador, duele darte cuenta que no podemos llegar a todos.”

Ruth y Anuel

Una noche, conocieron a Ruth y a su hijo Angelo Marco Anuel. Se quedaron charlando y se hicieron amigos.

Amigos de la residencia "Los Portones" junto a Ruth y Anuel

Ruth estudió tres años de licenciatura en trabajo social y tiene ganas de retomarlo. Pero tiene lupus, y eso le dificulta salir adelante. Intentó que Anuel no estuviera en la calle y lo dejó con los abuelos, pero pronto se dio cuenta del ambiente de violencia familiar en el que había quedado. Entonces decidió volver a llevárselo con ella. Anuel va al jardín de infantes, pero a la noche duermen en la calle.

Lo que más sorprendió a estos jóvenes fue su generosidad. Anuel tenía un mazo de cartas de fútbol -casi lo único que poseía- y esa noche le regaló una a cada uno. "Todavía hoy la tengo", cuenta Chicho, "Me impresionó muchísimo su generosidad. Casi lo único que tenía eran sus figuritas, y nos las regaló en agradecimiento."

Después de ese encuentro Ruth intercambió contacto con ellos. Les pidió si podían conseguir ropa para Anuel, y la siguiente vez que fueron, se la llevaron.

Lo que más necesitan

Hay algo que Chicho repite y que resume bien lo que vivieron estas noches: "Cada vez que les preguntaba su nombre, ellos también me preguntaban el mío. Siempre súper agradecidos."

José lo dice de otra manera, pero apunta a lo mismo: “para muchas personas que viven en la calle, estar con alguien, charlar, que les pregunten, que no les quieran robar, que no los miren mal, puede ser el único gesto de cariño que reciben en el día.”

El plan Cultura del Encuentro no es solo una agenda de actividades. Es una forma de volver a mirar. Como señaló recientemente el Papa León XIV, se trata de "reavivar la humanidad allí donde se ha enfriado, dar voz a quienes sufren y transformar la indiferencia en solidaridad." Eso es exactamente lo que estos jóvenes descubrieron: que a veces, lo más revolucionario que uno puede hacer es ir al encuentro de los demás.