De Chiclayo a Camerún: el camino de León XIV y de Patricia

Salió de Chiclayo para estudiar y no volvió a su patria: la vida la llevó a Camerún, donde lleva 21 años haciendo lo que tantos hacen en su propio país, santificar su trabajo y difundir el mensaje de san Josemaría. Patricia nos cuenta cómo vivió el reciente viaje apostólico de León XIV a un país joven donde la Iglesia está presente y viva.

Mi nombre es Liliana Patricia, nací en Chiclayo —la diócesis peruana donde el Papa León XIV fue obispo entre 2014 y 2023— y soy numeraria del Opus Dei. Me considero peruana por nacimiento, pero camerunesa de adopción y de corazón: en 2005 vine a este país africano para dedicarme a la formación de jóvenes y aquí sigo, 21 años después.

En el año 2000 me había mudado de Chiclayo a Lima, donde trabajé como profesora en el colegio Salcantay. Después de asistir a la canonización de san Josemaría en 2002, pasé unos años de estudios universitarios en Roma.

Testigo de la expansión apostólica

Durante mis años en Roma pude ver cómo la Obra crecía por todo el mundo, persona a persona, país por país: en 2003, algunas mujeres de la Obra fueron a vivir por primera vez a Croacia; en 2004, a Eslovenia y Letonia. Cada año, compañeras que habían venido a estudiar teología viajaban a otros países para vivir allí, trabajar y difundir el mensaje de san Josemaría. Hasta que llegó mi turno: me propusieron ir a Camerún. Me encantó la idea —aunque me daba cierto respeto— y me puse a aprender francés.

dejé Chiclayo y mi país, para transmitir a otras personas el amor de Dios

La Obra comenzó en Camerún en 1990, primero en Yaundé y luego en Duala y Bamenda. En su reciente viaje, León XIV visitó la zona anglófona, demostrando que su mensaje de paz puede ayudar a deponer las armas.

Un miércoles en el Palacio de Gobierno

Cuando León XIV llegó a Camerún el miércoles 15 de abril, tuve la suerte de estar en el Palacio de Gobierno. Me recordó a la visita de Benedicto XVI en 2009. Estaba con varias amigas —Alicia, Paula y Juliett— y Paula, con su cámara profesional, parecía una reportera; yo hacía de asistente, lo que nos permitió estar en una zona de prensa.

Desde casa me iban actualizando por WhatsApp: «ya aterrizó, va avanzando por tal avenida...» y nuestra emoción crecía minuto a minuto. Sirenas, cantos, banderas. El carro del Papa llegó al Palacio. Me puse cerca de la alfombra por donde subiría las escaleras y casi le pude decir que era de Chiclayo, pero desvió la atención hacia otra persona. A quien sí pude decírselo con calma fue a su secretario, el Padre Edgar, que agradeció el gesto con sorpresa.

Un saludo en la Nunciatura

Sabíamos que después de visitar un orfanato y reunirse con los obispos, el Papa llegaría a la Nunciatura, así que allí me dirigí con Paula para esperarlo. Había un grupo de personas que habían pensado lo mismo y lo recibimos cantando. Esta vez el Santo Padre tenía la ventana del auto baja y, al pasar cerca de mí, le pude decir que era chiclayana mientras nos daba la bendición. Saludar al Papa es saludar al vicario de Cristo en la tierra, como a Santa Catalina de Siena le gustaba llamarlo.

Patty en uno de los encuentros con León XIV

Una conexión personal

Ha pasado un año desde la elección de León XIV y ya ha venido a visitarnos. Aunque durante su periodo como obispo en Chiclayo, no lo llegué a conocer por vivir en Camerún, sabía que teníamos un obispo norteamericano que tenía mucho cariño a mi ciudad. De hecho, en plena pandemia administró el sacramento de la confirmación a mi sobrina. Ella buscó la foto y aunque los dos llevaban mascarilla, sabemos que es él.

Me identifico con él porque también dejé Chiclayo y mi país, para transmitir a otras personas el amor de Dios

Siento mucho agradecimiento por su labor pastoral no solo en Chiclayo, sino también por los otros lugares donde trabajó en el Perú: Chulucanas, Piura, Trujillo y el Callao. Me identifico con él porque también dejé Chiclayo y mi país, para transmitir a otras personas el amor de Dios.

Un Papa sereno en un país que espera la paz

Los católicos somos menos del 30% en Camerún, pero esta vez el arzobispo de Yaundé, Monseñor Jean Mbarga, pidió a todos salir a recibir al Papa durante su recorrido, y la respuesta fue masiva.

Lo que más me impactó de León XIV fue su serenidad ante un programa agotador —con setenta años, bajo un calor intenso, sin saltarse ningún encuentro— y lo bien informado que estaba de nuestra realidad. Me propuse imitar esa calma cada vez que me quejo del cansancio o del clima. Sus mensajes, además de compasivos, fueron claros: nos recordó el valor que tenemos para la Iglesia y nos animó a actuar para lograr el cambio que este país lleva mucho tiempo esperando.

Un recuerdo del 8 de mayo: día en el que Chiclayo entró en los corazones de muchos

Vuelvo atrás un año. El jueves 8 de mayo por la tarde me encontraba dando una clase a unas amigas cuando Beatrice dijo: fumata bianca! Ya en mi interior estaba feliz de saber que se había elegido al Romano Pontífice.

Acabé la clase y nos instalamos frente al televisor. Ya rezabamos por él, como nos enseñó san Josemaría, quien en ese orden le gustaba invocar, pedir, rezar y agradecer a ¡Cristo, María y el Papa!

Al escuchar su nombre reconocí rápidamente al Obispo Francis Prevost. Beatrice buscó en su teléfono por Google quien era y me dijo: de Chiclayo. Fue emotivo escuchar su saludo a nuestra diócesis.

Comenzaron a llamarme amigas y compañeras de todas partes para felicitarme, entre ellas mi madre, que aún vive en Chiclayo. Hasta hoy sus palabras en el balcón de san Pedro son una invitación a tomarnos en serio nuestra misión de cristianos: «Y si me permiten también una palabra, un saludo a todos aquellos, en modo particular, a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo».

Patricia Bobadilla