Orígenes y primera historia de Villa Tevere. Los edificios de la sede central del Opus Dei (1947-1960)

Al norte de Roma, sobre la orilla izquierda del Tíber aguas abajo de su confluencia con el Aniene, se yergue un pequeño espolón de tufo volcánico: los Monti Parioli. En esta zona, externa al centro histórico de la ciudad pero hoy totalmente integrada en su tejido urbano, se encuentra Villa Tevere, sede central de la Prelatura del Opus Dei y, hasta su muerte en 1975, hogar de san Josemaría Escrivá de Balaguer en Roma.

Opus Dei - Orígenes y primera historia de Villa Tevere. Los edificios de la sede central del Opus Dei (1947-1960)Villa Tevere en la actualidad, desde el lado norte. En primer plano, Uffici. Por detrás asoma la Villa Vecchia.

AArtículo publicado en el nº 11 de la revista Studia et Documenta
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El presente artículo se propone relatar los primeros años de la historia de la casa, a partir de su adquisición en 1947, y en particular la construcción de los varios edificios que actualmente la componen. Como introducción al tema, se recorrerá también, aunque con menos detalle, lo que se puede denominar la prehistoria de la finca, cuando esta aún no se llamaba Villa Tevere, sino Villa Mazzoleni.

La principal fuente de información sobre Villa Tevere es la documentación que se conserva en el Archivo General de la Prelatura (AGP): contratos, actas notariales, cartas, un diario de obras, una relación de Salvador Canals que resume día por día algunas gestiones realizadas en los meses siguientes a la compra de la casa, un testimonio redactado en el año 2002 por el arquitecto Jesús Álvarez Gazapo, el diario de Villa Tevere y el de Città Leonina, primer centro del Opus Dei en Roma[1]. El res­to de la información recogida en este artículo, sobre todo por lo que respecta a la historia anterior a 1947, es de origen casi siempre bibliográfico, con excepción de algunos documentos consultados en el Archivio di Stato de Roma y, también en Roma, en los archivos del palacio Sacchetti (antes de que sus fondos fueran depositados en el Archivo Histórico Capitolino, donde actualmente se encuentran) y del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Una precisión. En italiano, el significado primario de la palabra villa es el de casa con jardín amplio: es decir, el conjunto de una cosa y otra (casa y jardín). Sin embargo, también a veces villa designa solo la casa, como espacio distinto del jardín. En este artículo, la expresión «Villa Tevere» no se aplica nunca solamente al edificio originario, sino a toda la finca, en la que además de esa primera casa irán surgiendo otras (a costa del jardín pero sin eliminarlo nunca totalmente). Para ese edificio noble, anterior al momento de la compra de la finca (1947), se ha reservado el nombre de «Villa Vecchia», con el que hoy es conocido. Si alguna vez se habla sin más de «la villa», el autor espera que el contexto ayude a entender fácilmente si se trata de la casa antigua o del conjunto de la finca.

La Vigna Sacchetti y su entorno a comienzos del siglo XX

Al convertirse en capital de Italia en 1870, Roma se transformó urbanísticamente y, entre otras cosas, se desparramó extramuros. Hasta entonces, y desde el lejano siglo III después de Cristo, las murallas construidas por el emperador Aureliano habían dibujado sin apenas variación el perímetro de la ciudad. Lo que quedaba fuera (por ejemplo, la basílica de San Pablo, o la de San Lorenzo) solía ser expresamente identificado, por su excepcionalidad, como fuori le mura, como externo a las murallas, del mismo modo que hoy, para referirse a barrios como Casalotti o Trigoria, que han crecido más allá del Grande Raccordo Anulare, el cinturón viario que rodea Roma, se comienza diciendo que están dopo il raccordo, pasado el Raccordo.

Al norte de Villa Borghese

El avance de la ciudad más allá de sus antiguos límites no fue uniforme. Al norte, detrás de ese tramo zigzagueante de la muralla aureliana que recibe el nombre de Muro Torto, entre las puertas Flaminia y Pinciana, la expansión urbana respetó el amplio espacio de zona verde formado por la Villa Borghese y sus alrededores. Detrás de ese primer frente de vegetación, sin embargo, era inevitable que el asfalto y el ladrillo encontraran asiento.

Convertida en parque urbano en 1903, Villa Borghese fue puesta en comunicación con el resto de la ciudad, poco después, a través del Pincio, la célebre colina que domina Piazza del Popolo y por la que se abre paso el Muro Torto. De este modo se hizo accesible –y empezó, poco a poco, a ser urbanizada– la zona en la que se localizan los actuales barrios Pinciano y Parioli, a espaldas de Villa Borghese, un espacio hasta entonces semirrural, en el que solo destacaban, aislados, algunos viejos edificios señoriales, como el palacio de Villa Giulia, construido por Vignola para el papa Julio III[2], o el palacio Borromeo[3], ambos del siglo XVI.

En 1911, Roma fue sede de una exposición universal que quedó emplazada en aquel margen urbano septentrional. Dos construcciones significativas, ya fuera del límite de Villa Borghese, están fechadas en ese año, en el que se celebraba el cincuentenario de la unidad de Italia: el puente del Risorgimento, que cruza el Tíber entre los barrios Flaminio y Prati delle Vittorie, y lo que hoy es la Galería Nacional de Arte Moderno, en su momento pabellón italiano de la exposición universal.

Es entonces también cuando se abre la Via delle Belle Arti, a lo largo de la cual se alinean el puente del Risorgimento, el palacio Borromeo, el palacio de Villa Giulia y la Galería Nacional de Arte Moderno. Es la zona que, por el papa que en el siglo XVI hizo de ella su jardín de las delicias (la Vigna di papa Giulio, de legendaria memoria), se conoce como Valle Giulia. Y en efecto, es un valle: una suave depresión entre el Pincio y los Parioli, es decir, entre los dos sistemas de colinas que dan nombre a los barrios Pinciano y Parioli. Hay que hacer notar, sin embargo, que el límite entre estos dos barrios no está en la Valle Giulia: de hecho, el primero comprende las colinas de San Valentino y Monticello, dos de las cuatro que componen, topográficamente, los modestos Monti Parioli (las otras dos son las de Villa Glori y San Filippo –Piazzale delle Muse–, el «techo» de esta parte de Roma, con 70 metros sobre el nivel del mar). Esto explica que Villa Tevere, aunque se encuentre en los Monti Parioli, pertenezca administrativamente al barrio Pinciano.

El casale y el paretaio

En la segunda mitad del siglo XIX, el terreno sobre el que hoy se levanta Villa Tevere pertenecía a los Sacchetti, una de las grandes familias de la aristocracia romana, que en aquellas colinas al norte de la ciudad, por medio de sucesivas adquisiciones de parcelas a partir de 1850, habían establecido su «viña», como se solía llamar genéricamente a las fincas situadas fuera del casco urbano. Con el tiempo, la Vigna Sacchetti ai Monti Parioli llegó a tener una superficie de unas cincuenta hectáreas: con ser grande, en aquel momento no era la mayor de las propiedades suburbanas de la familia, pues por ejemplo la Pineta Sacchetti, al otro lado del Tíber, mientras les perteneció (hasta 1861), era bastante más extensa: tenía 240 hectáreas.

En el punto en el que se encuentra la Villa Vecchia, es decir, la vivienda principal de Villa Tevere, había por entonces una construcción rústica. En 1947, cuando vende la finca, el conde Gori Mazzoleni presenta el edificio como «un vecchio casale trasformato in fabbricato per uso di civile abitazione»[4], un viejo caserío transformado –por el propio Gori Mazzoleni– en vivienda. Confirman el dato algunas imágenes antiguas de la zona. De finales del siglo XVII es un grabado de Giovan Battista Falda que muestra a vista de pájaro el edificio noble de la Villa Borghese (la actual Galería Borghese) y, diseminadas entre el paisaje de fondo, algunas pequeñas casas rurales: el emplazamiento de una de ellas parece coincidir exactamente con el de la actual Villa Vecchia. En 1878, el artista de origen belga Giacomo Maes pintó un cuadro de la Vigna Sacchetti, y también en él quedó inmortalizada, en el mismo lugar que hoy ocupa la Villa Vecchia, una casa de campo, detrás del edificio principal de la finca.

Otra información sobre la prehistoria de Villa Tevere nos habla del uso de un espacio colindante con la finca como paretaio, término de la jerga cinegética que designa un campo de arbustos con jaulas, aves de reclamo y redes para pájaros. El dato aparece en Segreti Romani, un libro del marqués Giulio Sacchetti (1926-2010) que recoge episodios dispersos de la historia de su familia. «El paretaio, que formaba parte de una propiedad de unas cincuenta hectáreas», escribe Sacchetti, «estaba situado en la zona de la actual Via Domenico Cirillo, la calle que une Via di Villa Sacchetti con Viale Bruno Buozzi»[5]. Villa Tevere se encuentra precisamente en el interior del pequeño triángulo formado por Domenico Cirillo, Villa Sacchetti y Bruno Buozzi. Como muestra un antiguo plano de la Vigna Sacchetti conservado en el Archivo Histórico Capitolino, el paretaio o Prato della Caccia queda fuera del perímetro de ese triángulo, aunque efectivamente está junto a lo que hoy es la Via Domenico Cirillo[6]. Seguramente su situación ligeramente elevada (la Via Cirillo se encarama sobre un pequeño mogote) era buena para la captura de pájaros.

En el archivo Sacchetti hay documentos que atestiguan ese uso de una parte de la vigna: por ejemplo, facturas de redes, jaulas y aperos varios, encargados a los jardineros del Vaticano. Otros documentos señalan indirectamente la importancia que tenía para los Sacchetti el paretaio al describir la finca como una vigna «con casino o edificio noble, paretaio, casas de colonos y capilla pública»[7]. El marqués de Sacchetti, apasionado ornitólogo, estudió los registros de aves cazadas entre 1872 y 1910 (siempre en otoño, en la estación de las migraciones, momento en que toda la familia se trasladaba a la viña de los Parioli para seguir las incidencias de la caza en el paretaio), y confeccionó una minuciosa tabla de la evolución de las capturas por años y especies[8]. Aquel paretaio, sin embargo, era anterior a la presencia de los Sacchetti en la zona. El catastro gregoriano, realizado por orden de los papas Pío VII y Gregorio XVI en la primera mitad del siglo XIX, sitúa en el límite de ese lugar una «casa ad uso di paretaio»[9] que muy probablemente es el casale sobre cuyos restos Gori Mazzoleni construirá su villa.

La desaparición de la Vigna Sacchetti

La Vigna Sacchetti fue poco a poco desmembrándose, y en 1921, con la venta de sus últimos restos, desapareció definitivamente[10]. Su suerte resultó común a la que corrieron en aquellos años, por presión de las sociedades inmobiliarias, muchas otras viñas de la zona. Colindante con las propiedades de los Sacchetti era, por ejemplo, La Pariola, también llamada Vigna dei Gesuiti[11], junto al primitivo trazado de la Via Salaria[12], quepor entonces fue parcelada y vendida. Un extenso lote fue comprado por la familia Taverna[13].

En 1927, una parcela de terreno limítrofe con la antigua Vigna Sacchetti que poco antes había sido edificada fue vendida a la corona sueca, que la conservará durante casi dos decenios y le asignará el nombre de Villa Svezia. Allí, en la silenciosa Via dei Tre Orologi, una calle sin salida, paralela a la Via di Villa Sacchetti, transcurrió largas temporadas, en busca de un clima más benévolo que el de Estocolmo, la mujer de Gustavo V, la frágil reina Victoria; y allí murió en 1930[14]. Su médico, el doctor Axel Munthe, hoy conocido sobre todo como escritor, terminó en aquel lugar el libro que lo hizo famoso, La historia de San Michele[15].

De la villa a la palazzina

En realidad, la sueca no era la única casa real tentada en aquellos años por esta zona de Roma. Los alrededores de la Valle Giulia ya no eran el fastuoso escenario de corte de los tiempos de Julio III o de Paulina Borghese, pero resultaban lo suficientemente elegantes como para que un príncipe exiliado encontrara en sus calles recién abiertas una vivienda no indigna de su condición: en un piso del Viale Parioli, la avenida que discurre entre las colinas de Monticello y San Filippo, vivió entre 1938 y 1942, siendo niño, Juan Carlos de Borbón, futuro rey de España, con sus padres, los condes de Barcelona. «Era un barrio», declarará al cabo de medio siglo al periodista José Luis de Vilallonga, «donde vivía gente de la burguesía media, médicos, abogados, comerciantes… En todo caso no era un barrio residencial de lujo. Mis padres no se lo hubieran podido permitir»[16].

Lo cierto es que la villa ya no era el único tipo de construcción presente en la zona: también había edificios de pisos. El poder emergente de la clase media había dado lugar a una fiebre inmobiliaria que había determinado una importante innovación urbanística, la palazzina. Se trata de un fenómeno al que más adelante se hará referencia con algo de detalle, pues afectará a Villa Tevere. Fundamentalmente, en Villa Tevere la palazzina hará posible disponer, en un espacio muy reducido, de un consistente volumen de construcción.

Tres calles y una manzana

Además de la villa de Victoria de Suecia, en los aledaños de la Vigna Sacchetti se habían ido levantando, en los años veinte, otras construcciones. Una particularmente elegante es la Villa Parodi-Delfino, de estilo neoclásico, firmada por Tullio Passarelli en 1923. De la misma época y del mismo arquitecto es el contiguo Carmelo del Sacro Cuore, un convento de religiosas de clausura situado, como Villa Svezia, en la Via dei Tre Orologi.

A la espalda del convento, con entrada por Via di Villa Sacchetti, se encuentra actualmente la embajada de Alemania ante la Santa Sede, construida en los años ochenta sobre terrenos que en parte habían pertenecido a Villa Svezia. A pocos metros, en la misma Via di Villa Sacchetti y una vez superado un edificio que coincide con el antiguo casino de los Sacchetti y, a continuación, el cruce con la Via Domenico Cirillo, un inmueble de tres pisos se encaja en el ángulo formado por Domenico Cirillo y Villa Sacchetti: se encaja, por tanto, en una de las esquinas de la manzana en la que se encuentra Villa Tevere. Esta manzana, como se ha dicho, es triangular. La línea que cierra el triángulo discurre por el lado norte. Era una calle todavía en construcción cuando Villa Mazzoleni, la casa en torno a la que nacería Villa Tevere, fue terminada: una calle ancha que, salvando sucesivos desniveles, había de unir la Via delle Belle Arti y la colina de Monticel­lo (Piazza Pitagora). Se le había dado el nombre de Viale dei Martiri Fascisti, y sería inaugurada oficialmente en 1938. Después de la segunda guerra mundial, el nombre de la calle será sustituido por el de Viale Bruno Buozzi, en memoria de un sindicalista ajusticiado por los nazis en 1944.

Villa Mazzoleni (1926-1947)

La familia Gori Mazzoleni

El conde Mario Gori Mazzoleni pertenecía a una familia que se había enriquecido en poco tiempo. El fundador de la dinastía había sido su abuelo Achille (1825-1891), hombre con gran sentido de los negocios: él es quien unió los apellidos Gori (paterno) y Mazzoleni (materno). En 1874, poco después de la caída del estado pontificio, Achille había comprado cerca de 10.000 hectáreas de terreno agrícola al sur de Roma: sobre esas propiedades construirá, en gran parte, su fortuna[17]. Eran tierras que habían sido expropiadas a la Iglesia y puestas a la venta por el nuevo estado italiano, y quizá por eso tanto Achille como su hijo Attilio (1857-1918) tendrán fama de anticlericales. Sin embargo, existe una tradición según la cual Attilio, señor de la hacienda de Conca, en los alrededores de Nettuno, regaló a santa María Goretti (1890-1902), cuya familia vivía en sus tierras, el vestido con el que poco antes de ser asesinada hizo la primera comunión[18].

Attilio se casó en 1889 con la condesa Maria Bruschi Falgari, que aporta sangre aristocrática a la dinastía Gori Mazzoleni y que demostrará ser todo un personaje. En los años treinta liderará de hecho una fronda monárquica y filofrancesa contra el fascismo, lo que motivará que en 1939 el gobierno le retire el pasaporte, a pesar de su edad provecta y de su condición de dama de compañía de la reina[19].

Su hijo Mario, tal vez menos emprendedor que sus padres y abuelos, había vendido las propiedades agrícolas, heredadas a la muerte del padre, y en 1926 había comprado en Roma el terreno sobre el que quería levantar su casa: la futura Villa Mazzoleni. En el contrato se especificaba que la operación se efectuaba «allo scopo precipuo che il Nobile Mario dei Conti Gori Mazzoleni, il quale per sé ed aventi causa accetta la relativa obbligazione, costruisca su tutto o parte del terreno una abitazione signorile non più tardi del 31 dicembre 1928»[20], es decir, con el fin preceptivo –motivado, sin duda, por el deseo del vendedor de revalorizar los terrenos vecinos– de que Gori Mazzoleni acometiera la construcción de una vivienda señorial en un plazo de dos años. Tenía entonces 34, y según parece deseaba formar familia en plazo breve[21].

La villa se construyó entre 1928 y 1931, bajo la dirección de obras del ingeniero Massimo Settimi[22]. Además, se construyó una vivienda secundaria de dos pisos a lo largo de Martiri Fascisti, junto a la esquina con Villa Sacchetti, donde se encontraba la entrada principal de la finca, para coches. En esa pequeña casa, contigua a la portería, se instaló muy pronto el conde[23], que con el tiempo parece haber renunciado definitivamente a ocupar la villa, incluso después de su boda.

Los primeros años de la Villa Vecchia

En un primer momento, el edificio principal, situado en el centro de la finca, sobre su punto más elevado (seis o siete metros por encima del nivel de Viale Martiri Fascisti), fue dividido en tres apartamentos que albergaron a tres diplomáticos, cada uno con su familia y su personal de servicio. Harold Tittmann, secretario de la embajada de Estados Unidos ante el estado italiano, ocupó el segundo piso entre 1931 y 1936; el marqués Antonio Meli Lupi di Soragna, el primero, en un periodo más breve (1932-1935); y Jules Blondel, consejero de la embajada francesa, la planta baja, desde su llegada a Roma en el otoño de 1935 hasta un año después, cuando las repercusiones internacionales de la ocupación italiana de Abisinia motivaron que el cargo de embajador de Francia quedara vacante y que él, convertido en encargado de negocios, se trasladara a la sede de la representación diplomática francesa en el palacio Farnese[24].

Blondel (1887-1965), que posteriormente sería embajador en Irlanda, Bulgaria, Brasil y Noruega, y que desde Sofía, durante la segunda guerra mundial, se uniría al general De Gaulle, publicó al término de su carrera diplomática un libro de memorias en el que recuerda aquel «villino de buen estilo florentino, nuevo, grande, cómodo, rodeado de un jardín dispuesto en varias alturas, con vistas a los verdes prados de los Parioli y de Tor di Quinto y, a lo lejos, al Monte Mario»[25]. Inauguró en sociedad su nueva morada en la Nochebuena de 1935 con una gran fiesta: «Después de la misa de gallo abrimos nuestra casa a algunos miembros de las instituciones francesas presentes en Roma. Los invitados, un centenar, fueron distribuidos en mesas pequeñas. Bailamos hasta el amanecer»[26].

Con no menos motivo que Blondel, también sus dos vecinos son personajes que aparecen en los libros de historia. Harold Tittmann (1893-1980) estuvo en Roma en dos periodos, entre 1925 y 1936 y entre 1940 y 1946. En este segundo periodo fue asistente del representante personal del presidente Roosevelt ante Pío XII, Myron Taylor, y vivió tres años, desde que Estados Unidos entró en la guerra hasta el final de la ocupación alemana de Roma, refugiado en el Vaticano. Sobre estos años tiene un libro de memorias póstumo, publicado por su hijo, que es uno de los testimonios más claros sobre la actitud nada condescendiente de Pío XII ante el nazismo[27]. En cuanto al marqués de Soragna (1885-1971), será él, en 1947, quien firme en nombre de Italia el tratado de París, que sellará la paz entre las naciones de Europa después de la segunda guerra mundial (el gobierno italiano, descontento con las condiciones del tratado, no quiso ser representado por una figura de perfil más alto). Posteriormente, de 1948 a 1952, será embajador de Italia ante la Santa Sede.

Una visita del cardenal Pacelli

En 1936, Gori Mazzoleni alquiló prácticamente todo el edificio noble a la legación de Hungría ante la Santa Sede. La persona que concertó el alquiler, el encargado de negocios György Barcza (1888-1961), escribirá concisamente en sus memorias que Villa Mazzoleni le había parecido la sede más adecuada para la representación diplomática de un país como el suyo, pequeño pero señorial[28].

El 27 de noviembre de 1936, recién trasladada la legación húngara ante la Santa Sede a Villa Mazzoleni, el jefe de estado magiar, el almirante Miklós Horthy, regente del reino, fue recibido por el papa en el Palacio Apostólico. Con aquel motivo, ofreció un banquete al secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Eugenio Pacelli, en la sede de la legación. Las notas descriptivas de Álvarez Gazapo ayudan a imaginar el momento en que el coche de Pacelli, futuro Pío XII, se detuvo frente a la casa y György Barcza o el almirante Horthy salieron a recibirle: «desde la cancela de coches subía una rampa suave hasta los garajes, situados delante de la Villa y cuya cubierta constituía el jardín delantero. Por el lado izquierdo una carreterilla, también en rampa, salvaba ese desnivel y permitía llegar hasta la entrada de la casa»[29].

De aquel almuerzo oficial nos quedan las imágenes de un reportaje que apareció en L’Illustrazione Vaticana, una revista gráfica que L’Osservatore Romano publicaba en los años treinta[30]. El comentario de Álvarez Gazapo sobre ese reportaje no carece de ironía: «En las dos fotos, en ambientes para nosotros muy familiares –el vestíbulo de la Villa y el salón del Consejo General–, se ve a esos personajes, como testigos de una etapa para nosotros desconocida. Resulta extraño verles en la Villa Vecchia, donde aparecen como si fueran intrusos o unos actores de teatro: como si estuvieran rodando una película histórica»[31].

Tres viviendas

A partir del momento en que el edificio noble se alquila, la finca de Gori Mazzoleni comprende tres viviendas habitadas bien diferenciadas: la villa, la casa del conde y la portería. Por disposición policial, en Italia cada inmueble tenía entonces su propio registro de inquilinos, y del inmueble de Gori Mazzoleni se conserva uno rellenado en 1942. Distingue tres núcleos familiares, correspondientes a las tres viviendas mencionadas: la del portero, Donato Organai, con su mujer y un hijo; la del conde, con su mujer, dos hijas y una empleada doméstica; y la sede de la legación de Hungría, donde, además del encargado de negocios, entonces Gábor Apor, estaban domiciliados un cocinero y un camarero, ambos con nombre italiano. En años sucesivos, ese registro se fue actualizando: en 1943, por ejemplo, Organai tiene un nuevo hijo, y en 1944 nace la última hija de Gori Mazzoleni. En relación con esto último, el registro proporciona un dato interesante: a diferencia de sus dos hermanas mayores, Elisabetta Gori Mazzoleni nace en Perugia, no en Roma, pues de hecho la familia ya no vivía permanentemente en la capital. Es posible que el conde haya comenzado por entonces a sondear la posibilidad de vender su casa de Roma, donde nada o casi nada le retenía y de donde, según parece, deseaba marcharse definitivamente[32].

La legación de Hungría ante la Santa Sede durante la segunda guerra mundial

Ocho años después de aquel viaje oficial a Roma de 1936, la situación del almirante Horthy en el escenario internacional había cambiado dramáticamente. Las vicisitudes que Hungría sufrió en los años cuarenta forman parte de la Gran Historia, se inscriben por derecho propio en la tragedia europea de la segunda guerra mundial y de la inmediata postguerra. A la vez, sin embargo, afectan también a la pequeña historia que estamos contando: a lo sucedido en Hungría durante ese periodo se debe que en 1947, cuando Josemaría Escrivá y Álvaro del Portillo cerraron la adquisición de Villa Tevere, encontraran la casa principal ocupada por unos funcionarios húngaros y tropezaran con tantas dificultades para lograr que se fueran. Por eso es necesario recordar aquí esos hechos de la historia de Hungría.

Paternalista y autoritario, regente de un reino en permanente estado de trono vacante, Horthy había encontrado un aliado natural en Mussolini, el Duce de la Italia fascista. Por otra parte, la posibilidad de recuperar los territorios que Hungría había perdido al término de la primera guerra mundial, en la paz de Trianon (1920), le había ido acercando a Hitler, que desde 1939, a expensas de Checoslovaquia, Rumanía y Yugoslavia, favoreció sus reivindicaciones territoriales. El hecho es que en 1941, tras dos años de neutralidad teórica, Hungría entró en la guerra a favor del Eje.

En Roma, el encargado de negocios húngaro ante la Santa Sede, desde 1938 el barón Gábor Apor (1889-1969), fue a partir de aquel momento el representante de un país beligerante ante un estado neutral. Sin embargo, en junio de 1944, tras la liberación de Roma por los aliados, se encontró de pronto viviendo en un país, Italia, que había pasado de aliado a enemigo. Aunque acababa de renovar el alquiler de Villa Mazzoleni[33], se sintió obligado (también por una expresa indicación de la Santa Sede[34]) a trasladarse al Vaticano, igual que sus colegas de otros países del Eje. Simultáneamente, como a través de una puerta giratoria, los representantes de los países aliados (entre ellos, Harold Tittmann) estaban saliendo de su refugio en el pequeño estado del papa[35]. Villa Mazzoleni quedó provisionalmente bajo custodia de Suecia, potencia neutral[36].

Para entonces, sin embargo, Horthy, que se había convencido de la necesidad de dar marcha atrás, ya estaba negociando con los aliados. En marzo, de hecho, los alemanes habían tenido que presidiar el país para abortar sus planes. Finalmente, en octubre, cuando las tropas soviéticas se lanzaron al ataque de Hungría, el regente declaró el armisticio. Inmediatamente los alemanes ocuparon Budapest, impusieron un gobierno de férrea obediencia nazi –el gobierno Szálasy– y se llevaron prisionero a Horthy.

La situación de Apor, que desde el Vaticano se opuso decididamente a Szálasy (desde junio de 1944 era miembro de un Comité de Embajadores explícitamente contrario al nazismo que había fundado en Suiza su predecesor György Barcza[37]), no mejoró en los meses siguientes, con el avance ruso. En abril de 1945, un hecho especialmente doloroso para él fue la muerte violenta de su hermano Vilmos, obispo de Györ, víctima del desenfreno de los soldados soviéticos[38]. El hecho fue también doloroso, en otro orden de sentimientos, para la Iglesia húngara, y de modo inmediato para el nuncio, Angelo Rotta, pues monseñor Apor, personaje de valía, conuna trayectoria sacerdotal ejemplar, valiente opositor al nazismo, era uno de los candidatos naturales a la sucesión del arzobispo de Esztergom y primado de Hungría, el cardenal Serédi, recién fallecido[39]. Para el nuncio, sin embargo, sus horas en el país estaban contadas: dos días más tarde, el 4 de abril, la autoridad soviética de ocupación, a instancias de los comunistas locales, decretaba su expulsión[40].

La medida no era insólita en los países que estaban liberándose del nazismo: por ejemplo, en Francia, el año anterior, el general De Gaulle no había querido reconocer al nuncio Valeri, que había representado al Vaticano ante el régimen de Vichy. Además, ni siquiera era discriminatoria para la Santa Sede, pues desde el mes de enero, cuando en Moscú se habían firmado las bases del armisticio entre Rusia y el gobierno provisional de liberación, se había acordado que todos los diplomáticos acreditados ante el gobierno de Szálasy deberían abandonar el país, también los de los estados neutrales (Suecia, Portugal, Suiza, etc.); es más, Rotta fue el último en hacerlo[41]. Con todo, era siempre una medida injusta, dirigida además contra personas que se habían significado precisamente por su oposición al nazismo y por su ayuda a los hebreos perseguidos. Rotta había salvado a miles de ellos procurándoles alojamiento en establecimientos religiosos o extendiéndoles certificados de bautismo falsos; y el suyo no había sido un caso aislado entre los diplomáticos de estados neutrales destacados en Budapest: es conocida la historia del sueco Raoul Wallenberg, de trágico destino.

Aquella decisión soviética significaba la interrupción de relaciones entre Hungría y la Santa Sede. En Roma, de hecho, Apor, de quien el último documento que se conserva como encargado de negocios es de julio de 1944[42], ya no volverá a la sede de la legación en Viale Martiri Fascisti, ahora Viale Bruno Buozzi, aunque seguirá siendo un hombre de referencia para la comunidad húngara: en sus dos estancias romanas de 1945 y 1946, el nuevo primado y arzobispo de Esztergom, József Mindszenty, nombrado en septiembre de 1945, se entrevistó con Apor y sus colaboradores –en especial, el sacerdote Ferenc Luttor– para tratar con ellos sobre la suerte de la colonia húngara[43].

Ciertamente, las relaciones entre el Vaticano y Hungría podrían haberse recompuesto rápidamente con un poco de diplomacia por ambas partes, como se habían recompuesto en Francia[44], pero el curso de los acontecimientos tomó una dirección distinta, de contraposición y desconfianza. Según Mindszenty, fue él mismo quien convenció a Pío XII, deseoso de restablecer las relaciones, de que no diera ese paso. En las elecciones generales húngaras de noviembre de 1945 habían triunfado las fuerzas no comunistas, y el nuevo jefe del ejecutivo, Zoltan Tildy, había pedido a Mindszenty que transmitiera al papa el deseo de su gobierno –un gobierno de coalición, en el que por imposición soviética también los comunistas estaban representados– de que Rotta volviera a Budapest como nuncio. Mindszenty, que a primeros de diciembre viajó a Roma,cumplió el encargo, pero además se permitió comunicar al papa su opinión de que, «dadas las condiciones imperantes, un inmediato regreso del nuncio no sería una operación oportuna»[45]. Y su parecer prevaleció.

Cabe preguntarse qué hubiera pasado si el sucesor del cardenal Serédi hubiera sido el hermano de Gábor Apor en vez de Mindszenty, pero sería un ejercicio intelectual inútil, pues a medio plazo, incluso con una mayor disponibilidad vaticana a salir al encuentro de los requerimientos de Budapest, la viabilidad de una relación cordial duradera era muy escasa o nula. En la Europa de Yalta parecía claro que la suerte de Hungría y la de Francia no iban a ser iguales.

Entre tanto, el gobierno húngaro, que era todavía expresión de la voluntad popular democráticamente manifestada, jugaba sus bazas. Aunque de momento no podía tener relaciones diplomáticas con el Vaticano, desde junio de 1946 sí las tendrá con el nuevo estado italiano surgido de la guerra. La legación de Hungría en Italia trabajará con eficacia[46], y muy pronto pondrá en marcha diversas gestiones tendentes al entendimiento con la Santa Sede y al restablecimiento de relaciones[47]. En esta línea, y con el encargo teórico de custodiar el archivo de la sede diplomática húngara ante el Vaticano, en marzo de 1947 un consejero de la legación, Laszlo Pödör (1911-1984), se trasladará con su familia –su esposa Edit y dos hijos pequeños– a Villa Mazzoleni[48].

En esos meses, sin embargo, las condiciones para la reanudación de relaciones habían empeorado, en vez de mejorar. En julio de 1946, el ministerio del interior húngaro, dominado por el aparato comunista (en aquel momento su titular es Laszlo Rajk, más tarde víctima famosa de las purgas internas en el partido), ha disuelto las asociaciones juveniles católicas[49]. En enero de 1947, la policía detiene a varios exponentes del Partido de los Pequeños Propietarios, que lidera Bela Kovacs y al que pertenecen tanto Zoltan Tildy, ahora presidente de la república, como el primer ministro Ferenc Nagy. El 25 de febrero, Kovacs, persona particularmente estimada por Mindszenty, es detenidopor los comisarios rusos con la acusación de antisovietismo[50].

Por aquellos días, el fundador del Opus Dei, que buscaba casa en Roma, ya había puesto sus ojos en Villa Mazzoleni. Los «húngaros» que allí va a encontrar poco después, en el momento de la compra, son Pödör y su familia, más el personal de servicio (al menos, una criada y dos ujieres[51]).

Buscando casa: la necesidad de una sede central del Opus Dei en Roma (1946-1947)

La primera estancia romana de san Josemaría, entre junio y agosto de 1946, había estado motivada por la necesidad de obtener para el Opus Dei un reconocimiento pontificio[52]. Sin embargo, el logro –o al menos el encauzamiento– de aquel objetivo no supuso, a continuación, una «vuelta a casa», pues tras un breve intervalo en España el fundador viajó de nuevo a la capital de Italia el 8 de noviembre. Era claro que Roma no iba a ser una etapa fugaz en la vida de san Josemaría: estaba llamada a ser el lugar en el que en un futuro próximo se instalaría el gobierno central del Opus Dei. Pero para eso, entre otras cosas, era necesario disponer de una sede adecuada.

Cuando el fundador volvió a Roma, en el pequeño apartamento de Piazza della Città Leonina vivían otras cuatro personas: Álvaro del Portillo, Salvador Canals, Ignacio Sallent y, desde hacía cuatro días, Armando Serrano. Al cabo de tres meses llegaría un sexto inquilino, Alberto (Rino) Martínez Fausset[53]. A eso hay que añadir que en los últimos días de 1946 se instalan también allí ‒en una zona completamente separada del resto, de acuerdo con la praxis habitual en el Opus Dei‒ tres mujeres encargadas de la administración doméstica del centro: Julia Bustillo, Dora del Hoyo y Rosalía López. El piso era ya a todas luces insuficiente[54].

La cuestión de la casa, sin embargo, no nace entonces: se había planteado ya durante el primer viaje a Roma de san Josemaría[55]. El 31 de agosto, día en que vuelve a España con el beato Álvaro del Portillo, el diario de Città Leonina lo deja entrever al señalar que Salvador Canals e Ignacio Sallent, que se han quedado solos, «prometen apretar de firme para que pronto pueda volver D. Álvaro con la solución de lo de la casa definitiva en Roma»[56]. Apretar significa, en este caso, rezar y mortificarse. Es el mismo verbo que usa Álvaro del Portillo el día en que vuelve a Roma: «Entre las muchas cosas que nos ha contado D. Álvaro nos ha dicho que lo de la casa de Roma está en vías de solución pero que hay que apretar mucho»[57].

De lo anterior se desprende que durante el intervalo otoñal de 1946 las gestiones encaminadas a la obtención de una casa en Roma se habían hecho en España, no en Italia. Como luego se verá, se trataba, fundamentalmente, de gestiones económicas. A la vez, es evidente el hincapié en la oración. De la importancia que se le daba para el logro de la casa, y concretamente del apremio con que el fundador urgió a rezar a partir de su primer viaje a Roma, hay rastros abundantes a lo largo del diario. En febrero de 1949, cuando por fin se consigue acceder a la Villa Vecchia, el cronista de turno escribe: «Nos parecía casi mentira encontrarnos en las habitaciones que tanto tiempo hace deseábamos poder ocupar; hemos recordado aquella tanda de Molinoviejo, en 1946, ocasión en que se empezaron a ofrecer las primeras mortificaciones especiales por la casa de Roma, a petición del Padre»[58]. Molinoviejo es una casa de retiros cercana a Segovia donde el fundador del Opus Dei pasó algunos días en 1946, entre su primera y su segunda estancia en Roma, y donde, entre otras cosas, predicó un curso de retiro.

Desde el 24 de noviembre de 1946, la futura vivienda tenía nombre: Villa Tevere. «Durante la comida hemos estado bautizando la nueva casa: el Padre ha dicho que se llamaría “Villa Tevere”»[59]. Al principio, ese nombre se aplica, sobre todo, a un edificio que no es el que finalmente se adquirirá, sino otro que aquel mismo día 24 de noviembre, por la mañana, los cinco inquilinos de Città Leonina habían ido a ver: «Después de desayunar salimos todos en la “Culebra” [un coche comprado hacía poco, de segunda mano] y fuimos a ver la casa que está al lado de “Villa Albani” desde el exterior (por dentro el Padre, D. Álvaro y Salvador ya la han visto); el Padre dice que lo encomendemos mucho pues debidamente retocada puede irnos muy bien»[60]. Es posible que el interés por esta casa se remontara al verano: se sabe que sus dueños habían dado a un abogado el encargo de venderla ya en el mes de junio[61], y no es descabellado pensar que si en septiembre y octubre, durante su estancia en España, el fundador del Opus Dei tanto hace rezar y tanto hace buscar dinero con vistas a la adquisición de una vivienda en Roma es porque ya tenía conocimiento de alguna posibilidad concreta.

En las últimas semanas de 1946 y en las primeras de 1947 se habla de esta casa en el diario con frecuencia: se la llama unas veces Villa Tevere y otras Villa Albani. Naturalmente, no se trata del parque de Villa Albani, propiedad de la familia Torlonia, sino, como aclara esa primera referencia del 24 de noviembre, de una casaque estaba «al lado» de Villa Albani. Las señas del inmueble no aparecen en el diario, pero todo hace pensar que coinciden con las del actual Instituto Cervantes, un pequeño palacete con jardín situado en una calle sin salida que arranca de la Via Salaria y recorre el linde meridional de Villa Albani[62]. Esta calle se llama precisamente Via di Villa Albani: por eso, llamar «Villa Albani» a la casa no era, seguramente, un despropósito.

Según el diario de Città Leonina, la dueña no estaba del todo decidida a vender («tan pronto dice que sí como que no»[63]), y los abogados que trabajaban para ella eran poco fiables («están engañando a los dueños y haciéndonos perder tiempo, pues les hablan de ofertas de dinero que no existen con el fin de sacar cuartos»[64]). No es mucho más lo que sobre esa operación se puede saber a partir del diario, quizá porque quienes durante aquellos meses lo redactaban, Sallent y Serrano, eran los menos duchos en el tema: de las gestiones se encargaban fundamentalmente Salvador Canals y Álvaro Del Portillo.

Además de esa casa, otra en la que se pensó en aquellos momentos es Villa Spada, en el Gianicolo, que acabó siendo adquirida por el estado irlandés para su embajada ante la Santa Sede. San Josemaría hizo referencia a esa villa en una ocasión, algunos años más tarde: «Hubo un momento en que pensamos adquirir lo que ahora es embajada de Irlanda ante la Santa Sede; por fortuna, un amigo nos dijo equivocadamente que ya estaba vendida. Por fin encontramos esta casa, mucho mayor y más barata»[65]. Tras la compra de Villa Tevere, sin embargo, aquel airoso palacete del Gianicolo siguió jugando un papel importante en la vida de los antiguos inquilinos de Città Leonina, instalados ahora en Viale Bruno Buozzi. A lo largo de 1947 Villa Spada fue frecuentada con cierta asiduidad por Álvaro del Portillo, amigo del embajador irlandés Joseph Patrick Walshe[66], y por quienes vivían con él. Allí, un día en que don Álvaro fue invitado a celebrar misa en la capilla de la embajada, conoció a Franco Recchi, un joven licenciado en derecho que luego presentaría, entre otros amigos, a Francesco (Checco) Angelicchio, el primer italiano que se incorporará al Opus Dei[67].

La compra de Villa Tevere (1947)

Una oferta interesante

Naturalmente, a partir de cierto momento otra casa en liza fue Villa Mazzoleni. De ella se tuvo no­ticia el 7 de febrero, por una llamada telefónica de Virginia Sforza Cesarini (1907-1988), una amiga del propietario[68]. Se trataba de la segunda propuesta de esta señora, después de una primera que había resultado insatisfactoria, como relata Pilar Urbano: «La duquesa Sforza-Cesarini es una dama afable y encantadora, pero la oferta que les hace, en nombre de un tercero, no les inte­resa; entre otras razones, porque la casa está fuera de Roma. El Padre aprovecha la visita para hablar a esta señora de amor a Dios, de vida de oración, del valor del sufrimiento. Luego le explica qué es el Opus Dei, cuál ha de ser la envergadura de sus apostolados por el mundo entero y cómo esa tarea ha de bombearse desde el corazón de la Iglesia: Roma. Virgina Sforza ha quedado bien impresionada y se dispone a ayudar en la búsqueda del inmueble. Pocos días después vuelve a ponerse en contacto con ellos: “Tengo algo que me parece interesante”. Y lo es»[69].

Al día siguiente, 8 de febrero, hay ya una primera referencia a Villa Mazzoleni en el diario: «Después [de comer] salimos Salvador, Alberto, Ignacio y yo [Armando Serrano] para ver unas casas; vimos una en el Parioli que por ahora es, con Villa Albani, una de las que puede interesar. No pudimos ver la casa por dentro, que hasta ahora ha pertenecido a la Embajada de Hungría. Quedamos en verla mañana por la mañana»[70]. Y el día 9, en efecto, tiene lugar una visita más detenida: «A las once fuimos D. Álvaro, Salvador y yo con el Padre a ver la casa que vimos ayer tarde. Por ahora es, con Villa Tevere, la que parece más conveniente»[71].

Se convirtió en la más conveniente en absoluto en menos de un mes. «Hoy nos decía el Padre que hay que decidir inmediatamente la cuestión de la casa. Por ahora la que reúne mejores condiciones es la Legación de Hungría»[72], se anota en el diario el 8 de marzo. A finales de ese mes, las negociaciones para la compra de Villa Albani quedan interrumpidas, de modo no totalmente pacífico («D. Álvaro y Salvador les han cantado las cuarenta [a los abogados] para que nos dejen en paz»[73]), y se emboca ya claramente la opción por Villa Mazzoleni: «el Padre ha decidido que se trate de ocupar la [casa] de la Legación de Hungría»[74]. El 1 de abril, martes santo, Gori Mazzoleni acude a Città Leonina. Tras el paréntesis pascual, las reuniones se reanudan el día 8. Ayuda a Álvaro del Portillo y Salvador Canals el abogado Giulio Merlini (1896-1970). «Es un hombre honrado, muy listo»[75], anota el redactor del diario. Álvaro del Portillo dirá de él, muchos años más tarde, que «tenía una perilla muy simpática y era un hombre muy piadoso, muy bueno y competente jurista»[76]. Se le había conocido a través de dos claretianos españoles que trabajaban en el Vaticano, los padres Goyeneche y Larraona[77].

Sobre el desarrollo de las reuniones de los días 8, 9 y 10 de abril, que tuvieron lugar en casa de Merlini, hay un testimonio de Álvaro del Portillo, en el marco de una tertulia informal: «La solución que propusimos al dueño era descabellada: que nos hiciera el traspaso de la propiedad antes de recibir el precio, para poder hipotecarla y así empezar a pagar. Lógicamente, las discusiones eran larguísimas. Pedíamos un imposible: convencer a un señor de que dijese que su casa era nuestra, por escrito y con todos los documentos, para después hipotecarla y poderle pagar [...]. Esas gestiones las llevábamos don Salvador Canals y yo. Todos los días volvíamos con la cabeza hecha un bombo, de tanta discusión, de tanto razonar lo que era imposible»[78].

Aquel pulso, sin embargo, finalmente se venció. El 9 de abril, el diario, redactado por Armando Serrano, registra esta anotación: «Siguen las negociaciones para la compra de la casa que ahora son definitivas. Esto se ha conseguido a fuerza de mucha oración del Padre. Desde que estamos en Roma no creo se haya pasado un solo día en el que no nos hablara de este asunto. Con ejemplos como este se ve clara la necesidad de la perseverancia en la oración». Y casi a continuación: «Después de comer salió D. Álvaro con Salvador pues a las cuatro estaban citados en casa de nuestro abogado, Merlini, con Mazzoleni, dueño de la casa y su abogado para tratar del cambio de propiedad de la casa. Hacia las seis salí con el Padre a dar un paseo y fuimos hasta la casa de Merlini, llamé desde una tienda para saber si salían pronto y como aún tardaban volvimos a casa. A las nueve, después de llamarles por teléfono fui a buscarles con el coche y cenamos pasadas las nueve y media»[79].

Todavía faltaba otra larga reunión de trabajo, esta vez nocturna: «Hoy hemos cenado a las ocho pues a las nueve tenían D. Álvaro y Salvador que estar en casa de Merlini»[80], escribe Serrano al día siguiente. La reunión acaba después de medianoche, es decir ya en la madrugada del día 11, pero acaba con buen resultado: «D. Álvaro y Salvador que se reunieron anoche con los abogados para terminar la cuestión de la casa, han vuelto a casa a las tres y media de la madrugada. Por fin tenemos casa aunque no podamos hacer uso de ella pues tienen que salir de allí los húngaros. Según las leyes estos señores tienen que marcharse dentro de seis meses y el dueño se ha comprometido en dejar libre la casa a últimos de junio»[81].

En los días siguientes se tramitan algunos detalles secundarios. Del 14 de abril es una carta del portero, Donato Organai, que se compromete también a abandonar la portería el 30 de junio, aunque a la vez manifiesta el deseo de que se le conceda una prórroga[82]. Gracias a Merlini, que le consigue una portería en uno de los inmuebles de una sociedad cuyo consejo de administración preside[83], se irá el 10 de julio. El mismo día, el diario consigna la llegada de España, con vistas al ya inminente desembarco en la nueva casa, de otras dos personas: Salvador Moret y Javier de Silió [84].

El precio y la forma de pago

Los detalles técnicos de la compra de la casa no fueron simples, como bien muestran los recuerdos de Álvaro del Portillo que se acaban de referir. Los documentos legales sobre la operación conservados en el archivo de la Prelatura son numerosos y ricos en matices. Algunos tienen fecha anterior al acuerdo del 10 de abril. Por ejemplo, del 1 de marzo hay una carta de Álvaro del Portillo, como procurador general de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, al secretario de la Congregación de Religiosos, a quien pide permiso para proceder a la compra de Villa Mazzoleni[85]. Y del 25 de marzo hay un acta notarial de un primer acuerdo de compraventa. Según ese documento, que parece haber sido redactado retroactivamente, el precio inicialmente acordado ascendía a 6.183.200 liras, de las que 6 millones ya habían sido pagadas y las restantes 183.200 iban ser satisfechas por medio del pago de una hipoteca que el conde tenía pendiente de saldar[86]. El 10 de abril, en cambio, tras «una más adecuada valoración» posterior («a seguito di ulteriore e più adeguata valutazione»), Álvaro del Portillo y Mario Gori Mazzoleni fijan el precio de la villa en 50 millones de liras[87]. Con fecha 11 de abril extienden aún otro documento en el que declaran que el precio acordado equivale a 75.000 dólares: 10.000 deben ser pagados en Roma y el resto en Zurich, en el plazo de tres meses. En este tercer documento se da razón de los 6 millones de liras que, según el acta del 25 de marzo, ya han sido pagados: se afirma que han sido devueltos y sustituidos por 500 dólares oro y un cheque de 25.000 francos suizos extendido por Rafael Calvo Serer –un miembro del Opus Dei activo por aquellos años en Suiza–, todo lo cual será retenido como fianza del primer pago de la casa, fijado, como se ha dicho, en 10.000 dólares[88].

En su alambicada formulación, estos tres documentos arrojan luz sobre unas palabras de Álvaro del Portillo recogidas en la Positio de la causa de canonización de san Josemaría; o, mejor dicho, reciben luz de esas palabras: «El Padre me indicó que fuera a ver al propietario, y tratara de convencerle de que se conformara con un adelanto de unas monedas de oro, y que el resto se lo pagaríamos en el plazo de uno o dos meses. En efecto, disponíamos entonces de algunas monedas de oro, que el Fundador del Opus Dei guardaba para hacer un vaso sagrado. Fui a ver a ese señor con esta propuesta, mientras el Padre se quedaba en casa rezando intensamente. La entrevista fue un éxito, aunque el propietario exigía que el pago se hiciera en francos suizos. Cuando se lo comenté al Padre, me respondió: “¡qué más nos da! Nosotros no tenemos ni liras, ni francos; y al Señor le da igual una divisa que otra”»[89]. Los 500 dólares oro de que habla el tercer documento eran, en definitiva, esas monedas de oro; y el cheque de Calvo Serer, un primer pago en francos suizos[90].

A pesar de las dificultades, el pago de la casa se pudo satisfacer poco después en los términos convenidos. Del 24 de mayo es un documento que da fe de la entrega de los 10.000 dólares previstos para rescatar la fianza[91]; del 20 de junio, otro que hace constar la de los 65.000 restantes[92]. Este último pago, según lo estipulado, se realizó en Zurich, adonde se trasladó expresamente desde Madrid un miembro del Consejo General del Opus Dei, José Luis Múzquiz: la cuestión económica, que había sido, por encima de otros escollos y problemas, la gran dificultad para la adquisición de «la casa de Roma», en aquel momento solo podía resolverse desde España, donde no faltaban bienhechores a los que pedir que asumieran, cada uno en la medida de sus posibilidades, la compra de la villa[93].

Podía parecer que con este pago los problemas económicos habían quedado finalmente superados. No era así: van a volver a presentarse, a escala mucho mayor,al cabo de muy poco tiempo, cuando se acometan las obras de adaptación de la villa. Pero una etapa sí se había cerrado.

En esta primera etapa, junto a la habilidad de Álvaro del Portillo y la pericia de Salvador Canals[94], había brillado, sobre todo, la fe de san Josemaría. Como Virginia Sforza Cesarini, también quienes convivían con él en Città Leonina se sintieron poderosamente removidos por esa fe. Álvaro del Portillo lo declaró expresamente en muchas ocasiones. Lo pone también de manifiesto un testimonio que escribió Ignacio Sallent en 1975: «Tuve ocasión de acompañar al Padre y a D. Álvaro a visitar muchas casas, a medida que a través de personas amigas u otros medios se tenía noticia de alguna villa en venta. Lo que me impresionó particularmente en esta circunstancia fue la confianza del Padre en la Providencia de Dios, mientras no dejaba de poner ningún medio humano [...]. El Padre iba descartando todas las casas que se fueron viendo, sobre todo porque no reunían la condición de poder ser sede definitiva de la Casa Central por falta de terreno, dentro de unos límites económicos alcanzables en aquel momento. Recuerdo que el Padre dijo alguna vez, no literalmente, que él no podía permitirse resolver las cosas del modo más fácil y que luego quien le sucediera tuviese que cargar con el peso gravoso de resolverlas nuevamente. El Padre deseaba encontrar a toda costa, y a pesar de la penuria de medios, la casa que pudiera ser definitiva, para siglos»[95].

La entrada en Villa Tevere

El 15 de julio por la mañana, Javier de Silió y Rino Martínez tomaron posesión de la casa de Gori Mazzoleni, que les mostró todas las dependencias y les entregó las llaves. Por la tarde fueron sustituidos por Sallent y Moret, que durmieron allí. En los días siguientes se sucedieron los turnos de retén, hasta el 22, en que se realiza la mudanza. Del 22 al 26 todavía Sallent y Serrano permanecen en el piso de Città Leonina, que se abandona definitivamente el 27. El 25, ya con el traslado terminado y habiendo dejado al Santísimo en el oratorio, Josemaría Escrivá regresa a España[96], donde pasará los cuatro meses siguientes.

El edificio que ocupaban era el que se asomaba a Viale Bruno Buozzi, es decir, la vivienda secundaria de la Villa Mazzoleni, donde hasta entonces se había alojado el conde. También disponían de la casa del portero, adosada a la anterior, así como de una cabina eléctrica en medio del jardín que en los dos años siguientes dará mucho de sí: pese a su modesto nombre, en efecto, la cabina será dormitorio múltiple, sala de estudio y sala de estar. Por último, en la casa principal podían contar con dos desvanes o soffitte –serán designados habitualmente con el término italiano– que Gori Mazzoleni se había reservado al alquilar la villa a la legación de Hungría[97]. Sin embargo, ese edificio principal (salvo esos dos desvanes), aunque sea ya propiedad de la Procura del Opus Dei, de momento no va a poder ser utilizado: por algún tiempo va a haber que resignarse a que siga ocupado por el consejero Laszlo Pödör y su familia, en régimen de alquiler.

En las dependencias inmediatamente disponibles se habían realizado obras ya en los primeros días de presencia en la casa, incluso antes del traslado del 22 de julio. Esto explica, entre otras cosas, que el 25 hubiera ya un oratorio y que la cabina funcionara como dormitorio desde el primer momento. Además, se había abierto un paso directo entre la casa del conde y la portería. «La tormenta se avecina. Romagnoli Pietro, el encargado de las pequeñas obras que se van a realizar, ha venido para recibir las instrucciones oportunas. Derribar un tabique y hacer un arco de comunicación entre la portería y la casa; hacer una ducha y otras pequeñeces que, seguramente no resultarán tan pequeñas»[98], escribe Rino Martínez el día 19 en el diario. Y el 21: «A las 8½ se han presentado algo así como 10 hombres para trabajar [...]. Simultáneamente, pues el tiempo nos apremia, el albañil derriba, el pintor retoca lo más indispensable y el electricista tiende cables telefónicos entre la casa y una cabina eléctrica –formidable habitación– donde dormiremos cuatro»[99].

La controversia húngara (1947-1949)
La vía diplomática

Al principio, lo que polariza la atención de los nuevos inquilinos de la casa del conde son los vecinos húngaros, inamovibles en su decisión de conservar el uso del edificio noble. Ya antes del traslado, además de rezar para que se fueran[100], habían acometido algunas gestiones a alto nivel. El 7 de junio, el embajador español ante la Santa Sede, Pablo de Churruca, refiere a Álvaro Del Portillo que ha hablado de la cuestión con monseñor Montini, quien se ha mostrado dispuesto a intentar obtener el desalojo por cauces diplomáticos[101]. Montini también había sido directamente informado y requerido por el propio don Álvaro[102], pero convenía seguir la vía oficial.

En esta línea, el 29 de julio se envía a Montini una nota que ha preparado el abogado Merlini para el marqués de Taliani, jefe de protocolo del ministerio italiano de Asuntos Exteriores. Esa nota, que va a ser transmitida por el embajador Churruca[103], expone que el barón Apor había renunciado al derecho, reconocido por la ley, de prorrogar su contrato de alquiler, ante lo cual la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz había comprado el inmueble. Merlini, en nombre de sus clientes, propone que el edificio sea desocupado el 1 de octubre, y como prueba debuena voluntad ofrece pagar los gastos de alojamiento de la familia Pödör mientras tenga que vivir en un hotel[104].

Taliani acusa recibo enseguida y se muestra dispuesto a intervenir, pero pide que se le mande una petición formal de la Secretaría de Estado de la Santa Sede[105]. Del Portillo, que había acudido no solo a Montini, sustituto de la Secretaría de Estado, sino también a monseñor Domenico Tardini, secretario de la Sección de Asuntos Extraordinarios, se estaba moviendo, por tanto, en la buena dirección. El 13 de agosto, Tardini recibió a Álvaro del Portillo y le entregó una carta autógrafa para Taliani: en ella declaraba que ya no existía una legación húngara ante la Santa Sede y pedía que se permitiera a la Procura del Opus Dei tomar posesión de su casa[106].

Mientras el ministerio de Asuntos Exteriores hacía sus consultas, Álvaro del Portillo comenzó a negociar directamente con la legación húngara ante la república italiana. Dos veces acudió en agosto a la sede de la legación, según el diario de Villa Tevere. Su interlocutor es el encargado de negocios István Kertész, aunque en la segunda entrevista también Pödör está presente (asimismo, a Álvaro del Portillo le acompaña Salvador Canals). Kertész se muestra conciliador y cordial[107]: solo pide un plazo de diez días para informar a Budapest de la situación que se ha creado y dar una respuesta de parte del gobierno[108]. Sin embargo, antes de que pasen los diez días Kertész es cesado. Al cabo, la respuesta del gobierno húngaro, que llegará a mediados de septiembre, será decepcionante. En ausencia de Álvaro del Portillo, la recibe Canals: «Babo [Salvador Canals] estuvo charlando con Pödör antes de comer. El gobierno húngaro ha dado respuesta: está dispuesto a abandonar nuestra casa en cuanto esté libre otro edificio húngaro de Roma que actualmente está “ocupado de facto” por unos inquilinos que no se quieren marchar»[109].

Las pocas esperanzas que esa resolución aún permitía abrigar se vinieron abajo al mes siguiente. El 9 de octubre, Canals y Merlini visitan a Taliani, que les dice que sin duda el nuevo representante diplomático húngaro, Laszlo Velics, va a resolver la cuestión rápidamente[110]. El día 14, sin embargo, cuando Álvaro del Portillo y Salvador Canals se entrevistan con él en la legación de Hungría lo encuentran «mucho menos tratable que el anterior»[111]. Dos días después, tras una nueva visita con Merlini al ministerio de Asuntos Exteriores, Canals tiene que registrar que se ha producido un «cambio de decoración»: el nuevo titular de la legación de Hungría, escribe, «tiene vara alta en el Ministerio y nos ha minado el terreno»[112]. Ese mismo día, Montini envía la respuesta que ha recibido del ministerio, que confirma esa impresión de Canals: el gobierno húngaro ha declarado oficialmente su intención de conservar los locales de su antigua legación ante la Santa Sede, y Pödör se encuentra allí porque se le ha encomendado la custodia del archivo de la legación, que por tanto debe seguir siendo considerada por el gobierno italiano una sede diplomática inviolable. Junto con esa información, Montini añade la sugerencia de que, en vista de que la vía indirecta se ha cerrado, se negocie directamente con la legación húngara[113].

Como se ha visto, eso ya se estaba haciendo, pero de momento los resultados no eran alentadores. Más aún, la indisposición al diálogo que Velics había mostrado en la reunión del día 14 había provocado cierta indignación: «encima de pedir como condición para marcharse de aquí el que nosotros consigamos “liberarles” un edificio húngaro en Roma a que ya habían aludido el mes pasado, exigen también que paguemos nosotros los gastos de adaptación de ese edificio para Legación»[114].

Villa Tevere y Villa Fraknói

Ese otro edificio es Villa Fraknói, actual sede de la embajada de Hungría ante la Santa Sede. Se trata de un elegante palacete situado en el barrio Nomentano que había sido construido a finales del siglo XIX por monseñor Vilmos Fraknói (1843-1924), canónigo de Nagyvárad y estudioso del Archivo Secreto Vaticano, con el fin de acoger a artistas e intelectuales de su país que transcurrían periodos de formación en Roma. En 1912, Villa Fraknói fue cedida al estado húngaro, pero este en 1928 adquirió, para esa misma función, un edificio mucho más suntuoso: el palacio Falconieri, en la via Giulia, donde quedó instalada –y ahí sigue en nuestros días– la Academia de Hungría. El gobierno de Budapest puso entonces Villa Fraknói en alquiler, y en 1929 encontró un inquilino en la persona del empresario Filippo Merlini, que contrató su uso como sede de una compañía pesquera de la que era presidente (la SAPRI, Società Anonima Pesca e Reti Italiana) y como vivienda[115].

En noviembre de 1946, el estado húngaro había decidido recuperar el uso de aquella villa, y a tal efecto el ministerio de Asuntos Exteriores había dado instrucciones a algunos funcionarios de la legación en Roma para que, previa la rescisión del contrato de alquiler con Merlini, se mudaran a ella, como primer paso para el traslado de la sede de la legación, que se encontraba entonces en un local alquilado. Las cosas, sin embargo, no resultaron tan fáciles como se había previsto. El 12 de agosto de 1947, es decir, precisamente en el momento en que la negociación sobre Villa Mazzoleni había entrado en su punto más vivo, el director de la Academia de Hungría informaba al gobierno de Budapest de que Filippo Merlini no había desalojado Villa Fraknói y, por desgracia, la ley italiana vigente, más favorable a los inquilinos que a los propietarios, le amparaba[116]. Debió de ser entonces cuando alguien tuvo la idea de introducir Villa Fraknói como moneda de cambio en las negociaciones sobre Villa Mazzoleni. Pero, naturalmente, si para los propietarios era difícil desalojar al inquilino, mucho más lo iba a ser para terceros. En noviembre de 1947, Giulio Merlini se entrevistó con su homónimo, que no pariente[117], Filippo Merlini, sin más resultado que convencerse de que este no tenía ninguna intención de irse de Villa Fraknói[118].

La situación en Villa Tevere, complicada por esa negociación paralela, parecía estancada. Naturalmente, la legislación sobre alquileres favorable a los inquilinos no solo beneficiaba a Filippo Merlini en Villa Fraknói. Era también un buen pretexto en manos de la representación diplomática húngara en Roma para no abandonar la antigua Villa Mazzoleni. Lo pone de manifiesto una carta de los abogados de la legación que argumenta brillantemente los derechos de esta: los decretos del gobierno italiano del 10-XII-1945 y del 27-II-1947, explican los abogados, reconocen al inquilino el derecho de prórroga salvo en caso de cambio de vivienda o de cese de actividad, y la legación ante la Santa Sede no ha cesado su actividad, simplemente está vacante[119]. Esto último era una tesis discutible, para la que no se aducía más fundamento que un artículo publicado en Il Quotidiano, órgano de la Acción Católica[120], pero encontraba respaldo en ciertos ambientes diplomáticos: tanto Taliani como monseñor Borgongini Duca, nuncio ante el Quirinal, habían comunicado ya en agosto a la legación de Hungría en Roma que la carta con la que Tardini había declarado que no existía una representación húngara ante la Santa Sede había de ser considerada un documento privado, no una toma de posición oficial[121].

Pasó así el plazo del 14 de noviembre, fecha en que teóricamente expiraba el contrato de alquiler estipulado en 1944 por Apor, sin que Pödör abandonase la «casa grande», como llamaban al edificio noble de la finca sus vecinos, los habitantes de la «casa pequeña». Lo que estos percibían de la legación de Hungría en concepto de alquiler debía de ser un consuelo bien magro[122].

Una guerra de nervios

De hecho, los nuevos habitantes de la casa del conde, ahora Procura de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei, estaban viviendo su forzosa convivencia con los vecinos húngaros con una actitud que no siempre era de simple resignación. Es más, en un primer momento, llevados de juvenil insolencia, habían iniciado por su cuenta una pequeña guerra de nervios. Cantaban a voz en grito en el jardín, o bien irrumpían ruidosamente en las soffitte a las que tenían derecho de acceso[123]: cada vez que la señora Pödör se quejaba de estos dispetti (desaires), se confirmaban en el convencimiento de estar alcanzando su objetivo. Un día, alentados por una expresa recomendación de monseñor Tardini de proseguir por esa vía[124], actuaron de modo más directamente intimidatorio. Los Pödör habían salido por la noche, y al regresar a casa se encontraron con la cancela cerrada con cadena y candado. «Furiosos forcejearon durante un rato inútilmente con la cancela de hierro: la cadena no cedía», relata el diario. «Se pasearon durante casi media hora por el viale Bruno Buozzi, mientras Álvaro, Teodoro [Ruiz, de paso en Roma], Salvador y Babo (que se habían despertado con el ruido) les contemplaban desde las ventanas de casa. Y allí hubiesen pasado la noche los Pödör de no ser por el ujier joven que en aquel momento llegó de la calle y traía la llave de la puertecilla de la via di Villa Sacchetti. Aún se les oyó ir y venir varias veces por el jardín. Debían estar furiosos porque [...] pusieron un palito en el pulsador del timbre de via Villa Sacchetti para que sonase ininterrumpidamente. Babo tuvo que salir a quitarlo»[125].

Al día siguiente, aquel mismo «ujier joven» se presentó en la casa pequeña de parte de Pödör, quien hacía saber que dispararía a sus vecinos como a ladrones si seguían los actos hostiles. Álvaro del Portillo respondió con entereza que no reconocía ningún derecho al consejero Pödör, a quien consideraba un ocupante de facto; que iba a cambiar la cerradura de la entrada de Via di Villa Sacchetti; que seguiría poniendo la cadena en la cancela del jardín todas las noches a las once; y que en adelante no admitiría más mensajes de Pödör a través del ujier[126].

Afortunadamente, pocas horas después tuvo lugar la primera reunión en la legación húngara. Hubo un esfuerzo común de conciliación, y a la vuelta a casa Álvaro del Portillo indicó que se pusiera término a los dispetti: «cuando llegó a casa a la hora de comer nos anunció la tregua para que la observásemos»[127]. De hecho, la «tregua» se mantuvo y las relaciones mejoraron sensiblemente. Un domingo, cuando estaba saliendo de su casa con un traje especialmente elegante, Pödör vio cómo a sus jóvenes vecinos, que jugaban a fútbol en el jardín, se les quedaba colgado el balón en la copa de un árbol, y sin pensárselo dos veces trepó ágilmente al árbol y se lo devolvió. Otro día, Armando Serrano ayudará a Pödör, conductor novel, a sacar el coche del garaje[128].

El 22 de agosto, sin embargo, Pödör había comunicado a sus superiores que deseaba irse de Villa Mazzoleni, donde su familia se sentía incómoda. A la vez, había manifestado sus reservas acerca del mantenimiento de aquella sede, tanto por una cuestión de derecho, pues sabía que Apor se había comprometido con Mazzoleni a no renovar el alquiler en el caso de que la villa cambiara de propietario, como por el hecho de que, separada de la calle por aquel otro edificio habitado por «españoles», no resultaba adecuada como representación diplomática húngara[129].

La entrega de la Villa Vecchia

Los Pödör se marcharán de Villa Tevere al cabo de un año, pero serán sustituidos por otra familia[130]: el gobierno de Budapest seguía interesado en mantener a toda costa aquella posición. Mientras tanto, sin embargo, la historia de Hungría iba tomando un sesgo decididamente poco propicio al restablecimiento de relaciones con el Vaticano. Contra lo pactado en los acuerdos de paz, las tropas soviéticas seguían en el país, difiriendo la soberanía de este, requisito que el Vaticano consideraba irrenunciable para la negociación[131]. En mayo de 1947, el primer ministro Ferenc Nagy había sido destituido con una acusación artificiosa –una trampa urdida por los comunistas–, y en su lugar había sido instaurado un «gobierno de marionetas»[132] a cuyo jefe, Lajos Dinnyés, el escritor Sándor Márai calificará como «un errabundo y cínico político que no valía para nada y que llegó a reconocer, con una mezcla de sinceridad y gallardía, en una noche de copas con sus amigos íntimos: “¡Ya os podéis hacer una idea de por dónde va este país si me nombran a mí primer ministro!”»[133]. Tres meses después hubo elecciones –una «farsa electoral»[134], según Mindszenty–, y el bloque socialcomunista, en el que el Partido de los Pequeños Propietarios había acabado por integrarse, obtuvo una clara mayoría, pero en él la fuerza dominante era ahora el sector comunista y prosoviético, dirigido por Mátyás Rákosi, que poco a poco se hará con las riendas del país y desde agosto de 1949, tras la proclamación de la República Popular de Hungría, lo gobernará directamente.

Aun así, el gobierno húngaro seguía teóricamente interesado en tener algún tipo de representación oficial ante el papa, función para la que había designado a Joszef Cavallier, un católico posibilista. Sin embargo, Cavallier no parece haber dado ningún paso para entrar en contacto con el Vaticano, si nos atenemos a las palabras de Mindszenty: «Cavallier, antes periodista y entonces marioneta en manos de los comunistas, no ocupó nunca un puesto como “enviado” a la Santa Sede, aunque sí hiciera efectivos sus honorarios por tal cargo»[135]. Por otra parte, el secretario del partido comunista, Rákosi, tenía su propia agenda, yhabía decidido que 1948 era el año en que había que eliminar lo que él llamaba «la reacción clerical»[136]. El acoso a la Iglesia, con el objeto de someterla a la tutela del estado, se endurece paulatinamente, y el 26 de diciembre es detenido Mindszenty, que inicia así su largo viacrucis de juicio y cárcel.

Una consecuencia de todo aquello era que cada vez resultaba más insostenible la pretensión de retener la Villa Vecchia en nombre de una presunta representación diplomática húngara ante la Santa Sede. En diciembre, Tardini vuelve a declarar expresamente, esta vez en carta al fundador del Opus Dei, que tal representación diplomática ya no existe: «mi pregio di comunicare alla Signoria Vostra Reverendissima che attualmente non esiste Legazione di Ungheria presso la Santa Sede»[137]. Se trata, seguramente, de un documento destinado a respaldar una demanda que Giulio Merlini había presentado el 3 de junio ante el juzgado civil de Roma contra el ministerio de Asuntos Exteriores húngaro[138]. Sin embargo, en aquel momento esa demanda ya había sido retirada, pues mientras tanto las negociaciones entre las dos partes en litigio habían proseguido.

En el Archivo Nacional Húngaro, de Budapest, se conserva un interesante documento de noviembre de 1948: un informe del consejero György Szekeres, el sustituto de Laszlo Pödör en Villa Mazzoleni, para el ministerio de Asuntos Exteriores húngaro[139]. Según ese informe, a aquellas alturas de 1948 ya había un acuerdo para entregar la villa el 1 de febrero de 1949[140]. Entre las consideraciones que hace Szekeres, cabe mencionar la admisión de que, «con la llegada del invierno y el comienzo del curso escolar, los dueños del edificio han llegado a encontrarse en una situación de verdadera necesidad». Reconoce asimismo el consejero húngaro que desde hacía tiempo la ocupación de la casa no tenía más fundamento jurídico que lo que él llama «la prohibición italiana del desahucio». Por lo demás, se muestra satisfecho de lo que ha obtenido a cambio de su marcha: por una parte, la demanda judicial ha sido retirada; por otra, los nuevos propietarios de la villa le pagarán cuatro años de alquiler de un piso en el Viale Gorizia, una buena calle entre el Corso di Trieste y la Via Nomentana, y asumirán los gastos de la mudanza. En febrero de 1949, según lo previsto, Szekeres y su familia se irán de la villa, como sabemos. Y se irán de modo amable, incluso con intercambio de regalos con sus vecinos de la casa pequeña[141].

La poliédrica cuestión húngara siguió viva en los años siguientes, pero el resto de la historia es anécdota, no afecta a este relato sobre Villa Tevere. Baste decir que, en su propósito de ocupar Villa Fraknói, la legación húngara en Roma se dirigirá en 1951 al Ministerio de Asuntos Exteriores italiano[142], y más tarde a los tribunales de justicia. Sus esfuerzos obtendrán resultado solamente en 1960, con el desahucio forzoso de Filippo Merlini[143]. Para entonces, pocos de los personajes de esta historia siguen en Roma. Luttor y Kertész han emigrado a Argentina y a Estados Unidos respectivamente, y el primero ha muerto. También Velics ha muerto, en una pequeña ciudad del norte de Hungría, tras haber sido castigado por «anticomunismo», en 1950, con la pena de deportación. Pödör, militante comunista,ha sido igualmente víctima de las purgas: internado en 1950 en un campo de prisioneros, ha salido con vida al cabo de tres años y medio, y desde 1955 trabaja en Budapest como traductor de francés[144]. Gyorgy Szekeres, que parece haber sido el delator de Velics, ha sufrido a su vez una condena de seis años de cárcel tras los primeros ensayos de desestalinización en 1953[145]. Sigue en Roma, en cambio, donde morirá en 1969, Gábor Apor, el último representante de Hungría ante la Santa Sede. Es gran canciller de la Orden de Malta de 1952 a 1958, y embajador de la Orden de Malta en Roma de 1956 a 1969. Hasta 1964, cuando Hungría y el Vaticano firman un modus vivendi, es una voz muy escuchada en la Santa Sede en relación con las cuestiones húngaras[146].

Los años del Pensionato (1947-1955)

Tras el desalojo de la casa grande por los funcionarios húngaros, el recinto de Villa Tevere, ya totalmente ocupado por los componentes de aquel primer núcleo romano del Opus Dei, constaba de tres edificios claramente diferenciados: casa grande, casa pequeña o pabellón (resultado de la unión de la vivienda del conde y la portería) y cabina[147]. Esta última fue muy pronto demolida para dejar espacio a las nuevas construcciones[148], pero la casa pequeña o Pensionato (es decir, Residencia de estudiantes), como desde 1949 comienza a ser llamada[149], siguió en pie hasta 1955 y fue de hecho, durante bastante tiempo, el centro neurálgico de Villa Tevere. Una anotación del diario ayuda a imaginar lo que debía de ser aquella casa (en particular, la planta baja) cuando se había comenzado a habitar, en 1947: “Después de comer Armando filmó varias escenas de vida de familia: la tertulia, una partida de bolos [en el jardín],... y también la Procura, el cuarto del director [Salvador Moret], la escalera y el comedor”[150]. San Josemaría, al volver de España en noviembre de 1947, había estado durmiendo en la habitación denominada Procura; Álvaro del Portillo, en el hall; Armando Serrano, en un pasillo; los demás, en la cabina. Antonio Fraile, que había llegado a Roma el 9 de octubre de 1947, durmió en la antigua portería. La cama plegable era la norma[151].

La Procura

Durante el día, en la Procura solían trabajar Álvaro Del Portillo, procurador general del Opus Dei, y Salvador Canals, además de san Josemaría. En febrero de 1949, en cuanto el edificio noble quedó libre, la Procura se trasladó a él, y lo que hasta entonces era Procura, en la casa pequeña, pasó a ser la habitación del director del centro. Del Portillo y Canals se instalaron en la villa, y con ellos Alberto Taboada, que había llegado de España a finales de 1947 para ayudar a don Álvaro en su trabajo en el Vaticano[152]. El fundador, que estaba a punto de marchar de nuevo por algunos meses a España, de momento no cambió de habitación[153]: lo hizo a la vuelta. En todo caso, quedaron disponibles en la cabina y el Pensionato algunos metros cuadrados que fueron rápidamente absorbidos por nuevas exigencias, pues como había escrito el consejero Szekeres, la situación era de verdadera necesidad (en enero, cuando Pere Turull, un estudiante catalán, había llegado a Villa Tevere, Sallent había tenido que trasladarse a la casa de Luigi Tirelli, uno de los jóvenes italianos que en los meses anteriores se habían incorporado al Opus Dei[154]).

Cuando comiencen las obras de construcción de nuevos edificios, uno de los primeros objetivos será el local llamado precisamente Procura, un apéndice de la casa grande en dirección a la Via di Villa Sacchetti: que la villa había de reservarse para el Consejo General y no para la Procura es algo que Escrivá de Balaguer había dejado sentado hacía ya tiempo[155]. El edificio de Procura quedará terminado en septiembre de 1951[156]. Entonces aún faltaban cinco años para que el Consejo General del Opus Dei se trasladara a Roma, pero en aquel momento era necesario contar ya con un lugar donde, en consonancia con el carácter que poco a poco la Procura había ido tomando, fuera posible recibir a determinadas personalidades[157]. La Procura no iba a ser ya, por tanto, un lugar habitual de trabajo. De hecho, aunque por unos años mantenga el cargo de procurador general del Opus Dei, Álvaro del Portillo trabajará siempre en la villa, donde seguirá siendo el principal colaborador de san Josemaría. En 1956, con el traslado del Consejo General de Madrid a Roma, pasará de procurador a secretario general del Opus Dei.

Las incidencias del trabajo en la Procura y luego en la villa durante esos años no son objeto de este artículo, que se ciñe a la historia exterior, visible, del inmueble en el que se aloja lo que hoy es la curia prelaticia del Opus Dei. Baste decir que ese trabajo oculto era de importancia capital. Una anotación de Álvaro del Portillo en un cuaderno del diario de Città Leonina, referida a los últimos meses de vida en aquel piso, debe hacerse extensiva también, seguramente, a los primeros años de Villa Tevere: «Este diario corresponde a una época de mucha intensidad de trabajo, de muchas peticiones a Dios, de muchas alegrías y de no pocos sinsabores: no está bien reflejada en las siguientes páginas, porque en general se hacía que no trascendieran a todos gran número de asuntos que debían permanecer dentro del ámbito de la Procura de la Obra. Por eso no se recoge más que el movimiento superficial y externo: y esto de tal manera que se da una impresión falseada de meses que han sido vividos tan intensamente, llenos de trabajo tan duro. Roma, 15-VII-47. Álvaro»[158].

Los primeros miembros italianos del Opus Dei

De esa actividad externa de Villa Tevere, lo que más atención merece en el diario a partir de 1948, cuando la controversia húngara, aun siguiendo en pie, prácticamente desaparece de él, es la labor formativa que se lleva a cabo con estudiantes italianos. Siempre, desde los primeros momentos de presencia de miembros del Opus Dei en Roma, se habían hecho esfuerzos en esa dirección, pero desde que Franco Recchi y Checco Angelicchio empiezan a llevar a sus amigos a la casa de Viale Bruno Buozzi, en el otoño de 1947, el ritmo de la labor apostólica se acelera.

En los dos primeros meses de 1948 solicitaron la admisión en el Opus Dei tres de aquellos jóvenes: Renato Mariani, Luigi Tirelli y Mario Lantini[159]. Serán bastantes más los que lo harán en los tres años siguientes, hasta que en noviembre de 1950 se abra otro centro en Roma y Villa Tevere limite su función a la de sede central de gobierno y de formación del Opus Dei: entre otros, Umberto Farri, que años más tarde formará parte del Consejo General del Opus Dei y será el fundador del Istituto per la Cooperazione Universitaria (ICU); el ecuatoriano Juan Larrea, que era hijo del embajador de su país ante la Santa Sede y que con el tiempo, tras la ordenación sacerdotal, llegará a ser arzobispo de Guayaquil; y Francesco (Franz) D’Agostino, que vive en Holanda desde 1964 y desde 1972 es sacerdote[160].

Muchos otros jóvenes participaron en esos años en la labor formativa del Pensionato sin llegar a ser del Opus Dei. Algunos de aquellos estudiantes han sido después personajes conocidos en la vida pública italiana: es el caso, por ejemplo, del historiador Pietro Scoppola, y en mayor grado el del jurista Vittorio Bachelet, asesinado por las Brigadas Rojas en 1980, y el del doctor Renato Buzzonetti, que será médico papal con Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI[161].

Pronto quedó constituida una circunscripción propia, la región italiana del Opus Dei, con Álvaro del Portillo como consiliario y Salvador Canals y Salvador Moret como miembros de la Comisión Regional[162]. Siguiendo una experiencia que en la inmediata posguerra española había dado buen resultado, Del Portillo promovió la realización de numerosos viajes a otras ciudades de Italia, en los fines de semana, para dar a conocer el Opus Dei entre la juventud universitaria. En esos viajes participaron tanto quienes habían venido a Roma desde España como los italianos que se habían incorporado al Opus Dei en el Pensionato. Los frutos no se hicieron esperar[163], y a finales de 1949 ya se pudieron abrir centros del Opus Dei en Palermo y Milán. Como se ha dicho, en noviembre de 1950 se abrió otro más en Roma, y a él se trasladaron quienes, en la ciudad, dependían de la región italiana, de la que ahora va a estar al frente el recién ordenado Salvador Moret[164]. La nueva casa se encontraba en la Via Orsini, al otro lado del Tíber. Allí estuvo la Comisión Regional hasta 1958, cuando se trasladó a Milán[165]. Después, el villino de Via Orsini ha seguido funcionando como centro del Opus Dei: actualmente es la sede del vicario de la delegación de Roma.

El Colegio Romano de la Santa Cruz

Otro dato «externo» emerge con nitidez de las páginas de los diarios: desde el primer momento, los miembros del Opus Dei que se trasladan a Roma, sin excluir otras actividades (estudios civiles, investigación científica, representación comercial, enseñanza del español, etc.[166]), realizan estudios eclesiásticos en los ateneos pontificios, concretamente el Laterano o el Angelicum. Como en esos centros académicos las enseñanzas se impartían en latín, se programaron muy pronto clases de la lengua oficial de la Iglesia en Villa Tevere. El ambiente de formación teológica y espiritual que de ese modo nace es algo deliberadamente perseguido por el fundador del Opus Dei. En su mente tiene ya, sin duda, un despliegue futuro muy claro cuando en enero de 1947, estando todavía en Città Leonina, anuncia que «en Roma se pondrá un centro interregional»[167].

El Colegio Romano de la Santa Cruz es erigido oficialmente el 29 de junio de 1948. Sin embargo, 1948 es precisamente el año en que nadie se incorpora a Villa Tevere, salvo un sacerdote recién ordenado, Juan Bautista Torelló[168]. Por lo demás, ese año san Josemaría pasó más tiempo en Madrid que en Roma, donde solo estuvo durante el primer trimestre y del 20 de mayo al 2 de julio. Con todo, en la fecha de erección del Colegio Romano se produce un hecho significativo: Salvador Canals recibe las órdenes menores (ostiario y lector), como primer paso –tras la tonsura– del camino que le llevará al sacerdocio el 1 de noviembre siguiente. Con el tiempo, algunos de los que entonces vivían con él en Villa Tevere y eran laicos seguirán sus pasos (Sallent, Taboada, Silió y Moret), pero otros no (Rino Martínez, Armando Serrano y Antonio Fraile no se ordenarán): desde el comienzo, el fin del Colegio Romano no va a ser únicamente proveer de sacerdotes al Opus Dei.

En 1949, tras la «conquista» de la casa grande, vuelven a llegar nuevos residentes a Villa Tevere, pero muchos de ellos marcharán pronto a los centros que se van a abrir en Milán y Palermo, o también, en Roma, en la Via Orsini; o bien dedicarán su atención a las obras de la casa, que se acaban de iniciar y requieren una cierta inversión de personal. Al cabo, de quienes lleguen en 1949 solo tres se quedarán en Villa Tevere unos cuantos años con dedicación prioritaria a los estudios eclesiásticos: Pedro Lombardía, Rafael Asenjo y Severino Monzó. Al año siguiente, en cambio, llegan trece alumnos, entre ellos Javier Echevarría, el actual prelado del Opus Dei. Evidentemente, el crecimiento del Colegio Romano será un factor decisivo, a finales de 1950, en la marcha de la Comisión Regional de Italia a otro centro.

En los años siguientes, el crecimiento se acelerará. En 1953, el Colegio Romano pasa de 40 a 120 alumnos[169], y acogerlos no es sencillo: por ejemplo, ese año las mujeres del Opus Dei que administraban el centro tuvieron que confeccionar ochenta colchones, pues no había dinero para comprarlos[170]. Uno de los alumnos que se incorporó en 1953 es el hoy cardenal Julián Herranz, entonces un joven médico de 23 años. Sus recuerdos de la primera noche en el Pensionato, tras un viaje de cuarenta horas en tren, son un testimonio elocuente de la estrechez con que se vivía: «En la planta baja, tras el vestíbulo, hay una sala de visitas y un pasillo con varias puertas: el cuarto de dirección, la sala de estudio, el oratorio y la sala de estar. Del pasillo arranca una breve escalera que lleva al primer piso. Subo. Aquí están el comedor y los cinco dormitorios. Me indican el mío, voy para allá y descubro cinco literas de tres camas (...). No estoy para demasiadas cavilaciones. Doy gracias a Dios por haber llegado, trepo hasta mi cama y, ¡al fin!, me duermo»[171]. Por entonces, de modo gradual, el Colegio Romano se va instalando en una nueva zona de Villa Tevere, la llamada Casa del Vicolo, aún inacabada pero ya parcialmente disponible[172]. Allí hay un poco más de holgura, pero las literas seguirán siendo imprescindibles.

Como la Procura del Opus Dei y como la Comisión Regional de Italia, el Colegio Romano de la Santa Cruz fue confiado por san Josemaría a Álvaro del Portillo, que fue su rector hasta 1954. Tardó bastante más que la Comisión de Italia en cambiar de sede: permaneció en Villa Tevere hasta 1974, cuando se trasladó a la Via di Grottarossa, en las afueras de Roma, hacia el norte, donde sigue estando actualmente.

Villa Sacchetti

El relato del cardenal Herranz que se acaba de citar sitúa los dormitorios del Colegio Romano, inmediatamente antes del traslado a la Casa del Vicolo, en el piso superior del Pensionato. Hasta 1950, ese piso había estado ocupado por las mujeres del Opus Dei que se encargaban de la administración de la casa[173]. Se habían trasladado allí en 1947, al irse de Città Leonina. Durante aquellos tres años, de modo discreto ‒pues también aquí se observaba la total separación entre varones y mujeres‒ pero eficaz, habían hecho posible que en la casa pequeña (y desde 1949 también en la grande), pese a la provisionalidad y las estrecheces, la vida diaria discurriera con normalidad, e incluso que, cuando la ocasión lo requería, Escrivá de Balaguer pudiera acoger dignamente e invitar a comer a personalidades como el maestro general de los dominicos, el obispo de Salamanca, el embajador de Irlanda ante la Santa Sede, el cardenal Micara –diplomático vaticano, futuro vicario del papa para la diócesis de Roma–, el ministro español de Asuntos Exteriores o el conde de Barcelona[174]. Por lo demás, probablemente no es aventurado suponer que en la relación con los vecinos húngaros, mientras estos permanecieron en la casa grande, su actitud fue más constructiva que la de los varones[175]. Directora de aquel centro femenino era Encarnita Ortega.

Al dejar el Pensionato, las mujeres se trasladaron a un edificio nuevo que daba a Via di Villa Sacchetti: era el primero que las obras en curso habían producido. En los años siguientes, la parte femenina de Villa Tevere irá cubriendo, poco más o menos, los mismos pasos que la masculina: es en Via di Villa Sacchetti donde, a raíz de la labor de formación que se realiza con chicas jóvenes, se entra en contacto con la que será la primera italiana del Opus Dei, Gabriella Filippone, a la que seguirán otras[176]; es también allí donde nació, en 1953, el Colegio Romano de Santa María, correlato femenino del Colegio Romano de la Santa Cruz, y allí permaneció hasta que en 1963 pasó a ocupar una nueva sede, Villa delle Rose, en Castelgandolfo[177]. Asimismo, allí quedó establecida la Asesoría Central, órgano de gobierno de las mujeres del Opus Dei, tras su traslado de Madrid a Roma en 1953, tres años antes que el Consejo General.

Las obras (1949-1953)

El diario de las obras de Villa Tevere arranca el 6 de enero de 1951, cuando las obras, como reconoce su primer redactor, Salvador (Boro) Pérez, llevaban ya más de un año[178]. En realidad llevaban más de un año y medio, pues los trabajos de construcción de nuevos edificios habían comenzado en junio de 1949. El 19 de mayo de aquel año, Miguel Fisac y Fernando Delapuente, los arquitectos que iban a encargarse de las obras, llegaron de España[179]. El 27 se marcharon, y al día siguiente los obreros acometieron ya algunos preparativos[180]. Del 3 al 10 de junio, Fisac estuvo de nuevo en Roma: venía, explica el diario de Villa Tevere, «per assistere all’inizio dei lavori del nuovo fabbricato»[181], para asistir ya al comienzo de las obras, que se verificará el día siguiente a su llegada: «Dopo aver abbattuto il muro che confina con Via di Villa Sacchetti nei pressi della montagnola, gli operai hanno iniziato ad elevare il cantiere di costruzione»[182], escribe ese día, sin concesiones a la retórica, el redactor del diario del centro, probablemente Mario Lantini, uno de los italianos que vivían ya en Villa Tevere. La montagnola es una de las zonas del jardín que las obras se comerán: se encontraba detrás de la Villa Vecchia y, como esta, se elevaba algunos metros sobre el nivel de la calle (de ahí su nombre). Lo mismo sucederá con la bolera, un lugar en el que se jugaba a bolos, sobria forma de esparcimiento de los habitantes de la casa pequeña y la cabina. Este segundo «topónimo» no ha sobrevivido, pero el primero sí: la Montagnola es hoy el nombre de uno de los edificios de Villa Tevere.

La organización del trabajo

Cuando las obras llevaban ya más de dos años, en septiembre de 1951, Fernando Delapuente, que ha asumido su dirección y en ese momento es, además, el redactor del diario, escribe un resumen de lo sucedido hasta entonces que es también un desahogo ante una situación que se le ha complicado más de lo deseado. El texto es largo, pero es el relato más circunstanciado que existe de los primeros años de las obras de Villa Tevere.

«Cuando se hizo el primer contrato con Sebastiani el Padre no pensaba que las obras adquirirían ni remotamente el volumen que han adquirido hoy», empieza Delapuente. «Por eso eligieron a la empresa Sebastiani (recomendada por Rebecchini) para hacer las obras. El primitivo proyecto se limitaba al edificio actual de Villa Sacchetti (con un piso solo, en vez de dos) y a uno pequeño de unión con la Villa para poder darle salida por la calle de Villa Sacchetti. Naturalmente para unas obras tan limitadas (el presupuesto fue calculado en 25 millones de liras) es lógico que se buscara una empresa de construcciones pequeña. Por eso se tomó la de Sebastiani»[183].

Aquel mismo 24 de septiembre en que Fernando Delapuente escribía su pequeño memorial se había dado por terminado el edificio de Procura, del que ya se ha hablado[184]. Asimismo, el primer edificio de Via di Villa Sacchetti, como sabemos, estaba terminado y habitado en 1950. Más aún, en 1951 eran dos las zonas ya terminadas en la parte femenina de Villa Tevere: las que hoy se llaman Casetta y Manica Lunga[185]. Para entonces, sin embargo, ya hacía mucho tiempo que los planes de construcción habían tomado otro nivel de dimensiones.

«Pasado el tiempo», continúa Delapuente, «el Padre vio la necesidad de acometer un plan de conjunto de construcciones, y fue cuando nos hizo estudiar a Miguel Fisac y a mí un grupo de edificios, que en lo sustancial son lo que hasta ahora se va desarrollando (…). Al principio habíamos convenido en hacer viajes aquí desde España, turnándonos, Miguel Fisac y yo, quince días cada uno. A los pocos meses se vio que era imposible. Unas obras de esta importancia y complicación exigían la presencia continua aquí de uno de nosotros. El Padre dijo que fuese yo. Dejé la Escuela de Madrid, pedí un permiso en mi cátedra por un año (!) y me vine… Las obras estaban bastante adelantadas cuando me vine a quedar definitivamente aquí en noviembre de 1949»[186].

La historia sigue con consideraciones sobre los aspectos económicos de las obras, tema que será objeto de atención más adelante, pero en este punto conviene hacer algunas precisiones. Miguel Fisac (1913-2006), arquitecto, había intervenido ya en algunas obras que Delapuente no menciona: por lo menos, en la remodelación inicial de la casa pequeña y de la cabina, realizada en julio de 1947. Aquel año, Fisac había pasado en Città Leonina una quincena en febrero y otra entre abril y mayo, trabajando primero solo y después con Pedro Casciaro[187]. En 1948, en cambio, no viajó a Roma, aunque posiblemente algunas obras que se hicieron en enero y en marzo en la casa pequeña han de ser acreditadas a él, que pudo proyectarlas en Madrid[188]. Estará de nuevo en Roma en 1949, en tres ocasiones: entre el 27 de enero y el 11 de febrero, en mayo, ya con Delapuente, y en junio, cuando, como se ha dicho, comienzan las obras del primer edificio. Pero luego en el diario de Villa Tevere no consta que volviera a Roma para seguir trabajando en las obras. La alternancia entre él y Delapuente, por tanto, duró muy poco, y más bien habría que decir que se produjo una sustitución en el mismo momento en que comenzaron las obras: desde la segunda mitad de junio de 1949, Delapuente viaja a Roma cada mes, pero Fisac no; antes de mayo, en cambio, Delapuente nunca había aparecido por Roma.

Fernando Delapuente (1909-1975) es conocido hoy sobre todo como artista, pues cuando en 1953 vuelva a España se dedicará preferentemente a la pintura y sus cuadros no tardarán en ser cotizados. En efecto, había estudiado en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. Pero además era ingeniero, y había ejercido la profesión no solo en el ámbito de la docencia (era catedrático de Dibujo en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid), sino también en otros más directamente prácticos: en concreto, había sido director de una fábrica de azúcar. Por lo demás, a Roma llegará a la vez que él, también para quedarse a trabajar en las obras, otro arquitecto: Jesús Alberto Cagigal[189].

El contrato con la empresa Sebastiani está fechado el 8 de junio de 1949, y contempla solo, tal como señala Delapuente, unas obras relativamente pequeñas, de «ampliamento della Sede della Società Sacerdotale della Santa Croce in Roma» en Via di Villa Sacchetti, con un presupuesto de 9.100.000 liras (diez millones, en realidad, menos un descuento del 9%) y un plazo previsto de terminación de cuatro meses y medio. Lo firman Álvaro del Portillo, el director de obras Gaetano Rebecchini y el ingeniero Eugenio Sebastiani[190].

Rebecchini era un joven ingeniero con el que se había entrado en contacto dos años antes[191]. Era hijo de Salvatore Rebecchini, un conocido político democristiano que en noviembre de 1947 será elegido alcalde de Roma. Este hecho permitirá albergar esperanzas de una cierta garantía de entendimiento con las autoridades municipales cuando, en 1949, comiencen las obras. Sin embargo, no siempre la relación con el ayuntamiento de Roma discurrirá sobre ruedas. Es significativo, en todo caso, que se diera peso a la opinión del alcalde tanto en el momento de tomar como contratista de obras a Sebastiani[192] como cuando, ante el crecimiento de los planes de construcción, hubo que decidir si se seguía trabajando con él o se acudía a alguna empresa de más envergadura.

«¿Qué hacer?», se pregunta retóricamente Delapuente, disponiéndose a concluir su resumen de aquella fase inicial de las obras. «¿Dejar a Sebastiani y llamar a otra empresa más importante? Rebecchini, el síndaco [alcalde] entonces, no lo aconsejó. Ninguno de nosotros conocíamos a nadie aquí del ramo de la construcción. Sebastiani prometió hacer las obras en plazos rapidísimos… Se le dejó. Entonces combinamos un segundo contrato por el que se ampliaban las obras. Pero la cláusula de liquidaciones del primer contrato no se tocó. Según ella se le debía pagar cada 3 millones de obra ejecutada. Desde luego, para el volumen de obras a realizar en el primer contrato se explica que los pagos fueran cada 3 millones. Para el 2º contrato en que el volumen de obra se multiplicaba por diez era absurdo. No guardaba relación. Sin embargo se accedió (…). Para nosotros es una lata, pues obliga a Álvaro a estar pendiente cada quince días, o menos, de pagar a Sebastiani. Si alguna vez no se ha podido acudir puntualmente a los pagos, Sebastiani (…) ha correspondido muy mal (…). Ha amenazado varias veces con parar las obras si no se le pagaba en un plazo perentorio (…). Las cosas así, este hombre nunca ha podido marcar un ritmo decente para las obras»[193].

La relación con Sebastiani no mejorará con el tiempo, más bien irá a peor[194], y en 1953 se rescindirá el contrato[195]. Ese mismo año, por motivos de salud, Delapuente tuvo que dejar la dirección de las obras y regresar a España, con lo que en la historia de la construcción de Villa Tevere se cerró un capítulo.

Los primeros edificios

Pese a las deficiencias de la empresa, lo que se había hecho en aquellos cuatro años no era poco: además de lo ya mencionado (Casetta, Manica Lunga y Procura o «ingreso principal»[196]), se había construido, en Via di Villa Sacchetti, la Montagnola, para la Asesoría Central[197]; y en Viale Bruno Buozzi, una parte de la Casa del Vicolo, el edificio en el que, a finales de ese año, se instalará el Colegio Romano. Se había trabajado, además, en la Villa Vecchia y en el jardín, donde habían sido plantados o trasplantados unos pocos árboles de distintas especies (cipreses, abetos, cedros, pinos[198]). En la Villa Vecchia, lo más destacable es la sopraelevazione, un añadido de dos pisos en altura que planteó serios problemas de estática[199]. En octubre de 1951, con la colocación de una lápida en la Altana, la terraza más alta de la villa, la sopraelevazione se puede dar por concluida[200]. En el interior del edificio también se había trabajado: en febrero de 1951, las obras incluso habían obligado a Escrivá de Balaguer a trasladarse durante unas semanas al centro de Via Orsini. Entre otras cosas, se había demolido la escalera antigua para reconstruirla en otro lugar más conveniente[201].

La obra más compleja de aquellos primeros cuatro años había sido, seguramente, la de Casa del Vicolo, que había exigido cierto desmonte previo, pues el terreno quedaba algunos metros por encima del nivel de la calle, de la que hasta entonces lo separaba un muro de contención[202]. El conjunto había sido dividido en tres cuerpos en los que luego se había ido trabajando simultáneamente: Bruno Buozzi, cuerpo central y Domenico Cirillo[203]. La Casa del Vicolo, en efecto, es un edificio grande y complicado: tiene su entrada en el número 73 de Viale Bruno Buozzi, pero por detrás llega hasta la via Domenico Cirillo. Entonces quedaba encajado entre el Pensionato y el jardín, por una parte, y por otra por la Casa Bruguier-Calderai, el edificio de pisos que había en la esquina entre Bruno Buozzi y Domenico Cirillo[204].

El nombre Casa del Vicolo obedece a un estrecho callejón o vicolo que recorre el linde con ese edificio de la esquina y que presenta, tras las obras, una imaginativa decoración mural. El vicolo es anterior a la construcción de la casa, según atestigua un documento de 1935 firmado por Gori Mazzoleni y la inmobiliaria que iba a construir, en la esquina, la Casa Bruguier-Calderai[205]. Por lo demás, las fotos aéreas muestran que el vicolo, interrumpido por la Via Domenico Cirillo, continúa después de esta, abriéndose paso entre dos edificios, y muere ante la parte posterior de la embajada de Alemania en un punto en el que quizá debería haber enlazado con la Via dei Tre Orologi, la calle cerrada (cerrada precisamente enfrente de ese punto) en la que están el Carmelo del Sacro Cuore y la antigua Villa Svezia[206].

La financiación

Delapuente había escrito en 1951 que, con las sucesivas ampliaciones y complicaciones, lo que se había proyectado al principio se había visto multiplicado por diez. En los años siguientes, hasta el final de las obras en 1960, se superará ampliamente ese factor numérico: seguramente añadiéndole otro cero se podría estar más cerca de la realidad, a tenor de los préstamos que se piden a los bancos durante esos años[207], aunque evidentemente la lira de 1950 no vale lo mismo que la de 1960.

La carga económica resultaba muy pesada, y caía fundamentalmente sobre los hombros de Álvaro del Portillo. Muchas veces se tenía la impresión de que se conseguía pagar a los proveedores y no detener las obras por puro milagro. «La cuestión económica sigue igual. Nunca falta el aceite en la alcuza. Los que vengan detrás no sé si se darán cuenta del milagro. A veces la situación de pagos es crítica… y se arregla siempre»[208], escribe Delapuente. Sin embargo, él mismo sabía que había noches en que Álvaro del Portillo, con quien tenía mucha confianza (era amigo suyo desde antes de ser del Opus Dei), no conseguía dormir[209].

A la hora de pagar, se daba prioridad a los obreros: en caso de necesidad, la paga de los sábados irá siempre por delante de otras exigencias, como la satisfacción de los honorarios del contratista por volumen de obra realizada (de ahí, en parte, los problemas con Sebastiani) o la de las letras bancarias[210]. En 1982, Del Portillo contó en un encuentro familiar los primeros pasos de aquella experiencia: «La primera vez pudimos pagar sin problemas, porque habíamos ahorrado algo de dinero, pero la segunda ya no. Y empezamos a buscar por todo Roma gente que nos prestase la suma necesaria. Una persona se ofreció, pero al día siguiente vino diciendo que había que hipotecar la finca, cosa completamente desproporcionada para la cantidad que pedíamos. Habíamos perdido un día. Se acercaba el sábado, y debíamos pagar a los trabajadores por encima de todo»[211]. El viejo amigo Merlini vino entonces en ayuda de Álvaro del Portillo. «“Esta vez –dijo–, por casualidad tengo un dinero que me ha dejado un cliente y del que puedo disponer durante un año”. Nos lo prestó sin intereses, y eso dio para pagar dos semanas. Después, el Señor hizo que pudiéramos arreglarnos a base de letras y de equilibrios. Era desnudar a un santo para vestir a otro: una locura, una fuente de sufrimientos. ¿Y cómo pagamos? Es un milagro. No se sabe cómo, pero pagábamos siempre»[212].

De letras con las que se paga y que luego hay que devolver a los acreedores habla la documentación conservada en el Archivo General de la Prelatura sobre préstamos solicitados a sociedades financieras y bancos, dividida en doce expedientes: Scaretti, Garagnani, Banco di Santo Spirito, Banco di Napoli, Istituto per le Opere di Religione, Banca di Roma, Banca Nazionale del Lavoro, Banca Commerciale Italiana, Istituto Bancario San Paolo di Torino, Credito Fondiario Sardo, Cassa di Risparmio delle Provincie Lombarde, Istituto Nazionale delle Assicurazioni[213]. También se pidió ayuda (en parte préstamo y en parte subvención) al ministerio español de Asuntos Exteriores, en la fase inicial de las obras[214]. La petición, que contaba con el respaldo del embajador de España ante la Santa Sede y que debía ser presentada al ministro Martín Artajo en persona por Álvaro del Portillo, iba acompañada por una carta de san Josemaría al jefe del Estado, el general Franco, en la que se planteaba la posibilidad de acoger en Villa Tevere a españoles que fueran a Roma con ocasión del año santo de 1950: «Las obras están ya en marcha. Fue el propio Embajador quien sugirió la idea de acelerarlas para que los nuevos edificios pudiesen servir de albergue a los peregrinos españoles e hispano-americanos durante el Año Santo»[215]. De los ocho millones de pesetas que Álvaro del Portillo solicitaba, el gobierno solo concedió uno y medio[216]. Con ser poco, era más que las 36.000 pesetas concedidas en 1947, en el momento de la compra, que habían causado sonrojo en la embajada ante la Santa Sede[217].

Naturalmente, no eran solo Álvaro del Portillo y Josemaría Escrivá quienes pedían préstamos o donativos. De todas las circunscripciones del Opus Dei repartidas por el mundo llegó dinero a Roma para las obras de Villa Tevere. España era con mucho la más desarrollada y la que más posibilidades de contribuir tenía, y con frecuencia Del Portillo viajó a España con el objeto casi exclusivo de recabar fondos, pero en todas partes se hizo un esfuerzo. José Luis Múzquiz, por ejemplo,cuando llegó a Estados Unidos en 1949 para iniciar la actividad del Opus Dei, dedicó buena parte de sus energías a pedir dinero –muchas veces, a gente que no conocía– para las casas de Roma[218].

Por otra parte, el «milagro» de Villa Tevere no es resultado solamente de la búsqueda afanosa de dinero, sino también de que, aunque inevitablemente había que acudir a personas ajenas (técnicos, obreros, artesanos...), en gran parte las obras corrieron a cargo de miembros del Opus Dei, profesionales en diferentes ramos relacionados con la construcción. En 1960, cuando se ponga la última piedra de Villa Tevere, en el diario de obras se incluirá, suelto entre las hojas del cuaderno, un folio con los nombres de quienes, viviendo en Villa Tevere, han participado en las obras a lo largo de los años, como el cast al final de una película. La lista comprende diferentes apartados (Arquitectos, Ingenieros, Desarrollo anteproyectos, Contabilidad, Artistas del pincel fino, Carpintería, Varios), bajo la cabecera «Con el Padre y con don Álvaro, han colaborado en la construcción de Villa Tevere». El número de tales colaboradores es de 77, y no están todos.

El proyecto de Villa Tevere y el plan urbanístico de Roma

Durante aquellos primeros años de obras no hubo problemas solo con el contratista y con los acreedores, sino también con el ayuntamiento y con algunos vecinos. Las ordenanzas municipales eran muy meticulosas. Estaba entonces en vigor el plan de ordenación urbana de 1931, que había disciplinado de acuerdo con nuevos criterios las tipologías de construcción en las calles de Roma. Por lo que respecta a Villa Tevere, en Bruno Buozzi el tipo de construcción admitido era la palazzina, y en Villa Sacchetti el villino. Los villini eran construcciones que no podían ocupar más de cien metros cuadrados más un quinto del terreno total del inmueble, ni estar a menos de cuatro metros de la calzada, ni tampoco elevarse por encima del tercer piso, aunque se admitía una sopraelevazione parcial (un ático que no cubriera toda la superficie construida). Las palazzine no tenían ningún vínculo de porcentaje de ocupación del terreno, pero sí de altura: cuatro pisos (más ático); además, había que dejar una distancia mínima entre una palazzina y otra, es decir, no podían estar adosadas[219]. Por lo que respecta a las palazzine, el plan de 1931 tiene como antecedente un decreto del gobierno de 1920. El plan anterior, de 1909, preveía para los nuevos barrios Pinciano y Parioli, como para otros de la periferia norte de la ciudad (Nomentano, Monteverde, Salario, etc.), una urbanización hecha fundamentalmente a base de villini. La palazzina, obviamente, era una construcción menos aristocrática[220].

Obtener las licencias municipales y respetar todas las ordenanzas no era siempre cosa sencilla, con unas obras que variaban y se ampliaban continuamente. Es más, la autorización de las obras se había obtenido, según explica Rebecchini hijo en una carta, «in base ad un particolare articolo di deroga al Regolamento Edilizio, articolo che l’Amministrazione Comunale può discrezionalmente applicare con equi criteri di temperanza»[221], como excepción a ciertos vínculos del plan urbanístico cuya aplicación quedaba a discreción de la administración municipal. De hecho, hubo denuncias, inspecciones y sanciones, aunque siempre por cosas de poca monta. En la primavera de 1951 llegó una orden de suspensión de las obras, pues el ayuntamiento juzgaba que la altura de la villa había superado lo permitido, pero fue revocada al cabo de pocos días[222]. Unos meses después hubo que pagar una multa (realmente exigua: mil liras) por algunas pequeñas modificaciones que se habían introducido en el proyecto sin haber pedido expresa licencia, y a comienzos de 1953, tras la denuncia de un vecino desconocido, de nuevo se ordenó que se suspendieran temporalmente, en la Casa del Vicolo, las obras de un voladizo que se estaba practicando en el segundo piso (precisamente sobre la pared del vicolo) y de un ático, pues aún no habían sido autorizadas por el ayuntamiento[223]. En el diario de obras, Delapuente anotó que el mismo ingeniero que había dispuesto esta medida había admitido «que las ordenanzas del ayuntamiento estaban hechas para casas de vecinos y no para nuestra casa, por lo cual resultaba dificilísimo estar dentro de ellas»[224].

Las obras (1953-1960)

El equipo

En 1953, como se ha dicho, Fernando Delapuente volvió a España por motivos de salud. Le sustituyó al frente de las obras Jesús Álvarez Gazapo, un joven arquitecto que había llegado a Roma en julio del año anterior[225]. Después de su marcha, Delapuente sigue apareciendo con cierta frecuencia en el diario de obras, tanto por la preocupación suscitada por su enfermedad, que llegó a ser grave[226], como por cuestiones directamente relacionadas con las obras (no raramente se le consulta acerca de los problemas a los que hay que hacer frente). También a Miguel Fisac, a pesar de su distanciamiento del Opus Dei a mitad de los años cincuenta, se le recuerda con afecto: en la lista incluida al final del diario de obras, en 1960, con los nombres de quienes han trabajado en la construcción de Villa Tevere, el primero que aparece, en el primer apartado (Arquitectos), es el suyo.

Con Álvarez Gazapo colaboró al principio Jesús Alberto Cagigal, otro arquitecto que también había trabajado con Delapuente. Siguió en las obras de Villa Tevere hasta 1956, cuando marchó a España para terminar el servicio militar (también él era relativamente joven). Fue sustituido por Manuel González Simancas. Con dedicación algo menor, hubo varios arquitectos más que a lo largo de los años trabajaron en las obras de Villa Tevere: Javier Cotelo, por ejemplo, llegó en 1955, con la carrera aún sin terminar. Además, Delapuente y Álvarez Gazapo contaron con un nutrido grupo de artistas, entre los que destacan Boro Pérez y Manuel Caballero. De este último es, por ejemplo, el cuadro de la Virgen que preside la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz; de Boro Pérez, la representación de la Trinidad que se encuentra a la entrada de la cripta en la que está enterrado Álvaro del Portillo, inspirada en un fresco de Masaccio de la iglesia florentina de Santa Maria Novella. Otras personas se ocuparon, también a tiempo completo, de los aspectos contables y de las relaciones con los proveedores: de 1949 a 1956 se dedicó a esa tarea, sobre todo, Francisco Monzó.

El «plantel» aquí presentado no estaría completo sin una referencia a sus dos miembros más importantes: el beato Álvaro del Portillo, de quien ya se ha dicho algo a propósito de la financiación, pero cuyo papel no terminó ahí, y primerísimamente san Josemaría. «El Padre tiene en la cabeza cada rincón, cada ambiente de la casa con todo detalle», escribe Álvarez Gazapo, «muchísimo antes de que se haga, y nos lo hace ver como si estuviera hecho. Así sí que es fácil trabajar, y por eso se puede decir con toda propiedad, como lo decimos muy a menudo, que estas casas las ha hecho –piedra a piedra– el Padre»[227]. De hecho, a él se deben no pocas soluciones arquitectónicas de Villa Tevere, como el ensanchamiento, por medio del voladizo antes mencionado, del segundo piso de la Casa del Vicolo, o el amplio zaguán que comunica el vicolo con la llamada aula magna[228]. Escrivá de Balaguer pasaba por el estudio de arquitectos casi a diario. Su aliento y su determinación, condimentados siempre con buen humor, como cuando amenazaba con un «manteo arquitectónico, poniendo tres o cuatro ladrillos en la manta»[229], a los responsables de las obras si no se acababa a tiempo la Casa del Vicolo, o cuando decía a los miembros de la circunscripción italiana de la Obra que si no encontraban una nueva casa en un determinado plazo irían a dormir bajo el puente del Risorgimento o el de la Reina Margarita, «a scelta»[230], a elección, fueron decisivos para que el proyecto de Villa Tevere se convirtiera, al final de las obras, en lo que hoy es Villa Tevere.

Nuevas construcciones

El equipo de obras trasladó sus oficinas varias veces, peregrinando de un local a otro, por los diferentes espacios de Villa Tevere que la demanda habitacional dejaba disponibles, a medida que el trabajo avanzaba[231]. A la vez, en parte el trabajo avanzaba según las cambiantes necesidades de cada momento. Como se ha visto, en 1953 la llegada de ochenta nuevos alumnos al Colegio Romano había obligado a acelerar la construcción de la Casa del Vicolo. En 1956, el traslado a Roma del Consejo General convirtió en urgente la terminación de un importante espacio interno: el oratorio de Pentecostés[232]. Al año siguiente, un suceso triste, la enfermedad y muerte de Carmen Escrivá de Balaguer, iba a determinar un momento de concentración de esfuerzos en otro objetivo: la cripta inferior de la futura iglesia de Santa María de la Paz, donde san Josemaría quería que su hermana fuera enterrada: «el Padre», escribe Álvarez Gazapo el 30 de mayo de 1957, veinte días antes de la muerte de Carmen Escrivá, «insiste en la urgencia de terminar esa parte cuanto antes. En el caso de que el Señor quiera llevarse ahora a Carmen, querría, si fuera posible, enterrarla aquí en casa; “es de justicia, me parece que bien merecido lo tiene. Se puede decir que ha hecho por la Obra más que yo”, nos decía esta tarde»[233].

La pequeña oficina de arquitectos de Villa Tevere producía proyectos a una velocidad frenética. Y poco a poco en su trabajo iban teniendo cabida, secundariamente, otras construcciones, además de la de Villa Tevere: las reformas de Villa delle Rose; las de la sede de verano del Colegio Romano de la Santa Cruz, en Salto di Fondi, a unos cien kilómetros de Roma en dirección al sur; las de una residencia de estudiantes en Oxford... Cada plano tenía un número de registro, y en febrero de 1958 se llegó al que hacía el número 1500. En junio del año siguiente, el plano número 2000 se celebró con una copa de jerez[234].

Como se había hecho antes con la Villa Vecchia, en 1954 y en 1957 se decidió añadir una planta a la Montagnola y a la Manica Lunga respectivamente[235], para lo que hubo que pedir los correspondientes permisos al ayuntamiento. En la Montagnola, ese último piso era necesario para las mujeres de Villa Sacchetti, cada vez más numerosas. En cuanto a la Manica Lunga, con el nuevo piso se ganaron un par de estancias para el futuro vicario auxiliar del Opus Dei (cargo que ha estado vacante hasta el año 2014) y una biblioteca.

En la Via di Villa Sacchetti, además, se levantó entre 1956 y 1958 un nuevo edificio, el Fabbricato Piccolo, destinado, como la Manica Lunga –­­y como, más adelante, el Ridotto–, fundamentalmente a dormitorios. El Fabbricato Piccolo fue construido sobre un terreno contiguo al solar dejado libre por el Pensionato, que, como se ha dicho, había sido demolido en 1955. Sobre el antiguo Pensionato, con fachada en Viale Bruno Buozzi, se construyó Uffici, una palazzina de la misma altura que la Casa del Vicolo, de acuerdo conla normativa urbanística y con el canon propio de esa calle: planta baja y cinco pisos (un mezzanino o entresuelo, tres plantas regulares y un ático). La diferencia es que la fachada de Uffici es casi toda de ladrillo, y la de Casa del Vicolo, en cambio, de travertino, un tipo de piedra muy común en Roma, de tono claro. En cuanto a su función, Uffici alberga principalmente, como su propio nombre indica, oficinas: las del Consejo General, cuya estructura orgánica, aún muy modesta en 1956, en el momento de su llegada a Roma, fue ampliándose con el paso de los años, en paralelo con el desarrollo del Opus Dei. La Casa del Vicolo, en cambio, tiene una función meramente residencial: fue la vivienda de los alumnos del Colegio Romano hasta los años setenta, y hoy es un centro del Opus Dei en el que viven, sobre todo, personas que trabajan en las oficinas del Consejo General. Por su parte, los miembros del Consejo General viven en la villa.

Debajo de Uffici se dispuso un oratorio excepcionalmente grande: el de Santa María de la Paz. No es un edificio a se, pero por la fecha en que se terminó y por el significado que tiene para el Opus Dei, muy superior al de los pisos en superficie de Uffici, puede ser considerado el punto final de las obras: san Josemaría lo estrenó con la misa de Nochevieja de 1959, y la última piedra de Villa Tevere se puso el 9 de enero siguiente[236]. La única construcción posterior, el edificio llamado Ridotto, en Via di Villa Sacchetti, del año 1965, pertenece a otro momento de obras, no ya al que se había abierto en 1949.

Santa María de la Paz, actual iglesia prelaticia del Opus Dei –y, desde 1992, lugar de sepultura de su fundador–, se inspira en los cánones de las basílicas romanas y en las formas de decoración barrocas, que son las que hoy presentan incluso las más antiguas de esas basílicas. La cripta que se encuentra bajo la iglesia prelaticia, en cambio, responde a otro estilo: san Josemaría quería para ese espacio, previsto para enterramientos de algunos miembros del Opus Dei[237], «un carácter románico recio»[238]. Si en la iglesia prelaticia el revestimiento de las paredes es de mármol, en la cripta es de peperino, una piedra gris y áspera de origen volcánico.

En conjunto, no se puede decir que la arquitectura de Villa Tevere sea innovadora. Y no solo por el estilo de sus espacios sagrados, sino también por el aspecto exterior de sus edificios, que en su mayoría se presentan como ordinarias casas de pisos de una ordinaria ciudad europea. El hecho es digno de nota si se tiene en consideración que precisamente en los años cincuenta Viale Bruno Buozzi se había convertido en un campo de pruebas de la vanguardia arquitectónica. A pocos metros de Villa Tevere se encuentra Il Girasole (1950), interesante edificio de Luigi Moretti que todavía hoy es visitado por alumnos de arquitectura de universidades norteamericanas que pasan en Roma algún periodo de formación. Pero Escrivá de Balaguer no deseaba para la sede central del Opus Dei un edificio singular. Quería algo que resultara digno no solo en el momento de su construcción, sino en la perspectiva de un futuro de siglos. Y consideraba arriesgado pretender realizar eso con propuestas innovadoras[239].

Álvarez Gazapo (y lo mismo se puede decir de sus colaboradores) renunció gustosamente a la posibilidad, por lo demás rara, de convertirse en un Gaudí o un Le Corbusier. La construcción de Villa Tevere tiene algo de los modos de hacer propios de la construcción de las catedrales medievales, a base, fundamentalmente, de trabajadores anónimos de todos los oficios. Esto no significa que el estudio de arquitectos de Álvarez Gazapo fuera insensible al arte moderno. El diario de obras da cuenta de visitas a lugares monumentales antiguos realizadas con el objeto de buscar inspiración para el proyecto de Villa Tevere: a localidades como Asís y Tarquinia[240], o bien a basílicas romanas, como la de San Lorenzo[241]. Pero también registra visitas a iglesias modernas, como la de San Juan Bosco, en el barrio Tuscolano, poco después de su inauguración por Juan XXIII[242]; y a exposiciones de arte: por ejemplo, una de Picasso, otra de arquitectura brasileña[243], otra de pintura abstracta[244].

De los Rebecchini a los Castelli

Las obras de Villa Tevere estaban todavía a medias cuando la buena estrella de los Rebecchini comenzó a declinar. En el verano de 1954, un edificio en restauración del centro de Roma se hundió y dos personas murieron. El director de obras era Gaetano Rebecchini, que hubo de pasar unos días en la cárcel[245]. En Villa Tevere, la relación con él seguía siendo buena aun después de la rescisión del contrato con Sebastiani, y en abril, con ocasión de su boda, san Josemaría le había regalado una talla de la Virgen expresamente encargada al escultor Pasquale Sciancalepore[246]. Por lo demás, se le habían dado garantías de que, en caso de sanciones por una interpretación demasiado laxa de las ordenanzas municipales, la responsabilidad no sería suya, sino del cliente[247]. Cuando, a pesar de todo, dejó la dirección técnica de las obras, siguió trabajando como asesor, muestra de confianza que agradecerá por escrito a finales de 1955[248]. Como director técnico le sustituyó Odoardo Sannipoli (1928-2015), un ingeniero conocido en Villa Tevere desde que era estudiante[249].

En 1956, Salvatore Rebecchini cesó como alcalde de Roma: no dimitió, simplemente no se presentó a la reelección. Aunque no había sido un mal alcalde (él puso en marcha, por ejemplo, la red metropolitana y el Raccordo Anulare), su gestión, sobre todo en materia inmobiliaria, había sido objeto de duras críticas. Había provocado escándalo, en particular, la concesión a la Società Generale Immobiliare de un terreno en la zona de Monte Mario para la construcción de un hotel de la cadena Hilton. Ciertamente, hoy en día ese hotel un tanto excesivo parece un elemento desafortunado en el skyline romano, pero en su momento ni las campañas de prensa ni el posterior proceso judicial pudieron demostrar comportamientos ilícitos: al contrario, los jueces obligaron a la revista L’Espresso a pagar un resarcimiento a la cadena Hilton por difamación.

Estos sucesos repercutieron negativamente en las obras de Villa Tevere, pues en adelante el ayuntamiento fue mucho más estricto en la concesión de autorizaciones para edificar. En este ambiente, una nueva denuncia de unos vecinos dio lugar enseguida, en septiembre de 1956, a un cierre temporal de las obras de Uffici[250]. El ayuntamiento permitió su prosecución en enero del año siguiente, pero de hecho se reabrió solo el cuerpo central de aquellas obras –que, como las de Casa del Vicolo, habían sido divididas en tres cuerpos–, no los otros dos, que tuvieron que esperar tiempos mejores: «los del Ayuntamiento lo han pedido como un favor», escribe Álvarez Gazapo, «pues aunque están conformes en que vayamos adelante, tienen miedo. Pues hay mucho jaleo en el Comune [el ayuntamiento], después del asunto de la inmobiliaria del Monte Mario»[251].

Para entonces, las obras estaban en manos de una empresa constructora de mayor envergadura que la de Eugenio Sebastiani. Tras unos años en régimen de administración directa, en 1955 se había acudido a la empresa Castelli. Su propietario, Leonardo Castelli, era hijo de Leone Castelli, el constructor de Pío XI, es decir, la persona que, tras la firma de los Pactos de Letrán entre el estado italiano y la Santa Sede en 1929, construyó la mayor parte de los edificios modernos del Vaticano.

Castelli ayudó a superar algunas dificultades con el ayuntamiento, aunque no pudo impedir un par de sanciones (la suspensión temporal de 1956 ya mencionada y otra en 1958 que afectó al elemento de unión entre la Casa del Vicolo y Uffici[252]). Pero su contribución fue importante, sobre todo, por otros motivos: por una parte, porque era capaz de imprimir un ritmo más ágil a las obras cuando había urgencia por coronar algún objetivo; por otra, porque disponía de recursos para adelantar los pagos a los obreros y proveedores.

Hasta entonces la presión de los acreedores había seguido siendo una pesadilla para san Josemaría, además de para el encargado de los pagos, Francisco Monzó, y para Álvaro del Portillo, en quien recaía el peso de las gestiones económicas. «D. Álvaro nos ha dado hoy dos millones», escribe Álvarez Gazapo el 6 de abril de 1954. «¡Gracias a Dios! Parece ser, pues, que iremos pagando a la gente. En efecto, Paco ha llamado a unos cuantos que no se han hecho de rogar para presentarse aquí puntualmente»[253]. La entrada en escena de la empresa Castelli liberó de esos agobios: «Hoy ha estado comiendo en casa, con el Padre y D. Álvaro, Leonardo Castelli», escribe de nuevo Álvarez Gazapo, cuatro años más tarde. «Por la tarde, el Padre, que ha estado un rato en el estudio de los pintores, nos ha dicho lo entusiasmado que está, y el cariño que tiene a la Obra (...). Tenemos que dar muchas gracias a Dios, que nos ha facilitado así extraordinariamente y de un modo providencial las obras, librando al Padre y a D. Álvaro de la parte peor de la preocupación económica. Seguimos teniendo poco dinero y dificultades para los pagos, pero no es nunca aquella cosa agobiante de tener que pagar a los obreros a día fijo y directamente»[254].

Escrivá y Del Portillo llegaron a tener con Leonardo Castelli no solo confianza, sino amistad. Castelli, por su parte, se puede decir que tenía por ellos no ya amistad, sino una verdadera devoción, manifestada tanto en el empeño que puso en la construcción de Villa Tevere como en otros detalles de generosidad y de cariño: por ejemplo, en 1962 quiso pagar de su bolsillo una hospitalización de don Álvaro por una enfermedad que parecía seria[255]. En 1958, san Josemaría le había regalado, para la villa que se estaba construyendo en Grottaferrata, la cancela de la antigua entrada de coches de Villa Mazzoleni, en la esquina de Bruno Buozzi y Villa Sacchetti[256]. En 1982, esa pieza se colocará en el ingreso de Castelromano, una casa de retiros que se acababa de abrir en Castelgandolfo, no demasiado lejos de Grottaferrata; y allí sigue, con su viejo remate semicircular y, en él, su tímpano interior, en el que se inscriben, con gracioso arabesco de hierro forjado, las iniciales MGM de su primer dueño, el conde Mario Gori Mazzoleni.

Con la empresa Castelli llegó a las obras otra persona a la que Villa Tevere debe mucho: el capataz Osvaldo Bianchi, que trabajó con una dedicación ejemplar. También con él quiso el fundador del Opus Dei tener algún detalle material como manifestación de gratitud, dentro de sus posibilidades. En una ocasión, por ejemplo, cuando se estaba intentando aprovechar del mejor modo posible los materiales que habían sido rescatados del Pensionato, algunos menos útiles en Salto di Fondi, adonde habían ido a parar camas, ventanas, lavabos, etc.[257], se le entregaron para que se quedara con el producto de su venta[258].

El final de las obras

El 9 de enero de 1960 se puso la última piedra de Villa Tevere: una lápida que Bianchi fijó en una pared de Uffici visible desde la fachada de la villa y en la que se lee «Melior est finis quam principium. IX ianuarii MDCCCCLX». Casi trescientas personas vivían entonces en las distintas casas que componían el conjunto de Villa Tevere[259].

Aquel día se puso fin a un proyecto en el que se puede decir que había estado involucrado todo el Opus Dei. Produce cierta impresión descubrir a san Josemaría, en las páginas del diario de Villa Tevere correspondientes a los primeros momentos de la casa, recortando motivos decorativos para adornar la pantalla de pergamino de una lámpara[260]; o a Álvaro del Portillo trabajando en el jardín[261]. Con el mismo espíritu, pocos años después los alumnos del Colegio Romano más dotados para el arte, como el alemán Klaus Becker o el italiano Giorgio Del Lungo, compaginan el estudio con el trabajo en la decoración de Villa Tevere, y todos, incluso los más torpes, se ejercitan por lo menos en la técnica del dorado de metales, o en la aún menos creativa del transporte de muebles.

Para toda persona del Opus Dei, en Roma y fuera de Roma, ayudar en el proyecto resultaba un deber gustoso y natural, porque Villa Tevere era sentida como la propia casa, por lejos que pudiera estar de donde uno vivía. Lo intuyó certeramente un miembro del Opus Dei andaluz, Antonio Fontán (1923-2010), que en 1951, siendo catedrático de latín en la Universidad de Granada, viajó a Italia por motivos de trabajo. Pudo ver Villa Tevere en obras, y en una carta que envió a Granada escribió: «he visto las obras de la casa, guiado por el Padre: solo así, con lo que el Padre explica y viéndolo, he empezado a darme cuenta de la extraordinaria importancia que estas casas –porque no es una casa, sino una manzana de ellas– que aquí se están haciendo tienen para el futuro de la Obra y para nuestra personal santificación. Se ve también que el Padre es lógico que esté aquí, y se siente, a su lado, cómo está en todo y vela por todos y nos quiere más que nadie en este mundo»[262].


[1] Los diarios serán citados solamente por su especie y por la fecha (por ejemplo: Diario de Città Leonina, 24-IX-1946). Indico a continuación la localización de cada uno en AGP.El diario de Città Leonina, por lo que hace a la historia que nos ocupa, se extiende a lo largo de tres cuadernos y parte de un cuarto: D 426-19 (del 31-VIII al 26-XI-1946), D 426-20 (del 27-XI-1946 al 8-III-1947), D 426-21 (del 9-III al 26-VI-1947) y D 436-9 (del 27-VI al 22-X-1947: el traslado a Villa Tevere se realiza el 22 de julio de 1947). De Villa Tevere, además de buena parte de este último cuaderno, para los años 1947-1950 hay otros ocho, todos con la sigla «D 436» y un número correlaativo de identificación: 10 (23-X a 30-XI-1947), 11 (1-XII-1947 a 18-III-1948), 12 (19-III a 14-V-1948), 13 (15-V a 25-IX-1948), 14 (26-IX-1948 a 22-III-1949), 15 (23-III a 13-VII-1949), 16 (5-VIII-1949 a 18-IV-1950) y 17 (19-IV-1950 a 18-II-1951). El diario de obras, que empezó a redactarse en 1951, tiene en AGP la sigla «D 1059» y comprende doce cuadernos: 1 (6-I a 11-V-1951), 2 (8-IX-1951 a 30-X-1952), 3 (1-XI-1952 a 15-II-1953), 4 (19-X-1953 a 28-I-1954), 5 (28-I a 17-XI-1954), 6 (27-I a 14-X-1956), 7 (21-XI-1956 a 10-VIII-1957), 8 (11-VIII a 31-XII-1957), 9 (1-I a 9-IV-1958), 10 (10-IV a 13-VIII-1958), 11 (1-V a 1-XI-1959) y 12 (1-XI-1959 a 21-I-1960). Como se ve, en este diario hay discontinuidades en las fechas: o no se llevó con regularidad, o no se ha conservado completo.

[2] Actualmente es la sede del Museo Etrusco.

[3] Hoy en día, embajada de Italia ante la Santa Sede.

[4] Acta notarial del contrato de compraventa entre Mario Gori Mazzoleni y Álvaro del Portillo, 25-III-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2). La fecha de este documento, como se explica más adelante, muy probablemente no es real.

[5] Giulio Sacchetti, Segreti Romani, Roma, De Luca, 2005, p. 307.

[6] Cfr. Archivio Ecc.ma Casa Sacchetti, Busta 71, n. 60 (1922 y años anteriores). El plano permite determinar la localización exacta de la Vigna Sacchetti en su momento de mayor extensión, limitada por Via Civinini, Via Luciani y Via De Notaris (en la toponomástica actual) al oeste y Via Serpieri y Via Manfredi al este, y con el antiguo acueducto subterráneo del Acqua Vergine como confín meridional. Por el norte, la vigna llegaba casi hasta la actual Piazza Euclide.

[7] Archivio Ecc.ma Casa Sacchetti, Busta 71, n. 9 (1852). Cfr. también Busta 71, n. 8 (1851).

[8] Cfr. Sacchetti, pp. 307-310.

[9] Archivio di Stato di Roma, Catasto Gregoriano: Agro Romano, Mappa 153, Brogliardo, Particella 446.

[10] Algunos miembros de la familia conservaron pequeñas propiedades. Un documento de 1951 en relación con el muro exterior de Villa Tevere atestigua que Anna Sacchetti, su hija Cristina Bezzi Scali –viuda de Guglielmo Marconi, el inventor de la radio– y su nieta Maria Elettra Marconi, aunque vivían en Via Condotti, en el centro de Roma, tenían bienes inmuebles (algún piso) al otro lado de aquel muro (cfr. Oficio de la Direzione Generale delle Tasse, 14-I-1951, en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 6).

[11] Había sido donada en 1576 por el papa Gregorio XIII al Colegio Germánico, de los jesuitas (Colegio Germánico Húngaro, desde 1580). Posteriormente había pasado al seminario romano, que en el siglo XIX la utilizaba como sede de verano. Cfr. Stefano Sanchirico, La vita quotidiana nel tempo della formazione, en Luigi Mezzadri (ed.), Il Seminario Romano. Storia di un‘istituzione di cultura e di pietà, Cinisello Balsamo, San Paolo, 2001, pp. 413-419.

[12] La Salaria Vetus, coincidente, en parte, con la actual Via Bertoloni. Desde la Vigna dei Gesuiti se accedía a las catacumbas de San Hermes, excavadas bajo la actual Piazza Pitagora.

[13] Adquirida por el gobierno de Washington después de la segunda guerra mundial, Villa Taverna, con su elegante palacio, construido por Carlo Busiri Vici (1920), es hoy la residencia del embajador de Estados Unidos en Italia (y del presidente, cuando visita Roma).

[14] Cfr. Bengt Jangfeldt, Axel Munthe. The Road to San Michele, Londres, I.B. Tauris, 2008, pp. 256-ss.

[15] Al pie del prólogo a la primera edición sueca se lee: «Villa Svezia, marzo de 1930».

[16] José Luis de Vilallonga, El Rey. Conversaciones con D. Juan Carlos I de España, Barcelona, Plaza & Janés, 1993, p. 75.

[17] Cfr. Renato Sansa, Un imprenditore anomalo? Achille Gori Mazzoleni da mercante di campagna a possidente innovatore (sec. XIX), en Franco Amatori y Andrea Colli (eds.), Imprenditorialità e sviluppo economico. Il caso italiano (secc. XIII-XIX). Atti del VI convegno quadriennale della Società Italiana degli Storici Economici, Milano 14-15 novembre 2008, Milán, Egea, 2009, pp. 962-976.

[18] Véase, por ejemplo, la película Cielo sulla palude (1949), de Augusto Genina, una ofrenda del neorrealismo a la memoria de María Goretti.

[19] Cfr. Paolo Colombo, La monarchia fascista. 1922-1940, Bolonia, Il Mulino, 2010, p. 145.

[20] Acta notarial del contrato de compraventa entre la Società Anonima Immobiliare Parioli y el conde Mario Gori Mazzoleni, 29-X-1926 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 1). Se trata de una copia autenticada en 1952: en marzo de ese año, entre otros requisitos para la concesión de un crédito, la Cassa di Risparmio delle Provincie Lombarde (Cariplo) había pedido a Álvaro del Portillo, representante legal de la Società Sacerdotale della Santa Croce (Opus Dei), copia autenticada de ese y otros documentos (cfr. Carta del administrador de la sede de Roma de la Cariplo a Álvaro del Portillo, 6-III-1952: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 3, exp. 11).

[21] Cfr. Jesús Álvarez Gazapo, Testimonio, 11-II-2002, n. 1, en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2. Gori Mazzoleni se casó en 1937 y tuvo tres hijas (cfr. Andrea Borella [ed.], Annuario della Nobiltà Italiana, edizione XXXI, vol. I, Teglio, S.A.G.I., 2010, p. 2271). Posiblemente Álvarez Gazapo se refiere a un proyecto matrimonial anterior.

[22] En AGP G-816, carpeta 1, entre la documentación que Gori Mazzoleni dejó al irse de la casa, se conservan presupuestos, catálogos, croquis de diferentes elementos y correspondencia de diverso tipo con los proveedores.

[23] En el contrato de 1926 (cfr. nota 20), Mario Gori Mazzoleni figura como residente en «Roma, Via Abruzzi N. 6». En una carta de la compañía Elettricità e Gas di Roma del 24-X-1929, su dirección es ya «Vicolo Sacchetti»; y en recibos de la luz de 1931, «Via Villa Sacchetti e Martiri Fascisti» (cfr. los correspondientes documentos en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 1 y 5). El Vicolo Sacchetti corresponde a la actual Via di Villa Sacchetti. La carta de 1929 está motivada por una cabina eléctrica que se iba a construir. Debía de ser una cabina relativamente grande. A ella se refiere sin duda Álvarez Gazapo cuando dice que en Via di Villa Sacchetti «había un pequeño local, un cuarto de aseo, y poco más allá una puerta para peatones, que se abría en la tapia que cercaba el terreno» (Álvarez Gazapo, Testimonio, n. 3). Como luego se verá, durante algún tiempo ese local (la cabina) será la habitación de algunos de los miembros más jóvenes del Opus Dei, que no cabían en la casa del conde.

[24] Cfr. contratos de alquiler y resguardos de los pagos de cada inquilino en AGP G-816, carpeta 3.

[25] Jules-François Blondel, Au fil de la carrière. Récit d’un diplomate 1911-1938, París, Hachette, 1960, p. 338.

[26] Ibid.

[27] Cfr. Harold H. Tittmann Jr., Inside the Vatican of Pius XII, editado por Harold H. Tittmann III, Nueva York, Doubleday, 2004.

[28] Cfr. György Barcza, Diplomataemlékeim. 1911-1945, Budapest, Europa, 1994, I, pp. 243-244.

[29] Álvarez Gazapo, Testimonio, nn. 3-4.

[30] Cfr. Le nostre cronache, «L’Illustrazione Vaticana», VII, n. 23, 1936, pp. 1079-1080.

[31] Álvarez Gazapo, Testimonio, n. 13.

[32] Cfr. Registro inquilini. Stabile Viale M. Fascisti N. 75: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 1.

[33] Cfr. Escritura privada: Gabriel Apor y Mario Gori Mazzoleni, 14-II-1944: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3. El contrato preveía el alquiler por tres años a partir del 15 de noviembre de 1944.

[34] Cfr. Jenö Gergely, Relazioni diplomatiche tra l’Ungheria e la Santa Sede (1920-1990), en István Zombori (ed.), Le relazioni diplomatiche tra l’Ungheria e la Santa Sede 1920-2000, Budapest, Società di Santo Stefano – METEM, 2001, p. 80.

[35] Cfr. Owen Chadwick, Britain and the Vatican during the Second World War, Cambridge University Press, 1986, pp. 310-312.

[36] Cfr. Balázs Rétfalvi, A vatikani magyar követség villája és az Opus Dei (The villa of the Hungarian embassy to the Holy See and the Opus Dei), en Péter Tusor (ed.), Magyarország és a római szentszék (Források és távlatok). Tanulmányok Erdö bíboros tiszteletére = Hungary and the Holy See of Rome (Sources and Perspectives). Studies in Honour of Cardinal Erdö, Budapest – Roma, Collectanea Vaticana Hungariae, vol. VIII, 2012, p. 352.

[37] Cfr. ibid., p. 352.

[38] «En Györ, el obispo Apor fue otra víctima de la soldadesca. Mujeres y muchachas, aterrorizadas, buscaron escondrijo en el refugio antiaéreo de su residencia. El obispo trató de cortar el paso a los que intentaban penetrar allá. Dispararon sobre él, matándolo» (József Mindszenty, Memorias, Madrid, Palabra, 2009, p. 58). Por su testimonio de heroísmo, Vilmos Apor será beatificado por Juan Pablo II en 1997.

[39] Cfr. Lapo Lombardi, La Santa Sede e i cattolici dell’Europa orientale agli albori della guerra fredda. I casi della Polonia e dell’Ungheria, Roma – Budapest, Pontificia Università Gregoriana – METEM, 1997, p. 91.

[40] Cfr. ibid., p. 92.

[41] Cfr. Gergely, p. 81.

[42] Cfr. ibid., p. 80.

[43] Cfr. Mindszenty, pp. 114-117. Luttor (1886-1953), consejero eclesiástico, no era uno de los colaboradores más estimados por Apor. En 1944, por su condición de sacerdote, no había tenido que refugiarse con él en el Vaticano, y luego, por propia iniciativa, hasta que en enero de 1946 fue desautorizado por el nuevo gobierno de Budapest (cfr. Gergely, pp. 80-83), siguió manteniendo una cierta apariencia de representación diplomática húngara. En el Annuario Pontificio de 1945, Luttor aparece no solo como «consigliere ecclesiastico» de la legación, sino también como «ministro plenipotenziario» (Annuario Pontificio 1945, Ciudad del Vaticano, Tipografia Poliglotta Vaticana, 1948, p. 741). Gábor Apor había desaprobado expresamente su conducta en un informe personal al gobierno (cfr. Rétfalvi, p. 353).

[44] Tras un pulso de varios meses con De Gaulle, Pío XII decidió cambiar al nuncio. Para la persona llamada a ocupar el cargo, monseñor Angelo Roncalli, delegado apostólico en Turquía, aquella promoción inesperada fue un paso decisivo en el camino que había de conducirle, catorce años más tarde, al trono pontificio.

[45] Mindszenty, p. 113.

[46] Cfr., por ejemplo, ibid., p.115.

[47] Cfr. Gergely, pp. 89-90, y Margit Balogh, Szentszéki.magyar kapcsolatok a koalíció (1945-1949) éveiben (The relations between the Holy See and Hungary during the coalition [1945-1949]), en Tusor (ed.), Magyarország és a római szentszék..., cit., pp. 367-426.

[48] Cfr. Rétfalvi, p. 354.

[49] Cfr. Lombardi, p. 113.

[50] Cfr. Laszlo Borhi, Hungary in the Cold War, 1945-1956, Budapest, Central European University Press, 2004, p. 114.

[51] Cfr. Diario de Villa Tevere, 7-IX-1947.

[52] Cfr. Luis Cano, San Josemaría ante el Vaticano. Encuentros y trabajos durante el primer viaje a Roma: del 23 de junio al 31 de agosto de 1946, SetD 6 (2012), pp. 165-209.

[53] Sobre Salvador Canals (1920-1975), cfr. José Orlandis, «Canals Navarrete, Salvador», en Diccionario de Canonistas y Eclesiasticistas Europeos y Americanos (I), Saarbrücken, Editorial Académica Española, 2012, pp. 89-90. Armando Serrano, lisboeta, químico, murió en 1961 con solo 39 años. Sobre Ignacio Sallent (1920-2007) y Alberto Martínez Fausset (1922-2008), cfr. las notas necrológicas en «Romana», 23, 2007, pp. 168-169; y 24, 2008, pp. 156-157.

[54] Tanto en la zona principal de la casa como en la de servicio se dormía en colchonetas extendidas sobre el suelo, que de día se recogían. Cfr. Javier Medina Bayo, Una luz encendida. Dora del Hoyo, Palabra, Madrid 2011, pp. 51-52.

[55] Cfr. Javier Medina Bayo, Álvaro del Portillo. Un hombre fiel, Rialp, Madrid 2012, p. 293.

[56] Diario de Città Leonina, 31-VIII-1946.

[57] Ibid., 19-X-1946.

[58] Diario de Villa Tevere, 2-II-1949 (una nota al margen aclara que el diario no se ha llevado con orden y que, aunque el día 2 se supo que la casa había quedado libre, lo que ahí se narra corresponde al 5, que es cuando se entró en ella).

[59] Diario de Città Leonina, 24-XI-1946.

[60] Ibid.

[61] Cfr. ibid., 29-XII-1946.

[62] Como otros de la misma calle, ese inmueble era propiedad de la condesa de Capomasi-Frontoni. En 1949 será alquilado por un ente oficial español, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que instala allí la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma. Adquirido en propiedad por el propio CSIC en 1965, tres años después de la muerte de la condesa, será cedido al Instituto Español de Cultura (ahora, Instituto Cervantes) en 1984. Cfr. Juan Pedro Bellón Ruiz, Lost in Transition... La pérdida de la sede en Via di Villa Albani, en Ricardo Olmos, Trinidad Tortosa, Juan Pedro Bellón (eds.), Repensar la Escuela del CSIC en Roma. Cien años de memoria, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010, pp. 603-ss. No es aventurado suponer que el embajador español, cuya ayuda será decisiva para encontrar la definitiva Villa Tevere (cfr. nota 68), puede haber estado involucrado también en el intento de compra de la casa de Villa Albani: cuando la operación dejó de interesar al Opus Dei, posiblemente el embajador seguiría preocupándose de la suerte de aquel inmueble, y de ahí que este finalmente fuera a parar a una institución española, el CSIC. También cabe la posibilidad de que Rino Martínez o Javier Silió (otro futuro habitante de Città Leonina y de Villa Tevere), que desde muy pronto trabajarán en la delegación romana del CSIC, sugirieran a sus jefes en Madrid que contrataran el uso de aquel edificio, del que evidentemente sabían que la dueña quería alquilarlo.

[63] Diario de Città Leonina, 31-III-1947.

[64] Ibid., 25-III-1947.

[65] Josemaría Escrivá, Apuntes de la predicacion oral, 2-X-1969 (en AGP Biblioteca, P21: Los primeros años del Pensionato, en Recuerdos de nuestro Padre, Roma 2002, p. 301; también en Ana Sastre, Tiempo de caminar. Semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, Rialp, Madrid 1989, pp. 339-340). El 31 de octubre de 1946, el diario de Città Leonina registra una visita de Salvador Canals a una casa del Gianicolo en venta, y de nuevo menciona visitas a casas del Gianicolo el 27 de enero y el 11 de marzo de 1947. Al menos estas dos casas son, seguramente, distintas de Villa Spada, que fue comprada por el gobierno de Dublín en diciembre de 1946. Villa Spada ha sido objeto de la atención de los medios en tiempos recientes, a raíz de la decisión del gobierno irlandés ‒mantenida solo entre 2011 y 2014‒ de cerrar su embajada ante la Santa Sede. En ese contexto se ha recordado que Dublín pagó por su villa en el Gianicolo 150.000 dólares (cfr. Paddy Agnew, Closing Embassy to the Vatican Could Save €2.4m – but at What Cost?, «The Irish Times», 16-VII-2011). Eso es exactamente el doble de lo que costó Villa Tevere.

[66] Hay anécdotas al respecto. Cfr. Hugo de Azevedo, Misión cumplida. Mons. Álvaro del Portillo, Madrid, Palabra, 2012, p. 130.

[67] Cfr. Diario de Villa Tevere, 19-VIII, 19-X y 9-XI-1947. A Francesco Angelicchio le había precedido, el año anterior, un extranjero, el croata Vladimiro Vince, que entre tanto se había trasladado de Italia a España. Cfr. José Orlandis, Mis recuerdos. Primeros tiempos del Opus Dei en Roma, Madrid, Rialp, 1995, pp. 77-96.

[68] «Esta mañana llamó por teléfono la duquesa Sforza –la conocimos por el embajador Sangróniz– ofreciendo una villa» (Carta de Josemaría Escrivá al Consejo General del Opus Dei, Roma 7-II-1947: AGP Serie A.3.4, leg. 259, carp. 2, carta 470207-02).

[69] Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, Planeta, Barcelona 2008, pp. 42-43. En nota, la autora remite a un relato oral de Álvaro del Portillo del 6-VI-1976 recogido en Crónica, 1976, p. 836 (AGP Biblioteca, P01).

[70] Diario de Città Leonina, 8-II-1947.

[71] Ibid., 9-II-1947. La familia Pödör se instala en Villa Mazzoleni en marzo (cfr. nota 48): en febrero, por tanto, no había ninguna dificultad para visitar la casa por dentro. Como se ve, para Serrano «Villa Tevere» era, en aquel momento, el palacete de Via di Villa Albani. Tanto el 8 como el 9 de febrero se exploran otras casas, además de Villa Mazzoleni.

[72] Ibid., 8-III-1947.

[73] Ibid., 30-III-1947.

[74] Ibid., 31-III-1947.

[75] Ibid., 8-IV-1947.

[76] Álvaro del Portillo, Apuntes de la predicación oral, 21-XI-1982 (en Crónica, 1982, p. 1220: AGP Biblioteca, P01).También en Urbano, p. 46.

[77] Cfr. Diario de Città Leonina, 29-XII-1946. Confirma el dato Luigi Merlini, hijo de Giulio (entrevista, 4-X-2012).

[78] Álvaro del Portillo, Apuntes de la predicación oral, 2-X-1985 (en Crónica, 1985, pp. 1295-1296: AGP Biblioteca, P01).

[79] Diario de Città Leonina, 9-IV-1947.

[80] Ibid., 10-IV-1947.

[81] Ibid., 11-IV-1947.

[82] Cfr. Carta de Donato Organai a Álvaro del Portillo, 14-IV-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 5).

[83] Cfr. Salvador Canals, Relación, 9-VII-1947, en AGP G-998, carp. 2.

[84] Cfr. Diario de Città Leonina, 10-VII-1947. Salvador Moret (1920-1985) era de Valencia; en 1950, pocos meses después de su ordenación, sucederá a Álvaro del Portillo como consiliario del Opus Dei en Italia. Javier de Silió (1924-2011), vallisoletano, sacerdote desde 1951, marchará en 1965 a Bélgica, donde será el primer consiliario del Opus Dei.

[85] Cfr. Carta de Álvaro del Portillo a Luca Ermenegildo Pasetto, 1-III-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2). El Opus Dei dependía entonces de ese dicasterio. El permiso se pide cuando la decisión de adquirir aquella casa aún no era firme, pero sí se estaba considerando seriamente: en la correspondencia de Escrivá de Balaguer de los primeros días de marzo hay ya instrucciones muy concretas en relación con la posible compra de Villa Mazzoleni (cfr. Carta de Josemaría Escrivá al Consejo General del Opus Dei, Roma 10-III-1947: AGP Serie A.3.4, leg. 259, carp. 2, carta 470310-01).

[86] Cfr. Acta notarial del contrato de compraventa entre Mario Gori Mazzoleni y Álvaro del Portillo, 25-III-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2).

[87] Cfr. Escritura privada: Álvaro del Portillo y Mario Gori Mazzoleni, 10-IV-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2).

[88] Cfr. Escritura privada: Álvaro del Portillo y Mario Gori Mazzoleni, 11-IV-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2). La querencia helvética que muestra Gori Mazzoleni quizá no se debía solo a su confianza en el franco suizo. Con el tiempo acabará instalándose en Lausana, y allí morirá en 1968 (cfr. Borella, p. 2271).

[89] Álvaro del Portillo, Declaración, en Summarium de la Causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, Positio super vita et virtutibus, Roma 1988, n. 826 (en Vázquez de Prada, III, p. 104).

[90] En un pequeño trozo de papel, anónimo y sin fecha, que se conserva en AGP G-998, carp. 2, se lee, escrito a máquina: «Oro. 500 dólares en 100 monedas de 5 dólares a 100 ptas. dólar / son ptas. 50.000»; y a mano, con una letra que parece la de monseñor Javier Echevarría: «Fueron las monedas que se utilizaron de caparra [fianza, en italiano] para la compra de la Villa Vecchia».

[91] Cfr. Documento privado: Salvador Canals y Mario Gori Mazzoleni, 24-V-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2).

[92] Cfr. Documento privado: José Luis Múzquiz y Mario Gori Mazzoleni, 20-VI-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2). A diferencia de los documentos anteriores, firmados en Roma y redactados en italiano, este se redacta en francés y se firma en Zurich.

[93] Cfr. Vázquez de Prada, III, pp. 100-104. En el momento de la compra, el carácter vicario de la Procura o representación ante la Santa Sede, como había sido designado –en virtud de la función que ejercía– el pequeño destacamento del Opus Dei en Roma, y en concreto su dependencia económica del Consejo General del Opus Dei, con sede en Madrid, aparece explícitamente declarado en una nota para el abogado Merlini, que debía tramitar el reconocimiento de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz por el gobierno italiano: «i mezzi economici per il sostenimento della casa da acquistarsi, trattandosi di una Procura Generalizia presso la Santa Sede, vengono somministrati dalla Curia Generalizia della medesima Società, che fino adesso è ancora a Madrid» (Nota sobre la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, 8-IV-1947: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 2). Como es sabido, el nombre oficial del Opus Dei era entonces Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei.

[94] El derecho mercantil había sido su primera orientación profesional. Cfr. José Orlandis, Memorias de Roma en guerra (1942-1945), Madrid, Rialp, 1992, p. 15.

[95] Ignacio Sallent Casas, Testimonio, Valencia 16-VIII-1975, p. 11 (AGP Serie A.5, leg. 240, carp. 3, exp. 16).

[96] Cfr. Diario de Città Leonina / Diario de Villa Tevere, 15 a 26-VII-1947.

[97] Cfr. Escritura privada: Del Portillo y Gori Mazzoleni, 10-IV-1947.

[98] Diario de Villa Tevere, 19-VII-1947.

[99] Ibid., 21-VII-1947.

[100] «Por la tarde fueron Álvaro y José Luis [Múzquiz, de paso en Roma] a ver al cardenal Lavitrano. El Padre y yo [Armando Serrano], después de dejarlos en Villa San Francesco, fuimos hasta Villa Tevere y delante de la casa rezamos tres avemarías para pedir a la Señora que se vayan los húngaros» (Diario de Città Leonina, 24-VI-1947). El cardenal Luigi Lavitrano era el prefecto de la Congregación de Religiosos. Villa San Francesco, la casa donde vivía, está muy cerca de Villa Tevere.

[101] Cfr. ibid., 7-VI-1947.

[102] Cfr. Carta de Álvaro del Portillo a Giovanni Battista Montini, 31-V-1947 (AGP Serie E.4.1, leg. 85, carp. 3).

[103] Cfr. Carta de Pablo de Churruca a Francesco Maria Taliani, 31-VII-1947: se conserva copia tanto en AGP (G-998, carp. 2) como en la embajada española ante la Santa Sede.

[104] Cfr. Nota de Giulio Merlini para Francesco Maria Taliani, VII-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3). Se trata de una propuesta que un mes más tarde Álvaro del Portillo reitera directamente al titular de la legación húngara en Italia: cfr. Carta de Álvaro del Portillo a István Kertész, 18-VIII-1947, con su nota aneja («La vertenza sulla locazione dell’edificio della legazione d’Ungheria presso la Santa Sede»), reproducidas en Rétfalvi, pp. 364-367.

[105] Cfr. Carta de Francesco Maria Taliani a Pablo de Churruca, 2-VIII-1947: hay copia tanto en AGP (G-998, carp. 2) como en la embajada española ante la Santa Sede.

[106] Cfr. Diario de Villa Tevere, 13-VIII-1947. El 2 de julio, Tardini había concedido una audiencia a san Josemaría (cfr. Diario de Città Leonina, 2-VII-1947): es muy probable que ya en esa ocasión fuera invitado a tomar cartas en el asunto cuando las circunstancias lo requirieran.

[107] El embajador Churruca había dicho a Álvaro del Portillo que sabía, por Gábor Apor, que Kertész reconocía privadamente que la razón estaba de la parte de los nuevos dueños. Cfr. Canals, Relación, 18-VII-1947. «È persona dell’antica carriera diplomática, e molto per bene», había dicho de Kertész, en su carta de mayo, Álvaro del Portillo (cfr. Carta de Álvaro del Portillo a Giovanni Battista Montini, 31-V-1947: AGP Serie E.4.1, leg. 85, carp. 3).

[108] Cfr. Diario de Villa Tevere, 16-VIII-1947.

[109] Ibid., 14-IX-1947.

[110] Cfr. Canals, Relación, 9-X-1947.

[111] Canals, Relación, 14-X-1947.

[112] Canals, Relación, 16-X-1947.

[113] Cfr. Carta de Giovanni Battista Montini a Álvaro del Portillo, 16-X-1947 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3).

[114] Diario de Villa Tevere, 14-X-1947.

[115] Cfr. László Csorba, Villa Fraknói – Sede dell’Ambasciata della Repubblica Ungherese presso la Santa Sede, en Zombori (ed.), Le relazioni diplomatiche..., cit., p. 135. Sobre Filippo Merlini (1887-1968), cfr. Maria Ciotti, «Merlini, Filippo», en Dizionario biografico degli italiani, vol. 73, Roma, Treccani, 2009, pp. 699-701.

[116] Cfr. Csorba, p. 137. En la misma relación, el director de la Academia de Hungría señalaba que el edificio necesitaba urgentes reparaciones: sin duda, las que en octubre Velics exigirá pagar a la Procura del Opus Dei como condición para que Pödör abandone Villa Mazzoleni.

[117] Dato aclarado por el hijo del abogado, Luigi Merlini (entrevista, 4-X-2012).

[118] Cfr. Canals, Relación, 13-XI-1947.

[119] Cfr. Carta del estudio Boschi Hüber a la legación de Hungría en Roma, 20-V-1947 (fotocopia en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3).

[120] Cfr. Rétfalvi, p. 351.

[121] Cfr. ibid., p. 359. Seguramente por eso unos meses después Álvaro del Portillo pedirá a Tardini un certificado oficial, que será prontamente preparado y enviado (cfr. Canals, Relación, 17-XII-1947 y 10-I-1948). De hecho, Il Quotidiano no era la única publicación que podía hacer pensar en una vacante temporal: el Annuario Pontificio incluía en estos años, entre el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, una entrada para la representación húngara, con un espacio en blanco en el lugar del titular de la legación (cfr., por ejemplo, Annuario Pontificio 1948, Ciudad del Vaticano, Tipografia Poliglotta Vaticana, 1948, p. 810).

[122] Cfr., por ejemplo, notas de los pagos de 20-III-1948 (35.589 liras) y 17-VI-1948 (150.000), en AGP G-998, carp. 2.

[123] Cfr. Diario de Villa Tevere, 30-VII y 12-VIII-1947.

[124] Cfr. Canals, Relación, 13-VIII-1947.

[125] Diario de Villa Tevere, 13-VIII-1947.

[126] Cfr. ibid., 14-VIII-1947. El episodio está narrado en Azevedo, pp. 130-131.

[127] Diario de Villa Tevere, 14-VIII-1947.

[128] Cfr. ibid., 14-IX y 6-X-1947.

[129] Cfr. Rétfalvi, pp. 356 y 360.

[130] Cfr. Diario de Villa Tevere, 2-IX-1948.

[131] Cfr. Rétfalvi, pp. 360-361.

[132] Mindszenty, p. 191.

[133] Sándor Márai, ¡Tierra, Tierra!, Barcelona, Salamandra, 2006, p. 317.

[134] Mindszenty, p. 210.

[135] Mindszenty, pp. 255-256. Sin quitar mérito a su valiente resistencia tanto al nazismo como al comunismo (conoció las cárceles de Szálasy durante la guerra y las de Rákosi después), parece justificado pensar que la actuación de Mindszenty no estuvo exenta de contradicciones. Pese a su oposición a la reanudación de relaciones, en febrero de 1946 había propuesto al gobierno húngaro el nombre de un candidato, Laszlo Meggyesi, para el cargo de representante ante la Santa Sede (cfr. Rétfalvi, p. 353). Su propuesta no fue acogida (cfr. Gergely, p. 88). En cierto momento también se había barajado para esa misión el nombre del general Albert Bartha: él mismo, en diciembre de 1946, siendo ministro de Defensa, había dicho al encargado de negocios italiano en Hungría, Augusto Assettati, que iba a ser puesto al frente de la misión diplomática ante la Santa Sede en cuanto las relaciones se reanudaran, cosa que él preveía para el mes de febrero siguiente, una vez firmado el tratado de paz (cfr. despacho N. 889/210, Budapest 28-XII-1946, en ASD [Archivio Storico Diplomatico del Ministero degli Affari Esteri], 1007, Santa Sede, Busta 2).

[136] Cfr. Gergely, p. 91.

[137] Carta de Domenico Tardini a Josemaría Escrivá, 10-XII-1948 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3).

[138] Cfr. borrador de la citación, fechado el 29-IV-1948, en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 3. No consta que se hubiera pedido expresamente esa intervención a Tardini, pero sí a Montini, aunque sin referencia a la demanda que se había presentado (cfr. Carta de Álvaro del Portillo a Giovanni Battista Montini, 22-VII-1948: AGP G-998, carp. 2). Posiblemente, Montini había dejado la cuestión en manos de Tardini.

[139] Cfr. Informe de György Szekeres (Legación de Hungría en Roma) para el Sr. Ministro de Asuntos Exteriores (Budapest), 27-XI-1948, en MOL (Magyar Országos Levéltár, Archivo Nacional Húngaro), XIX-J-I-j, Vatikán I-132, 300/1948; citado parcialmente en Rétfalvi, p. 363.

[140] Una posible causa de que la fecha fuera esa es que el piso al que Szekeres se iba a trasladar estaría ocupado hasta entonces. Cfr. Carta de Margherita Fried in Pinghini (propietaria del piso) a la embajada de Estados Unidos ante el gobierno italiano (persona jurídica con contrato de alquiler hasta el 31 de enero), 23-XI-1948, en AGP G-998, carp. 5.

[141] Cfr. nota 175.

[142] Cfr. Csorba, p. 138.

[143] Cfr. ibid., p. 143. En aquel momento, Villa Fraknói estaba tan deteriorada que se optó por no instalar allí la legación, sino solo, tras remozar lo imprescindible, el consulado. Serán necesarias obras de mayor envergadura para hacer del edificio, tras la reanudación de relaciones diplomáticas en 1990, la embajada de Hungría ante la Santa Sede (cfr. ibid., pp. 144-145).

[144] Cfr. Rétfalvi, pp. 352, 354, 356 y 362, y Aurélien Sauvageot, Ladislas Pödör (1911-1984), «Études Finno-Ougriennes», XX, 1986-1987, p. 267.

[145] Cfr. Peter I. Hidas, A View from the Embassy: László Velics and Occupied Greece 1941-1944, en John D. Morison (ed.), Eastern Europe and the West. Selected Papers from the Fourth World Congress for Soviet and East European Studies, Harrogate, 1990, Londres, Palgrave Macmillan, 1992, pp. 102-108.

[146] Debo esta información, así como otros datos sobre la historia de Hungría, a András Fejerdy, secretario científico de la Academia de Hungría en Roma, y a Laszlo Csorba. Mi gratitud va también a monseñor Laszlo Németh, por su generosa labor de orientación; a Anna Nagy, Márk Aurél Érszegy y Pál Guinea, por sus traducciones del húngaro; y a Fernando Crovetto, por sus hallazgos en la embajada de España ante la Santa Sede, que ha querido compartir conmigo.

[147] Cfr. Diario de Villa Tevere, 14-II-1949.

[148] Cfr. ibid., 8 y 18-VI-1949.

[149] Cfr. ibid., 15-X-1949. El 15-XII-1947, san Josemaría había solicitado al cardenal Marchetti-Selvaggiani, vicario del Papa para la diócesis de Roma, la autorización para abrir «una casa per gli studenti universitari», que le sería concedida dos días después: cfr. instancia y respuesta en AGP G-998, carp. 1. Previamente se había pedido autorización para instalar la Procura del Opus Dei: cfr. la instancia del procurador general Álvaro del Portillo (24-VIII-1946) y la respuesta favorable del vicariato (28-VIII-1946) en AGP G-998, carp. 1.

[150] Diario de Villa Tevere, 21-VIII-1947. Por desgracia, la filmación no se conserva. En la casa había también un oratorio, como sabemos.

[151] Cfr. ibid., 9-X, 20-XI, 25-XII y 29-XII-1947. Antonio Fraile era segoviano. Marchó a Milán a finales de 1949: fue uno de los iniciadores de la labor del Opus Dei en la ciudad (cfr. Lorenzo Revojera, San Josemaría in terra lombarda, Milán, Àncora, 2011, pp. 27-28). Volvió más tarde a Roma, donde trabajó muchos años, como dependiente laico, en la Santa Sede (cfr. Vázquez de Prada, III, p. 632). Murió en 1999 (cfr. In Pace, «Romana», 15, 1999, p. 286).

[152] Cfr. Diario de Villa Tevere, 4 y 15-XII-1947. Del Portillo fue secretario de la Comisión especial para los Institutos Seculares, dependiente de la Congregación de Religiosos, entre marzo de 1947 y agosto de 1949, cuando fue sustituido por Canals (cfr. Medina Bayo, Álvaro del Portillo, pp. 299-302). Sobre Alberto Taboada (1919-2007), cfr. «Romana», 23, 2007, p. 332.

[153] Cfr. Diario de Villa Tevere, 8 y 11-II-1949.

[154] «Ignacio va a dormir desde ayer a casa de Luigi ya que aquí no tenemos sitio material para colocar ni una cama más» (ibid., 15-I-1949).

[155] Cfr. ibid., 30-XI-1947 y 13-VII-1949.

[156] Cfr. Diario de obras, 24-IX-1951.

[157] Consta que san Josemaría seguía con especial interés las obras de la Procura porque era allí donde deseaba confiar oficialmente el encargo de cardenal protector del Opus Dei al cardenal Tedeschini (cfr. Diario de obras, 27-II-1951).

[158] Diario de Città Leonina (AGP D 426-21: 9-III a 26-VI-1947), guarda anterior.

[159] Cfr. Diario de Villa Tevere, 26-I, 22-II y 29-II-1948.

[160] Cfr. ibid., 16-III, 22-IV y 18-XI-1949. Sobre Larrea (1927-2006), cfr. Antonio Vázquez, Juan Larrea. Un rayo de luz sobre fondo gris, Madrid, Palabra, 2009; sobre Farri (1928-2006), igual que sobre Angelicchio (1921-2009), Mariani (1928-1995), Tirelli (1921-2012) y Lantini (1928-2008), cfr. las notas necrológicas publicadas en la sección «In Pace» del número de «Romana» correspondiente al año del fallecimiento.

[161] Cfr. Diario de Villa Tevere, 23-I, 14-III y 9-V-1948.

[162] Cfr. ibid., 9-XII-1948 y 20-I-1949.

[163] Cfr. Revojera, p. 32.

[164] Cfr. Diario de Villa Tevere, 15-XI-1950. Cuatro días después, el diario, que desde la primavera del año anterior se redactaba habitualmente en italiano, vuelve al castellano.

[165] Cfr. Revojera, pp. 102-103.

[166] Cfr. Diario de Città Leonina, 5-XII-1946, y Diario de Villa Tevere, 4-IX-1947 y 21-VII-1948.

[167] Diario de Città Leonina, 6-I-1947.

[168] Cfr. Diario de Villa Tevere, 17-VI-1948.

[169] Cfr. Diario de obras, 26-X-1952 y 10-XI-1953.

[170] Cfr. Margarita Murillo Guerrero, Una nueva partitura. México-Roma (1947-1955), Madrid, Rialp, 2001, p. 156.

[171] Julián Herranz, Dios y Audacia. Años de juventud junto a San Josemaría, Madrid, Rialp, 2011, pp. 44-45.

[172] Cfr. ibid., p. 25 y Diario de obras, 19-X-1953 y 19-I-1954.

[173] «Oggi abbiamo preso possesso dei locali già occupati dall’amministrazione» (Diario de Villa Tevere, 7-IX-1950).

[174] Cfr. ibid., 3-XII-1947, 16-XII-1947, 6-VI-1948 y 26-XII-1949, y Onésimo Díaz Hernández, Rafael Calvo Serer y el grupo Arbor, Valencia, PUV, 2008, p. 260.

[175] Al irse, los húngaros les enviaron flores. Ellas correspondieron con un buen licor. Cfr. Vázquez de Prada, III, p. 117.

[176] Cfr. Bruno Mastroianni, San Josemaría Escrivá. Una biografia per immagini del fondatore dell’Opus Dei, Turín, Lindau, 2011, p. 99, y Cosimo Di Fazio, «Italia», DSJE, p. 660.

[177] Cfr. María Isabel Montero Casado de Amezúa, L’avvio del Collegio Romano di Santa Maria, SetD 7 (2013), pp. 259-319.

[178] «Este Diario se comienza más de un año después del inicio de las obras en el día de la Epifanía de 1951» (Diario de obras, 6-I-1951).

[179] Cfr. Diario de Villa Tevere, 19-V-1949.

[180] «Sono venuti alcuni operai per aggiustare le condutture dell’acqua sulla montagnola» (ibid., 28-V-1949).

[181] Ibid., 3-VI-1949.

[182] Ibid., 4-VI-1949.

[183] Diario de obras, 24-IX-1951.

[184] Cfr. nota 156.

[185] Cfr. Diario de obras, 6-I-1951. En la Casetta se habilitarán algunas instalaciones necesarias para la administración doméstica de Villa Tevere. La Manica Lunga se ocupará sobre todo con dormitorios.

[186] Ibid., 24-IX-1951.

[187] Cfr. Diario de Città Leonina, 14-II, 2-III, 24-IV y 16-V-1947. Pedro Casciaro (1915-1995) pasó en Roma la primera mitad de mayo. Entonces era ya sacerdote. Había estudiado arquitectura antes de graduarse en ciencias. Compatiblemente con su amplio trabajo pastoral, durante toda su vida se dedicó con ilusión a la instalación y decoración de centros del Opus Dei, tarea para la que estaba particularmente dotado de buen gusto.

[188] Cfr., por ejemplo, Diario de Villa Tevere, 11-I y 16-III-1948.

[189] Cfr. Diario de Villa Tevere, 29-IX-1949.

[190] Cfr. Contrato de concesión de obras, 8-VI-1949, en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 6. Del contrato son expresamente excluidos algunos capítulos: la instalación eléctrica, la calefacción y «eventuali materiali particolari di decorazione» (detalle importante en una casa en la que iba a haber varios oratorios), así como trabajos que, a juicio de la dirección de obras, pudieran requerir una técnica especializada. Quizá esto ayuda a explicar la diferencia entre los 9 millones de liras de este presupuesto y los 25 de que habla Delapuente.

[191] «Después de comer fueron Miguel y Salvador a ver al arquitecto [ingeniero, más bien] Rebecchini para tratar de las obras en Villa Tevere. Se ha buscado este arquitecto pues aunque sea Miguel el que dirija todo el trabajo de construcción tiene que ser un arquitecto italiano el que firme el proyecto de las obras» (Diario de Città Leonina, 30-IV-1947). Con Delapuente se actuará de igual manera: de los años 1949-1951 se conservan seis permisos de obras concedidos por el ayuntamiento para otros tantos proyectos que ha firmado Gaetano Rebecchini, dos en Via di Villa Sacchetti y cuatro en Viale Bruno Buozzi (cfr. AGP G-998, carp. 3).

[192] «Al principio el Padre no pensaba hacer una construcción tan importante por ahora. Por eso el síndaco Rebecchini le recomendó esta empresa» (Diario de obras, 6-I-1951).

[193] Ibid., 24-IX-1951.

[194] «Las cosas han llegado a ponerse en una forma que el mismo Rebecchini (padre) aconseja liquidar y echarle» (ibid., 25-I-1953).

[195] Cfr. ibid., 15-II-1953.

[196] Ibid., 6-I-1951.

[197] Cfr. Montero Casado de Amezúa, p. 282.

[198] Cfr. Diario de obras, 5-X-1951 y 30-III-1952.

[199] Cfr. ibid., 6, 13 y 21-I-1951. «Fue necesario reforzar todos los muros de carga, que se habían resentido, y cambiar todas las bajantes, de 80 mm a 100»(Álvarez Gazapo, Testimonio, n. 16).

[200] Cfr. Diario de obras, 11-X-1951. El texto de la lápida, en latín, comienza con las palabras «O quam luces Roma». Es un homenaje a la belleza monumental de Roma, que desde esa terraza puede admirarse en buena parte de su extensión, y al Papa como el mayor tesoro de la ciudad.

[201] Cfr. Álvarez Gazapo, Testimonio, n. 17.

[202] Cfr. Diario de obras, 8-VIII-1952. Lo mismo sucedía con la Via Domenico Cirillo, pero en este caso el problema era el contrario: el nivel de edificación quedaba por encima del de la calle y no había ningún muro de contención. Era esta una calle nueva, nacida del plan urbanístico de 1931. Todavía estaba en construcción en 1947, cuando Álvaro del Portillo pidió al ayuntamiento que se asegurara el terreno por medio de un muro (cfr. Informe de Álvaro del Portillo para el alcalde de Roma, 16-XII-1947: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 1). El muro se construyó (cfr. Diario de Villa Tevere, 9-V-1949).

[203] Cfr. Diario de obras, 8-IV-1951.

[204] Era uno de los dos edificios de la manzana de Villa Tevere que no habían pertenecido a Villa Mazzoleni ni pertenecían ahora a Villa Tevere. El otro es el antes mencionado de la esquina de Domenico Cirillo y Villa Sacchetti.

[205] Cfr. Acta notarial del acuerdo entre Mario Gori Mazzoleni y la Società Immobiliare Edilizia Agricola (SIEA) sobre el límite entre ambas propiedades, 11-VII-1935 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 1, exp. 1: copia autenticada en 1952).

[206] El plan de ordenación urbana de 1931 preveía que esa calle tuviera una salida. Medio siglo más tarde, aquella provisión incumplida será tardíamente reivindicada en el contexto de las polémicas que acompañaron a la construcción del edificio de la embajada alemana ante la Santa Sede. Cfr. Jacopo Astarita, L’oasi dei Tre Orologi. Passeggiando tra i segreti di una via tutta d’oro, «Il Messaggero», 2-VII-1986, Suplemento.

[207] Cfr. documentación en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 3.

[208] Diario de obras, 2-X-1951. La referencia a la alcuza remite a la viuda que atendió al profeta Elías, cuya alcuza de aceite nunca se vaciaba, lo que le permitió sustentar a su hijo pequeño en tiempos de hambre.

[209] Cfr. ibid., 4-XII-1952.

[210] «A los obreros no se les podía dejar sin sueldo una semana: era dejar sin pan a una familia entera» (Álvaro del Portillo, Apuntes de la predicación oral, 21-XI-1982, en Medina Bayo, Álvaro del Portillo, p. 316).

[211] Urbano, p. 46. Cfr. nota 76.

[212] Ibid.

[213] Cfr. AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 3, exp. 1 a 12. Se trata de documentación abundante pero seguramente incompleta.

[214] Cfr. Instancia (borrador: sin firma), 5-VII-1949: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 4.

[215] Carta de Josemaría Escrivá a Francisco Franco, 8-VIII-1949 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 4). Cfr. también, en AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 1, un proyecto de memoria, sin duda para alguna instancia oficial, al pie del cual se lee «Madrid, 28 de mayo de 1949. El Arquitecto», sobre el posible uso de los futuros locales de Bruno Buozzi 73 como alojamiento para peregrinos. Finalmente, sin embargo, en 1950 no habrá peregrinos del año santo en Villa Tevere, quizá precisamente por falta de dinero: de hecho, lejos de estar terminadas, las obras todavía estaban comenzando.

[216] Cfr. Carta de José Ibáñez Martín a Álvaro del Portillo, 17-VIII-1949 (AGP G-998, carp. 4). Ibáñez Martín, ministro de Educación, firma la comunicación oficial a título de secretario del gobierno. Que ese dinero llegó a hacerse efectivo hay que suponerlo, pero no se conservan documentos que permitan afirmarlo. De hecho, todavía en octubre de 1949 no era más que una promesa, útil solo para avalar la petición de un préstamo (cfr. Carta sin firma [borrador] a la Compagnia Finanziaria Scaretti, 10-X-1949, y Declaración oficial del embajador ante el Vaticano, Joaquín Ruiz-Giménez, 13-X-1949: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 2, exp. 4, y Embajada de España ante la Santa Sede).

[217] Cfr. Carta de la dirección general de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores a Josemaría Escrivá, 27-III-1947 (AGP G-998, carp. 1). «Aycinena [el embajador Pablo de Churruca, marqués de Aycinena], que está muy amable, a propósito de esa ridícula cantidad que envían de Asuntos Exteriores, me decía que se ve que “en Madrid no se dan cuenta de la importancia de la Obra”. Y añadía: deberían ayudar, con generosidad, a la compra de la casa de Roma» (Carta de Josemaría Escrivá al Consejo General del Opus Dei, 28-IV-1947: AGP Serie A.3.4, leg. 259, carp. 2, carta 470428-01).

[218] Cfr. John F. Coverdale, Putting Down Roots. Father Joseph Muzquiz and the Growth of Opus Dei, Nueva York, Scepter, 2009, pp. 71-74.

[219] Cfr. Nota de Gaetano Rebecchini a Fernando Delapuente, 27-II-1950 (AGP G-998, carp. 3) y Diario de obras, 6-I-1951.

[220] Cfr. Alfredo Passeri, Palazzine romane, Roma, Aracne, 2013.

[221] Carta de Gaetano Rebecchini a Álvaro del Portillo, 20-I-1953 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 3).

[222] Cfr. Diario de obras, 11-V-1951.

[223] Cfr. ibid., 25-I y 15-II-1953; cfr. también las cartas de Gaetano Rebecchini a Álvaro del Portillo, 20-I-1953 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 3) y de Álvaro del Portillo a Eugenio Sebastiani, 28-I-1953 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 2).

[224] Diario de obras, 25-I-1953.

[225] Cfr. ibid., 24-VII-1952. El momento de la marcha de Fernando Delapuente y de su sustitución por Jesús Álvarez Gazapo no consta en el diario de obras, que quedó interrumpido entre febrero y octubre de 1953. Álvarez Gazapo nació en 1929 y murió en 2006. Ya mayor, en 1990, se ordenó sacerdote.

[226] Cfr. ibid., 8-XI-1953.

[227] Ibid., 4-VI-1957.

[228] Cfr. ibid., 31-I-1951.

[229] Ibid., 8-XI-1953.

[230] Cfr. Diario de Villa Tevere, 31-X-1950.

[231] Cfr., por ejemplo, Diario de obras, 6-I-1951, 26-X-1952 y 19-X-1953.

[232] Cfr. ibid., 29-IX-1956.

[233] Ibid., 30-V-1957. Sobre Carmen Escrivá de Balaguer (1899-1957) y su colaboración con el Opus Dei, cfr. Esther, Gloria y Lourdes Toranzo, Una familia del Somontano, Madrid, Rialp, 2004, pp. 182-319.

[234] Cfr. Diario de obras, 20-II-1958 y 18-VI-1959.

[235] Cfr. ibid., 18-II-1954 y 15-I-1957.

[236] Cfr. ibid., 31-XII-1959 y 9-I-1960. El diario de obras, hasta su conclusión el 21 de enero, continúa con anotacionestécnicas, sin duda útiles para los futuros usuarios de Villa Tevere, sobre decoración, materiales, red hidráulica, electricidad, etc.: un tipo de literatura que, por lo demás, es el que predomina a lo largo de los años en ese diario, aunque en este artículo no haya sido demasiado tenida en cuenta.

[237] "«El Padre [J. Escrivá] [...] dice que lo nuestro es que nos entierren donde los demás, pero que le gustaría reunir en estas casas –Villa Tevere, el Colegio Romano definitivo– los restos de algunos de los primeros, que
den unidad, que sean un centro de unión» (Diario de obras, 14 de mayo
de 1957). Actualmente están enterrados en la cripta Álvaro del
Portillo, su sucesor Javier Echevarría y Salvadora del Hoyo
(1914-2004). Antes de su beatificación en 1992 lo había estado san
Josemaría, que había accedido a que se le reservara una tumba allí con
la condición de que en el mismo espacio se previeran sepulturas para
otros miembros de la Obra, hombres y mujeres (Diario de obras, 14 de
octubre de 1957). Bajando una escalera un tanto empinada, desde la
cripta se llega a la cripta inferior o sottocripta, donde, como se ha
dicho, está enterrada su hermana Carmen".

[238] Ibid., 26-I-1958.

[239] «Después del Círculo ha venido a la oficina el Padre. Nos cuenta muchas cosas y habla de la Arquitectura y el Arte que tenemos que hacer en casa por lo menos durante estos primeros tiempos: discreto, tradicional, agradable, nada de cosas llamativas ni originales que puedan llamar la atención de los que no hacen más que buscar motivos pequeños para atacar» (ibid., 10-II-1954).

[240] Cfr. ibid., 7 y 30-IX-1954. En ambos viajes san Josemaría y don Álvaro acompañaron a Álvarez Gazapo.

[241] Cfr. ibid., 26-I-1958 y 31-V-1959.

[242] Cfr. ibid., 5-V-1959.

[243] «Por la mañana salimos a ver la exposición de Picasso (…). Nos encontramos allí y durante el camino con muchos chicos del Colegio Romano ávidos de entender y gustar la pintura moderna. De vuelta pasamos por la exposición de Arquitectura brasileña» (ibid., 7-III-1954).

[244] Cfr. ibid., 29-XII-1957.

[245] Desde Villa Tevere se llamó a la familia en muestra de solidaridad (cfr. ibid., VII-1954).

[246] Cfr. ibid., 27-IV-1954.

[247] Cfr. Carta de Álvaro del Portillo [copia sin firma] a Gaetano Rebecchini, 31-I-1953 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 3).

[248] Cfr. Carta de Gaetano Rebecchini a Álvaro del Portillo, 31-XII-1955 (AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 3).

[249] Cfr. Diario de Villa Tevere, 4-VI-1948. Tras la apertura del centro de Via Orsini, Sannipoli se había incorporado al Opus Dei. Esto explica el expeditivo comentario con que el diario de obras saluda su entrada en el equipo de Villa Tevere en sustitución de Rebecchini: «ahorraremos dinero y se hará todo en casa» (Diario de obras, 29-IX-1954).

[250] Cfr. ibid., 30-VIII y 5-IX-1956. En esta ocasión, los vecinos que se habían quejado eran los del n. 29 de Via di Villa Sacchetti, que se veían privados de luz. El asunto se resolvió con un resarcimiento amistoso. Entre las varias gestiones que se hicieron para desbloquear la situación, hubo una del padre Larraona (cfr. Carta de Arcadio Larraona a dos técnicos de la Avvocatura del Comune di Roma, 9-VI y 23-XI-1956: AGP Serie A.1, leg. 49, carp. 4, exp. 5).

[251] Diario de obras, 11-I-1957.

[252] Cfr. ibid., 22-III-1958.

[253] Ibid., 6-IV-1954. De un tenor parecido hay comentarios en muchos otros pasajes del diario de obras. Este es de Fernando Delapuente: «El pobre Álvaro ha conseguido hoy otro crédito de cuatro millones y medio para pagar las cosas más apremiantes. ¡Se debían en este momento más de veinticuatro millones!» (ibid., 17-XI-1951).

[254] Ibid., 5-III-1958.

[255] Cfr. Medina Bayo, Álvaro del Portillo, p. 391.

[256] Cfr. Diario de obras, 12-III-1958.

[257] Cfr. ibid., 31-V-1957.

[258] Cfr. ibid., 3-VII-1959. De aquella liquidación de existencias se salvó una puerta de entrada que había en Viale Bruno Buozzi: ahora es la puerta del atrio de Santa María de la Paz (cfr. ibid., 7-VII-1959).

[259] Cfr. Medina Bayo, Álvaro del Portillo, p. 317.

[260] Cfr. Diario de Villa Tevere, 29-V-1948.

[261] Cfr. ibid., 16-V-1948.

[262] Carta de Antonio Fontán a Ángel Jolín, 9-IX-1951, cit. en Agustín López Kindler, Antonio Fontán. Un héroe de la libertad, Madrid, Rialp, 2013, p. 266.