Resumen del viaje pastoral del prelado a Paraguay

Mons. Fernando Ocáriz estuvo en Asunción (Paraguay) del 13 al 16 de agosto de 2018.

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16 de agosto

Mons. Fernando Ocáriz comenzó su último día en Paraguay predicando en el oratorio de La Cumbrera para un grupo de fieles de la prelatura. Les habló de fraternidad, de saber perdonar, de servicio. Citó, entre otras, aquella enseñanza de san Josemaría de que “la caridad, más que en dar, está en comprender” y les animó a estar pendientes de las necesidades de los demás.

Luego acudió a la nunciatura apostólica para visitar a Mons. Eliseo Ariotti, nuncio en Paraguay. Fue un encuentro breve y cordial, al que siguió una visita al arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela, en la sede del arzobispado, ubicado frente a la catedral metropolitana. Recordaron, entre otras cosas, la reciente beatificación de "Chiquitunga", la primera beata paraguaya, objeto de una extendida devoción popular.

Posteriormente, el prelado del Opus Dei visitó el colegio Campoalto, una labor educativa de 600 alumnos inspirada en las enseñanzas de san Josemaría. Al entrar al colegio, le esperaba un bullicioso “callejón” de niños que iban saludándole conforme avanzaba, dirigiéndose al oratorio. Se festeja hoy en Paraguay el día del niño. Mons. Ocáriz, divertido, caminaba rápido mientras les ofrecía sus manos abiertas y los chicos se las golpeaban con entusiasmo.

Ricardo le regaló un crucifijo de arte paraguayo, primorosamente confeccionado. Carlos y Rafael, director de la institución, le contaron algunas características del colegio.

Tras saludar a un grupo de mamás allí presente, se dirigió al centro del patio, donde le rodearon centenares de alumnos. Mons. Ocáriz tomó el micrófono y agradeció que lo hubieran recibido en el colegio y les alentó a ser buenos estudiantes, buenos amigos, y a buscar cada vez más el trato con Jesucristo.

A mediodía, después de algunas reuniones, recibió a familias en el centro cultural Villa Morra.

Varias personas le manifestaron la misma idea: “Estamos contentos con su visita. Llevaremos a otros amigos, lo que aprendimos hoy junto a usted”. Gloria le dio las gracias. “¡Vuelva pronto, Padre!” A lo que el prelado respondió: “¡Que no pasen 21 años!”.

Luego partió para el aeropuerto, donde lo esperaban algunas jóvenes. Estaba también un matrimonio joven con tres niños pequeños, que aprovecharon para saludarlo.


15 de agosto

El prelado celebró la Misa de la Asunción de la Virgen en el oratorio de La Cumbrera —con particular relieve para los asuncenos al estar en la ciudad que lleva su nombre—, y, además, era el 47° aniversario de su ordenación sacerdotal.

Mediada la mañana, hubo una primera tertulia para mujeres en el centro de convenciones Mariscal López. Teresa tocó con el arpa una canción que también había interpretado en 1974 ante san Josemaría en Buenos Aires.

A raíz de las preguntas, Mons. Ocáriz fue tratando diversos temas: desde el amor y la fidelidad en el matrimonio, hasta el orden y la diligencia. Mónica contó que siempre que viajan en familia se encomiendan al ángel de la guarda y que hace un mes tuvieron un grave accidente de tránsito, pero milagrosamente salieron ilesos. Entonces le consultó cómo nació en la Obra la costumbre de la bendición de viaje. Mayra, por su parte, le pidió un consejo para no descuidar el trato con Dios en este mundo ajetreado. El prelado destacó la importancia del orden para dominar una situación difícil a fin de no dejar que esa situación nos domine a nosotros.

Después del almuerzo, Mons. Ocáriz estuvo de sobremesa en la Casa Colonial. Al entrar, le cantaron la música “Felicidades”, polka típica que se canta en fechas de cumpleaños o de especiales aniversarios. También sonó la guarania titulada: Mombyry Guive (“Desde lejos”), en idioma guaraní.

María Angélica, una de las primeras mujeres que llegó al Paraguay a iniciar la labor de la Obra, le entregó en representación de todos, un cáliz de orfebrería típica paraguaya.

Más tarde hubo un encuentro con jóvenes. Angie, Gianni y Guada bailaron “Acuarela paraguaya”, con trajes típicos, cántaros y botellas en la cabeza.

Luisa le contó que conoció la Obra a través de una colega y le comentó que lo que más le impresionó fue la posibilidad de santificar el trabajo.

Mons. Ocáriz visitó el Colegio Las Almenas para bendecir el nuevo oratorio. Saludó a Sandra, la directora del colegio, y a las demás autoridades y familias fundadoras. Las alumnas de 3° grado, que este año harán la Primera Comunión, le recibieron cantando el himno del colegio. Entró al oratorio y rezó con todos un avemaría: comentó lo bonito que estaba el retablo. Luego, descubrió una placa conmemorativa que recuerda que este oratorio, dedicado a la Sagrada Familia, fue construido con el trabajo de las familias y exalumnas del colegio. Al salir, encendió una vela mientras tres exalumnas, dos de ellas mellizas no videntes, cantaban el 'Ave María' de Schubert.

Niñas de varios clubes juveniles identificadas con remeras de distintos colores. Cantaron “Un solo canto”.

De vuelta en el centro de convenciones, Juan José recordó las alabanzas del Papa Francisco a la mujer paraguaya y bromeó sobre que el comentario no deja bien parados a los varones. Tomando ocasión de esto, consultó cómo combatir el machismo y ser más comprometidos en los temas del hogar. El prelado lo invitó a querer cada día más a su esposa y dedicar tiempo en la oración a pensar modos de concretar ese cariño.

Le entregaron un sombrero pirí y el prelado llamó a rezar por el Papa.

Sergio se animó a proponer que, cada vez que rece el misterio del rosario de la Asunción de la Virgen, se acuerde de nosotros y le pidió una recomendación para cuidar el amor conyugal. Mons. Ocáriz sugirió que aprenda de la experiencia de sus fracasos y pedir ayuda al Señor. Edgar recitó un saludo en guaraní.


14 de agosto

El prelado pasó a conocer las instalaciones de la nueva sede del colegio Buenafuente, anexa a La Cumbrera. Aunque el día estuvo nublado y lloviznaba, plantó un árbol ayudado por Koki, colaborador de Buenafuente.

Los alumnos y alumnas del Apoyo Escolar que allí funciona estuvieron presentes desde muy temprano con sus padres y le cantaron “Mbaéichapa”. El prelado les agradeció su presencia y les impartió su bendición. También repartió caramelos a los más pequeños y encendió una vela frente a una imagen de la Virgen.

Al mediodía, recibió a varias familias de Encarnación, Ciudad del Este y Asunción. La familia Feschenko, le entregó unos rosarios que confeccionaron entre todos, con un recuerdo especial, para que Mons. Fernando Ocáriz los regalara durante su viaje.

María Luisa le entregó una caricatura en la que acaricia a un burro.

Los Portillo sorprendieron con un rap que Nacho, de 11 años, había preparado para la ocasión: “Somos los Portillo y aquí estamos contigo. Por ti siempre rezamos, pues una gran responsabilidad estás llevando. Gracias a ti la gente va creyendo, gracias a ti el cristianismo va subiendo”.

Después del almuerzo, se dirigió a la Casa Colonial para tener una tertulia con mujeres de la Obra. Estaban esperándole de diversas ciudades: Asunción, Ciudad del Este y Encarnación. Además, había un pequeño grupo de Posadas (Argentina) y de Montevideo (Uruguay). Una de las presentes le entregó de parte de su sobrina de 9 años una alcancía con forma de chanchito, para que el Padre lo use para ayudar a la gente durante el viaje.

Más tarde, regresó al living de La Cumbrera para saludar a más familias y, luego, reunirse con estudiantes. El encuentro comenzó con una invitación a leer el Evangelio, imaginando que cada uno es un personaje de la escena. Explicó que este es un camino “muy bueno para tener sintonía con Jesucristo”.

A continuación, David le consultó sobre el mejor modo de prepararnos para el próximo sínodo sobre los jóvenes y la vocación: primero, rezar. Después, plantearse el discernimiento vocacional, sabiendo que Dios tiene un plan para cada uno, la santidad, y que “lo que Dios nos pide es un don que nos hace”.

Diego bromeó sobre la larga espera de 21 años para recibirlo en Paraguay, pero el prelado lo desafió recordando que hace 21 años él no había nacido. Diego manifestó su inquietud por aprovechar la formación cuando uno se va acostumbrando a las charlas de vida cristiana. Mons. Ocáriz le propuso “reconquistar la ilusión de la primera vez”, porque “cuando la fe es viva surge el deseo de conocer más a Jesucristo”.

La visita al colegio Laguna Grande generó un momento especial: le regalaron una camiseta y le dieron a tomar tereré —bebida tradicional del país— con la misma guampa que había tomado el Papa Francisco. Martín, de Ciudad del Este, le preguntó por el buen uso del celular y el prelado lo invitó a ser sincero consigo mismo: ¿qué busco al usar el teléfono? Ezequiel le contó que él no va a un centro de la Obra, sino que la Obra viene a su casa, porque en Encarnación, las actividades de formación se hacen en su casa. Ante eso, el prelado les dijo que “el apostolado del Opus Dei está en vuestras manos, las tuyas y las de tus amigos”.

A las 19, la Parroquia San Cristóbal desbordaba de gente, por la doble alegría de festejar la Fiesta de la Asunción, patrona de la Ciudad, y participar de la concelebración presidida por Mons. Ocáriz, acompañado de los presbíteros Víctor Urrestarazu, Andrej Rant, Jorge Gisbert, Luis Aguirre, Federico Mernes y Juan Carlos Alegre.

En las intenciones, se recordó a mons. Rogelio Livieres, en el tercer aniversario de su fallecimiento, primer sacerdote de la Obra de origen paraguayo y obispo emérito de Ciudad del Este.

En la homilía, destacó la relación entre la fiesta de la Asunción y la historia de la ciudad, y reflexionó sobre que “la Asunción hace que la Virgen esté más cerca de nosotros, la hace de tal manera unida a Dios que es capaz de escucharnos y estar presente con cada una y cada uno de nosotros”. Destacó que “nos escucha como madre” y que “el Cielo está muy cerca de nosotros, por una mediación materna”: “Siempre está dispuesta a escucharnos… esto nos tiene que animar a acudir más a la Virgen, a tener más confianza en la oración a la Virgen, concretándola de muchos modos que la tradición de la Iglesia nos transmite —el rosario, otras devociones…—, pero que sea siempre con ese sentimiento filial —somos verdaderamente hijos de quien es Madre de Dios—”.

Finalmente, recordó la importancia del servicio: “En el Evangelio que acabamos de escuchar, lo primero que hace es pensar en su prima, ponerse en camino con prontitud, con prisa, para quedarse meses ayudándola”.

“Todo ese camino —continuó— es un camino de entrega a los demás, de servicio (…). Acudamos mucho a la Virgen: pidámosle que nos enseñe a servir, a comprender, a disculpar, a preocuparnos de los demás. Así, Ella nos lleva, precisamente, hacia Jesús”.

Compartió la cena con sacerdotes socios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Entre anécdotas variadas del trabajo y la docencia, el padre Bernardo le comentó sobre su tarea apostólica en un barrio periférico de Ciudad del Este y contó que ambos estaban en la víspera del aniversario de ordenación, él cumple cinco y el prelado 47.


13 de agosto

Asunción recibió al prelado con un clima inusualmente fresco y en medio de una explosión de lapachos florecidos, los árboles que dan a la ciudad su fisonomía tan característica.

En la sala de recepciones del aeropuerto le esperaban varias familias, con niños yendo y viniendo. Ricardo, por ejemplo, saludó al prelado larga y efusivamente en guaraní, el idioma oficial del país, junto con el castellano; la familia Tapia le mostró un simpático cartel dándole la bienvenida; los González, los Portillo, los Prieto, y los Colmán le ofrecieron flores y pequeños obsequios, mientras los niños jugaban con globos de colores. La atmósfera, llena de cariño, era de serenidad y alegría.

Pocos minutos después, Mons. Fernando Ocáriz llegó a La Cumbrera, la casa de retiros y actividades de formación que lo alojará en estos días. Saludó a un grupo de mujeres que lo estaban esperando. Le recibieron con un fuerte aplauso y con el típico saludo local “Mbaéichapa Padre” —¡Cómo está, Padre!—. Además, entonaron a viva voz la canción “Le damos la bienvenida”.