Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
Sólo unas pocas líneas, para expresar que, como es natural, la primera Encíclica del Papa será objeto no sólo de lectura para todos, sino también de reflexión personal y de deseo de transmitir ampliamente su mensaje.
Esa lectura puede ser también una oportunidad para meditar, con agradecimiento al Señor, en la realidad de la misión del Romano Pontífice, como principio visible de fe y comunión en la Iglesia universal. Y, a la vez, motivo de unirnos en oración por su trabajo y sus intenciones.
La reciente ordenación sacerdotal de miembros de la Obra, además de motivo de acción de gracias y de oración por los nuevos sacerdotes, puede ser también ocasión de meditar en el alma sacerdotal de todos y de todas, radicada en el sacerdocio común de los fieles, sobre el que tanto nos habló san Josemaría.
Nos encomendamos especialmente hoy a Santa María, Madre de la Iglesia, para que Ella nos alcance del Señor un amor cada día más hondo al Sucesor de Pedro y un renovado afán de servicio a todas las almas.
Con todo cariño os bendice,
vuestro Padre

Roma, 25 de mayo de 2026

