Raphaël no creció en una familia practicante: sus padres le habían dejado la libertad de pedir o no el Bautismo al llegar a la edad adulta, y durante mucho tiempo no se planteó esa pregunta. Hasta que, en 2022, viajó a Roma. «Entré en la basílica de san Pedro y comprendí que el Señor estaba allí y que me esperaba». Algo se abrió. Empezó a hacerse preguntas sobre Dios, la fe, la religión. Y no dejaron de multiplicarse.
Una amistad que abre puertas
Dos años más tarde, un amigo le permitió continuar ese camino. Siendo estudiante, conoció en una asociación universitaria a un joven que frecuenta Garnelles, un centro del Opus Dei, en París, y comenzó a ir poco a poco. Raphaël descubrió primero una sala de estudio, luego el oratorio, las meditaciones, los retiros mensuales y, un día, un retiro espiritual de varios días.
En estos años, ha conocido personas con las que puede hablar con libertad de todas las preguntas que lo habitan. «Era nuevo en la fe, así que me hacía preguntas sobre todo: los textos, los mandamientos, la moral cristiana… Tuve la suerte de encontrar personas que podían ayudarme a responderlas».
Raphaël no quiere solo descubrir la fe: quiere comprenderla. Al mismo tiempo que hace el catecumenado en la parroquia de Saint-Dominique, lee el Catecismo, conversa y resuelve dudas con los sacerdotes que encuentra y descubre vidas de santos. Le apasionan en particular los mandamientos, porque encuentra en ellos respuestas concretas para su vida. Pero, con la perspectiva del tiempo, insiste en la dimensión humana de la fe: en Garnelles comprendió que uno puede llegar a la Iglesia con su propia historia, sus dudas y a veces por un camino muy alejado de la fe.
Una generación en busca de referencias
Raphaël lo comprueba hoy entre sus propios amigos: algunos no son creyentes, otros empiezan a hacerse preguntas. Trata de ofrecerles lo que él mismo recibió: una amistad, tiempo y la posibilidad de plantear sus preguntas sin ser juzgado. Está convencido de que, en un mundo que cambia muy rápido, muchos jóvenes —también los que están lejos de la fe— buscan hoy «bases sólidas» a las que aferrarse, algo que no varíe al compás del mundo y sobre lo que construir su vida.
De san Josemaría le han marcado especialmente algunas expresiones: la llamada a ser firme, decidido, a no ser «tibio». «Me parece que eso es algo que, para un hombre joven, dice muchísimo». Con todo, Raphaël se cuida de imaginar un recorrido idéntico para todos: cada uno avanza a su ritmo y puede sentirse tocado por un aspecto distinto de la fe. La formación es importante, pero debe estar alimentada de un encuentro personal con Dios.
El Bautismo, «el principio de todo»
En septiembre de 2025, Raphaël se inscribió en el catecumenado de Saint-Dominique. Unos meses después, en la Pascua de 2026, recibió el Bautismo. Durante la preparación escuchó más de una vez una frase que le marcó: no considerar el Bautismo como la meta. «Después de un año y medio de preparación, uno podría pensar: ya está, estoy bautizado, ya lo tengo. Pero, en realidad, es el principio de todo».
Desde entonces, dice tener «la impresión de vivir su vida mucho más intensamente»: su fe le da otra manera de afrontar los momentos difíciles, tomando distancia en lugar de dejarse absorber por la inquietud. También la vive en el día a día. Cuando entregó este verano su trabajo de fin de máster en historia del arte, su primer impulso fue ir a Misa para dar gracias: «Para mí era importante agradecer a Dios el camino recorrido durante este año».
«León XIV será mi Papa»
Solo unos meses después de su Bautismo, una noticia dio a este año un sabor especial: León XIV iba a venir a Francia. Para Raphaël, la perspectiva tiene algo impresionante: «Será la primera vez en mi vida que vea al Papa, al sucesor de Pedro». Además, es el primer Papa de su vida como bautizado. «Me dije: será mi Papa. Es el Papa que va a acompañar mis veinte años, mis treinta…». Raphaël espera que esta visita vaya más allá de los ambientes católicos, pues algunos de sus amigos no creyentes también se han sumado a ver al Papa.
¿Y si su presencia llevara a algunos jóvenes a hacerse preguntas? Para Raphaël, eso ya sería mucho: sabe, por experiencia, lo que puede producir una pregunta a la que se acepta dar espacio. Su propio camino hacia el Bautismo comenzó igual: con preguntas, encuentros y amistades.
No ponerse barreras
A quienes hoy miran la fe cristiana desde lejos, Raphaël les daría un consejo sencillo: no poner barreras demasiado rápido. «Nunca hay que decirse: esto no es para mí. Hay que tomarse su tiempo». Porque cada uno entra por una puerta distinta: el silencio, la Misa, un encuentro, una pregunta, una amistad… Y porque, como él mismo ha descubierto en estos cuatro años, «descubrir a Cristo es también descubrirse a uno mismo».
