Bassam y Raghad: bienvenidos a vuestra casa

​Olivia y Thimothée tienen siete hijos y viven en un pequeño pueblo entre Lille y Valenciennes (Francia). Han acogido en su casa a una familia de cristianos iraquíes: Bassam y Raghad, con sus tres niños de 9, 7 y 3 años, quienes se vieron obligados a huir de Karakoch en agosto.

Opus Dei - Bassam y Raghad: bienvenidos a vuestra casaAlgunos de los hijos de Olivia y Thimotée.

Link al texto de Papa Francisco sobre la acogida de Refugiados

Olivia cuenta: “A mediados de agosto, recibimos una llamada de un amigo sacerdote que nos informó de la grave situación en la que cientos de cristianos iraquíes que se habían refugiado en Erbil, la capital del Kurdistán. Estaba buscando una familia de acogida en Francia. Estos cristianos tuvieron que huir durante la noche, dejando todo atrás”.

Bassan, Raghad y sus tres hijos habían dejado la ciudad de Karakoch, donde se reunía la mayor comunidad cristiana iraquí, cerca de Mosul. Jihadistas del Estado islámico se habían apoderado de Karakoch. Decenas de miles de personas en la región tuvieron que huir para escapar de la violencia.

El Patriarca caldeo, Louis Sako, dijo que más de 100.000 cristianos huyeron de la violencia y, en ciudades manos de los yihadistas, "las iglesias están ocupadas y se han eliminado las cruces."

Karakoch era una ciudad enteramente cristiana entre Mosul, la principal ciudad en poder del Estado Islámico en Irak, y Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán.

“La situación era trágica -sigue Olivia- y estábamos realmente conmovidos por esta llamada de auxilio. Nos sentimos solidarios con nuestros hermanos, bautizados como nosotros y perseguidos a causa de su fe. De la noche a la mañana se encontraban en la indigencia”.

“Sin embargo, debo admitir, también éramos un poco reticentes a la acogida: tenemos siete hijos, la casa no es enorme... Evaluamos los pros y contras y estaba claro que nuestra comodidad se vería afectada".

Nuestro amigo sacerdote buscaba lugares de acogida para nueve familias. Mientras todavía estábamos pensando, mis suegros ya habían accedido a recibir a un grupo. Al ver a esta familia, pensamos: ‘no podemos dudarlo más’. Nuestros hijos mayores, de 15 y 14 años, nos empujaron a aceptar. ‘Podemos hacerles sitio’, dijeron, ‘vamos a organizar la casa de otra manera y podemos buscar ayuda’”.

Dada la urgencia de la situación, Francia ha facilitado la concesión de asilo a los cristianos orientales. Los procedimientos administrativos fueron fáciles. “La aventura por ahora es extraordinaria. Bassam y Raghad y sus tres hijos llegaron poco después, gracias a nuestro aval ante el consulado”.

Mosul, ciudad junto a Karakoch, donde vivían Bassan y Raghad con sus 3 hijos.

“Hemos reservamos unas habitaciones para ellos en la casa, y hemos planeado nuestra vida en común. Por supuesto, ellos no hablan francés, pero, afortunadamente, el padre de Bassam era profesor de Inglés en Irak, y de ese modo podemos comunicarnos”.

“Llegaron un sábado, que nunca olvidaré. Todos estábamos muy emocionados. Nos sentimos muy cerca de ellos, estamos unidos por el bautismo. Muchas veces me pongo en su situación, y veo que lo normal es recibir ayuda”.

“Los niños iniciaron a ir a la escuela a los pocos días. Fueron bien recibidos y ahora están integrados. El matrimonio, Bassam y Raghad, estudian francés y poco a poco se han organizado la vida. A menudo mi marido y yo repetimos que estamos muy felices de haberles recibido, y orgullosos de haber enseñado muchas cosas con este gesto a nuestros hijos”.

“Poco a poco, la amistad entre las familias se va consolidando. Compartimos muchos momentos: las comidas, el transporte a la escuela, ir de compras. Los niños se llevan bien y juegan juntos”.

“Bassam y Raghad tienen un gran deseo de integrarse en Francia y de encontrar un trabajo. Al vivir acogidos en una familia francesa, la asimilación de nuestra cultura es más sencillo para ellos”.

Nuestra vida va muy bien gracias a su gran delicadeza. Nunca ha habido quejas, y cuando han surgido pequeñas dificultades, el espíritu del Opus Dei –al que pertenecemos mi marido y yo- nos ayuda a buscar la voluntad de Dios en las contradiciones de la vida ordinaria, y así mantenemos un buen estado de ánimo. Gracias a Dios, dos familias comparten una misma alegría".