Año 628: la Cruz perdida y hallada

La Iglesia celebra hoy la fiesta del “Triunfo de la Santa Cruz”. El 14 de septiembre del año 628, el emperador Heraclio rescató la Santa Cruz de manos de los Persas, que se la habían robado de Jerusalén. Este es el relato.

RELATO DE LA RECUPERACIÓN DE LA CRUZ

En el año 326, la emperatriz Helena (madre del emperador Constantino) halló la Cruz de Cristo en Jerusalén, a donde viajó para encontrar el Santo Sepulcro, cuya localización se había perdido.

La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un templo, la llamada Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia.

Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Vera (verdadera) Cruz. La puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos.

Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.

Al llegar de nuevo la Santa Cruz a Jerusalén, el emperador dispuso acompañarla en solemne procesión, pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales, y de pronto se dió cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces el Arzobispo de Jerusalén, Zacarías, le dijo: "Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles".

San Josemaría: "Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada..."

Entonces el emperador se despojó de su manto de lujo y de su corona de oro, y descalzo, empezó a recorrer así las calles y pudo seguir en la piadosa procesión.

La Santa Cruz (para evitar nuevos robos) fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, un tercero se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero, que se llamaron "Veracruz" (verdadera cruz).

Los cristianos veneramos la Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo. 

ORACIÓN DE SAN JOSEMARÍA ANTE LA CRUZ DE CRISTO Vía Crucis. XII Estación.

¡Qué hermosas esas cruces en la cumbre de los montes, en lo alto de los grandes monumentos, en el pináculo de las catedrales!... Pero la Cruz hay que insertarla también en las entrañas del mundo.

Jesús quiere ser levantado en alto, ahí: en el ruido de las fábricas y de los talleres, en el silencio de las bibliotecas, en el fragor de las calles, en la quietud de los campos, en la intimidad de las familias, en las asambleas, en los estadios... Allí donde un cristiano gaste su vida honradamente, debe poner con su amor la Cruz de Cristo, que atrae a Sí todas las cosas.

Heraclio (figura dañada en el centro) porta la cruz hacia Jerusalén ante la mirada de los persas.

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Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada... Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño.

Porque ese crucifijo es más que el retrato de una persona querida —los padres, los hijos, la mujer, la novia...—; El es todo: tu Padre, tu Hermano, tu Amigo, tu Dios, y el Amor de tus amores.