​21 julio 1969, llegada a la luna: «Vamos a encomendar a esos chicos»

Los tripulantes del Apolo XI se preparaban para descender del módulo tras un alunizaje que había mantenido en vilo a millones de espectadores. Entre ellos, san Josemaría, quien se preocupó de rezar por quienes daban un gran paso para la humanidad.

Relatos biográficos
Opus Dei - ​21 julio 1969, llegada a la luna: «Vamos a encomendar a esos chicos»

El 20 de julio de 1969 el módulo de la misión Apolo XI alunizó sobre la superficie del satélite terrestre. Por primera vez, dos hombres se preparaban para caminar sobre la luna.

La tripulación del Apolo XI estaba compuesta por el comandante Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins, piloto del módulo de mando. Sólo los dos primeros caminaron sobre el polvo lunar.

La nave había partido cuatro días antes desde Cabo Cañaveral. Tras recorrer la distancia que nos separa de nuestro satélite, inició el descenso a la luna: “Houston… aquí base Tranquilidad, el Águila ha alunizado", dijeron los astronautas a quienes seguían sus operaciones desde la tierra. En realidad, millones de personas asistían a esta proeza de la humanidad, ya que la aventura se estaba transmitiendo en directo por televisión.

“Vamos a encomendar a esos chicos, para que regresen bien”

Uno de ellos era san Josemaría Escrivá. Durante aquellos días, era verano en Italia y se encontraba en Premeno, una pequeña localidad situada al norte del país. Junto con el beato Álvaro, Javier Echevarría y Javier Cotelo, que le acompañaban, siguió con atención las noticias de aquel acontecimiento.

Aquella noche, como solía acostumbrar, san Josemaría concluyó su jornada leyendo el Evangelio del día y realizando un pequeño comentario. Era un modo de examinar su jornada en la presencia de Dios y formular propósitos para el día siguiente. En aquella ocasión, recordó a la tripulación del Apolo XI: “Vamos a encomendar a esos chicos, para que regresen bien”, rezó en alta voz. Al día siguiente, por la mañana, se informó en cuanto fue posible sobre el resultado de la misión. Era un santo al que le entusiasmaban las aventuras de los hombres.

A las seis horas del alunizaje del Apolo XI. Neil Armstrong pisó por vez primera el “Mar de la Tranquilidad”, área en la que se encontraba la nave. Mientras descendió por las escaleras la cámara de televisión retransmitía esas imágenes a todo el mundo.

Al poner su pie en la superficie lunar, a las 2:56 del 21 de julio de 1969, declaró sentencioso con frase que ha pasado a la historia: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”.