Bajo el manto de la Virgen de Guadalupe

Cuando las primeras mujeres del Opus Dei marcharon a México a comenzar la labor apostólica, no dudaron en ponerse bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe. Entre ellas se encontraba Guadalupe Ortiz de Landázuri, que debía su nombre a esta advocación mariana, pues nació el día de su fiesta.

El 12 de diciembre de 1916, Eulogia Fernández de Heredia dio a luz a una niña, cuarta hija del matrimonio. En honor y como muestra de devoción a la Patrona de América, con su marido Manuel decidieron llamarla Guadalupe, aunque cariñosamente en la casa se referirían a ella como Lupe. Nació en el domicilio familiar, en la calle Valverde número 44, una vía paralela a la comercial calle de Fuencarral, en Madrid. Y fue bautizada en la Parroquia de San Ildefonso, ubicada a pocos metros, el 24 de diciembre del mismo año. En una capilla lateral de esa iglesia se encuentra una pintura de la Virgen de Guadalupe.

En honor y como muestra de devoción a la Patrona de América, cuya fiesta se celebraba ese día, con su marido Manuel decidieron llamarla Guadalupe

Cuando unos años después, el 25 de enero de 1944, Guadalupe acudió al Centro de la calle Jorge Manrique para entrevistarse con san Josemaría Escrivá de Balaguer, no pasó inadvertido a sus ojos el cuadro de la Virgen Morenita que adornaba una de las paredes de la salita, tapizada de rosa, donde la recibió el Fundador de la Obra. Pensó que le gustaría tener una estampa o una buen fotografía de la Virgen, ya que hasta entonces se había tenido que contentar con una imagen recortada de un periódico. En aquel momento, Guadalupe tenía 27 años y el convencimiento interior de que Dios le pedía la vida entera para seguir un ideal grande.

Tras un tiempo de oración y discernimiento, pidió la admisión en el Opus Dei ese mismo año, el día 19 de marzo. A su madre le costó aceptar la decisión de su hija, ya que era viuda de guerra y contaba con que Guadalupe, la única chica, permanecería a su lado para cuidarla y hacerle compañía. Madre e hija decidieron entonces visitar juntas a la Virgen para encomendarse a Ella y se desplazaron hasta el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres. Guadalupe escribió en una pequeña agenda la fecha: “12 de abril de 1944: Romería a Guadalupe”. A partir de aquel momento, doña Eulogia respetó la decisión de su hija y accedió a que se trasladara a vivir a la casa de Jorge Manrique, que había visitado por primera vez unos meses antes.

Por fin “en su casa”

En 1950, a petición del Fundador del Opus Dei, Guadalupe se trasladó a México para comenzar la labor apostólica en esas tierras. De nuevo la Patrona de América se hacía presente en su vida de modo patente. Al poco de conocer la noticia, escribió una carta a san Josemaría el 17 de octubre de 1949, en la que comentaba: “Me dijeron lo de Méjico. Gracias, Padre. Me quedaría tan contenta aunque no fuera, ya lo sabe usted, pero me encanta ir, aunque en realidad no me paro mucho a pensarlo. Solamente en la oración le dedico todos los días un ratito corto y rezo algún rosario a mi Virgen de Guadalupe pidiéndole por lo que todavía ni conozco”[1].

en la oración le dedico todos los días un ratito corto y rezo algún rosario a mi Virgen de Guadalupe pidiéndole por lo que todavía ni conozco

Tras meses de gestiones, Guadalupe aterrizó en el Distrito Federal junto a otras dos jóvenes de la Obra el día 6 de marzo de 1950, de madrugada. “Por la mañana fuimos a oír Misa a la Iglesia del Espíritu Santo, que está en la calle Madero, y por la tarde, a ponernos bajo la protección de la Virgen de Guadalupe en su Basílica. Allí le pedí muchas vocaciones y su perseverancia”, recordaba en unas notas autobiográficas. También Mago Murillo, una de las primeras mexicanas que la conocieron, escribió en sus memorias: “Ese día hicieron una de sus visitas más importantes: fueron a rezar ante Nuestra Señora de Guadalupe para confiarle sus esperanzas y las correrías apostólicas que iban a jalonar la historia, con aire de aventura, que estaba apenas comenzando. Unas estudiantes –a las que don Pedro Casciaro, entonces Consiliario del Opus Dei en México, había confiado la atención de las recién llegadas, porque él había tenido que viajar inesperadamente a Mérida, Yucatán, y volvería en dos días–, acompañaron a Guadalupe y Manolita a la Villa, y las llevaron después al santuario de la Virgen de los Remedios, Patrona de la ciudad de México. La alegría de sus primeras horas en América se vio completada por un sencillo detalle, un telegrama del Padre, que les decía: «Con todo cariño recuerdo a mis hijas»”[2].

La propia Guadalupe puso enseguida unas letras a san Josemaría: “El mismo día que llegamos, por la tarde nos llevaron otras chicas a saludar a la Virgen de Guadalupe; qué bonita es; estuvimos allí una media hora. ¡Qué pronto se me pasó! Había que pedir tanto. Yo creo que nos oyó. Padre, acuérdese mucho de nosotras. Recibimos un cable ese mismo día. Gracias. Es lo mejor que podíamos haber tenido: Saber que usted ya estaba pendiente de nuestros primeros pasos en Méjico”[3].

Al poco de llegar, se ocuparon de la instalación de una residencia para universitarias, en la Calle Copenhague, que dio nombre a la casa. Prepararon con mucha dedicación la habitación donde estaría el oratorio, con un retablo barroco presidido por una imagen antigua de la guadalupana. En junio recibían unas letras de san Josemaría encabezadas de este modo: “Queridísimas: veo que nuestra Madre de Guadalupe os bendice y la labor va prendiendo en esas tierras. Laus Deo!” Cada 12 de diciembre, siempre que podía, Guadalupe iba acompañada de alguna de la residencia a la Villa para felicitar a la Señora[4].

En 1956, la futura beata acudió al segundo Congreso General de las mujeres del Opus Dei, que se inició en Roma el 24 de octubre. Ya no volvió a México porque se quedó trabajando en la Ciudad Eterna, a petición del Fundador, aunque siempre conservó un gran amor por aquellas tierras, y una tierna y recia devoción a Nuestra Señora de Guadalupe.

Antigua basílica de la Virgen de Guadalupe, MéxicoMéxico en el corazón

El 1 de julio de 1975, Guadalupe se sometió en la Clínica Universidad de Navarra a una intervención quirúrgica, debido a la insuficiencia cardíaca que padecía desde hacía años. La operación fue un éxito y la recuperación mucho más rápida de lo previsto. Cuando le autorizaron a dar un paseo fuera del hospital, el sábado 12 de julio, no lo dudó un instante y se fue a la ermita del campus, para rezar ante la Madre del Amor Hermoso. Se puso un vestido estampado, muy elegante, y rezó allí una parte del rosario. Dos días después, sin embargo, su salud sufrió un empeoramiento repentino y en la madrugada del 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, fallecía en la UCI de la clínica, a los 59 años de edad.

“¡Qué linda es mi tierra de México y qué bonita mi Madre la Virgen de Guadalupe! ¡Desde España se te quiere más!”

El mismo día del fallecimiento, Rosario Morán, que también había vivido unos años en México, puso unas letras a las de aquel país: “Guadalupe fue la primera allí, pero sigue y seguirá actuando activamente en México. Pienso en el enorme y eficaz esfuerzo que hizo en su vida por extender la Obra en aquel país. Ahora, seguramente, actuará activamente para conseguir del Señor una mayor profundidad, una luz más clara en la entrega. Es lógico pensar que estará interesada en el corazón de cada una, porque es ahí, en el corazón, donde está la raíz de la entrega –entender y practicar la caridad. Difícilmente podremos separar el recuerdo de Guadalupe del de su corazón”[5].

Una afirmación que está avalada por las palabras de la propia Guadalupe. Tras un viaje a España en 1951, recordando las pericias del viaje y sus primeras impresiones después de un año de ausencia, en un momento, no puede disimular su debilidad y deja escapar esta exclamación: “¡Qué linda es mi tierra de México y qué bonita mi Madre la Virgen de Guadalupe! ¡Desde España se te quiere más!”[6].



[1] Carta de Guadalupe Ortiz de Landázuri a san Josemaría, Ortigosa del Monte, Segovia, 17 de octubre de 1949 (orig., AGP, GOL A-00361).

[2] Margarita MURILLO GUERRERO, Una nueva partitura. México-Roma (1947-1955), ed. Rialp, Madrid 2001, pp. 61-62.

[3] Carta de Guadalupe Ortiz de Landázuri a san Josemaría, México DF, 9 de marzo de 1950 (orig., AGP, GOL A-00019).

[4] Mercedes EGUÍBAR GALARZA, Guadalupe Ortiz de Landázuri. Trabajo, amistad y buen humor, ed. Palabra, Madrid 2002, p. 130.

[5] Carta de Rosario Morán, Madrid 16.7.1975.

[6] AGP, D–20887, IX–1951, p. 7, recogido en Mercedes EGUÍBAR GALARZA, Guadalupe Ortiz de Landázuri. Trabajo, amistad y buen humor, ed. Palabra, Madrid 2002, p. 134.