La breve historia de Sofia

Sofia Varvaro (Palermo 1941-Roma 1972) fue una de las primeras italianas en pertenecer al Opus Dei. Para seguir la llamada de Dios, se trasladó de Sicilia a Roma, donde inició una escuela de hostelería. En numerosas cartas a sus padres dejó clara la belleza de una vida basada en la fe.

Sofia falleció joven: el 26 de diciembre de 1972, a causa de un tumor. Con motivo de los 40 años de su fallecimiento, se ha organizado en Roma una mesa redonda sobre la vida de Sofia Varvaro y su papel en los inicios de la escuela Safi. Maria Gaspari, primera directora de la escuela, y Jose Villa, primera responsable de los servicios de base, desgranaron sus recuerdos.

Durante muchos años, Sofia envió cartas a sus padres en las que relataba su vida ordinaria. En ellas, se conoce de primera mano el descubrimiento de su vocación, su fe en Dios y la confianza en los proyectos que san Josemaría iba proponiendo a las primeras fieles de la Obra en Italia.

Sofia Varvaro, con gafas, junto a san Josemaría.

Desde que a los 17 años pidiera ser admitida en el Opus Dei como numeraria, Sofia se había hecho disponible para cualquier necesidad. Aunque se diplomó como intérprete, con 23 años se lanzó a la aventura de poner en marcha la escuela de hostelería.

La Safi surgió por el deseo de Juan XXIII, manifestado al Fundador del Opus Dei, de ayudar a los jóvenes de los barrios periféricos de la capital italiana a prepararse profesionalmente para el futuro.

Portada del libro que recoge la correspondencia entre Sofia y sus padres.

En las cartas que iba enviando a sus padres a Palermo, narra los inicios de un sueño: mientras algunas se ocupaban de hacer habitable la nueva estructura, otras viajaban a diferentes regiones italianas -Sardegna, Lazio, Abruzzo, Molise, Umbria- para explicar la nueva escuela y atraer alumnas.

Sofía se encargó inicialmente de la lavandería, desde donde ofrecería servicio a 250 personas, ya que la escuela atendía el centro de enseñanza Elis, donde chicos de toda Italia aprendían diferentes oficios.

Para hacerse una idea de cual sería su trabajo, Sofia fue a conocer la lavandería más grade de la ciudad, pero cuando llegaron las nuevas máquinas a la Safi, aquello le pareció “una central atómica: válvulas de vapor, tubos de agua fría y caliente, mezcla de jabones…”. Tuvo que estudiar mucho para comprender el funcionamiento de las diferentes máquinas.

Los primeros suministros eran impresionantes. Así lo escribía Sofia: “Todo llega multiplicado por 10: no 20 colchones, sino 200”. Lo mismo valía para los cubiertos, las sillas, etcétera. Se las apañaban para llevarlo todo a los diferentes pisos haciendo una cadena humana “a ritmo de danza, así podemos adelgazar”.

Las máquinas de la lavandería, en los inicios de la Safi.

El día más hermoso fue cuando instalaron el oratorio en la Safi y fue posible dejar el Santísimo tras la misa. “La lámpara que hemos encendido junto al sagrario no se apagará nunca. Ahora mi vida tiene un punto de referencia”, escribió a su madre.

Algunas de las alumnas de la escuela comenzaron a interesarse por la formación cristiana que ofrecía el Opus Dei. A finales de noviembre, se organizó un primer retiro spiritual; algunas asistían con Sofia a misa entre semana, otras comenzaron a asistir a clases de doctrina católica y no faltaron quienes descubrieron la llamada de Dios como numeraria auxiliar. Crecía la familia de Sofía.

Pese a las dificultades de los inicios, Sofía escribió “a ninguna de nosotras nos importa vivir estas dificultades. Es más, dentro de unos años, todos nuestros sueños serán realidad, pero sólo nosotras conoceremos la belleza y la dificultad de los inicios”.

La Safi es actualmente una realidad muy desarrollada. Se ha convertido en un Instituto Profesional de servicios de Enogastronomía y Restauración. Sus cursos, de cinco años de duración, permiten luego acceder a la universidad.

Sofia mira desde el Cielo y sonríe.