Doce en el oral

Me encontraba en el liceo donde había concurrido a rendir un examen de Geografía, animando a compañeros que aún debían presentarse a la prueba oral.

Entre los que esperaban el llamado del tribunal había uno especialmente nervioso, pues su prueba escrita no había sido buena, y sólo aprobaría si rendía un muy buen oral.

En ese momento se me ocurrió sugerirle que leyera la estampa de Josemaría Escrivá que -como de costumbre- llevaba en mi billetera. Después de insistirle un poco, accedió a hacerlo, aunque sin estar muy convencido. Mi asombro fue grande cuando, luego de la prueba, me dijo que había aprobado con la máxima nota.

Escribo este relato como agradecimiento por la ayuda que he recibido de Monseñor Escrivá en ésta y otras oportunidades.