6 textos para contemplar a san José, de la mano del Prelado del Opus Dei

El hombre que vivió bajo el mismo techo que Dios. Un artesano que huía de noche sin entender, que obedecía sin protestar. Seis textos de Mons. Fernando Ocáriz para acercarnos a san José y aprender de él.

San José en la escena del Nacimiento - Retablo del santuario de Torreciudad
En las manos de Dios

El niño perdido en el Templo. ¿Cómo reacciona san José? Como la Virgen: sin entender.

La Virgen y san José no entendieron a Jesús. Sin embargo, siguieron cumpliendo fidelísimamente su misión de cuidarlo. Es una fe operativa, una fe de abandono en las manos de Dios.

Como dice nuestro Padre, José se abandonó sin reservas en las manos de Dios. Vamos a pedirle hoy al Señor, ahora, por intercesión de san José –y acudiendo también a san Josemaría, con ocasión de estas palabras suyas–, que sepamos abandonarnos sin reservas en las manos de Dios.

Y esas manos de Dios nos llegan de modos muy diversos: en acontecimientos inesperados, en planes ya conocidos que a veces pueden parecernos monótonos… De mil maneras.

Que sepamos abandonarnos en las manos de Dios. Porque estamos en sus manos y necesitamos esta fe.

Meditación del 19-III-2026

Hacer nueva nuestra entrega

Queremos que todo lo nuestro sea de Dios: nuestro trabajo, nuestro descanso, nuestras diversiones, nuestras ilusiones, nuestras penas y sufrimientos…, todo. Porque todo puede ser del Señor. Y porque el Señor quiere que todo sea suyo, ya que somos suyos, y queremos ser ipse Christus, el mismo Cristo.

Y lo somos, y lo seremos cada vez más, si renovamos nuestra entrega con la gracia de Dios, que no nos falta ni nos faltará nunca. Toda la fuerza para cumplir este deseo sincero de fidelidad renovada está, lógicamente, donde tiene que estar: en el mismo Señor. Por eso, en la Eucaristía, en ese momento central de cada día, donde vivimos una unión íntima y real con Cristo —una identificación física con el Señor—, es ahí donde encontramos toda nuestra fuerza. Y ahí vivimos también ese Ite ad Ioseph, «Id a José».

Hoy podemos pedir a san José que nos ayude a ser almas de Eucaristía, que nos enseñe a estar muy metidos en el sagrario, para encontrar allí la fuerza para ser fieles. La fuerza diaria para renovar nuestra fidelidad, día a día. Para que nuestra renovación sea, de verdad, hacer nueva la fidelidad.

Meditación del 19-III-2025

El nombre de José

«El nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino» (Es Cristo que pasa, n. 40). En las cosas más pequeñas —de nuestro trabajo, de nuestra oración— tocamos el mundo entero, alcanzamos horizontes inmensos. La grandeza de nuestras obras la da el Señor. Él pone esa grandeza. Y cuando colocamos en tus manos, Señor, hasta lo más pequeño, eso llega hasta el fin del mundo, a todas las regiones, a todas las tareas. Incluso en los trabajos que nos parecen —y humanamente quizá lo son— pequeños, limitados en el tiempo, tú, Señor, puedes hacerlos llegar hasta los confines más remotos, hasta las almas más cercanas y más lejanas. Fieles…, vale la pena. Hoy también es un día para cantar por dentro ese «Fieles, vale la pena».

Meditación del 19-III-2025

La obediencia inteligente de san José

En su carta sobre san José, el Papa Francisco consideraba cómo «en cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su fiat, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní». Cuando san Josemaría tenía que hablar de la obediencia, se refería con frecuencia a san José, porque veía en el patriarca precisamente ese corazón que escucha: atento a Dios y también atento a las circunstancias, a las personas que lo rodeaban. Por ejemplo, en el episodio del regreso de Egipto, nos hace ver cómo «la fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida. Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa, y que su docilidad no presenta la actitud de la obediencia de quien se deja arrastrar por los acontecimientos».

En esta línea, nuestro fundador valoraba precisamente el hecho de que san José, siendo como era un hombre de oración, aplicara su inteligencia a la realidad que tenía delante: «En las diversas circunstancias de su vida, el Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Al contrario: coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana. (…) Así fue la fe de san José: plena, confiada, íntegra, manifestada en una entrega eficaz a la voluntad de Dios, en una obediencia inteligente».

Es comprensible que, especialmente para quienes estamos llamados a ser santos metidos en las situaciones de este mundo, muy cambiantes y llenas de desafíos, san Josemaría nos insista en la necesidad de aprender una obediencia inteligente, integrada en nuestra libertad personal.

Carta pastoral, 10-II-2024

Hacia Egipto

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13).

Es una gran contrariedad: Dios que tiene que irse corriendo porque desean matarlo. Y san José organiza todo para ponerse en camino rápidamente, de noche, sin esperar siquiera a que amanezca y sin saber si iba a ser por unas semanas, unos meses o algunos años.

Podemos pensar que la Virgen y san José iniciarían el viaje con preocupación, pero lo harían sin protestar, con la alegría íntima de cumplir el querer de Dios y con la seguridad de saberse con Él.

Pidamos a san José la prontitud ante lo que el Señor nos sugiera, aunque a veces, por momentos, pueda parecer un sinsentido o suponga una contrariedad.

Queremos imitar a la Sagrada Familia y ponernos en camino hacia esa nueva dirección: un nuevo trabajo, una nueva circunstancia, una nueva persona a la que ayudar.

La fe nos moverá a ponernos en camino hacia el Egipto de lo que no esperamos.

Libro A la luz del Evangelio — 29 de diciembre de 2019

Bajo el mismo techo

«¿No es éste Jesús, el hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre?» (Jn 6,42).

En la sencillez y grandeza de san José —un artesano como tantos otros—, descubrimos los rasgos de quienes se saben llamados por Dios a vivir con Él la vida de cada día, con todo lo que trae consigo, también de imprevistos y de preocupaciones.

San José habitaba bajo el mismo techo que Dios. Quizá podríamos pensar que en esto no parece «un artesano como tantos otros». Sin embargo, nosotros rezamos: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa». Y, si le dejamos, Él entra. Y le basta una palabra para sanarnos (cfr. Mt 8,8).

Hoy especialmente, con toda la Iglesia, contemplamos a José, este hombre justo y fiel. Acudamos a su intercesión, para que nos ayude a corresponder cada día al amor inmenso de Jesucristo, abriéndole de par en par las puertas de nuestra casa, de nuestro corazón. Y que esta correspondencia nos impulse a servir a los demás, a difundir la alegría del Evangelio.

Libro A la luz del Evangelio — 19 de marzo de 2018

Foto: San José en la escena del Nacimiento - Retablo del santuario de Torreciudad