Fotógrafo de mirada atenta y humor fácil, Natale Sandoli llegó a Tenerife hace casi cuarenta años con su mujer y las ganas de construir algo desde cero. Venezolano de nacimiento, con sangre italiana y raíces caribeñas, lleva décadas retratando detalles que otros no ven en bodas, bautizos, comuniones, y la vida familiar en sus gestos más pequeños. Su padre apostaba por la formación académica pero él tenía claro que lo suyo era el arte. La universidad le convenció de poco, aunque sí le dejó algo para siempre: conoció allí a quien sería su mujer.
La fe llegó más tarde y por un camino inesperado. No era practicante —lo dice sin rodeos—: la misa le aburría y buscaba cualquier excusa para no ir. A través de un amigo conoció el Opus Dei y retomó la vida cristiana. Un día le prestaron el libro Forja y lo que encontró en esas páginas le dejó sin palabras: «Parecía que lo estuviera escribiendo para mí. Yo pensaba ¿cómo san Josemaría puede saber esto de mí, si estamos hablando de un libro escrito hace casi 100 años?»
Tiempo después pidió la admisión como supernumerario del Opus Dei. Desde entonces pone más empeño en ser mejor esposo, mejor padre, amigo, y en santificar su trabajo de fotógrafo. Esa vocación la vive también en el estudio: una alarma de Alexa le recuerda rezar el Ángelus a las 12H, y cuando coincide con una sesión lo reza delante de los clientes. «Hay padres que me acompañan, hay otros que no. Pero no importa. La semilla está ahí».
Reconoce que lucha con la vanidad, pero lo afronta con la misma franqueza que le caracteriza. Su único pesar —en realidad son dos— es no haber descubierto la oración antes, y que haya tanta gente que todavía no conozca a san Josemaría. «Siento a san Josemaría como un tutor a mi lado. Y lamento que haya tanta gente que se lo esté perdiendo. Es una gozada».