San Josemaría. Visitas de pobres en el Hospital general

En los primeros años del Opus Dei San Josemaría atendía a numerosos enfermos y moribundos de los hospitales de Madrid y de los barrios más pobres de la capital. José Ramón Herrero evoca la visita que hizo, acompañando al joven fundador del Opus Dei, al Hospital General, convertido en la actualidad en un Centro de Arte Contemporáneo.

Cuestiones históricas

Recuerda José Ramón Herrero Fontana: "Guardo esa imagen grabada en el alma: el Padre, arrodillado junto a un enfermo tendido en un pobre jergón sobre el suelo, animándole, diciéndole palabras de esperanza y aliento... Esa imagen no se me borra de la memoria: el Padre, junto a la cabecera de aquellos moribundos, consolándoles y hablándoles de Dios... Una imagen que refleja y resume lo que fueron aquellos años de su vida" (2).

En la catedral de la Almudena de Madrid, un altorrelieve de Venancio Blanco evoca una escena de esas visitas a los hospitales: se ve a san Josemaría atendiendo a un agonizante de etnia gitana. Este hombre que falleció en el Hospital General de Madrid el 14 de febrero de 1932.

“Era un gitano —recordaba Escrivá—, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena. Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor.

Esto ocurrió en domingo, y hasta el martes siguiente, no supo que el hombre había muerto. Escribió entonces en sus Apuntes íntimos:

“Un muchacho, hermano de S. Felipe, ha venido a contarme que el gitano murió con muerte edificantísima, diciendo entre otras frases, al besar el Crucifijo del rosario: “Mis labios están podridos, para besarte a ti”. Y clamaba para que sus hijas le vieran y supieran que su padre era bueno. Por eso, sin duda, me dijo: “Póngame el rosario, que se vea, que se vea”. —Jesús, ya lo hice, pero te vuelvo a ofrecer esa alma, por la que ahora mismo voy a rezar un responso”.

Comentaba años después, rememorando esta escena: “Me decía a gritos, sin que pudiera hacerle callar:

—Con esta boca mía podrida no puedo besar al Señor.

—¡Pero si le vas a dar un abrazo —le dije— y un beso muy fuerte enseguida, en el Cielo!”

Nunca olvidó aquel grito sincero de arrepentimiento. “¿Habéis visto —decía—una manera más hermosamente tremenda de manifestar la contrición? Después, alguna vez lo he dicho también yo, a solas, sin dar voces: con esta boca mía podrida, no puedo besarte, Señor. He aprendido de un gitano moribundo a hacer un acto de contrición”. (2)

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(1) Cejas, J.M., José María Somoano en los comienzos del Opus Dei, Rialp, Madrid 1995, p. 96.

(2) Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei