Petición en Medellín: “Nuestros hijos quieren hacer su Primera Comunión, ¿Qué hacemos?”

El Centro Cultural Citará adelanta desde hace varias décadas diversas actividades apostólicas y sociales con centenares de jóvenes que han pasado por allí.

Hace dos años, un grupo de padres de familia, preocupados por la formación religiosa de sus hijos, preguntaron en el Centro Cultural Citará en Medellín, cómo debían prepararse para recibir la Primera Comunión. Todos son de un Colegio de la ciudad que no ofrece formación para que sus hijos reciban los sacramentos.

Dos supernumerarias y dos cooperadoras del Opus Dei se pusieron al frente de esta actividad que congregó en primera instancia a diez niños con deseos de recibir el Sacramento. Meses después participaron en la celebración litúrgica con la cual recibieron por primera vez el Cuerpo de Cristo.

Fue, además, una festividad llena de múltiples detalles y de encuentros con amigos y familiares.

Meses después, otro grupo de muchachos llegó al Centro Cultural con el fin de imitar a los primeros y hacer su Primera Comunión. Realizaron, muy puntuales, su curso de catequesis donde aprendieron todo lo relacionado con el significado de la catequesis.

Y ellos invitaron a más amigos que deseosos de aprender, llevaron también a sus padres. Sorprende que a pesar de estar lejos de la practica de la Fe, han sido muy constantes en las clases y actividades semanales, se lo han tomando muy en serio y lo han convertido en todo un plan familiar.

Cuando se hace la jornada de confesión, previa a la primera comunión, son los abuelos los que toman la iniciativa y pasan de primeros a vivir ese sacramento de la reconciliación, esto por supuesto es un ejemplo y ánimo para los padres, que refuerzan los niños que preparan su primera comunión en la catequesis.

El curso, además, de las charlas doctrinales, ha servido para aunar más los lazos familiares, la vecindad, la amistad con más compañeros de colegio y ahondar en su espíritu de solidaridad y de estudio.

El Centro Cultural Citará adelanta desde hace varias décadas diversas actividades apostólicas y sociales con centenares de jóvenes que han pasado por allí. “No podemos calcular cuántas personas han recibido medios de formación y han participado en diversos programas que van desde los cursos de catequesis, cursos de estudio, círculos, retiros, encuentros solidarios, hasta conversaciones con mujeres en estado de vulnerabilidad”, comenta Carolina.

Para Juan, un pequeño estudiante del Liceo Francés, estar en un curso de catequesis fue una novedad al principio, pero luego descubrió cómo leer la Biblia, conocer el significado y la importancia de los Sacramentos, aspectos de la liturgia e historia de la Iglesia le ayudaban a preparar su vida para el futuro. “Aprendí bastante, pero me gustó, tener nuevos amigos y no olvidaré la reunión que hubo con la familia”.

La Primera Comunión es una de las fechas inolvidables en la vida del cristiano.

San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, hizo su Primera Comunión el 23 de abril de 1912. El Señor “quiso venir a hacerse el dueño de mi corazón”, decía. En España no solían recibir este sacramento hasta haber cumplido los doce o trece años, costumbre seguida también en otros muchos países.

Un religioso escolapio, el padre Manuel Laborda de la Virgen del Carmen —el “padre Manolé”, como le llamaban con afectuosa jovialidad los alumnos—, se ocupó de preparar a Josemaría. Y, en tanto llegara el tan esperado día de la Primera Comunión, le enseñó al niño una oración que mantenía vivo su deseo: —«Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos». Oración que, desde entonces, recitó con mucha frecuencia.

El 12 de mayo de 1921, el beato Álvaro del Portillo recibió la Primera Comunión en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en Madrid. Y es la fecha fijada en el santoral para celebrar la festividad del beato Álvaro.

La biografía escrita por el postulador de la Causa, señala que el beato Álvaro “mantuvo muy vivo hasta su muerte el recuerdo de la primera vez que recibió a Jesús Sacramentado”. Así, por ejemplo, en 1983 confiaba a un pequeño grupo de personas: “Son 62 ó 63 años que llevo comulgando a diario, y es como una caricia de Dios”.

A la edad de siete años, la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri hizo la Primera Comunión en Segovia, España.

San Juan Pablo II recordaba a menudo el día 25 de mayo de 1929, cuando él mismo se presentó ante Jesús Eucaristía por primera vez.

"La Primera Comunión es sin duda un encuentro inolvidable con Jesús, un día que se recuerda como uno de los más hermosos de la vida. Todavía recuerdo el día en que, entre mis compañeros y compañeras, recibí por primera vez la Eucaristía en mi iglesia parroquial.

Años después, cuando miras estas fotos, el recuerdo de esos momentos vuelve a la vida, vuelves a la pureza y la alegría que experimentaste al encontrarte con Jesús"-.

Ha sido una fiesta inolvidable para millones de personas.

En la Solemnidad del Corpus Christi de 2025, comparando la Eucaristía con el gesto de un regalo sencillo pero lleno de amor, el Papa León XIV ilustró cómo Dios se une a nosotros con ternura y cercanía, santificando lo que le ofrecemos y transformándolo en alimento de vida eterna. En cada Misa —dijo—, el pan y el vino, junto con nuestra vida, son acogidos por Dios y devueltos como signo de su amor absoluto.

Inspirándose en san Agustín, el Papa recordó que así como muchos granos de trigo forman un solo pan, la Iglesia se edifica como un solo cuerpo en la unidad y la caridad, fruto del misterio eucarístico.

“Pues bien, en la Eucaristía, entre nosotros y Dios, sucede precisamente esto, el Señor acoge, santifica y bendice el pan y el vino que ponemos en el altar, junto con la ofrenda de nuestra vida, y los transforma en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sacrificio de amor para la salvación del mundo. Dios se une a nosotros acogiendo con alegría lo que le presentamos y nos invita a unirnos a Él recibiendo y compartiendo con igual alegría su don de amor. De este modo —dice san Agustín—, como el “conjunto de muchos granos se ha transformado en un solo pan, así en la concordia de la caridad se forma un solo cuerpo de Cristo” (cf. Sermón 229/A, 2)”

Lo que comenzó con una pregunta, es hoy una realidad apostólica en Medellín y en muchas partes del mundo.