En Chía: Viviendo con paciencia la cuarentena

Cada día me doy más cuenta de la eficacia de la oración y la necesidad que tengo de rezar más durante mi jornada. Ahora, en la Pascua, agradezco al Señor por estas enseñanzas y le pido que me ayude a mantener la alegría y la ilusión.

Opus Dei - En Chía: Viviendo con paciencia la cuarentena

Por Andrea Raffo

Somos la familia Castañeda Raffo compuesta por 5 integrantes: Sara, que tiene 11 años, Jacobo, de 9 años, Manuela, de 6 años, Rodrigo, el papá, y yo, Andrea, la mamá. Vivimos en Chía.

Tanto Rodri como yo trabajamos fuera de casa. Rodri, en el centro de Bogotá en una entidad del gobierno; yo, en una multinacional donde hacemos empaques para alimentos. Por hacer parte de la cadena de suministros, desde que empezó el confinamiento preventivo, el trabajo se ha triplicado y se han aumentado las exigencias. Inclusive, a pesar de las restricciones para salir de casa, todos los días debo ir personalmente a revisar el trabajo y acompañar a los operarios.

Desde que empezó el programa de educación a distancia me estresé muchísimo porque en mi casa hemos tratado de estar alejados de los aparatoselectrónicos. De pronto, con esta coyuntura, los tres necesitaban un dispositivo para seguir sus clases desde casa - pues comparten el mismo horario - y acompañamiento mientras aprenden hacerlo; en el caso de la pequeña, hasta un poco más.

Mis jefes me exigen análisis, cifras, reuniones, resultados. A esto, se le suma el trabajo propio de la casa. Tuve días en los que perdí la paciencia y sentí que no lo lograba. Así que recé y recé. En una tertulia virtual con el Padre Hernán (Vicario del Opus Dei en Colombia), pedí consejo para ser una madre amorosa y paciente. Me sirvieron sus palabras y fue así cuando empecé a tener ideas en la oración que me han ayudado mucho a vivir estos días con más alegría e ilusión, en medio de los retos.

Repartimos las zonas de la casa para limpiar y hacer las tareas del hogar entre todos. Organizamos horarios y encargos. ¡Los niños lo entendieron increíblemente! Además, fuimos alimentando las actividades en familia. El sábado previo al Domingo de Ramos, en la lectura de los 5 minutos del Evangelio en familia, que solemos hacer a diario, les conté lo que pasaría al día siguiente. Mientras todos conversábamos en la sala, organizamos la decoración: ramos en todas las puertas incluida la principal para la llegada de Jesús. “Fuimos” ese domingo a misa muy elegantes. Inclusive almorzamos pasta en la terraza para celebrar.

El lunes santo, Sara, la mayor, organizó un club de actividades, mientras papá y mamá adelantaban trabajo atrasado. El jueves leímos la biografía de un artista que hizo un Viacrucis. Descargamos imágenes de la Pasión del Señor para pintarlas en familia, mientras íbamos hablando de cada estación. Dejamos listo el Viacrucis del viernes para rezarlo en familia. Leímos también el relato de la Última Cena, mientras nos lavábamos los pies unos a otros, tratando de interiorizar lo que Jesús nos quiere enseñar con este signo. Decoramos entre todos la mesa, con la ilusión que nos imaginábamos con que lo había hecho Jesús, para despedirse de sus amigos. Lo importante era que fuera muy bien servida, aunque la comida fuera sencilla. En nuestro caso, ¡arroz con pollo y una rica torta de postre!

El viernes, el reto era un desayuno muy ligero para los niños, hacer la lectura del Evangelio para comprender lo que pasaría y mostrarles fotos de monumentos hermosos de años anteriores. Inclusive vimos cómo se vive la Semana Santa en distintos lugares del mundo. Nos repartimos los 7 monumentos, cada uno preparó el que le correspondía, que sería sorpresa para los demás. Al visitarlos, explicamos lo que habíamos hecho y rezamos todos juntos.

El sábado alistamos la comida del domingo, acompañamos a la Virgen con un rosario muy especial. Por la noche, “asistimos” a la Vigilia Pascual y celebramos encendiendo la chimenea.

Hemos asistido a las celebraciones litúrgicas por televisión desde la sala, tratando de tener la actitud y la piedad que tendríamos en la Iglesia. Todos los días, a las 6:00 p.m. rezamos juntos el rosario. Hemos visto películas sobre historias del Antiguo Testamento o sobre la Semana Santa, con cine foro. Hacemos un poco de ejercicio juntos y entre todos preparamos las comidas.

Todo en el confinamiento preventivo ha sido un reto lleno de muchos aprendizajes. Para mí, es el de compatibilizar tantos frentes, manteniendo la paciencia. A veces siento que no lo voy a lograr, pero con la ayuda de la familia de la Obra y el cariño de mi esposo y mis hijos, vuelvo a la calma. Cada día me doy más cuenta de la eficacia de la oración y la necesidad que tengo de rezar más durante mi jornada. Ahora, en la Pascua, agradezco al Señor por estas enseñanzas y le pido que me ayude a mantener la alegría y la ilusión.