El Papa a los jóvenes en Suiza: “Dios no se deja ganar en generosidad”

"Yo también tuve 20 años y buscaba el sentido de la vida", dijo Juan Pablo II a los jóvenes. "El cristianismo no es un libro o una ideología... es una persona: Jesús, que da sentido y plenitud a la vida del ser humano".

De la Iglesia y del Papa

Juan Pablo II se desplazó a Suiza el pasado 5 de junio en su tercer viaje apostólico a ese país. El Santo Padre llegó a las 11,30 al aeropuerto militar de Payerne, a 55 kilómetros de Berna, donde fue recibido por el presidente de la Confederación Helvética, Joseph Deiss. Asistieron al acto numerosas autoridades civiles y religiosas, entre ellas el arzobispo Giacomo De Nicolò, nuncio apostólico y el obispo Amédée Grab, presidente de la Conferencia Episcopal de ese país.

En su discurso, el Papa definió Suiza "una encrucijada de lenguas y culturas" y afirmó que los suizos "conservan las antiguas tradiciones y están abiertos a la modernidad". Tras la ceremonia de bienvenida, el Papa se trasladó en una furgoneta especial a la residencia Viktoria de Berna, donde almorzó.

A las 18,00, antes de dejar la residencia para dirigirse al encuentro con los jóvenes, Juan Pablo II fue saludado por el alcalde de Berna y seis miembros de la junta municipal. El Palacio del Hielo tiene cabida para 16.000 personas, pero en esta ocasión, debido a la colocación de un estrado, pudo albergar a 14.000. Para los jóvenes este fue el evento culminante de una jornada que comenzó a las 11,00, cuando empezaron a concentrarse en Berna, procedentes de toda Suiza.

El obispo Grab saludó al Santo Padre y su discurso fue seguido por una danza cuya coreografía ilustraba el Salmo VIII. Tres jóvenes aportaron testimonios de fe en lengua alemana, francesa e italiana. Tras las palabras que les dirigió el Papa, los jóvenes cantaron "Levons-nous" (Levantémonos), el himno de este encuentro nacional, rezaron el Padre Nuestro y recibieron la bendición papal. El Santo Padre explicó que las palabras "lève-toi" (levántate), del Evangelio de San Lucas, eran las pronunciadas por Jesús en Naín, al encontrarse con un joven muerto, hijo único, acompañado por su madre. El Papa dijo que estaba en Suiza para decir esas mismas palabras a los jóvenes, para pedirles que se levantasen y siguieran a Cristo como sus discípulos.

"Escuchar la voz de Dios"

"También hoy se puede formar parte de aquella triste procesión de Naín -prosiguió- (...) si os abandonáis a la desesperación, si los espejismos de la sociedad de consumo os seducen y apartan de la verdadera alegría para engulliros en placeres pasajeros, si la indiferencia y la superficialidad os envuelven, si frente al mal y al sufrimiento dudáis de la presencia de Dios y de su amor por cada persona, si buscáis a la deriva en una afectividad desordenada la saciedad de la sed interior de amor puro y verdadero". "En esos momentos es cuando Cristo se acerca a cada uno de vosotros (...) y dice 'levántate'. Acepta la invitación que te pone en pie de nuevo".

"El cristianismo no es simplemente un libro de cultura o una ideología y tampoco un sistema de valores o principios, por muy elevado que sea. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que dan sentido y plenitud a la vida del ser humano". "No tengáis miedo de encontrar a Jesús -dijo el Papa a los jóvenes-. Yo también he tenido 20 años, como vosotros. Me gustaba el deporte, esquiar, actuar. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos y preocupaciones. En esos años ya lejanos, en tiempos en que mi tierra natal estaba herida por la guerra y más tarde por el régimen totalitario, buscaba el sentido de mi vida. Y lo encontré siguiendo al Señor Jesús".

"La segunda invitación que os dirijo es : 'Escucha'. No te canses nunca de entrenarte en la disciplina difícil de la escucha. Escucha la voz del Señor que te habla a través de los hechos de la vida diaria, a través de las alegrías y las penas que la acompañan, de las personas que están a tu lado, la voz de la conciencia está sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y de belleza. Si sabes abrir el corazón y la mente (...) descubrirás 'tu vocación', ese proyecto que Dios, desde siempre, en su amor, ha establecido para tí”.

"Yo te digo: ¡no tengas miedo!", continuó dirigiéndose a cada uno de los jóvenes. "¡Dios no se deja ganar en generosidad! Tras casi sesenta años de sacerdocio estoy contento de ofrecer aquí mi testimonio ante todos vosotros: es hermoso poder gastarse hasta el final por la causa del Reino de Dios!". Juan Pablo II concluyó sus palabras pidiendo a los jóvenes que con su energía y entusiasmo hicieran que el Evangelio penetrase en "todos los tejidos de la sociedad para que suscite una civilización de justicia auténtica y de amor sin discriminaciones".