El Doctor Cofiño un gran aliado en mi enfermedad

"Gracias a la intercesión del Dr. Cofiño mi enfermedad ha sido ocasión de muchos bienes, tanto espirituales como físicos": dice Rubén Darío, profesor de filosofía de un colegio en Bogotá.

Opus Dei - El Doctor Cofiño un gran aliado en mi enfermedadRoger, Luis Carlos, padre de Rubén y Rubén

Por Guillermo Romero

En julio del 2020, Rubén Darío, un profesor de Filosofía en Bogotá, miembro del Opus Dei desde hace más de 40 años, acudió al médico luego de varias dolencias que no cesaban y de perder peso inexplicablemente; allí recibió una noticia perturbadora, fue diagnosticado con un tumor cancerígeno en el colon sigmoide. Fue operado pocos días después.

El cirujano lo remitió a un médico oncólogo, quien le ordenó quimioterapia para asegurar una recuperación del 90 por ciento, ya que, según él, la operación garantizaba un 75 por ciento. “Gracias a Dios la respuesta corporal a las sesiones fue muy tolerable”.

En principio estaba en contra de la quimioterapia por el conocimiento que tenía al ver los efectos colaterales de estos procedimientos en compañeros de trabajo y conocidos, quienes sufrieron mucho por este incomodo procedimiento”, cuenta Rubén Darío.

Rubén con algunos otros participantes de un congreso internacional en Tierra Santa en el año 2019

Estando en plena recuperación recibió una estampa con reliquia del Siervo de Dios Ernesto Cofiño, de quien conocía algunos detalles sobre su trabajo, virtudes humanas y fama de hombre cercano a Dios, además Rubén tenía presente que familiares y amigos pedían al Siervo de Dios mediante su intercesión por su salud y recuperación en las sesiones de quimioterapia. En medio de esta situación médica, Rubén Darío rezaba, una y otra vez y pedía a otros que rezaran con la Oración de la Estampa del doctor Ernesto Cofiño.

Considero que esta enfermedad ha sido ocasión de muchos bienes, tanto espirituales como físicos. Muchos amigos y parientes se han acercado a Dios, a través de variadas oraciones o a recibir el sacramento de la confesión después de algún tiempo. Entre los físicos, puedo contar aspectos como la mejora de la tensión arterial, la recuperación de una prediabetes, el dejar de usar un cpap para la amnea de sueño, además, logré un peso acorde a mi estatura, situación que veía muy compleja de alcanzar. Al final, rebajé más de 20 kilos”.

Cada día, muy complacido, veía los resultados y el asombro de los médicos por el avance contra mi enfermedad, pero en el fondo sabía que el doctor Ernesto Cofiño, estaba –como médico—muy pendiente desde la eternidad de cada una de las situaciones. Ha sido, en estos últimos días, mi amigo, compañero, confidente y a quien le encomiendo –después del rezo del Rosario—a mis parientes y amigos afectados por el Covid-19. Gracias a Dios todos han salido bien y se están recuperando, es mi gran aliado", manifiesta con profunda alegría el profesor.

Es cierto. Sólo a Dios se le piden los milagros y los favores, pero Él también tiene a sus Santos que le piden ayuda por un hecho. Le pido al Señor todos los días, pero estos beneficios tanto para mí como para mi entorno se los debo a la intercesión del doctor Ernesto Cofino”, dice Rubén Darío.

EL PEDIATRA, SIERVO DE DIOS

Ernesto Cofiño Ubico nació el 5 de junio de 1899 en la ciudad de Guatemala, donde también cursó sus primeros estudios. En 1919 inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sorbona y los concluyó con honores en 1929.

Ernesto Cofiño, doctor cirujano y padre de cinco hijos

En 1933, contrajo matrimonio con Clemencia Samayoa. Fueron padres de cinco hijos.

Se dedicó plenamente al ejercicio de su profesión con un admirable espíritu de servicio que lo llevaba, no solamente a ocuparse de la salud física de sus pacientes, sino a hacer suyos sus problemas personales.

Pionero de la investigación pediátrica en Guatemala, ocupó la Cátedra de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos (USAC), máxima distinción de ese centro universitario.

El doctor Cofiño impartiendo una clase

Movido por un gran sentido sobrenatural y un hondo sentido humano fomentó y defendió el derecho y el amor a la vida, promoviendo la creación de iniciativas y realizando él mismo muchas de ellas, con gran caridad, en beneficio de futuras madres, de huérfanos y de niños de la calle. Además, ofreció soluciones concretas a varios problemas públicos. Fundó asilos y centros asistenciales. De 1951 a 1955 fue director del Centro Educativo Asistencial (antiguo Hospicio Nacional); también dirigió la Sociedad Protectora del Niño (1940-1946) y la Lucha Nacional contra la Tuberculosis (1945-1946).

Durante los años en que estuvo al frente de la Caritas de Guatemala, organizó la distribución de alimentos en barrios de escasos recursos económicos.

El doctor Cofiño con dos de sus nietos

En 1956 descubrió su vocación al Opus Dei, institución de la Iglesia Católica fundada por san Josemaría Escrivá de Balaguer el 2 de octubre de 1928, para promover entre personas de toda condición la santificación en medio del mundo a través del trabajo ordinario. A partir de esa fecha, intensificó su trato con Dios en la oración, en la mortificación, en la misa y comunión diarias, en la confesión frecuente y en otras prácticas de piedad. Tenía gran devoción a la Madre de Dios y se convirtió en propagador del rezo diario del Rosario. Dedicó tiempo a estudiar y a mejorar su formación doctrinal-religiosa. Intensificó su apostolado, buscando comunicar su alegría y su generosidad a muchísimas personas. Animó a mucha gente a colaborar —con la oración y con medios económicos— en el impulso de labores de promoción humana y cristiana, en las cuales trabajaba con gran espíritu de sacrificio, dispuesto a poner en práctica la doctrina social de la Iglesia.

Colaboró heroicamente con organizaciones dedicadas a la educación y capacitación de campesinos, de obreros, de mujeres de muy escasos recursos y en la formación de la juventud universitaria. Este servicio en favor del prójimo lo siguió realizando con abnegación hasta los 92 años.

Murió de cáncer, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad heroicas, el día 17 de octubre de 1991 en la ciudad de Guatemala.

La fama de santidad, de la que ya gozaba en vida, ha ido en constante aumento después de su muerte, traspasando también las fronteras de Guatemala. Personas de Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, México, Estados Unidos, Perú, Colombia, Puerto Rico, Chile, Uruguay, Austria, Francia, España, Holanda, Polonia, Australia, Kenia y otros muchos países han acudido a su intercesión ante Dios y le atribuyen favores y curaciones.

El 31 de julio de 2000 se abrió la fase diocesana de su proceso de beatificación y canonización.


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