«Un tesoro para toda la Iglesia»: nuevas cartas de san Josemaría

Las cinco cartas recogidas en este nuevo volumen abordan el sacerdocio en la Obra, la formación de sus miembros, el testimonio cristiano en la cultura y la opinión pública, y el trabajo como camino de santificación. Luis Cano, editor del volumen e investigador del «Istituto Storico San Josemaría Escrivá», explica el alcance y la actualidad de estos textos.

portada del libro Cartas III

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¿Qué cartas recoge este nuevo volumen?

Este nuevo volumen, titulado «Cartas III», edición crítica y anotada, reúne cinco cartas. Las dos primeras de este volumen, que corresponden a la n. 9 y la n. 10 del conjunto de Cartas de san Josemaría que el Instituto está publicando, tratan sobre el sacerdocio en la Obra: su necesidad para llevar a cabo la misión eclesial del Opus Dei y la peculiar atención pastoral que prestan estos sacerdotes, procedentes de laicos que han ejercido una profesión y conocen bien las realidades del mundo en el que viven.

La carta n. 11 está dedicada a las distintas dimensiones de la formación que reciben los miembros de la Obra: humana, espiritual, apostólica, doctrinal-religiosa y profesional. La siguiente, la n. 12, afronta un tema de gran actualidad: el testimonio cristiano y el afán evangelizador en los medios de comunicación. La última de este volumen, la n. 14, se centra en uno de los aspectos clave del mensaje de san Josemaría: el trabajo como camino de santificación, de evangelización y de vivificación del mundo con los valores cristianos.

El volumen no incluye la carta n. 13 que, por su extensión, será publicada en un volumen aparte.

¿Qué rasgos destacaría del mensaje de estas cartas?

Destacaría, ante todo, su fuerte compromiso con nuestro mundo: el deseo de que los cristianos lleven a Cristo a todas las realidades de la tierra. Es una misión que compete de modo particular a los laicos que viven la fe —aunque el mensaje de estas cartas interesa, creo yo, a cualquier creyente— y en la que los sacerdotes cumplen una función de acompañamiento y apoyo.

Todas las cartas subrayan, de un modo u otro, la implicación personal del creyente en la tarea de hacer un mundo mejor, más justo y con mayor paz. Esa misión se realiza asumiendo responsablemente lo que corresponde a cada uno en su puesto de trabajo, en su familia, en los ámbitos culturales, científicos o recreativos que cultiva, y también según las posibilidades propias en los medios de comunicación.

Al mismo tiempo, san Josemaría recuerda que el activismo o el puro compromiso social no bastan para anunciar a Cristo: es preciso llenarse de Dios para poder llevarlo a los demás. San Josemaría habla de tener un «punto de mira sobrenatural en todas las actividades» (Carta 11, n. 25). La meta es clara: llevar a Dios al mundo y el mundo a Dios.

Luis Cano, editor del volumen e investigador del «Istituto Storico San Josemaría Escrivá»
Luis Cano, editor del volumen e investigador del «Istituto Storico San Josemaría Escrivá»

Por eso insiste en que resulta imprescindible cultivar una vida contemplativa: «unir el alma y el espíritu a Dios, nuestro Padre, por la oración, por la contemplación con un amor no interrumpido: metidos en Dios los sentidos, la imaginación, las potencias del alma» (Carta 11, n. 28a). Y esto también mientras se trabaja o se desempeña cualquier otra ocupación.

Las cartas contienen, por tanto, un gran mensaje de evangelización: interesarse por todas las personas con las que nos encontramos, para facilitarles el encuentro con Dios, que es quien da sentido a nuestra vida. Podemos leer, por ejemplo: «Este es el espíritu nuestro: sentir el lamento de tantos corazones áridos, que parecen decirnos (...) no tengo quien me dé una mano y me acerque a la luz y al calor de Cristo» (Carta 11, n. 40).

Por último, debemos tener en cuenta que estamos ante una serie de textos inéditos de uno de los grandes autores espirituales del siglo XX. No se trata de escritos secundarios, sino de obras de primera magnitud dentro del legado espiritual y literario de san Josemaría.

Estos textos fueron escritos hace décadas. ¿Pueden seguir hablando al lector de hoy?

Creo que sí. Aunque fueron pensadas inicialmente para hacer llegar a los miembros del Opus Dei el mensaje recibido por san Josemaría, me parece que estas cartas son hoy de gran actualidad. Pueden resultar útiles a quienes se preguntan cómo transmitir el Evangelio en una sociedad tecnológica como la nuestra; cómo implicarse en la mejora del mundo, en la construcción de la paz y en la defensa de la dignidad humana; cómo estar plenamente presentes en las realidades de la tierra y, a la vez, muy metidos en Dios, para llevarlo con nosotros hasta el último rincón del mundo.

Más allá de ciertos detalles vinculados a un contexto histórico concreto, los lectores percibirán que en el fondo hay principios que trascienden ese contexto y que son capaces de iluminar también nuestras circunstancias actuales.

San Josemaría era consciente de esta cuestión y, de hecho, en una de las cartas expone cómo mantener vivo el espíritu que él mismo enseña. Propone que la condición secular de los cristianos —el estar inmersos en los tiempos que nos ha tocado vivir— es la que permite, según él, «vivir con agilidad, sin inmovilismos, el espíritu que el Señor nos ha dado. Ese espíritu, por su misma naturaleza, no está limitado por unas circunstancias determinadas de lugar y de tiempo, sino que responderá siempre a los más diversos cambios y situaciones que, a lo largo de los siglos, tengan lugar en la sociedad de los hombres» (Carta 11, n. 19b).

Me parece que esta afirmación tiene una resonancia especial en el momento presente. La reciente encíclica del Papa León XIV Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, recuerda que la transformación tecnológica no es solo un asunto técnico o económico: plantea preguntas decisivas sobre la dignidad de la persona, el bien común, el trabajo, la libertad, la comunicación, la paz y su relación con Dios. No basta con aceptar o rechazar el progreso tecnológico; es necesario orientarlo hacia una vida verdaderamente humana.

En este contexto, las cartas de san Josemaría ofrecen una luz muy interesante. Ante el riesgo de que la dignidad humana quede oscurecida en una sociedad cada vez más condicionada por la técnica, san Josemaría afirma que «no hay incompatibilidad entre el cristianismo y los problemas que surgen al hilo del progreso de la ciudad temporal, sino que —al revés— los verdaderos valores del hombre y su dignidad personal y social únicamente podrán salvaguardarse, integrados en la concepción cristiana de la vida» (Carta 11, n. 15b).

En mi opinión, es una llamada a comprender que uno de los mayores servicios que se puede prestar hoy a la humanidad consiste en integrar esos valores cristianos en todos los ámbitos de la vida: en el trabajo, en la cultura, en la comunicación, en la ciencia, en la educación, en la economía y en la convivencia social. Ante los problemas que podemos observar en nuestra sociedad, la actitud evangélica que propone san Josemaría no es la de huir del mundo ni de mirarlo con desconfianza, sino de amarlo, comprenderlo y transformarlo desde dentro, con sentido cristiano, espíritu de servicio y con responsabilidad personal.

¿Qué planes hay para la publicación de las cartas?

Seguimos trabajando sin prisa, pero sin pausa, teniendo en cuenta que todavía quedan muchos textos por preparar y publicar. Si san Josemaría enseñó a trabajar bien en todos los ámbitos, tanto más lo merece la edición de unos textos a los que se dedicó con muchísima atención y que se enmarcan en lo que definía como su «preocupación primordial y acuciante de guardar en toda su integridad la esencia de nuestra vocación sobrenatural, y trasmitírosla con la mayor diligencia» (Carta 9, n. 3a).

Como algunas de esas cartas tienen una extensión considerable, estamos estudiando cuál sería la mejor distribución en volúmenes desde varios puntos de vista: por una parte, el servicio a la formación de los miembros de la Obra —finalidad para la que fueron escritas— y su mejor asimilación; por otra, el interés que ofrecen a los estudiosos, que encuentran en ellas algunas de las mejores reflexiones del Fundador sobre el carisma del Opus Dei.

De momento, se puede decir que en los próximos años seguirán apareciendo nuevas cartas. También conviene recordar, para quien no lo sepa, que hace unas semanas se ha publicado la edición histórico-crítica de la primera instrucción (disponible en PDF a partir de septiembre)—un tipo de cartas particular, con la que san Josemaría se proponía orientar de modo más práctico y operativo la actividad formativa del Opus Dei— acerca del espíritu sobrenatural de la Obra, en el último número de la revista Studia et Documenta correspondiente a 2026, ya disponible para suscriptores y a partir de septiembre para todo público. En su brevedad, me parece un texto fundamental para entender aspectos clave de la fundación del Opus Dei.

En total, hasta ahora han aparecido dieciséis Cartas y una Instrucción. Diría que estamos aproximadamente a un tercio de la publicación de este legado espiritual, que considero un tesoro para toda la Iglesia.


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