Bajo el cielo del Valle del Elqui, tierra de la poetiza Gabriela Mistral, la fe ha encontrado un nuevo compañero de camino. La Parroquia Inmaculada Concepción de Paihuano recibió recientemente un cuadro de san Josemaría Escrivá, en una iniciativa que nació del cariño de los fieles y que ha sido acogida por el párroco, el padre Oliver, como un verdadero 'regalo de Dios'. “Busca recordar a los agricultores, artesanos y familias de la zona que la vida cotidiana es el lugar donde Dios los espera”, explica el sacerdote.
“Manos a la obra”: El origen de una siembra
Carolina, una de las gestoras de la iniciativa, relata que todo comenzó en un grupo de WhatsApp para la Devoción a san Josemaría . “Ahí surgieron ideas de cómo llevar su mensaje a mucha gente y supimos de la existencia de los ‘estamperos’. Le conté de mi inquietud a Vivian y ambas dijimos, manos a la obra”.
Carolina y Vivian fueron a conversar con el Padre Oliver quien de inmediato acogió la propuesta. Para ambas este hito representa el inicio de una siembra: “Estamos felices y emocionadas por comenzar a sembrar esta devoción aquí”.
“Esperamos que la comunidad pueda conocer a san Josemaría y a través de sus enseñanzas, amar más a Dios, saberse hijos predilectos de este Padre que nos ama con locura. También que nuestro trabajo, por sencillo que sea, es un tesoro que nos permite ofrecerlo al Señor por tantas necesidades, incluso de la misma comunidad y es también el medio para hacernos santos, muy santos aquí en la tierra, viviendo una vida común y corriente con un sentido sobrenatural y de cara a Dios”, explica Carolina.
Un mensaje para el mundo rural
Para el padre Oliver, la llegada de la imagen es una bendición: “He acogido esta iniciativa como un regalo de Dios para nuestras comunidades rurales, acá en la comuna de Paihuano, Valle del Elqui. Creo que ha sido realmente una experiencia que no sólo involucra la vida y obra de San Josemaría, sino además la vida de toda persona, en la santificación de las cosas cotidianas, en poner amor en las cosas sencillas de la vida”.
“En este valle muchos son agricultores, ganaderos y artesanos y a veces, por diversas razones, se pueden sentir lejanos a la iglesia, pero con esfuerzo, con cariño, van despertando en la vida de la fe. Por eso valoro mucho esta iniciativa, ya que nuestra gente del campo descubre en san Josemaría una figura potente para decir: yo no estoy lejos de la santidad. Es saber que nadie queda exento del llamado de Dios a ser santo, a ser santa. Que de lo cotidiano, de lo sencillo de la vida, llegamos a lo extraordinario”, reflexiona el párroco. Y afirma: “¿qué mejor que la imagen de San Josemaría haya llegado a nuestra parroquia?”

Intercesor en las aflicciones: el testimonio de Verónica
La devoción ya ha empezado a dar sus primeros frutos en el corazón de los feligreses. Verónica, secretaria parroquial y madre de tres hijos, conoció a san Josemaría antes de la llegada del cuadro, cuando el padre Oliver le regaló una novena por los enfermos.
“Nuestra comunidad acogió con mucha felicidad y respeto tan hermoso regalo”, relata Verónica. Para ella, san Josemaría se convirtió en un apoyo fundamental en un momento de prueba familiar: “Recé la novena por mi hijo mayor, que estaba pasando un difícil cuadro depresivo, y siento que su angustia ha disminuido. Espero siga intercediendo para que vuelva a recuperar su seguridad”.

Como Verónica, muchos en Paihuano han empezado a pedir por sus necesidades a san Josemaría, confiando en este nuevo amigo que intercede ante Dios por ellos.


