"Llegué contentísimo"

Un 5 de marzo de 1950 aterrizó en Santiago el joven sacerdote Adolfo Rodríguez, para comenzar el Opus Dei en nuestro país.

El Opus Dei en Chile
Opus Dei - "Llegué contentísimo"Telegrama enviado a Roma por d. Adolfo Rodríguez Vidal al llegar a Chile.

Mediante un recorrido gráfico, recordamos las primeras impresiones de d. Adolfo Rodríguez a su llegada a Chile.

“Estamos pasando por encima de los Andes. El espectáculo es impresionante. Volamos a siete mil metros y pasamos por el lado de montañas que están casi a nuestra altura”[1]. Así describía el joven sacerdote Adolfo Rodríguez su travesía desde Buenos Aires a Santiago de Chile el 5 de marzo de 1950, en una carta escrita a su padre y hermanos. Ese era el último día de un largo viaje iniciado el 28 de febrero en Madrid para comenzar la labor del Opus Dei en Chile por encargo de san Josemaría.

Avión de Lan Chile de mediados del siglo XX

La propuesta del traslado la recibió el 19 de enero de ese año, en una carta de puño y letra del Fundador, y la aceptó de inmediato con ilusión y optimismo. Escribió a san Josemaría, que se encontraba en Roma, una respuesta que refleja su sencillez y abandono ante el desafío que se le había planteado: “Le contesto a usted que sí, que me atrevo. Yo no sé, Padre, qué es lo que pasa dentro de mí: no sé si es inconsciencia, frescura, confianza en Dios o soberbia: el caso es que estoy bastante más tranquilo de lo que se podría esperar”[2]. Y sin más dilaciones, preparó los papeles y gestiones indispensables para iniciar su aventura en Chile.

Aeropuerto Los Cerrillos

A las 17.30 hrs. aterrizó en el aeropuerto Los Cerrillos, donde lo esperaban el sacerdote Raúl Pérez Olmedo, vicerrector de la Universidad Católica y asesor de la Acción Católica, y Manuel Sáenz, presidente de la colonia española en el país. Ese mismo día puso un cable al fundador: “Llegué contentísimo. Escribo. Adolfo”, que llegó a Roma el día 6.

Carta de d. Adolfo a san Josemaría escrita el día siguiente de su llegada a Chile

La primera noche se alojó en la casa de Pérez Olmedo, en calle Moneda 1739, contigua a la Casa de Ejercicios para obreros San José. Al día siguiente celebró su primera misa a las 8.30 de la mañana en la capilla de las monjas que atendían la casa. Fue con d. Raúl Pérez Olmedo a visitar a Mons. Mario Zanin, Nuncio del Papa Pío XII desde 1947, quien conocía el Opus Dei por referencia de Mons. Montini –futuro Pablo VI– y lo recibió muy cordialmente. La Nunciatura quedaba en la calle Manuel Rodríguez 311, muy cerca de su alojamiento.

Calle Moneda con Cienfuegos, muy cerca del primer alojamiento de d. Adolfo

En la tarde visitó al vicario de la diócesis para saludarlo y pedir licencias ministeriales. También fue a rezar una Salve ante la imagen de la Virgen del Carmen en la Basílica de El Salvador, ubicada a una cuadra de su alojamiento, para poner en sus manos toda la labor apostólica que desarrollaría la Obra desde ese día en Chile. Imagen de la Virgen del Carmen en su antiguo altar de la Basílica del Salvador

Junto con los medios sobrenaturales puso los humanos. El día 6 había cambiado a moneda chilena el dinero que traía del viaje, tan solo 1.477,20 pesos, y se subió por primera vez a una micro para visitar al rector de la Universidad Católica, Mons. Carlos Casanueva. El día 8 se entrevistó con Reinaldo Harnecker, director de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, ubicada en la av. Beauchef, con el objeto de conseguir un posible trabajo como profesor, que le permitiera recibir alguna remuneración para sustentarse. Y el día 12 visitó a Manuel Vega, crítico literario del Diario Ilustrado, para que le facilitara algunos contactos.

Micro similar a la que usaría esos días d. Adolfo en sus primeros desplazamientos por Santiago

Debía conseguir fondos para impulsar lo que sería la primera obra corporativa del Opus Dei en Chile, una residencia para universitarios. Con este objeto realizó varias visitas a los posibles contactos de chilenos que le habían facilitado en España antes de partir. Entre las primeras personas que conoció está el matrimonio conformado por Samuel Irarrázaval y Mercedes Rojas, quienes lo acogieron y ayudaron durante esos primeros meses.

D. Adolfo junto a doña Meche Rojas y don Samuel Irarrázaval

Y el día 7 ubicó a Raúl Mardones, ingeniero especializado en construcción naval y profesor de la Universidad de Chile, que había conocido la Obra en un viaje a Inglaterra, a quien solicitó ayuda para buscar una casa que sirviera de sede a la futura residencia. La primera sede se consiguió en abril y estuvo ubicada en Av. Alameda 2138, en un inmueble que existe hasta el día de hoy, y donde instaló el primer oratorio que tuvo la Obra en Chile. El Señor quedó reservado en el sagrario por primera vez el día 16 de julio de 1950, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, a quien d. Adolfo había encomendado la labor en nuestro país al llegar a Chile.

Edificio utilizado por la primera Residencia Alameda

El día 10 el Cardenal José María Caro le ofreció ir a alojar a su casa hasta que encontrara una residencia permanente. La vivienda se ubicaba frente a la Iglesia de la Merced, en Mac Iver 370. A la mañana siguiente, para su sorpresa, el mismo Cardenal ayudó su misa, y esa tarde le llevó a saludar al alcalde de Santiago y a visitar el Seminario. Don Adolfo recordó siempre con agradecimiento la acogida que le dispensó el Cardenal y la ayuda prestada para conocer personas en Santiago que pudieran entender el mensaje de la Obra.

Mons. Caro en los años 50’. Vivía al frente de la Basílica La Merced, en una casa posteriormente demolida.

Entre los datos que Mons. Caro le facilitó a d. Adolfo para conocer familias chilenas está el de doña Fanny Mackenna de Undurraga. Ella lo invitó a almorzar a su casa, en calle Dieciocho 552 junto con otras personas. Su hijo Pedro, que estuvo presente en ese almuerzo, recuerda que su primera impresión fue “un sacerdote joven, de buena presencia, pero un tanto parco, que me habló muy poco”[3].

Vista actual de la calle Dieciocho de Santiago. Doña Fanny Mackenna y d. Pedro Undurraga

Así pasó la primera semana de Adolfo Rodríguez en Chile, su primer acercamiento a nuestro país y a los chilenos, sus primeros momentos de oración y sus primeras dificultades. El día 14 recibió la primera carta de san Josemaría, que de algún modo resume los anhelos de d. Adolfo en esos primeros días: “Queridísimo Adolfo: que Jesús te me guarde. Hace un momento ha llegado a mis manos tu primera carta escrita desde Santiago de Chile. No imaginas con qué cariño y con qué ilusión la he leído. ¡Dios te bendiga, hijo! Dios te bendiga y te haga el corazón cada vez más grande, y la cabeza más clara, para que sepas amar y comprender a ese país magnífico, donde el Señor te ha puesto para que trabajes en su viña del Opus Dei”[4].



Mapa de Santiago y los primeros lugares visitados por don Adolfo


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[4] Te atreverías… 79