"... sacerdotes-sacerdotes, sacerdotes cien por cien" repetía san Josemaría. Así vivió el padre Fernando hasta el último día de su vida, década tras década, como capellán de colegios, en su labor pastoral con jóvenes, con sus hermanos sacerdotes, con las familias. Profundamente piadoso, celebró Misa mientras pudo, recibió la comunión hasta la víspera del día en que falleció y la unción de los enfermos. Murió como quería el fundador del Opus Dei que murieran sus hijos: en una buena cama, rodeado del cariño de todos, pero exprimido como un limón.

No es fácil escribir sobre quien acompañó espiritualmente durante décadas a los alumnos de los colegios Tabancura, Los Andes, Huelén, Los Alerces y Cordillera. Su vida consistió únicamente en hablar de Dios, predicando una meditación o un retiro espiritual y desde el confesionario. Es como si siempre hubiera querido pasar oculto. Y cuando su voz ya era casi inaudible, seguía dando meditaciones… pero lo singular era que, de un modo u otro, a él siempre se le oía.

Nacido en 1935, fue el segundo de tres hermanos. Fernando estudiaba Medicina cuando, en 1955, conoció el Opus Dei y al poco tiempo descubrió su vocación de seguir a Dios en medio del mundo entregándose por completo. Al año siguiente viajó a Roma donde estudió Teología y se doctoró en Derecho Canónico. Luego, en España, estudió Periodismo en la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote en Madrid en 1961 y, al año siguiente, regresó a Chile, donde ejerció su labor pastoral en centros del Opus Dei y en colegios, especialmente con jóvenes.

En el diario de la residencia universitaria Alameda se lee de él en 1955:
Es un muchacho alegre, muy culto, con una cantidad extraordinaria de amigos con los cuales hace apostolado, y de una finura y sensibilidad extraordinarias. Ha sido un auténtico regalo que nos ha hecho el Señor y yo creo que todos se lo agradecimos hoy en la oración.

Recibió una fuerte influencia de la obra teológica de John Henry Newman. Le gustaba mucho la música, durante los años que vivió en Roma interpretó innumerables veces canciones italianas de la época, a petición de San Josemaría. Apasionado por el tenis y las novelas policiales y de espías. Gozaba ver crecer a la familia Iacobelli, participando de sus muchas celebraciones.

En los últimos días, una sobrina comentaba: "La verdad es que estamos muy tristes porque ya no lo tendremos aquí. Pero dejando de lado ese egoísmo, nos alegramos demasiado por él. Es un hombre que vivió toda su vida haciendo el bien y preparándose para este momento. Lo queremos demasiado y estamos agradecidos de haberlo tenido tantos años. Muy impresionante el cariño y el cuidado que se respira en las casas del Opus Dei, especialmente en momentos como este".

En estos momentos, recordamos lo que el padre Fernando dijo en su último día como capellán, en que quiso despedirse dejando dos consejos a los profesores de los colegios donde ejerció su ministerio sacerdotal por más de medio siglo. El primero, paciencia. Subrayó la importancia de saber escuchar y esperar.
¿El segundo consejo?
Fernando Iacobelli Gabrielli, sacerdote nonagenario del Opus Dei que hoy nos deja, destacó:
-Oración: lo esencial es rezar para que sea Dios el que forme…


